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viernes, 22 de junio de 2018

Beatriz: "Quisiera ser como antes"



El 25 de noviembre se conmemoró el Día de la No Violencia contra la Mujer. El Faro buscó a Beatriz, la joven a quien el Estado salvadoreño negó un aborto terapéutico, a pesar de las peticiones locales e internacionales que señalaban la grave amenaza a la vida de la madre si no se le interrumpía el embarazo. Beatriz considera al Instituto de Medicina Legal culpable de sus secuelas físicas porque rechazó que abortara la gestación.

Beatriz ya no es Beatriz. No puede serlo, aunque quiera. Parte de lo que fue quedó atrás. De aquella vida tranquila y anónima le queda un recuerdo que le arranca una sonrisa. Nada más. Y ella al presente intenta arrancarle un poco de paciencia y de silencio. Paciencia porque quiere ver prosperar la demanda que interpuso aquel noviembre de 2013 contra el Estado salvadoreño. Silencio porque los dolores de cabeza aparecen con frecuencia. Lo demás es una esperanza abreviada: estar al lado de su hijo y verlo crecer.

Esa misma aspiración se frustró con el segundo fruto de su vientre: Leilani Beatriz. Por eso le lleva flores a la tumba y le explica que su muerte quizás estuvo sujeta a la voluntad de Dios y que con eso nadie se mete. Y que, a pesar de todo, ojalá que estuviera viva. Y que no dude que si las cosas hubiesen sido de otra manera, ella hubiese dado la vida misma por verla andar.

Pero la voluntad de Dios no era esa. Quizás.

Beatriz puso durante meses en un lugar destacado de la opinión pública local e internacional a El Salvador por sus leyes absolutas en contra del aborto. Ella necesitaba uno terapéutico en 2013. Los médicos advirtieron que su bebé vendría al mundo sin cerebro y que este moriría pronto. Y así fue: solo vivió cinco horas. Y también advirtieron que dado su cuadro clínico, continuar con el embarazo suponía una amenaza grave y clara contra su vida.

Con ayuda de la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local de El Salvador, la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico de El Salvador, Ipas Centroamérica y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), Beatriz entabló una demanda contra el Estado salvadoreño en noviembre de 2013.

Aunque su vida corría peligro, las leyes del país penalizan cualquier interrupción del embarazo desde 1998. Así, cuando el caso de Beatriz salió a la luz pública el primer semestre de 2013, el país se dividió entre quienes estaban a favor de ablandar la legislación sobre el aborto y entre quienes estaban en contra de cambiar la prohibición actual. Las feministas y los defensores de los derechos humanos se unieron —tras la demanda contra el Estado salvadoreño— a la campaña “Yo apoyo la demanda de Beatriz, porque me importa salvar la vida de las mujeres”.

En ese mismo contexto, la exmáxima autoridad de la Procuraduría de la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Óscar Luna, esbozó una opinión sobre los hechos: que debía salvarse la vida de la madre porque ella ya tenía un hijo por quién vivir. Además, advirtió que el precedente del caso Beatriz debía servir a los diputados salvadoreños para revisar la legislación sobre el aborto.

“Por encima de todo, para mí lo decisivo es proteger la vida de Beatriz”, opinó en mayo de 2013 la exministra de Salud, María Isabel Rodríguez. La exfuncionaria no escondió en privado sus opiniones y se amparó en los informes médicos que predijeron lo que ahora todos sabemos: que la bebé no sobreviviría.

—¿Usted siente que el Estado salvadoreño le dio la espalda por un caso que llevaba sobre sus hombros?

—Sí, yo digo que sí. Sí, me dio la espalda.

Como periodista, sabía sobre su caso, pero no tenía ninguna imagen de ella. Realmente nadie o casi nadie la tiene. Su círculo es muy íntimo y hermético, pero al tenerla frente a frente solo pude decirme: “Usted no puede ser Beatriz”.

Pero sí lo era.

Recordé el verso de Fernando Pessoa: “El mundo es de quien nace para conquistarlo y no para quien sueña que puede conquistarlo”. Beatriz no quiso ni lo primero ni lo segundo. Tampoco lo tercero: ser víctima de las circunstancias. A eso unos le llaman, destino; descuido le llaman otros. Desigualdad de condiciones quizás sea lo que más se aproxime a la realidad de Beatriz.

* * *

Frente a mí veo a una joven muy nerviosa. No sé si quiere hablar realmente del tema. Al ver la grabadora encendida, ella se pone más tímida, curva su cuerpo y se hunde en la silla. Evocar el pasado en el que se sintió en ruinas no debe de ser fácil.

Saco la batería de preguntas que serán mi punto de partida, pero inmediatamente logro ver lo que después me dirá que son las secuelas sobre un embarazo por el que los especialistas pedían la interrupción: manchas claras en su cuerpo.

Vitiligo, deduzco.

Luego sabré que son las secuelas de un Estado que no le permitió interrumpir su embarazo cuando se debía. Manchas. Beatriz cuando habla de manchas no sé si se refiere a las físicas o a las emocionales.

—Si pudiera recordar algo que le dé una sonrisa, ¿qué sería?

—Yo quisiera ser como era antes. Mi cuerpo no está bien, ya no es como antes. No quisiera tener estas manchas. Me siento manchada. Ya no soy la misma.

Aparece un largo silencio. Es evidente que se siente incómoda. Baja la cabeza, frota sus dedos y mira sus manos. Solo ella sabe si está esperando la próxima pregunta o está esperando a que la conversación termine de inmediato. De pronto se entera de que hay un almuerzo para ella y para su hijo. El niño tiene tres años de edad y se le escucha correr y jugar fuera del cuarto donde hacemos la entrevista. El pequeño lanza piedritas a unas flores y rebotan en la pared. Las recoge y vuelve a hacer lo mismo. Se cansa de las piedras y va a sus carritos de plástico.

Un ánimo asoma en los ojos de Beatriz.

Beatriz es del departamento de Usulután. Está enferma con lo que se conoce como lupus eritematoso, una afección que complicó su primer embarazo y que se convirtió en todo un problema en el segundo. Luego vinieron otros males para su organismo desde problemas con su presión arterial pasando por las jaquecas hasta las manchas en su cuerpo.

Su primer hijo vino al mundo —como su fallecida hija— por cesárea. Su miedo a que su hijo muriera por ser un parto prematuro y su deseo de ser madre hizo que obviara la esterilización tras el primer alumbramiento. Aquello tuvo un giro. Ahora tiene otra perspectiva sobre sus anhelos.

—¿Cambió su manera de ser madre? ¿La ha hecho más fuerte?

—Cuando estaba [en mi segundo] embarazo creí que me iba a morir y pensaba en mi hijo, pero yo tenía que vivir. Tengo a alguien por quien vivir.

—¿Intentaría ser madre de nuevo?

—No, ya no. Ya no puedo: me esterilicé.

El caso Beatriz ganó muchas antipatías en El Salvador. Hubo debates sin ella por todas partes: radio, televisión, mundo virtual y prensa escrita. Incluso en la calle. Los columnistas de los medios tradicionales le gritaban desde su opinión escrita. María Teresa Simán Siri titulaba en El Diario de Hoy: “Beatriz, no lo mates”. Y en su texto le pedía: “¡No lo mates porque es un embarazo de alto riesgo! Él o ella tienen el mismo derecho a vivir que tú”.
La presidenta de la Fundación Sí a la Vida, Julia Regina de Cardenal, opinó que el caso se estaba manipulando para agredir la vida desde la concepción. La Iglesia Católica no quiso quedarse al margen de los hechos y el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, habló: "Para mí quien tiene más peligro es el niño que está en gestación, hay todo un esfuerzo por interrumpir su vida".

En el Estado salvadoreño hubo quienes tampoco se guardaron sus voces en contra de la petición de Beatriz de que se le permitiera interrumpir su embarazo. El director del Instituto de Medicina Legal, Miguel Fortín Magaña, afirmó que su vida no corría peligro y que se le había vendido la idea a la población de que su existencia estaba en jaque si no se interrumpía el embarazo. En en el Canal TVX afirmó “el caso [de Beatriz] es inédito. Es una excepción que se ocupó para hacer una campaña” y añadió que “el aborto eugenésico es para mí la forma más grotesca de intentar la despenalización del aborto” porque “es como hacían los nazis: que mataban a los bebés porque no les gustaban”.

—El director de Medicina Legal es del Opus Dei. ¿Usted cree que personas religiosas o vinculadas con la Iglesia deberían desempeñar cargos públicos que después afectan a terceros como en su caso?

—Medicina Legal dijo que a mí no me iba a pasar nada, que yo estaba bien. Medicina Legal tiene culpa porque no dejaron hacer lo que tenían que hacer los médicos.

Para los médicos salvadoreños Beatriz se convirtió en un dilema: o se le practicaba un aborto o se le inducía a un parto. Hacer lo primero los ponía en riesgo de convertirse en los nuevos huéspedes del sistema carcelario del país y sin duda los imposibilitaría para ejercer la profesión médica.

Mientras tanto, el mundo leía la petición de Beatriz:

“Yo lo que quiero es vivir”, titulaba El País, de España, en mayo de 2013.

En septiembre vino a El Salvador la voz oficial de Amnistía Internacional, Salil Shetty. Tuvo el objetivo de reunirse con las máximas autoridades del país para entregarles la investigación que tomó dos años: “Al borde de la muerte: violencia contra las mujeres y prohibición del aborto en El Salvador”, pero solo pudo reunirse con la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional. El Ejecutivo, encabezado por el presidente Salvador Sánchez Cerén y el vicepresidente Óscar Ortiz, le negaron la audiencia. Hubo un segundo intento en Nueva York mientras el máximo jefe de Estado participaba en la ONU, pero tampoco se dejó ver.

A Shetty no le quedó otra opción: “Estoy decepcionado del gobierno de El Salvador”. El funcionario quiso decirle en la cara a Sánchez Cerén que "la terrible represión que sufren las mujeres y las niñas es realmente espeluznante y equiparable con la tortura" con respecto al tema del aborto. Y sobre el caso Beatriz no pudo ser más contundente, de hecho, la declaración aludió al rol de la Corte Suprema de Justicia:

“Estuvimos muy decepcionados por la forma en que se trató el caso de Beatriz. Le escribimos a la Corte Suprema de Justicia, pensamos que en lugar de seguir señales deberían seguir los derechos humanos y la Corte Suprema se enredó, se enredó en aplacar las fuerzas retrógradas del país. Estaban tratando de que todo el mundo estuviera contento y eso la verdad fue un caso sumamente triste y Beatriz sufrió lo indecible”.

En abril de 2013, Beatriz solicitó a la Sala de lo Constitucional la interrupción de su embarazo. Un mes después —es decir, mayo 2013— el organismo estatal informó que la vida de la joven no estaba en riesgo inminente, que aquello solo era una posibilidad futura. Y sentenció:

"Este Tribunal sostiene que los derechos de la madre no pueden privilegiarse sobre los del nasciturus (el que ha de nacer) ni viceversa; asimismo, que existe un impedimento absoluto para autorizar la práctica de un aborto por contrariar la protección constitucional que se otorga a la persona humana 'desde el momento de la concepción'".

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) horas después —de ese mayo de 2013— salió al paso de la sentencia y emitió medidas provisionales contra el Estado salvadoreño para que el Hospital de Maternidad interviniera “de inmediato y sin interferencias”.

En el segundo embarazo de Beatriz los especialistas realizaron análisis a la paciente y por escrito afirmaron: "Se le explicó a la paciente sobre el nulo pronóstico de sobrevida de su hijo y sobre las complicaciones que surgirán en su embarazo tomando en cuenta las enfermedades de base que padece y antecedentes de complicaciones en el embarazo anterior, por lo que la paciente solicita interrumpir el embarazo a lo cual se le explica que legalmente no es permitido en el país", de acuerdo con el cuadro clínico al que tuvo acceso El Faro. Dicho documento lleva por nombre "Análisis del caso Beatriz desde la perspectiva perinatal" y fue creado por el jefe del servicio de perinatología del Hospital Nacional Especializado de Maternidad en julio de 2013.

Beatriz no quiso pasar por lo que vivió. Ella es feliz en su anonimato al lado de su hijo y lejos de la ciudad. A San Salvador únicamente viene para recoger sus medicinas. Sus fuerzas están enfocadas en su sobrevivencia y en su modestísimo comercio que le ayuda a subsistir a ella y al resto de su familia.

La situación que puso en la opinión pública a Beatriz se fue tejiendo por varias razones que nos abstenemos de hacer públicas por el derecho que ella tiene a su intimidad.

Aun con el pronóstico adverso hacia su segundo bebé, no solo pensó en un nombre para ella, sino que escogió uno: Leilani Beatriz. Ella la tuvo solo cinco minutos, luego los doctores se la llevaron y murió cinco horas más tarde. Posteriormente Beatriz entró a cuidados intensivos por un largo período —entre 15 y 18 días—. Solo después fue a la tumba y habló con ella. Le explicó que quizás todo fue voluntad de Dios, pero que ella quería que viviera. Lo que le dice con palabras también se lo dice con flores sobre su lápida.

Beatriz está contra el aborto, cree en Dios y tiene religión; pero pide un debate sobre el aborto, porque pasar por lo que ella vivió cree que no es digno para ninguna mujer. Su llamado es a escuchar lo que tienen que decir los médicos. Sabe que hay muchas que recorren el mismo camino que ella anduvo.

—Pues la verdad, cuando el embarazo no va bien y la mujer no puede llevar el embarazo, se tiene que hacer lo que dicen los médicos.

—¿Usted cree que debería existir un debate sobre el aborto? ¿En casos como el suyo se debería actuar de otra manera?

—Sí, yo digo que sí. Se debería aceptar el aborto como en casos como el mío.

—¿Cómo vive ahora su día a día?

—Trato de no acordarme de lo que pasó. Y así voy pasando los días. Ahora me he metido a una venta de ropa. De ahí saco para los pasajes y vengo a San Salvador a traer mis medicinas.

—Si tuviera algo que decirle a aquellos que la juzgaron y la criticaron, ¿qué les diría?

Hace un largo silencio y ve sus manos. Luego las une, las frota y entrelaza sus dedos. Sin dejar de ver ese racimo de dedos unidos entre sí, Beatriz responde con una voz sosegada, estoica:

—Yo no les diría nada. Realmente, no les diría nada.


*Este texto apareció en el periódico digital El Faro en diciembre de 2014.

lunes, 3 de abril de 2017

Charles Clements: “El gobierno de los Estados Unidos promovió una dictadura violenta en El Salvador” (II)



Se bajó del avión que piloteaba y se dijo a sí mismo: “La guerra es una mierda. Es inmoral”. Vietnam estaba bajo la lluvia del Agente Naranja. La gente y la vegetación ardían bajo aquel compuesto químico.
Chalie Clements le dio un giro a su vida y se hizo médico. Se graduó en 1980. Eligió un país para brindar su ayuda: El Salvador. Se fue a Guazapa. La zona estaba controlada por la guerrilla. Anotaba todo lo que el ejército salvadoreño —entrenado y financiado por el gobierno de Estados Unidos— hacía a la población. Eran los primeros años de 1980.
El médico norteamericano estuvo un año con la insurgencia atendiendo a los civiles. Luego se marchó hacia su país para hacer una larga cruzada a favor de El Salvador. Allá denunció cómo su gobierno permitía la impunidad en la que se movían los Escuadrones de la Muerte en el país. Eso le valió amenazas de muerte que nunca se tomó en serio.
En Estados Unidos creó el Fondo de Asistencia Médica para El Salvador. Iba al Congreso a dar su testimonio de cómo los millones de dólares de Estados Unidos permitían al ejército de El Salvador perseguir, torturar, desaparecer y matar a civiles, religiosos y defensores de derechos humanos.
En 2015 dio su última clase de derechos humanos en la escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. Sigue involucrado en diversos asuntos relacionados con esta materia, pero muchos responden ahora a un nivel local en su pequeña ciudad en Colorado. Actualmente trabaja en el cuidado y salud de 60 adultos con capacidades especiales.
En algún momento le gustaría escribir el epílogo de su documental “Testigos de la Guerra” [ganador de un premio Óscar] y poder rastrear las vidas de la gente de su libro: “Guazapa. Testimonio de guerra de un médico norteamericano”.
En esta entrevista el Dr. Clements habla de la guerra, de cómo fue testigo de la firma de la paz, de la llegada al poder del FMLN, de Cuba y Donald Trump, del proceso de paz en Colombia. Eso sí: no se moja. Aún tiene una mirada romántica sobre el FMLN, pero afirma algo del expresidente Mauricio Funes: “él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN”.

¿Aún recuerda cuando sobrevolaba los cielos de Vietnam?
Sí.
¿Los vuelos que tripuló dejaron víctimas mortales? ¿Se arrepiente de eso?
Había un tipo de misión mucho más relevante como trasladar personas que estaban seriamente heridas, incluyendo civiles. Los tipos de vuelo que yo hacía no eran urgentes, es decir: los pacientes que trasladaba no necesitaban atención médica inmediata.
¿Qué le hizo dejar de ser piloto para ser médico?
Me rehusé a volar en más misiones el día antes de la invasión a Camboya, porque comencé a creer que la guerra era inmoral y a pesar de que no tenía un rol como combatiente —entiéndase que no viajaba con armas— yo llegué a pensar que mi trabajo contribuía a mantener la guerra.
Decidí años después convertirme en médico, porque me educaron con un sentido de servicio y como el servicio militar no era opción, me di cuenta de que existían muchas oportunidades de servir como médico.
¿Y por qué eligió a El Salvador para brindarle ayuda?
Porqué sentí que mi gobierno, el gobierno de los Estados Unidos estaba promoviendo una dictadura violenta ahí y que en algún momento se llegaría a una situación al estilo de Vietnam. Cuando tenía 24 años pensaba: “Si no los detenemos en Vietnam, los tenemos que detener en el Puente Golden Gate”. Y cuando tenía 36 años mi pensamiento era: “Si no los detenemos en El Salvador, los tendremos que detener en Río Grande”. Aprendí por las malas que la guerra de Vietnam no fue un asunto de seguridad nacional de los Estados Unidos y que era inmoral. No quería que eso mismo sucediera de nuevo.
Leí en su libro que no le fue bien con los guerrilleros. Algunos lo discriminaban. ¿Fue difícil para usted hacerse amigo de los insurgentes?
Era un gringo. No hablaba bien el español. Yo venía del país que proveía los aviones y las bombas que eran lanzadas prácticamente a diario en el país. Estaba escribiendo en mi diario todo el tiempo y eso estoy seguro que les generaba sospechas: “¿Acerca de quién escribe? ¿Qué está escribiendo?” Cualquier persona en una situación de stress es susceptible a los rumores. Entendí todo lo anterior y pensé que si tenía paciencia, todo funcionaría…Y así fue. Cuando la gente observa que compartes las mismas dificultades que ellos, entonces esto contribuye a crear lazos de confianza.
¿Qué recuerdo siempre tiene presente de la guerra de El Salvador?
Sin lugar a dudas mis memorias más queridas son la gentileza y la generosidad de la gente en Guazapa. Estábamos hambrientos todo el tiempo, pero siempre se las arreglaban para darme un huevo extra o un mango, porque tenía que caminar muchos kilómetros entre pueblitos. La gente era increíblemente valiente al enfrentar las amenazas recurrentes sobre una posible incursión militar en el lugar y los ataques aéreos.
Hay un documental que se llama “In the name of the people”. Usted aparece en él. También aparece un niño mensajero llamado Nico. Sus padres fueron asesinados por los escuadrones de la muerte. ¿Sabe qué pasó con Nico y dónde está?
He tratado de averiguar qué le pasó a Nico, pero nunca he tenido éxito. La gente en Guazapa cambió sus “alías” años después, entonces es muy posible que él lo haya hecho también.


¿Qué concepto tuvo de usted el gobierno de Estados Unidos durante la guerra mientras usted los denunciaba como asesores del ejército que asesinaba civiles y religiosos?
Pienso que no era muy popular en mi propio gobierno y recibí además muchas amenazas de muerte. No creo que hayan sido serias. Yo llevé cierto número de delegaciones del Congreso a la región para que nuestros tomadores de decisiones pudieran ver con sus propios ojos como se gastaba el dinero de nuestros impuestos. El gobierno bajo el presidente Reagan le mentía constantemente a la población sobre la conducta de los militares en El Salvador. Tantas veces como fue posible yo traté de aclarar esas distorsiones.
¿Qué significó para usted la invitación que le hicieron para que fuera testigo de la firma de la paz entre los guerrilleros y el gobierno de turno?
Fue un momento muy especial en mi vida, porque yo había jugado un pequeño rol en llevar a cabo las negociaciones. Pienso que Estados Unidos prolongó la guerra de forma innecesaria. Pedía que el FMLN dejara las armas aún antes de comenzar las negociaciones. Estados Unidos parecía ignorar el hecho de que los escuadrones de la muerte habían operado con impunidad y esperar que la guerrilla quedara desarmada era un suicidio. Cuando vi los lapiceros de los comandantes y de los generales firmar esos papeles, no pude controlar mis emociones, porque entendí que finalmente la guerra había terminado y que eso significaría un nuevo comienzo para El Salvador.
¿Qué sintió cuando vio llegar al FMLN al poder? Sé que el expresidente Funes lo invitó a la toma de posesión.
Yo viaja en tren desde Washington D.C. hasta Boston bastante tarde, cuando me informaron vía correo electrónico que el FMLN había ganado la elección presidencial. Fue un momento de sincera alegría y llegar a la toma de posesión fue muy especial, no solamente porque pude ver muchos colegas que no veía desde los tiempos de guerra, sino también porque la gente en El Salvador finalmente eligió un partido para gobernar que realmente representaba los intereses de los pobres.
¿Y qué ha escuchado sobre el desempeño del gobierno del FMLN? ¿Tiene aún un buen concepto de él?
Pienso que los resultados del gobierno del FMLN han sido mixtos, pero la realidad es que han tenido que enfrentar obstáculos tremendos de la corrupción de ARENA, niveles elevados de deuda y los problemas con las maras. Pienso que la elección de Salvador Sánchez Cerén fue la reafirmación para la agenda del partido FMLN y soy optimista que ellos puedan responder a todos los desafíos de la impunidad y de la Comisión de la Verdad. Las familias de las personas muertas o desaparecidas no merecen nada menos e incluso, aunque haya pasado todo este tiempo, merecen un castigo para los perpetradores. Por lo menos se debería de aclarar el récord histórico.
¿Y qué podría decir del expresidente Funes (autoexiliado y protegido por el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega) señalado por actos de corrupción, quien se negó a la derogación de la Ley de Amnistía y que resguardó a los militares que asesinaron a los padres jesuitas de la UCA?
Pienso que el fin de la administración del presidente Funes fue mejor que lo que dejaron los gobiernos de ARENA, pero él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN.
¿Cuál es su reacción ante la muerte de Fidel Castro? ¿Afectará esto al resto de la izquierda latinoamericana?
Pienso que Fidel Castro ha dejado una herencia muy importante en Latinoamérica. Por ejemplo con los miles de médicos que se encuentran prácticamente en cada país del hemisferio, que fueron entrenados en Cuba. Se me ocurre que 25 años atrás él entendió que no podía exportar la revolución y en lugar de la revolución comenzó a exportar médicos por toda Latinoamérica como un gesto de buena voluntad de Cuba. Justo en estas semanas una brigada de médicos norteamericanos entrenados en Cuba fungió como voluntarios en el Standing Rock para dar atención médica a los manifestantes en el lugar. El colegio médico que capacita doctores a lo largo de Latinoamérica y la instauración de los servicios médicos gratuitos en Cuba es una de sus herencias que más perdurará.
¿Y qué pasará ahora entre Cuba y Estados Unidos ante el triunfo de Donald Trump?
Pienso que Donald Trump es suficientemente pragmático para reconocer que un incremento en el comercio con la Isla hará más por construir puentes que el aislamiento y el embargo. Seguramente su período presidencial será impredecible, así como fue su campaña política, pero en el fondo es un hombre de negocios. Estoy seguro que Trump intentará beneficiarse de cualquier apertura de negocios en Cuba.
¿Cuál es su apreciación entre los acuerdos de paz que están por surgir entre las FARC y el gobierno? ¿Ve positivo que los crímenes de guerra no queden en la impunidad?
Pienso que la gente en Colombia habló cuando rechazó el primer acuerdo de paz que proveía muy poca responsabilidad y muchos beneficios a las FARC. Si se le atribuye responsabilidad a las FARC, por lo menos a través de una Comisión de la Verdad, entonces los paramilitares de la derecha deberían de ser tratados bajo el mismo estándar. Terminar una guerra de más de medio siglo en Colombia es una buena idea y los acuerdos que se negociaron en Cuba dejan la puerta abierta para las reparaciones más grandes en la historia del mundo. Esperemos que el gobierno de Colombia encuentre la voluntad y los fondos para implementarlas. Tiene que existir una deducción de responsabilidades para los crímenes más crueles contra la humanidad. No pueden existir limitaciones en estos casos ni en Colombia ni en El Salvador. No puede haber una amnistía para estos actos.
En El Salvador se declaró ilegal la Ley de Amnistía de 1993 y el país tiene una nueva guerra entre las pandillas y el gobierno. ¿En un contexto como este puede haber justicia para las víctimas del conflicto armado?
Si, aún puede haber deducción de responsabilidades para los perpetradores. Cuando la justicia no es posible, la verdad es una importante alternativa para las víctimas y sus familias. Los responsables puede que sean demasiado viejos o que ya hayan muerto, pero lo que han hecho sigue ahí y es una parte importante de los récords históricos.



El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]