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sábado, 17 de junio de 2017

Jorge Dalton: El FMLN ha traicionado el legado y la figura Roque Dalton



Hace cuatro décadas al poeta Roque Dalton le dieron plomo a traición. Las balas salieron de la cúpula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Lo acusaron de ser agente espía cubano. Luego cambiaron la versión y dijeron que era miembro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Esto último cuajó en la mente de sus compañeros de armas y significó el fin para el poeta creador de “Taberna y otros lugares”.

Los que decidieron matar al poeta Roque Dalton siguen con vida. Uno de ellos es Joaquín Villalobos —fue asesor del expresidente mexicano, Felipe Calderón— y el otro es Jorge Meléndez —funcionario desde que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) llegó al poder—. El primero fue el que puso las balas en el cuerpo del poeta, el segundo fue el carcelero y el verdugo que le daba golpes, según la familia Dalton.

Jorge Dalton es cineasta e hijo del poeta salvadoreño asesinado en 1975. En esta breve conversación el artista señala que el crimen de su padre sigue impune gracias al FMLN.

“El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa”.

Jorge Dalton es productor de cine y televisión. Actualmente es el  director de Cine y Audiovisuales de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura). Ha vivido y trabajado en México, Estados Unidos, Honduras y  El Salvador. Ha dirigido un total de diecisiete documentales, diversos programas de televisión con temáticas de cine, revistas culturales, conciertos de música  en vivo y numerosos videoclips tanto en Cuba, México y  El Salvador.

También ha sido jurado del  Festival Internacional de Cine de Guadalajara, (México), Festival Internacional de Cine en Centroamérica, Ícaro (Guatemala) y Festival Latino de Nueva York (Estados Unidos).


Se cumplen 42 años de la desaparición física de Roque Dalton. ¿Todavía hay algo que decir?

El crimen del poeta Roque Dalton sigue en la absoluta  impunidad. Sus asesinos siguen sin esclarecer nada ni revelar el sitio donde se encuentran sus restos. Para colmo, el Estado se ha hecho cómplice del pacto de silencio de los asesinos.  Sigue siendo un acto de  gran injusticia y uno de los crímenes emblemáticos que no se han resuelto como es el caso del asesinato de los curas jesuitas de la Universidad Centroamericana, el de monseñor Romero y otros crímenes atroces que son parte de todo un sistema de impunidad en el cual han tenido mucho que ver la derecha y la izquierda. El Estado salvadoreño al no hacer nada al respecto se hace cómplice.

Como familia hicimos una carta al expresidente Mauricio Funes al inicio de su mandato. Mi hermano habló también con Hato Hasbun —secretario de Gobernabilidad de Casa Presidencial— y con otros miembros de la cúpula del Gobierno. Nos reunimos con Medardo González —secretario general del partido FMLN— directamente. Él nos aseguró que el FMLN no tenía responsabilidad en el nombramiento de Jorge Meléndez en ese primer gobierno. O sea: entendimos que tanto el matrimonio Mauricio Funes y Vanda Pignato fueron los que nombraron a Meléndez como funcionario.

Con el gobierno actual  del presidente Salvador Sánchez Cerén,  el FMLN ratificó en el cargo a Jorge Meléndez. Él está señalado de haber participado en el crimen de mi padre. Al inicio de este segundo mandato llegamos a la conclusión de que Medardo González también nos engañó. Comprobamos  que  ese nombramiento había sido algo pactado entre todos ellos y no fue un asunto solo de Funes y Vanda Pignato.

El FMLN ha traicionado el legado y la figura de Roque Dalton. Ha pisoteando su obra literaria y hasta su pensamiento político y todo lo que mi padre significa para El Salvador y el resto de Latinoamérica. Entonces, no les bastó no solo con ensuciar la memoria del poeta revolucionario, sino que engañaron a mi familia, engañaron y pisotearon a mi madre y han engañado también al pueblo salvadoreño.

Villalobos y Meléndez no solo  son responsables del crimen de mi padre, sino de otros crimines que incluso están en el Informe de la Comisión de la Verdad. Fue el FMLN quien —a Jorge Meléndez— lo ha elegido y protegido de la manera más  impune, desfachatada y vergonzosa durante todos estos años. Cada día el FMLN deja evidenciado que no le interesa la figura del poeta meritísimo Roque Dalton. He llegado a pensar que en el fondo detestan a mi padre y todo lo que su figura significa. El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa.

El resultado y la respuesta a nuestra carta de parte del expresidente Funes fue más que miserable. Se puso a la par del victimario y echó a un lado a las víctimas. Ofendió públicamente a mi familia utilizando todo su poder para anularnos cuando le prohibimos pronunciar el nombre de mi padre en sus discursos.

El muy miserable [del expresidente Funes] quería centrar su show político con el título del poemario “El turno del ofendido”. Y una ofensa recibimos luego que mi hermano le solicitó a Hato Hasbun que no usara el nombre de mi padre. Y la reacción del expresidente Funes fue la misma reacción de quienes han protegido a los asesinos y los torturadores de Latinoamérica. La actitud de la primera dama de entonces, Vanda Pignato no pudo ser más miserable también, porque nunca se acercó a darnos ni  la mínima explicación. Me imagino que ella tenía que ser fiel a sus vínculos de amistad con Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos. Este último es el asesino directo del poeta Roque Dalton.

Hace poco —en un centro comercial de San Salvador— la exprimera dama, Vanda Pignato se encontró con mi madre. Pignato la abrazó y la elogió de  manera  hipócrita y descarada. Mi madre tiene ya 85 años y cada vez es más frágil y sin fuerzas para reclamar nada. Y al parecer ella se irá de este mundo sin ver la tumba del padre de sus hijos. Hasta dónde ha llegado la desfachatez, la mentira y la impunidad de semejantes sabandijas en mayúsculas.


Hay una nueva generación de poetas en El Salvador. ¿Crees que Roque Dalton sigue siendo una influencia literaria?

Hay una nueva generación de poetas y escritores salvadoreños y seguramente mi padre seguirá siendo una gran influencia, pero creo que los escritores deberán crear estilos propios acordes a los nuevos tiempos. Esta nueva generación literaria tendrá que ingeniárselas para trascender y no quedarse en los localismos, los intentos y los esfuerzos. Esto es algo muy impregnado en la cultura salvadoreña a lo largo de la historia. Y no solo pasa con la literatura sino también  con el cine, las artes plásticas y las demás expresiones del arte. Hay un gran temor a trascender y eso ha sido un signo muy marcado de una cultura subdesarrollada. Un escritor debe ser también un intelectual en todos los sentidos. Debe ser parte de la conciencia crítica y generadora de un pensamiento que ayude a transformar la sociedad y eso en El Salvador de hoy es muy escaso. No hay una producción y un ambiente literario como existe en Nicaragua o Guatemala. El panorama literario aquí es difícil porque El Salvador no está catalogado como un país de lectores. Es un país en el que la gente no lee. Han desaparecido las librerías y las bibliotecas están vacías.  La gente se reúne en un bar o un café para  hablar de política, para hablar de cualquier cosa menos de arte y cultura.  Consumen televisión de manera sedienta para ver desfilar en los programas de opinión y noticieros a los mismos políticos  de siempre. El salvadoreño común vive atrapado en el círculo sin salida de la política. El salvadoreño no lee  y para colmo tampoco va al cine, porque lamentablemente tampoco no hay  nada que  ver.

Por último,  la política literaria del Estado o la gestión del Estado —en ese orden—  es insuficiente. El término mediocre es ya un elogio. Es  de verdad paupérrima.

De todas maneras el panorama puede ser muy negativo pero eso no es motivo para la no existencia de una buena literatura. En Haití hay buenísimos poetas y hubo siempre buenos escritores e intelectuales.


Hay algo que vi en Cuba: Las nuevas generaciones de artistas no saben sobre Roque Dalton. ¿Vaticinás un olvido de la vida y obra de tu padre en la Isla?

No tengo la misma opinión que tienes sobre la obra de mi padre en Cuba. Yo creo que en Cuba sí se venera a mi padre, su  poesía y lo que significa su figura. Es un sitio donde mi padre aún no está olvidado ni muerto, por suerte. Pero por supuesto, el olvido de las nuevas generaciones es un peligro. Ya incluso los jóvenes cubanos de hoy ignoran muchas cosas importantes de la propia cultura cubana.

En este asunto del olvido  que seremos, cito al gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince: “Todos estamos condenados al olvido y todos seremos derrotados, pero hay derrotas peores que la muerte”. En Cuba están en peligro un sinnúmero de cosas que tienen que ver con el olvido y la memoria. Ya Cuba no es la misma Cuba de 1968. Ni siquiera la Cuba de 1990. Lo que fue para muchos la Revolución Cubana —y la continuidad de ese proceso en toda su dimensión— está por definirse. A pesar de que me considero hijo de ese proceso que se inició en 1959, mis motivos de apego son mucho más profundos, son muy de raíz y están estrechamente relacionados con la nación cubana y soy de un pensamiento martiano. Siempre he vivido agradecido de mis padres por haberme llevado a vivir a Cuba. Y pienso que uno es del lugar donde crece y se forma, donde casi todo es por primera vez.

Hoy Cuba atraviesa por un momento complejo y los jóvenes que no tienen el mismo compromiso que tuvieron sus padres y abuelos hoy miran el futuro —por lógica— muy diferente. Ahora está la nueva relación con Estados Unidos que aún no sé muy bien en que va a desembocar. Un amigo cubano —un poco en  broma— decía que uno de los grandes problemas de Cuba es estar lejos de Dios y demasiado cerca de los Estados Unidos.  Pero yo confío en la nación cubana y no dejo de pensar en la reconciliación entre los cubanos. Esto es inevitable y es la única solución para un futuro próspero y abierto al mundo. Es una nación que a pesar de los pesares tiene muchas virtudes.


Jorge Meléndez ha aseverado dos cosas: en 2010 dijo que no conoció el asesinato de Roque Dalton sino un proceso político —dentro del ERP— en el que resultó muerto tu padre y otros guerrilleros. En 2016 afirmó que “Ni siquiera sabía que existía Roque Dalton”. ¿Qué pensás de estos cambios de discurso?

Sobre lo que dijo Jorge Meléndez en 2010 —que no se trató de un asesinato, sino de un “proceso político”—, pues puede que tenga razón, porque los asesinatos que se cometían a mansalva en la Unión Soviética —en la época de  Stalin y los famosos “Juicios de Moscú”— y los crímenes que se cometieron en la Checoslovaquia estalinista en Hungría, Rumania y Polonia —en los que murieron miles y miles de personas bajo innumerables acusaciones y que fueron a parar a fosas comunes— los denominaban así: “procesos políticos”. Nunca reconocieron que eran crímenes de lesa humanidad.

Y sobre la frase “Ni siquiera sabía de la existencia de Roque Dalton”, pues a mí no me sorprende todo lo burdo y despiadado que pueda ser este personaje de Jorge Meléndez.  Cuando mi padre fue asesinado dijeron primero que lo ajusticiaron por ser “agente cubano”. Luego salieron con eso de que lo habían matado por “agente de la CIA”. Y  mí ya no me sorprendería que dentro de poco el FMLN diga algo parecido. Si han resultado ser  tal para cual, porque Jorge Meléndez goza de toda la estima del FMLN y no me extraña que algún día el FMLN  hasta les erija un monumento a los asesinos del poeta Roque Dalton.


La familia Dalton se ha esforzado por esclarecer el asesinato de Roque… ¿Me equivoco si digo que eso mismo —al parecer— no sucede con tu hermano que desapareció a principios de 1980?

Él murió en combate en el departamento de Chalatenango como muchos que murieron y sus cadáveres quedaron en el camino. No sabemos mayores detalles. Yo no estuve en la guerra. Yo no participé y ni siquiera vivía en El Salvador. Mi hermano mayor muere en el mismo combate que mi hermano Juan José es capturado por las tropas élites del ejército. No supimos más. Es la razón por la cual nunca hemos reclamado, porque no se trata igual que lo de mi padre. Mi hermano muere en un combate en la montaña contra el ejército. La pérdida de mi padre y de mi hermano significa una gran desgracia para mi familia. Para nosotros hablar de eso es sumamente doloroso.


Roque increpó a Miguel Ángel Asturias por haber ocupado un cargo público que reñía con la ética revolucionaria e intelectual y le aconsejó por dignidad que renunciara a su cargo a la embajada de Guatemala en París. Si el Gobierno del FMLN mantiene en sus filas a un supuesto asesino de Roque Dalton, ¿por qué no renunciás a la Secultura? Es decir: ¿por qué no renunciás a tu cargo como funcionario del gobierno del FMLN? Y también lo digo porque te has mostrado abiertamente crítico hacia el partido y su actuar.

Bueno, son casos muy diferentes y épocas muy diferentes en cuanto a lo que  mencionas relacionado con  Miguel Ángel Asturias y mi padre. Es importante aclarar que yo no fui elegido por el FMLN para ocupar el cargo que tengo como director de Cine y Audiovisuales de la Secultura. Cuando el FMLN llegó al poder yo ya estaba  ahí medio año antes de que el expresidente Funes llegara al Ejecutivo. Fui contratado para ocuparme de lo que en aquel entonces se llamaba Unidad de Video cuando aún existía el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura). Entonces, yo desde el primer día presenté un proyecto de convertir la Unidad de Video en la primera instancia cinematográfica y audiovisual en la historia del Estado salvadoreño. Con mucho sacrificio creé el Centro de Producción Audiovisual donde se han realizados documentales y programas de televisión de corte cultural que incluso ayudaron a fortalecer y aumentar la teleaudiencia de Canal 10. Estamos por lanzar dentro de poco el primer programa de televisión digital. Pude crear un equipo de trabajo con gente joven y profesional. Es una instancia que camina a la par de todo el nuevo panorama audiovisual salvadoreño. Yo no fui elegido por el FMLN bajo ningún concepto ni ningún otro partido. Tampoco tengo compromisos partidarios ni políticos de ninguna clase con nadie. Yo soy un cineasta. Un trabajador comprometido con el arte, la cultura y el país. Bajo esas condiciones fui contratado y esa es parte de mi misión aquí. Me propuse dejar  un legado que está muy vinculado a todo el esfuerzo por la existencia de un cine nacional,  donde el Estado tiene muchas obligaciones. Yo no llegué aquí con un cargo político ni por “ser chero” de nadie. A mí me ampara mi trayectoria, mi obra y todo el trabajo que he venido desarrollando por el cine salvadoreño y la cultura en este país. Yo no vine al Estado como han llegado otra gente afín o militante del FMLN que llegó a asaltar el Estado como si fuera un botín de conquista como lo hizo el partido ARENA en el pasado. Es aberrante e injustificable la filosofía del FMLN: si ARENA robó y despilfarró porqué nosotros no lo vamos a hacer.

Yo soy un cineasta revolucionario y enemigo de la burocracia, la mediocridad, la mentira y la corrupción  y yo vine a cumplir con mi deber y no andar en babosadas políticas. No me perdonan que yo diga las cosas y si tengo que salir a la calle con un megáfono a acompañar a los trabajadores, pues lo hago. Yo no estoy señalado ni soy sospechoso de cometer ningún crimen. Yo no tengo nada que ver con esa podredumbre de otros funcionarios altamente sospechosos de crímenes, corrupción e enriquecimiento ilícito. Esa es la gran diferencia [entre Jorge Dalton] con el cargo que ocupa Jorge Meléndez. Si alguien  sabe de esa gran diferencia es el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén. Él sabe perfectamente quién soy yo y conoce perfectamente a mi familia. Él sabe de sobra de dónde viene Jorge Meléndez y en lo que estuvo involucrado. Es el presidente de la República quien tendría la obligación, la honorabilidad, la honestidad y  la autoridad necesaria —en nombre de la justicia y la verdad— de destituir a Jorge Meléndez señalado por el crimen de un poeta.


El vicepresidente de El Salvador, Óscar Ortiz pidió que no se extraditaran a los militares señalados en haber participado en el asesinado de los jesuitas de la UCA. Y al Gobierno no le cayó en gracia que se declarara ilegal la Ley de Amnistía de 1993. ¿Por qué creés que ocurren estos cambios de postura?

Bueno, la protección de esos militares e impedir que fueran extraditados por España —señalados de graves violaciones a los derechos humanos— se inició con Mauricio Funes y el FMLN. Ellos se prestaron para eso. Este es otro acto vergonzoso, sucio —y sobre todo— un acto de traición a las víctimas de tales asesinatos. El vicepresidente Ortiz pone en claro su postura —que en definitiva es la postura del FMLN— de estar en contra  del esclarecimiento de la verdad. Ellos son pieza clave de ese sistema de impunidad que reina en el país. Los miembros del FMLN están evitando por todos los medios que los casos de crímenes cometidos por el FMLN no  salgan a flote. El FMLN  definitivamente se pone al lado de los victimarios y anula a las víctimas.

Con el caso del asesinato del poeta Roque Dalton, no pueden ser más claros. Como dije al inicio: no han movido un dedo en ayudar al esclarecimiento de la verdad  y eso de alguna manera los hace cómplices de quienes cometieron el crimen porque se han dedicado a proteger a esos victimarios. Yo creo que todo eso es parte de un proceso de  corrupción política dentro del FMLN. Ellos han pisoteado muchos principios, se olvidaron hasta de su propia gente. Se traicionaron a ellos mismos. Se olvidaron de  los que lo dieron todo, de los que sacrificaron lo más preciado que tenían que es la vida.

(Jorge Dalton cita los versos de un poema de su padre).

Se olvidaron, pues de:
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,.
mis compatriotas,
mis hermanos….


Eso es imperdonable como son imperdonables los que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Yo considero que el FMLN no es revolucionario. Lo dejó de ser hace mucho tiempo.

*Esta entrevista fue publicada en el periódico digital Cuarta de Guadalajara, México.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Los poetas no mueren



Los poetas no se mueren nunca —y menos, si los matan: es ley de la vida y también de la muerte. En todo caso se convierten en fantasmas muy tenaces. Los verdugos lo saben en carne propia porque cada letra del poeta, cada palabra suya, cada verso limpio, les pega como una bofetada. La única eternidad posible será la que conceda la poesía. La poesía es don del hombre. “País mío no existes/ sólo eres una mala silueta mía/ una palabra que le creí al enemigo”, dijo mi querido Roque Dalton meses antes de que sus jefes guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) le metieran un balazo a traición, el Día de las Madres de 1975, a cuatro tardes de cumplir 40 años —hace ya treinta y cinco.

Cuando conocí a Roque, en la colmena habanera de los setenta, él era el poeta más simpático del mundo. Lo recuerdo vestido con una camisa blanca de mangas cortas, pantalón cualquiera y unas botas altas, mal acordonadas. Más delgado que su malicia, tenía buena fama de polemista. No soportaba los caprichos del poder ni el poder de los caprichosos, y se peleaba de palabras con sus superiores o subordinados, de igual a igual. Había logrado una pronta consagración con su libro El turno del ofendido e iba dejando a su paso por la ciudad un rastro de anécdotas (casi siempre inverosímiles) más un reguero de amores que se sumaban, en centroamericana fugacidad, al libro de las leyendas urbanas. Para acreditar sus hazañas con pruebas de rigor, El Flaco Roque hubiera necesitado ser El Gato Dalton y consumir más de siete vidas; así y todo, creo que tendría que robarse otras tantas en alguna barata de mercado. Cómo explicar, sin creer en Dios, sus mil quinientas páginas de poemas, sus dos escapes de la cárcel minutos antes de ser llevado ante un pelotón de fusilamiento, sus andanzas por todas las callejuelas de Praga persiguiendo la escurridiza sombra de Franz Kafka), sus travesuras en la Corea sin humor de Kim II Sung y, por último, la confianza que tuvo en sus camaradas de guerrilla aún sabiendo que ellos envidiaban rabiosamente su inteligencia, su carisma y sus cojones. “¡Qué cosa tan jodida es descansar en paz!”, dijo el autor de Taberna y otros lugares sin saber que él nunca tendría el privilegio del reposo pues sus matadores siguen sin atreverse a decirnos por qué lo acusaron de ser agente de la CIA si sabían bien que era una calumnia —ni dónde rayos lo enterraron horas después, aquella noche de primavera. Muy cerca de la casa donde le dispararon en la nuca, las mujeres más lindas del continente desfilaban por la pasarela de un concurso de belleza. No me extrañaría que lo primero que haya hecho el espíritu de Roque fuera irse volando a verlas modelar: ni cadáver, un hombre como él se perdería esos bikinis.

El presidente salvadoreño Mauricio Funes acaba de nombrar en un alto cargo de su gobierno a Jorge Meléndez, el valiente comandante Jonás, un hombre que lleva en el cuerpo varias heridas de guerra y, en el alma, la inconfesada pena de haber sido uno de los ejecutores del poeta y su compañero en la muerte, el obrero Armando Arteaga, alias Pancho. Los otros comandantes implicados, aún vivos, son Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos —según confesión pública del propio Villalobos. “Fue un tremendo error”, reconoció entonces. En entrevista reciente, un Jorge Meléndez acorralado dijo al periodista Tomás Andréu: “Yo norecuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político en el cualsalieron muertos varios compañeros (…) No soy asesino de Roque Dalton. En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe. (…) Las guerras son situaciones excepcionales de mucho dolor, de muchos muertos, de faltas de ley, de decisiones siempre arbitrarias (…) Yo estuve ahí y sé lo que pasó”. Han corrido [cuarenta y dos] mayos y Jonás no ha aclarado nada.

La familia Dalton, de la cual me siento parte por razones largas de contar, sólo pide que se sepa la verdad. Juan José y Jorge, hijos de Roque, quieren rescatar el cuerpo del poeta: esta semana, encabezan una cruzada a favor de la justicia. “No sabemos a dónde fue a parar su cadáver, no hemos tenido esa oportunidad de ponerle una flor (…) Los responsables de las torturas sicológicas y físicas que mi padre y Armando Arteaga sufrieron durante su cautiverio, tienen nombre y apellido. El gobierno (del presidente Funes) tiene dos caminos: rectificar y despedir a Jorge Meléndez o ser cómplice de uno de los involucrados en el crimen. Mayo seguirá siendo un mes sumamente triste e injusto. Muy injusto”, ha dicho Jorge.

Roque escribió: “No temáis por mí y perdonad que me retire por un momento. Voy a reírme de vosotros”.


Vosotros son ellos. 

*Este texto de opinión fue escrito por el cubano Eliseo Alberto y apareció en el periódico mexicano, Milenio. 

** Quizás interese: Jorge Meléndez: "No recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político"


lunes, 3 de abril de 2017

Charles Clements: “Comprendí que la guerra es inmoral” (I)



Hizo suya la tradición militar de su familia. Voló sobre el cielo de Vietnam como piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Fue testigo de cómo la guerra desollaba a sus víctimas sin ningún tipo de piedad.

También vio cómo sus compañeros de guerra caían en combate o eran anunciados por la radio como una estadística mortal que cumplió “con el deber de servir a la patria”.

Decepcionado de la guerra y de la intervención político-militar de su país en la soberanía de otras naciones, Charles Clementes decidió estudiar medicina hasta culminar su carrera como médico. Se hizo pacifista y abrazó el dogma de la “no violencia” hasta llegar a convertirse en un “cuáquero” —especie de religioso que lleva como insignia la defensa de la justicia, la paz, la igualdad y el respeto a los derechos humanos— a través de su propio testimonio. Es decir: de lo visto y vivido en carne propia hizo una filosofía de vida.

El norteamericano se interesó por El Salvador y en el año 1982 fue designado —luego de un intenso proceso de evaluación por miembros del FMLN— al municipio de Guazapa. Ahí el ejército salvadoreño hacía llover bombas, balas y fósforo blanco sobre la población civil que era acusada de ser cómplice de la insurgencia.

 “Camilo” fue el seudónimo que utilizó Charles Clements durante su incorporación al frente de guerra como médico. Convivió un año con la población civil y los guerrilleros. Luego decidió irse a su país para dar testimonio de cómo los pobladores de El Salvador eran torturados, desaparecidos y asesinados bajo el apoyo económico, la asesoría militar y la complacencia del gobierno estadounidense.

Sus declaraciones ante el Congreso estadounidense, sus escritos testimoniales, sus giras por los estados de su país y su apoyo a la difusión de documentales sobre Guazapa y la realidad salvadoreña ayudaron a poner la mirada internacional sobre El Salvador, donde el margen político estaba enfáticamente delimitado. Atravesar esa frontera significaba llegar a la muerte. O a la desaparición absoluta.

¿Cómo recuerda usted los años en los que acompañó la lucha armada en El Salvador y su compromiso con la gente más necesitada de Guazapa?
Era una época muy difícil. [Recuerdo] que hubo unas reuniones con otros médicos y brigadistas, pacientes y compañeros del FMLN. Tengo muchos recuerdos [de personas] que no están con nosotros ahorita, que no pueden vivir este momento tan especial [se refiere al triunfo de la izquierda en el poder], pero recuerdo de ellos el valor, la fe, la determinación de los campesinos y campesinas. Ojalá ellos estén viviendo todavía.

¿Ha podido reunirse con las personas que menciona en su libro “Guazapa” en esta visita que ha hecho en el país?
Sí, con un médico que se llama Elario y con la brigadista Camila y también con la mujer que salvó mi vida cuando tenía paludismo: Mamá Lina. Tuve un encuentro muy emotivo con ella. El hijo de ella es el acalde de Suchitoto y se llama Walter [Antonio Juan Javier Martínez]. [Recuerda en voz alta] El “Rojo Dimas” [Dimas Rodríguez: comandante del FMLN quien murió en combate en 1989]. Su esposa murió en mi mesa de operaciones. Estuvo sangrando por muchas horas en estado de embarazo…

¿Cómo fue que Mamá Lina le salvó la vida?
Me dio paludismo. Tuve fiebres. Me bañaba constantemente con agua fría. Me dio muchos líquidos, aspirina. Eso me ayudó a tener un balance interno.

¿Hubo algún momento en la guerra en la que usted sintió que iba a perder la vida, ya sea en un bombardeo, combate o guinda?
En la primera guinda de Copapayo pensaba que íbamos a morir en esa noche porque había una línea de soldados alrededor de Suchitoto. Estábamos atrapados, pero por un milagro cruzamos la línea con muchos civiles, con madres y sus hijos… Una madre tapó la boca de su hija porque lloraba mucho… eso fue muy triste, muy triste…Ella salvó la vida de todos nosotros… [Silencio]

¿La madre sacrificó a su hijo para que no murieran todos?
Sí, sí… No fue su intención. Fue por accidente… Teníamos mucho miedo. Los soldados estaban muy cerquita de nosotros… Después el ejército mató a más 300 personas en Copapayo en otra guinda. Fue en noviembre de 1983. Murieron niños, mujeres, ancianos…

¿Ese episodio es el mismo que está en su libro?
Sí, está en el libro.

¿Cómo empezó su decisión de ayudar a El Salvador mientras seguía en su país?
Mi familia fue militar. Mi papá fue coronel en la Fuerza Área, mi hermano se incorporó a la armada estadounidense. Yo fui piloto en Vietnam. Después de unos meses ahí comprendí que la guerra es inmoral, ilegal. [La guerra de Vietnam] era un asunto de los vietnamitas. No era de Rusia y los Estados Unidos. Luego yo asistí a la Escuela de Medicina en California. Ahí encontré muchos recursos [información] sobre los Escuadrones de la Muerte. Encontré que mi país estaba enviando asesores ahí con helicópteros… Me pareció que otro Vietnam estaba empezando en El Salvador. Entonces yo quise hacer algo para prevenirlo…

¿Contactó al FMLN en Estados Unidos y luego vino a los frentes de guerra?
Me dirigieron a la ciudad de México… Estuve ahí por unas semanas para aprender español y arreglar asuntos con el FMLN. Yo tengo tres condiciones [para venir a El Salvador e incorporarse a la guerra]: No voy a usar un arma, trabajaré con los civiles y  con el derecho de asistir a cualquier persona. No importa si es soldado o es guerrillero el que necesite atención médica.

¿Por qué eligió Guazapa como lugar para brindar ayuda?
Fue decisión de ellos [FMLN]. Yo no conocía ningún lugar dentro de El Salvador.

¿Cuáles fueron las dificultades que usted tuvo para ejercer su profesión de médico en momentos tan difíciles?
Guazapa era una tierra de fuego libre. Cada día los aviones pasaban para Chalatenango o para Morazán y cuando los aviones pasaban por ese lugar, pues regresaban con bombas y municiones. Guazapa era el lugar para descargarlos. Casi todos los días había ataques de los aviones… Había pocas camillas para los niños. No teníamos medicinas y había pocos médicos. Un tiempo muy difícil…

En esa penumbra y en esa oscuridad durante la guerra, ¿qué recuerdo tiene que le parezca hermoso, generoso con usted?
Cuando yo entré a Guazapa —ahora me parece algo muy bonito— y después de meses de muchas enfermedades cuando quedé muy pechito [delgado] como dicen los campesinos, [en ese momento] todos teníamos mucha hambre y ellos me miraban [los campesinos] y me daban comida. Me daban huevos, tortillas para ayudarme y me decían: “Esta es su comida…” La generosidad de los campesinos —que no tienen mucho— es un acto y un recuerdo que yo nunca voy a olvidar.

Usted se va de El Salvador a finales de 1983 y pasa a otro escenario. ¿Cómo se percibía la guerra desde fuera?
Me fui de El Salvador para conseguir dinero y medicinas, pero después de unos meses en los Estados Unidos tomé una decisión muy difícil para mí y era quedarme ahí [Estados Unidos] para hablar de la ayuda tremenda de los Estados Unidos a los militares de El Salvador. Por eso di mi testimonio en el Congreso estadounidense y arreglé muchas delegaciones para los congresistas para que pudieran ver con sus propios ojos lo que estaba pasando aquí. Di mi testimonio y discurso en casi cincuenta estados sobre lo que pasaba aquí y trabajé mucho para que terminara la guerra en este país. Después de 10 años me sentí muy feliz cuando fui un huésped especial en Chapultepec (México) para ver los acuerdos de paz. Fue el día más feliz cuando los comandantes y generales firmaban el acuerdo.

¿Cómo percibe ahora a este FMLN en el poder con el que usted conoció en Guazapa?
No soy un experto, pero dentro del Frente en tiempos difíciles siempre fue un partido democrático. Ha creado espacio para las mujeres y los ancianos. Es un partido que tiene interés en la justicia e igualdad. Mis experiencias en la década de 1980 con el FMLN me dan la confianza en su capacidad de ser un buen gobierno de esperanza.

¿Qué opinión tiene usted cuando Mauricio Funes —que en todos sus discursos— ha mencionado a monseñor Romero como el guía que él pone frente a su gobierno para beneficiar a los más necesitados, a los más pobres?
Escuché un poco el discurso de la victoria de Mauricio Funes cuando dijo: “Mi gobierno tendrá una opción preferencial por los pobres como monseñor Romero la tuvo”. En ese momento decidí que debía estar en la toma de posesión porque monseñor es muy importante para mí también. Me tocó mucho cuando él [Mauricio Funes] estuvo el lunes por la mañana [1 de junio de 2009] en la tumba de monseñor en un día muy importante.

¿Cómo percibe El Salvador hoy con los difíciles años de 1980?
Todavía es un país de pobres. Hay mucha pobreza, pero es un país abierto. Ya no tiene mucho medio y tiene muchas posibilidades de cambiar su situación de pobreza. El Salvador es hoy un país con muchas esperanzas. En la década de 1980 era un país con mucho miedo, tristeza y dolor.

Háblenos sobre los documentales de Guazapa y sobre su persona
Cuando entré y estuve en Guazapa hubo unos periodistas que estaban haciendo películas sobre el FMLN. Hubo unas entrevistas conmigo. Esta película hoy es parte de muchos documentales. Uno se llama “Guazapa” y otra “En el nombre del pueblo”. Le comenté a un cuáquero de los Estados Unidos e hizo un documental que se llama “El testigo de la guerra”. En formato libro también se llama igual. En español se llama “Guazapa”. Estas personas hicieron la película sobre mi viaje como piloto a Vietnam y como médico en el frente de guerra de El Salvador. El documental ganó un premio de la Academy Awards  en 1985. No tenía ningún papel para hacer esta película [sin embargo] era el sujeto de la película.

Al salir de El Salvador usted va al Congreso y hace conferencias sobre la situación del país. ¿Qué repercusiones políticas tuvo usted?
Los congresistas hablaron con las víctimas, con las madres de los desaparecidos, Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador y con los militares. Ellos se fueron [de El Salvador] con una visión muy diferente sobre la guerra y hubo poco a poco el apoyo en el Congreso para la ayuda militar en El Salvador, pero costó mucho tiempo cambiar la actitud de los congresistas porque Reagan era muy popular.

Usted tuvo formación militar y por tal razón quiero preguntarle ¿qué piensa de la Escuela de la Américas?
Yo estuve ahí el año pasado. Fui a dar un discurso contra la Escuela de las Américas. Ahí estaba como huésped Jon Sobrino (teólogo español quien se salvó de ser asesinado por el ejército salvadoreño en 1989) para dar un discurso. Debemos cerrar la Escuela de la Américas. Hubo muchas masacres aquí [El Salvador] como en Copapayo. Estas masacres están relacionadas con oficiales y escuadrones de la muerte que tuvieron entrenamiento en la Escuela de las Américas.




¿Cuáles son los proyectos actualmente del Dr. Clements?
Mi país está involucrado en muchos lugares alrededor del mundo como en Afganistán, Iraq. Es por eso que yo estuve en El Salvador en la década de 1980 por los actos de mi gobierno. Yo tengo mucha responsabilidad en reparar el daño que hizo mi país en muchos lugares. Tengo mucho trabajo con los derechos humanos alrededor del mundo.

¿Ahora está en la elaboración de un nuevo documental?
Sí, Don North [corresponsal de guerra quien estuvo en El Salvador e hizo el documental “Guazapa” filmado en los primeros años de 1980] está haciendo una película nueva siempre sobre Guazapa que se llama: “Guazapa, enemigos del ayer” [la cual ha sido presentada en EUA por vez primera de forma parcial]. Don fue a Guazapa para hablar con las personas que sobrevivieron y ver qué está pasando ahora en sus vidas. Es un documental muy interesante porque es una trayectoria de 27 años. El documental es financiado por North y por el amor que le tiene al pueblo salvadoreño. Don North quiere distribuir ampliamente la película dentro de El Salvador y queremos conseguir dinero para eso.


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Charles Clements: “El gobierno de los Estados Unidos promovió una dictadura violenta en El Salvador” (II)



Se bajó del avión que piloteaba y se dijo a sí mismo: “La guerra es una mierda. Es inmoral”. Vietnam estaba bajo la lluvia del Agente Naranja. La gente y la vegetación ardían bajo aquel compuesto químico.
Chalie Clements le dio un giro a su vida y se hizo médico. Se graduó en 1980. Eligió un país para brindar su ayuda: El Salvador. Se fue a Guazapa. La zona estaba controlada por la guerrilla. Anotaba todo lo que el ejército salvadoreño —entrenado y financiado por el gobierno de Estados Unidos— hacía a la población. Eran los primeros años de 1980.
El médico norteamericano estuvo un año con la insurgencia atendiendo a los civiles. Luego se marchó hacia su país para hacer una larga cruzada a favor de El Salvador. Allá denunció cómo su gobierno permitía la impunidad en la que se movían los Escuadrones de la Muerte en el país. Eso le valió amenazas de muerte que nunca se tomó en serio.
En Estados Unidos creó el Fondo de Asistencia Médica para El Salvador. Iba al Congreso a dar su testimonio de cómo los millones de dólares de Estados Unidos permitían al ejército de El Salvador perseguir, torturar, desaparecer y matar a civiles, religiosos y defensores de derechos humanos.
En 2015 dio su última clase de derechos humanos en la escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. Sigue involucrado en diversos asuntos relacionados con esta materia, pero muchos responden ahora a un nivel local en su pequeña ciudad en Colorado. Actualmente trabaja en el cuidado y salud de 60 adultos con capacidades especiales.
En algún momento le gustaría escribir el epílogo de su documental “Testigos de la Guerra” [ganador de un premio Óscar] y poder rastrear las vidas de la gente de su libro: “Guazapa. Testimonio de guerra de un médico norteamericano”.
En esta entrevista el Dr. Clements habla de la guerra, de cómo fue testigo de la firma de la paz, de la llegada al poder del FMLN, de Cuba y Donald Trump, del proceso de paz en Colombia. Eso sí: no se moja. Aún tiene una mirada romántica sobre el FMLN, pero afirma algo del expresidente Mauricio Funes: “él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN”.

¿Aún recuerda cuando sobrevolaba los cielos de Vietnam?
Sí.
¿Los vuelos que tripuló dejaron víctimas mortales? ¿Se arrepiente de eso?
Había un tipo de misión mucho más relevante como trasladar personas que estaban seriamente heridas, incluyendo civiles. Los tipos de vuelo que yo hacía no eran urgentes, es decir: los pacientes que trasladaba no necesitaban atención médica inmediata.
¿Qué le hizo dejar de ser piloto para ser médico?
Me rehusé a volar en más misiones el día antes de la invasión a Camboya, porque comencé a creer que la guerra era inmoral y a pesar de que no tenía un rol como combatiente —entiéndase que no viajaba con armas— yo llegué a pensar que mi trabajo contribuía a mantener la guerra.
Decidí años después convertirme en médico, porque me educaron con un sentido de servicio y como el servicio militar no era opción, me di cuenta de que existían muchas oportunidades de servir como médico.
¿Y por qué eligió a El Salvador para brindarle ayuda?
Porqué sentí que mi gobierno, el gobierno de los Estados Unidos estaba promoviendo una dictadura violenta ahí y que en algún momento se llegaría a una situación al estilo de Vietnam. Cuando tenía 24 años pensaba: “Si no los detenemos en Vietnam, los tenemos que detener en el Puente Golden Gate”. Y cuando tenía 36 años mi pensamiento era: “Si no los detenemos en El Salvador, los tendremos que detener en Río Grande”. Aprendí por las malas que la guerra de Vietnam no fue un asunto de seguridad nacional de los Estados Unidos y que era inmoral. No quería que eso mismo sucediera de nuevo.
Leí en su libro que no le fue bien con los guerrilleros. Algunos lo discriminaban. ¿Fue difícil para usted hacerse amigo de los insurgentes?
Era un gringo. No hablaba bien el español. Yo venía del país que proveía los aviones y las bombas que eran lanzadas prácticamente a diario en el país. Estaba escribiendo en mi diario todo el tiempo y eso estoy seguro que les generaba sospechas: “¿Acerca de quién escribe? ¿Qué está escribiendo?” Cualquier persona en una situación de stress es susceptible a los rumores. Entendí todo lo anterior y pensé que si tenía paciencia, todo funcionaría…Y así fue. Cuando la gente observa que compartes las mismas dificultades que ellos, entonces esto contribuye a crear lazos de confianza.
¿Qué recuerdo siempre tiene presente de la guerra de El Salvador?
Sin lugar a dudas mis memorias más queridas son la gentileza y la generosidad de la gente en Guazapa. Estábamos hambrientos todo el tiempo, pero siempre se las arreglaban para darme un huevo extra o un mango, porque tenía que caminar muchos kilómetros entre pueblitos. La gente era increíblemente valiente al enfrentar las amenazas recurrentes sobre una posible incursión militar en el lugar y los ataques aéreos.
Hay un documental que se llama “In the name of the people”. Usted aparece en él. También aparece un niño mensajero llamado Nico. Sus padres fueron asesinados por los escuadrones de la muerte. ¿Sabe qué pasó con Nico y dónde está?
He tratado de averiguar qué le pasó a Nico, pero nunca he tenido éxito. La gente en Guazapa cambió sus “alías” años después, entonces es muy posible que él lo haya hecho también.


¿Qué concepto tuvo de usted el gobierno de Estados Unidos durante la guerra mientras usted los denunciaba como asesores del ejército que asesinaba civiles y religiosos?
Pienso que no era muy popular en mi propio gobierno y recibí además muchas amenazas de muerte. No creo que hayan sido serias. Yo llevé cierto número de delegaciones del Congreso a la región para que nuestros tomadores de decisiones pudieran ver con sus propios ojos como se gastaba el dinero de nuestros impuestos. El gobierno bajo el presidente Reagan le mentía constantemente a la población sobre la conducta de los militares en El Salvador. Tantas veces como fue posible yo traté de aclarar esas distorsiones.
¿Qué significó para usted la invitación que le hicieron para que fuera testigo de la firma de la paz entre los guerrilleros y el gobierno de turno?
Fue un momento muy especial en mi vida, porque yo había jugado un pequeño rol en llevar a cabo las negociaciones. Pienso que Estados Unidos prolongó la guerra de forma innecesaria. Pedía que el FMLN dejara las armas aún antes de comenzar las negociaciones. Estados Unidos parecía ignorar el hecho de que los escuadrones de la muerte habían operado con impunidad y esperar que la guerrilla quedara desarmada era un suicidio. Cuando vi los lapiceros de los comandantes y de los generales firmar esos papeles, no pude controlar mis emociones, porque entendí que finalmente la guerra había terminado y que eso significaría un nuevo comienzo para El Salvador.
¿Qué sintió cuando vio llegar al FMLN al poder? Sé que el expresidente Funes lo invitó a la toma de posesión.
Yo viaja en tren desde Washington D.C. hasta Boston bastante tarde, cuando me informaron vía correo electrónico que el FMLN había ganado la elección presidencial. Fue un momento de sincera alegría y llegar a la toma de posesión fue muy especial, no solamente porque pude ver muchos colegas que no veía desde los tiempos de guerra, sino también porque la gente en El Salvador finalmente eligió un partido para gobernar que realmente representaba los intereses de los pobres.
¿Y qué ha escuchado sobre el desempeño del gobierno del FMLN? ¿Tiene aún un buen concepto de él?
Pienso que los resultados del gobierno del FMLN han sido mixtos, pero la realidad es que han tenido que enfrentar obstáculos tremendos de la corrupción de ARENA, niveles elevados de deuda y los problemas con las maras. Pienso que la elección de Salvador Sánchez Cerén fue la reafirmación para la agenda del partido FMLN y soy optimista que ellos puedan responder a todos los desafíos de la impunidad y de la Comisión de la Verdad. Las familias de las personas muertas o desaparecidas no merecen nada menos e incluso, aunque haya pasado todo este tiempo, merecen un castigo para los perpetradores. Por lo menos se debería de aclarar el récord histórico.
¿Y qué podría decir del expresidente Funes (autoexiliado y protegido por el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega) señalado por actos de corrupción, quien se negó a la derogación de la Ley de Amnistía y que resguardó a los militares que asesinaron a los padres jesuitas de la UCA?
Pienso que el fin de la administración del presidente Funes fue mejor que lo que dejaron los gobiernos de ARENA, pero él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN.
¿Cuál es su reacción ante la muerte de Fidel Castro? ¿Afectará esto al resto de la izquierda latinoamericana?
Pienso que Fidel Castro ha dejado una herencia muy importante en Latinoamérica. Por ejemplo con los miles de médicos que se encuentran prácticamente en cada país del hemisferio, que fueron entrenados en Cuba. Se me ocurre que 25 años atrás él entendió que no podía exportar la revolución y en lugar de la revolución comenzó a exportar médicos por toda Latinoamérica como un gesto de buena voluntad de Cuba. Justo en estas semanas una brigada de médicos norteamericanos entrenados en Cuba fungió como voluntarios en el Standing Rock para dar atención médica a los manifestantes en el lugar. El colegio médico que capacita doctores a lo largo de Latinoamérica y la instauración de los servicios médicos gratuitos en Cuba es una de sus herencias que más perdurará.
¿Y qué pasará ahora entre Cuba y Estados Unidos ante el triunfo de Donald Trump?
Pienso que Donald Trump es suficientemente pragmático para reconocer que un incremento en el comercio con la Isla hará más por construir puentes que el aislamiento y el embargo. Seguramente su período presidencial será impredecible, así como fue su campaña política, pero en el fondo es un hombre de negocios. Estoy seguro que Trump intentará beneficiarse de cualquier apertura de negocios en Cuba.
¿Cuál es su apreciación entre los acuerdos de paz que están por surgir entre las FARC y el gobierno? ¿Ve positivo que los crímenes de guerra no queden en la impunidad?
Pienso que la gente en Colombia habló cuando rechazó el primer acuerdo de paz que proveía muy poca responsabilidad y muchos beneficios a las FARC. Si se le atribuye responsabilidad a las FARC, por lo menos a través de una Comisión de la Verdad, entonces los paramilitares de la derecha deberían de ser tratados bajo el mismo estándar. Terminar una guerra de más de medio siglo en Colombia es una buena idea y los acuerdos que se negociaron en Cuba dejan la puerta abierta para las reparaciones más grandes en la historia del mundo. Esperemos que el gobierno de Colombia encuentre la voluntad y los fondos para implementarlas. Tiene que existir una deducción de responsabilidades para los crímenes más crueles contra la humanidad. No pueden existir limitaciones en estos casos ni en Colombia ni en El Salvador. No puede haber una amnistía para estos actos.
En El Salvador se declaró ilegal la Ley de Amnistía de 1993 y el país tiene una nueva guerra entre las pandillas y el gobierno. ¿En un contexto como este puede haber justicia para las víctimas del conflicto armado?
Si, aún puede haber deducción de responsabilidades para los perpetradores. Cuando la justicia no es posible, la verdad es una importante alternativa para las víctimas y sus familias. Los responsables puede que sean demasiado viejos o que ya hayan muerto, pero lo que han hecho sigue ahí y es una parte importante de los récords históricos.



jueves, 7 de julio de 2016

Jorge Meléndez: “No recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político”


Esta entrevista apareció en mayo de 2009 en el periódico digital salvadoreño, ContraPunto. Es un medio fundado por el periodista, Juan José Dalton (hijo del poeta Roque Dalton).
Estas declaraciones del excomandante guerrillero hicieron que la intelectualidad latinoamericana que conoció a Roque se solidarizara con la familia Dalton. Voces como la de Silvio Rodríguez pasando por la de Horacio Castellanos Moya hasta llegar a íconos de la literatura como Eduardo Galeano se alzaron  a favor del esclarecimiento sobre dónde están los restos del poeta, creador de obras emblemáticas como “La ventana en el rostro” y “Taberna y otros lugares”.

Después de esta entrevista, la familia Dalton demandó ante la Fiscalía General de la República a Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos por el asesinato del poeta. A inicios de 2013 las autoridades consideraron que el caso había prescrito y que no podía considerarse crimen de lesa humanidad.

El “caso Dalton”, sin embargo fue llevado en 2012 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con sede en Washington.

“Estamos esperando que esta institución lo acepte. Entonces comenzaría un proceso de estudio por los comisionados, quienes al final, cerrarán el caso o demandarán al Estado el cumplimiento de recomendaciones como lo han hecho con otros casos salvadoreños”, ha dicho Juan José Dalton. Además añade que “la Fiscalía General de la República no investigó absolutamente nada de la denuncia. Sólo se basó en la prescripción del delito”.

En 2013 la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó que se decretara cada 14 de mayo como el Día Nacional de la Poesía en homenaje a los poetas salvadoreños, pero con énfasis en el intelectual y poeta, Roque Dalton.

En 2012 la CIA desclasificó un conjunto de informes relacionados con Roque Dalton y estos afirman que el poeta nunca fue agente de la CIA, tal y como afirmó un comunicado del ERP tras el asesinato de Roque. 

Un sábado 10 de mayo de 1975, el poeta Roque Dalton fue asesinado por sus propios compañeros de armas y de organización a la que pertenecía: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). ¿La razón? Fue acusado de insubordinación y de incitar a la rebeldía a su compañero, Armando Arteaga (alias “Pancho”). Posteriormente a Dalton se le agregó, entre otras cosas, la acusación de ser agente de la CIA. Esta acusación le pondría fin a los días del poeta.

Entrevistado en 1993 por el periódico mexicano Excélsior, Joaquín Villalobos (miembro de la cúpula del ERP) dijo que el asesinato del poeta Dalton “fue un tremendo error”. En dicha entrevista dio un listado de los que participaron en la decisión colectiva de desaparecer al poeta: Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito), otro de seudónimo Mateo y el mismo Joaquín Villalobos.

ContraPunto conversó con una de esas personas que mencionó Joaquín Villalobos: Jorge Meléndez (alias “Jonás”) durante la guerra. En la actualidad es el secretario para Asuntos de Vulnerabilidad y director general de Protección Civil. Esto gracias a la invitación que le hiciera el presidente Mauricio Funes, mismo que ha mencionado al poeta Dalton en sus discursos como “nuestro más grande poeta”.

Los homenajes que el gobierno preparó en el año 2010 en honor al poeta no fueron apoyados por la familia Dalton y han sido calificados por el cineasta Jorge Dalton —otro de sus hijos— como “la ofensa más grande que se le haya hecho al poeta Roque Dalton y a la familia después de 35 años de su asesinato”.

Jorge Meléndez responde escuetamente. Dice tener una verdad de los hechos. Su propia verdad. Esta la dirá “cuando tenga tiempo” y añade algo valioso: “Yo estuve ahí y yo sé lo que pasó”, pero que “no tiene prisa” para hacerlo público. También entra en contradicción con Joaquín Villalobos, pues este último fue claro al afirmar que en el asesinato de Roque Dalton “indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio”.

¿Cómo conoció “Jonás” a Roque Dalton?
En un informe que dio Sebastián Urquilla (Alejandra Rivas Mira), el cual decía que estaba incorporado Roque Dalton y que tenía por seudónimo “Julio”. Ahí me enteré de él. No lo conocí, simplemente informaron. Posteriormente en una reunión —especie de encuentro, no recuerdo— pude saber quién era “Julio”.

Cuando se conocen y él forma parte del ERP, ¿cómo es la relación?
Yo soy fundador del ERP. Él vino, si no me equivoco, en 1974 o… No, en 1975…

Ajá, ¿compartían, debatían…?
No.

Seré directo: ¿Dónde se encontraba Jorge Meléndez, fundador del ERP, alias “Jonás” cuando asesinaron a Roque Dalton?
¿Cuándo asesinaron a Roque Dalton? ¿Me podría decir usted cuándo asesinaron a Roque Dalton y en qué fecha exacta y a qué hora?

10 de mayo de 1975…

Umjú… Falso, falso. Esa decisión fue un proceso largo y participó, es cierto, la anterior dirección. Yo no era de la anterior dirección… Eh… participó la anterior dirección y… Participó… ¿Cómo le llamaban a este…? El Estado Mayor, que era una parte de esa dirección. La dirección de ese entonces estaba conformada por Lil Milagro, Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos, Fermán Cienfuegos… No recuerdo los otros. Y entonces, esta decisión de la que habla Joaquín fue cuando ya hubo un fracturamiento (sic). Recuerdo que hubo dos grandes asambleas y hubo todo un proceso en el cual la declaración más fulminante fue la de Salvador Cayetano Carpio que dijo que Roque Dalton tenía una historia bastante oscura, que se escapó del penal de Cojutepeque escarbando hoyos con una cucharita. Entonces por eso le tenían serias desconfianzas. Salvador Cayetano Carpio era el dirigente de las FPL (Fuerzas Populares de Liberación). Esto fue la base de la acusación de Rivas Mira para decir que Roque Dalton podría ser agente de la CÍA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos).

¿Por qué lo menciona a usted Joaquín Villalobos? Él afirma que pactaron no descargar la culpa en una sola persona, pues la decisión es colectiva: “una responsabilidad de todos”
Eso es cierto. Por eso digo: es falso que fuera un pequeño grupo. Fue todo un proceso. Incluso hubo dos asambleas. Por eso le digo: era un grupo que le llamaban el Estado Mayor y luego en esa decisión hubo una reunión donde nos llamaron y nos dijeron estas son las alternativas…

Entonces le hago una pregunta directa: ¿cuál fue su participación en el asesinato, vigilancia o juzgamiento en el caso Roque Dalton?
Bueno, en todo lo que usted llama asesinato está implicando un punto de vista, que al menos yo no lo comparto con usted. Estamos hablando de una situación de una guerrilla en la que se dio un proceso político y donde Roque Dalton fue muerto. Por asesino yo entiendo que una persona comete un acto contra otro. No sé por qué motivo y aquí estamos hablando de un proceso político. Yo no soy asesino de Roque Dalton. Eso lo quiero dejar claro. En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe. En el momento que yo considere, porque es mi derecho y es mi atribución de cómo interpreto, analizo y fueron las cosas, pues yo lo voy a hacer [decir]. Usted tiene todo el derecho de preguntar. Entiendo que está haciendo un reportaje. Tiene derecho de tener opinión. Incluso de decir asesinato. Incluso me está diciendo asesino. Yo le quiero decir que yo no lo… Yo no le acepto ese insulto y no lo comparto.

Le pregunto esto porque existe una entrevista con Joaquín Villalobos en la que lo menciona a usted en la participación, en la decisión colectiva. Hay también un texto de Geovani Galeas en la que dice lo siguiente, se lo leo literalmente: 

“Una madrugada de abril de 1975, Jonás y cuatro combatientes bajo su mando llegaron a una casa clandestina de Santa Anita. La misión consistía en relevar a la unidad que vigilaba a dos prisioneros confinados en cuartos separados, pero libres de manos y pies: Armando Arteaga y Roque Dalton, compañeros acusados de insubordinación.

Colocó el dispositivo de defensa y ordenó a su segundo que verificara la situación de Dalton. Él fue al otro cuarto. “¿Serías capaz de usar eso contra mí?”, le preguntó Arteaga, refiriéndose a la pistola. “Si me das el menor motivo no lo dudaría”, respondió Jonás.

(Jonás, en realidad Jorge Meléndez, según muchos el mejor jefe militar guerrillero en el terreno durante la guerra, me lo confirma 28 años después: “Ni en ese momento ni nunca me tembló la mano. Para un combatiente del ERP el cumplimiento de la misión era cosa sagrada. Por eso Arteaga entendió mi respuesta. Esa fue nuestra escuela”.)

En eso escuchó un grito desde el cuarto donde estaba Dalton, y corrió, “¡Este hijuepueta está armado!”, le dijo su segundo. Jonás apuntó a la frente de Dalton. “No disparés”, gritó el poeta, asustado, “yo mismo avisé que tenía el arma”. Jonás le quitó la pistola y mandó que lo sacaran al patio, con la orden de disparar al menor movimiento”.
        
Ajá, pero eso dice usted que dice Geovani Galeas.

Sí, pero aquí Geovani Galeas confirma lo escrito porque habló 28 años después con usted y cita sus palabras.
Sí, pero usted me está hablando del asesinato de Roque Dalton

Por eso le pregunto su participación en estos hechos… [Interrumpe]
No, usted no dijo participación en estos hechos. Usted dijo participación en el asesinato. Son cosas diferentes.

Insisto: Joaquín Villalobos lo involucra a usted…
Sí. Es una decisión del ERP, exactamente. Lo que usted dijo y yo no sé si eso dijo Joaquín y yo le dije que eso es falso. Fue un proceso político y yo he decidido, porque se dicen cosas a medias, que cuando haya que decir la verdad, la voy a decir yo. Tengo ese derecho. Yo estuve ahí y yo sé lo que pasó. Yo tengo mi interpretación y yo tengo que decir la verdad que a mí me corresponde y no como ahora: que viene siempre un periodista, pregunta muchas cosas y después dice lo que le da la gana o lo que él entiende. Quiero dejar en claro uno: no soy el asesino de Roque Dalton. Dos: creo que cuando alguien dice el asesinato de Roque Dalton está equivocado. Debería investigarse más. Esa es  mi respuesta.

Recuerdo que dijo que escribiría un libro al respecto…  [Interrumpe]
Sí, porque hubo un periodista que insistía, insistía y entonces yo le dije: “Algún día voy a escribir una novela o un libro y para que se venda, ahí voy a contar”. Es una estupidez, ¿verdad? Porque en realidad es una falta de respeto, pero también el periodista tenía una total falta de respeto, porque yo le dije: “Mire: prefiero no hablar del caso”, porque creo que es un caso en el cual es bastante importante dilucidar la verdad y decirla, pero la debe decir uno. La debe plantear uno tal como la analiza y de manera completa. Porque aquí se dicen muchas cosas y cualquiera afirma, dice. Los que hablan ni saben ni dicen la verdad ni explican. Yo ya estoy cansado de escuchar… Y entonces yo digo… Bueno, ¿cuál es el…? Porque creo que la gente pregunta básicamente, con esas palabras, porque así lo han dicho: “¿Quién asesinó a Roque Dalton?”. Una cosa dejo clara: yo no asesiné a Roque Dalton.

¿Entonces ese libro no existe?
Yo no he escrito ningún libro

¿Y entonces lo escribirá?
Si algún día decido decir la verdad, pues no sé si será un libro o será simplemente un documento,  pero créame que cuando eso suceda lo haré con mucha seriedad y porque hay demasiadas cosas importantes: la historia de una organización, de muchos líderes, la historia del mismo Roque Dalton, la historia de Arteaga [Armando Arteaga alias “Pancho” quien fue ejecutado junto al poeta]. Hay muchas cosas importantes que decir, el involucramiento de otras  organizaciones, personajes.

Si después de 35 años de los hechos dice estar cansado de esto, ¿por qué no habla de ello. ¿Qué se lo impide?
Yo no creo que sean 35 años, creo que es más…

Fue asesinado el 10 de mayo de 1975. Hasta la fecha son 35 años.
Exacto. Bueno, a mí no me lo impide nada. Ahí es simplemente mi decisión.

Pero su decisión involucra terceros, a la familia del poeta. El mismo presidente Funes lo ha llamado “nuestro más grande poeta”. Hablamos de una lesión cultural para el país.
Es una obligación histórica reconstruir la historia y cada uno de nosotros pone su aporte. Usted ya me leyó una serie de cosas y entonces digo que lo escriben de una manera que cada quién considera cómo es que debe escribir. Yo lo debo decir y lo debo escribir como yo pienso que es responsable y cuando yo crea que es el momento de sentarse y de ponerse a hacerlo. Yo creo que eso es una obligación importante para el país, pero no creo yo, porque usted sea un periodista, tenga yo que hablarle a usted, ahora, en este momento qué es lo que ha pasado en cada situación. Yo he tratado de colaborar para que las cosas se entiendan bien y el resultado para mí al final no es claro. He visto a los hijos de Roque Dalton dando declaraciones horribles sobre mi persona que no tienen nada que ver con la realidad. Entonces yo digo que esta gente ha interpretado esas cosas que se dicen. Ya no más. El día que hable lo voy a hacer yo: tal como  yo quiero que se diga y que sea responsable y que sea la verdad dentro de lo que mi honestidad pueda. Así son las cosas y las voy a decir por escrito, porque creo que es la mejor manera.

¿Cuál fue su participación en los hechos?
Yo fui miembro fundador del ERP y el ERP dentro de ese proceso es parte de su historia. Un miembro del ERP también fue Roque Dalton. Él también es parte de esa historia. Todos somos responsables de esa historia.

Disculpe la insistencia, seré más directo: ¿Usted no tuvo ninguna participación en los hechos que llevaron a la desaparición física del poeta Roque Dalton?
Se lo repito: el ERP fue fundado desde los años 70 y entre uno de los episodios del ERP está un episodio: la muerte de Roque Dalton. De eso somos actores todos los miembros de aquel entonces ERP y yo fui un miembro del ERP con mucho orgullo. Todo lo bueno, lo malo… [De] todo lo que se hizo somos responsables.

¿Qué pensó cuando supo en aquel momento del asesinato de Roque Dalton?
Yo no recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros. Uno de ellos, Roque Dalton.

¿Entonces la muerte de Roque Dalton debe quedar ahí, en eso: en un proceso?
Fíjese que el ERP es la única organización —creo que en el mundo entero y en la historia de las fuerzas de izquierda— que publicó un balance y una versión de los sucesos de 1975. Se pudo haber dicho cualquier cosa, [pero] el ERP se hace responsable y es porque el ERP lo publicó con un criterio: esto pasa por el seno de la izquierda, de toda la izquierda armada y [hay que] darlo a conocer para que no suceda nunca más. Fue nuestra obligación y se dio a conocer. Desgraciadamente pasó muchas veces más, no en el ERP, pero sí en otras [organizaciones].

Soy parte de esa historia [del ERP] y creo que tengo derecho también… porque me lo he ganado con sangre, sacrificio. Me lo he ganado con olor a polvo, muertos, sangre propia, de familia, de compañeros  y a mucha pólvora. Tengo derecho a tener mi versión y mi decisión.

¿Cómo llega a ser parte usted de las estructura del gobierno? ¿Fue impulsado por el FMLN o invitado por el presidente Funes?
Yo soy miembro del Partido Social Demócrata que está en proceso de organización en su estatus legal porque el Tribunal Supremo Electoral (TSE) nos impidió la inscripción, pero hacemos lucha política. Parte de los esfuerzos que hacemos —y entre otros— es la alianza por llevar a la victoria al presidente Funes que fue candidato del Frente, porque si dejamos decena de miles de muertos en el camino —entre ellos el mismo compañero Roque Dalton— esa sangre y todo ese esfuerzo tiene que traducirse en la posibilidad de enrumbar el país en sentido de justicia social y democracia. Tengo una alianza con el FMLN y tengo una alianza con el presidente Funes. Es decir: con ambos. Pero es eso: alianza. Pero mi pensamiento y mis convicciones son del socialismo democrático y desde ese punto de vista participé en política. Hablando del gobierno: me propuso el presidente Funes si deseaba participar en distintas áreas. Me propuso varias y entre ellas propuso el tema de Protección Civil. Para mí esto es importante por lo que significa para la gente y acepté esto.

¿Qué significa para usted el mes de mayo? ¿Qué resonancia tiene en usted el nombre de Roque Dalton cuando aparecen periodistas y le preguntan por él? 
Antes de la muerte de Roque Dalton, él era un personaje mítico que yo admiraba a través de mis padres que me hablaban de él. No fue contemporáneo mío y después de la muerte del poeta, yo sigo admirando la obra de él. Yo sigo viendo con mucho respeto la participación de él en el proceso político, que es muy complejo. Por eso digo: usted dice asesinato y yo digo, no. Mire, momento. Porque es hasta un irrespeto a la figura de Roque Dalton, porque lo ponen en una situación de alguien que asesinaron. No. Hay un proceso político. Él es parte de las bajas y de los personajes históricos más importantes de nuestro país. Y cada vez que llega mayo, yo no tengo la conciencia negra. Cada vez que se habla de Roque Dalton siento mucho orgullo de Roque Dalton y también me doy cuenta que hay mucha gente que no entiende ni sabe lo que pasó y entonces dice cualquier cosa y quizás mucha de esa gente no ha hecho nada por este país y tienen interpretaciones muy simplistas, pero eso es responsabilidad de los que escriben: unos escriben en forma novelada, otros porque se sienten agredidos y otros porque hablan con total ignorancia.
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Me llama la atención que cuando usted dice que tiene su propia versión de los hechos y que tiene  derecho a no contarla y a decirla cuando crea conveniente… [Interrumpe]
Cuando yo crea que tengo el tiempo y que lo puedo contar y lo puedo decir con claridad y que sea un aporte a la historia de nuestro país, que se reconozca, se conozca, y que sea una fuente para los historiadores y que sea una fuente de investigación… Porque miré: usted está escribiendo un artículo, un reportaje. Usted tiene su tesis y tiene su derecho. Cualquier cosa que diga usted lo va a poner en ese contexto y obviamente pondrá una parte, no todo lo que diga. Entonces ya no quiero prestarme a eso, tengo mi derecho. Tengo cosas que decir que son importantes porque yo soy un actor. Conozco el contexto y conozco mucho más. Hay muchos que hablan de la muerte del compañero Dalton como una cosa mágica, aislada. Eso no es correcto, pero en fin. Ese es mi punto de vista.

En ese trozo de verdad que usted tiene, ¿sabe cómo sucedieron los hechos, cómo fue su muerte?   
Eso es lo que yo voy a contar y ahí se van a dar cuenta todo lo que sé y lo que no sé. Obviamente lo que no sé no lo voy a poder decir, pero lo que sé sí lo voy a decir.

¿Su silencio sobre lo que sucedió con Roque Dalton lo considera un derecho?
Es un derecho que yo tengo, el decirla o escribirla.

¿Cómo se debatió en el seno de la izquierda el asesinato de Roque Dalton aún después de los Acuerdos de Paz o en este nuevo gobierno?
En el seno de la izquierda nunca se ha hablado de los muertos indebidos, porque no estamos hablando de Roque Dalton. Porque estamos hablando de Ana María, la exdirigente de ANDES 21 de julio. Estamos hablando de muchos ajusticiados que no aparecen en la historia. Hay incluso un libro. Publicaron una historia en San Vicente [caso Mayo Sibrián que salpica al presidente de El Salvador: Salvador Sánchez Cerén], porque todos los que estuvimos en la izquierda armada, porque hoy lo que llaman izquierda,  no sé. Es otra cosa… Mire: hay cientos de muertos. Todos hay que reivindicarlos. Y no solo en El Salvador. Esto pasó en Guatemala, Nicaragua, Colombia… Es importante porque desmitifica a los grupos armados, la guerra. La gente lo ve como algo heroico, puro. Las guerras son situaciones excepcionales de mucho dolor, de muchos muertos, de faltas de ley, de decisiones siempre arbitrarias. En la Comisión de la Verdad los compañeros de todas las organizaciones no dijeron las verdades. A mucha honra: en el ERP siempre hemos tenido una actitud de “esto hay que decirlo”, porque esto ayuda en la historia y lo de Dalton hay que decirlo. Lo que no voy a decir en este momento… O no se lo voy a decir a usted en este momento, pero que lo voy a decir. Claro que sí.

Pero su silencio ha contribuido a que las cosas queden en el limbo con respecto a Roque Dalton 
Nosotros lo dijimos por escrito como organización. O sea: se llamó balance de los sucesos de 1975 y se discutió en toda la organización y se hizo público y dimos esa razón por escrito…

Entonces cuando dice que “dimos esa razón por escrito” tiene razón Joaquín Villalobos de mencionar su nombre [en la decisión de ejecutar al poeta Dalton]
Yo nunca he negado que he sido miembro del ERP. Lo que le he dicho es que no puedo hablar de asesinato como lo hace usted. Yo hablo de procesos políticos, hablo de las responsabilidades del ERP y hay organizaciones y hay miembros de otras organizaciones que participaron.

Joaquín Villalobos me menciona a mí porque yo era miembro de ERP y todos los miembros del ERP nos hacemos responsables. Yo no era miembro de la dirección del ERP en ese momento, pero no quiere decir que yo no fui miembro del ERP. Fui partícipe de todo el proceso político del ERP.

He visto en usted que hay cierta incomodidad cuando menciono la palabra asesinato, ¿por qué?
No incomodidad. Lo que ha habido es una clarísima discrepancia con usted. Usted lo llama asesinato y yo no.

¿Cómo lo calificaría entonces?
Creo que [Roque Dalton] es una persona que murió fruto de un proceso político, proceso político dentro de una guerrilla.

¿Y cuándo tendremos su versión del caso?
Hoy por hoy mi preocupación es salvar vidas. No tengo tiempo para ponerme a escribir. Las causas por las cuales murieron decenas de miles de compañeros, las causas… Porque yo tengo varios balazos en el cuerpo, porque yo perdí hermanos, primos, tíos y tías. Yo sigo pensando en el futuro. No puedo estar pensando en el pasado. El que pretende avanzar poniendo la cabeza hacia atrás no va a avanzar. Ya habrá momento en que uno podrá reposar y decir: “hoy es el momento de dar mi aporte en otro tema”. Yo no tengo prisa.

*Fotografía del periodista, Gabriel García.

El reverso de la diferencia

Mi foto
¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]