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sábado, 17 de junio de 2017

Jorge Dalton: El FMLN ha traicionado el legado y la figura Roque Dalton



Hace cuatro décadas al poeta Roque Dalton le dieron plomo a traición. Las balas salieron de la cúpula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Lo acusaron de ser agente espía cubano. Luego cambiaron la versión y dijeron que era miembro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Esto último cuajó en la mente de sus compañeros de armas y significó el fin para el poeta creador de “Taberna y otros lugares”.

Los que decidieron matar al poeta Roque Dalton siguen con vida. Uno de ellos es Joaquín Villalobos —fue asesor del expresidente mexicano, Felipe Calderón— y el otro es Jorge Meléndez —funcionario desde que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) llegó al poder—. El primero fue el que puso las balas en el cuerpo del poeta, el segundo fue el carcelero y el verdugo que le daba golpes, según la familia Dalton.

Jorge Dalton es cineasta e hijo del poeta salvadoreño asesinado en 1975. En esta breve conversación el artista señala que el crimen de su padre sigue impune gracias al FMLN.

“El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa”.

Jorge Dalton es productor de cine y televisión. Actualmente es el  director de Cine y Audiovisuales de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura). Ha vivido y trabajado en México, Estados Unidos, Honduras y  El Salvador. Ha dirigido un total de diecisiete documentales, diversos programas de televisión con temáticas de cine, revistas culturales, conciertos de música  en vivo y numerosos videoclips tanto en Cuba, México y  El Salvador.

También ha sido jurado del  Festival Internacional de Cine de Guadalajara, (México), Festival Internacional de Cine en Centroamérica, Ícaro (Guatemala) y Festival Latino de Nueva York (Estados Unidos).


Se cumplen 42 años de la desaparición física de Roque Dalton. ¿Todavía hay algo que decir?

El crimen del poeta Roque Dalton sigue en la absoluta  impunidad. Sus asesinos siguen sin esclarecer nada ni revelar el sitio donde se encuentran sus restos. Para colmo, el Estado se ha hecho cómplice del pacto de silencio de los asesinos.  Sigue siendo un acto de  gran injusticia y uno de los crímenes emblemáticos que no se han resuelto como es el caso del asesinato de los curas jesuitas de la Universidad Centroamericana, el de monseñor Romero y otros crímenes atroces que son parte de todo un sistema de impunidad en el cual han tenido mucho que ver la derecha y la izquierda. El Estado salvadoreño al no hacer nada al respecto se hace cómplice.

Como familia hicimos una carta al expresidente Mauricio Funes al inicio de su mandato. Mi hermano habló también con Hato Hasbun —secretario de Gobernabilidad de Casa Presidencial— y con otros miembros de la cúpula del Gobierno. Nos reunimos con Medardo González —secretario general del partido FMLN— directamente. Él nos aseguró que el FMLN no tenía responsabilidad en el nombramiento de Jorge Meléndez en ese primer gobierno. O sea: entendimos que tanto el matrimonio Mauricio Funes y Vanda Pignato fueron los que nombraron a Meléndez como funcionario.

Con el gobierno actual  del presidente Salvador Sánchez Cerén,  el FMLN ratificó en el cargo a Jorge Meléndez. Él está señalado de haber participado en el crimen de mi padre. Al inicio de este segundo mandato llegamos a la conclusión de que Medardo González también nos engañó. Comprobamos  que  ese nombramiento había sido algo pactado entre todos ellos y no fue un asunto solo de Funes y Vanda Pignato.

El FMLN ha traicionado el legado y la figura de Roque Dalton. Ha pisoteando su obra literaria y hasta su pensamiento político y todo lo que mi padre significa para El Salvador y el resto de Latinoamérica. Entonces, no les bastó no solo con ensuciar la memoria del poeta revolucionario, sino que engañaron a mi familia, engañaron y pisotearon a mi madre y han engañado también al pueblo salvadoreño.

Villalobos y Meléndez no solo  son responsables del crimen de mi padre, sino de otros crimines que incluso están en el Informe de la Comisión de la Verdad. Fue el FMLN quien —a Jorge Meléndez— lo ha elegido y protegido de la manera más  impune, desfachatada y vergonzosa durante todos estos años. Cada día el FMLN deja evidenciado que no le interesa la figura del poeta meritísimo Roque Dalton. He llegado a pensar que en el fondo detestan a mi padre y todo lo que su figura significa. El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa.

El resultado y la respuesta a nuestra carta de parte del expresidente Funes fue más que miserable. Se puso a la par del victimario y echó a un lado a las víctimas. Ofendió públicamente a mi familia utilizando todo su poder para anularnos cuando le prohibimos pronunciar el nombre de mi padre en sus discursos.

El muy miserable [del expresidente Funes] quería centrar su show político con el título del poemario “El turno del ofendido”. Y una ofensa recibimos luego que mi hermano le solicitó a Hato Hasbun que no usara el nombre de mi padre. Y la reacción del expresidente Funes fue la misma reacción de quienes han protegido a los asesinos y los torturadores de Latinoamérica. La actitud de la primera dama de entonces, Vanda Pignato no pudo ser más miserable también, porque nunca se acercó a darnos ni  la mínima explicación. Me imagino que ella tenía que ser fiel a sus vínculos de amistad con Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos. Este último es el asesino directo del poeta Roque Dalton.

Hace poco —en un centro comercial de San Salvador— la exprimera dama, Vanda Pignato se encontró con mi madre. Pignato la abrazó y la elogió de  manera  hipócrita y descarada. Mi madre tiene ya 85 años y cada vez es más frágil y sin fuerzas para reclamar nada. Y al parecer ella se irá de este mundo sin ver la tumba del padre de sus hijos. Hasta dónde ha llegado la desfachatez, la mentira y la impunidad de semejantes sabandijas en mayúsculas.


Hay una nueva generación de poetas en El Salvador. ¿Crees que Roque Dalton sigue siendo una influencia literaria?

Hay una nueva generación de poetas y escritores salvadoreños y seguramente mi padre seguirá siendo una gran influencia, pero creo que los escritores deberán crear estilos propios acordes a los nuevos tiempos. Esta nueva generación literaria tendrá que ingeniárselas para trascender y no quedarse en los localismos, los intentos y los esfuerzos. Esto es algo muy impregnado en la cultura salvadoreña a lo largo de la historia. Y no solo pasa con la literatura sino también  con el cine, las artes plásticas y las demás expresiones del arte. Hay un gran temor a trascender y eso ha sido un signo muy marcado de una cultura subdesarrollada. Un escritor debe ser también un intelectual en todos los sentidos. Debe ser parte de la conciencia crítica y generadora de un pensamiento que ayude a transformar la sociedad y eso en El Salvador de hoy es muy escaso. No hay una producción y un ambiente literario como existe en Nicaragua o Guatemala. El panorama literario aquí es difícil porque El Salvador no está catalogado como un país de lectores. Es un país en el que la gente no lee. Han desaparecido las librerías y las bibliotecas están vacías.  La gente se reúne en un bar o un café para  hablar de política, para hablar de cualquier cosa menos de arte y cultura.  Consumen televisión de manera sedienta para ver desfilar en los programas de opinión y noticieros a los mismos políticos  de siempre. El salvadoreño común vive atrapado en el círculo sin salida de la política. El salvadoreño no lee  y para colmo tampoco va al cine, porque lamentablemente tampoco no hay  nada que  ver.

Por último,  la política literaria del Estado o la gestión del Estado —en ese orden—  es insuficiente. El término mediocre es ya un elogio. Es  de verdad paupérrima.

De todas maneras el panorama puede ser muy negativo pero eso no es motivo para la no existencia de una buena literatura. En Haití hay buenísimos poetas y hubo siempre buenos escritores e intelectuales.


Hay algo que vi en Cuba: Las nuevas generaciones de artistas no saben sobre Roque Dalton. ¿Vaticinás un olvido de la vida y obra de tu padre en la Isla?

No tengo la misma opinión que tienes sobre la obra de mi padre en Cuba. Yo creo que en Cuba sí se venera a mi padre, su  poesía y lo que significa su figura. Es un sitio donde mi padre aún no está olvidado ni muerto, por suerte. Pero por supuesto, el olvido de las nuevas generaciones es un peligro. Ya incluso los jóvenes cubanos de hoy ignoran muchas cosas importantes de la propia cultura cubana.

En este asunto del olvido  que seremos, cito al gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince: “Todos estamos condenados al olvido y todos seremos derrotados, pero hay derrotas peores que la muerte”. En Cuba están en peligro un sinnúmero de cosas que tienen que ver con el olvido y la memoria. Ya Cuba no es la misma Cuba de 1968. Ni siquiera la Cuba de 1990. Lo que fue para muchos la Revolución Cubana —y la continuidad de ese proceso en toda su dimensión— está por definirse. A pesar de que me considero hijo de ese proceso que se inició en 1959, mis motivos de apego son mucho más profundos, son muy de raíz y están estrechamente relacionados con la nación cubana y soy de un pensamiento martiano. Siempre he vivido agradecido de mis padres por haberme llevado a vivir a Cuba. Y pienso que uno es del lugar donde crece y se forma, donde casi todo es por primera vez.

Hoy Cuba atraviesa por un momento complejo y los jóvenes que no tienen el mismo compromiso que tuvieron sus padres y abuelos hoy miran el futuro —por lógica— muy diferente. Ahora está la nueva relación con Estados Unidos que aún no sé muy bien en que va a desembocar. Un amigo cubano —un poco en  broma— decía que uno de los grandes problemas de Cuba es estar lejos de Dios y demasiado cerca de los Estados Unidos.  Pero yo confío en la nación cubana y no dejo de pensar en la reconciliación entre los cubanos. Esto es inevitable y es la única solución para un futuro próspero y abierto al mundo. Es una nación que a pesar de los pesares tiene muchas virtudes.


Jorge Meléndez ha aseverado dos cosas: en 2010 dijo que no conoció el asesinato de Roque Dalton sino un proceso político —dentro del ERP— en el que resultó muerto tu padre y otros guerrilleros. En 2016 afirmó que “Ni siquiera sabía que existía Roque Dalton”. ¿Qué pensás de estos cambios de discurso?

Sobre lo que dijo Jorge Meléndez en 2010 —que no se trató de un asesinato, sino de un “proceso político”—, pues puede que tenga razón, porque los asesinatos que se cometían a mansalva en la Unión Soviética —en la época de  Stalin y los famosos “Juicios de Moscú”— y los crímenes que se cometieron en la Checoslovaquia estalinista en Hungría, Rumania y Polonia —en los que murieron miles y miles de personas bajo innumerables acusaciones y que fueron a parar a fosas comunes— los denominaban así: “procesos políticos”. Nunca reconocieron que eran crímenes de lesa humanidad.

Y sobre la frase “Ni siquiera sabía de la existencia de Roque Dalton”, pues a mí no me sorprende todo lo burdo y despiadado que pueda ser este personaje de Jorge Meléndez.  Cuando mi padre fue asesinado dijeron primero que lo ajusticiaron por ser “agente cubano”. Luego salieron con eso de que lo habían matado por “agente de la CIA”. Y  mí ya no me sorprendería que dentro de poco el FMLN diga algo parecido. Si han resultado ser  tal para cual, porque Jorge Meléndez goza de toda la estima del FMLN y no me extraña que algún día el FMLN  hasta les erija un monumento a los asesinos del poeta Roque Dalton.


La familia Dalton se ha esforzado por esclarecer el asesinato de Roque… ¿Me equivoco si digo que eso mismo —al parecer— no sucede con tu hermano que desapareció a principios de 1980?

Él murió en combate en el departamento de Chalatenango como muchos que murieron y sus cadáveres quedaron en el camino. No sabemos mayores detalles. Yo no estuve en la guerra. Yo no participé y ni siquiera vivía en El Salvador. Mi hermano mayor muere en el mismo combate que mi hermano Juan José es capturado por las tropas élites del ejército. No supimos más. Es la razón por la cual nunca hemos reclamado, porque no se trata igual que lo de mi padre. Mi hermano muere en un combate en la montaña contra el ejército. La pérdida de mi padre y de mi hermano significa una gran desgracia para mi familia. Para nosotros hablar de eso es sumamente doloroso.


Roque increpó a Miguel Ángel Asturias por haber ocupado un cargo público que reñía con la ética revolucionaria e intelectual y le aconsejó por dignidad que renunciara a su cargo a la embajada de Guatemala en París. Si el Gobierno del FMLN mantiene en sus filas a un supuesto asesino de Roque Dalton, ¿por qué no renunciás a la Secultura? Es decir: ¿por qué no renunciás a tu cargo como funcionario del gobierno del FMLN? Y también lo digo porque te has mostrado abiertamente crítico hacia el partido y su actuar.

Bueno, son casos muy diferentes y épocas muy diferentes en cuanto a lo que  mencionas relacionado con  Miguel Ángel Asturias y mi padre. Es importante aclarar que yo no fui elegido por el FMLN para ocupar el cargo que tengo como director de Cine y Audiovisuales de la Secultura. Cuando el FMLN llegó al poder yo ya estaba  ahí medio año antes de que el expresidente Funes llegara al Ejecutivo. Fui contratado para ocuparme de lo que en aquel entonces se llamaba Unidad de Video cuando aún existía el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura). Entonces, yo desde el primer día presenté un proyecto de convertir la Unidad de Video en la primera instancia cinematográfica y audiovisual en la historia del Estado salvadoreño. Con mucho sacrificio creé el Centro de Producción Audiovisual donde se han realizados documentales y programas de televisión de corte cultural que incluso ayudaron a fortalecer y aumentar la teleaudiencia de Canal 10. Estamos por lanzar dentro de poco el primer programa de televisión digital. Pude crear un equipo de trabajo con gente joven y profesional. Es una instancia que camina a la par de todo el nuevo panorama audiovisual salvadoreño. Yo no fui elegido por el FMLN bajo ningún concepto ni ningún otro partido. Tampoco tengo compromisos partidarios ni políticos de ninguna clase con nadie. Yo soy un cineasta. Un trabajador comprometido con el arte, la cultura y el país. Bajo esas condiciones fui contratado y esa es parte de mi misión aquí. Me propuse dejar  un legado que está muy vinculado a todo el esfuerzo por la existencia de un cine nacional,  donde el Estado tiene muchas obligaciones. Yo no llegué aquí con un cargo político ni por “ser chero” de nadie. A mí me ampara mi trayectoria, mi obra y todo el trabajo que he venido desarrollando por el cine salvadoreño y la cultura en este país. Yo no vine al Estado como han llegado otra gente afín o militante del FMLN que llegó a asaltar el Estado como si fuera un botín de conquista como lo hizo el partido ARENA en el pasado. Es aberrante e injustificable la filosofía del FMLN: si ARENA robó y despilfarró porqué nosotros no lo vamos a hacer.

Yo soy un cineasta revolucionario y enemigo de la burocracia, la mediocridad, la mentira y la corrupción  y yo vine a cumplir con mi deber y no andar en babosadas políticas. No me perdonan que yo diga las cosas y si tengo que salir a la calle con un megáfono a acompañar a los trabajadores, pues lo hago. Yo no estoy señalado ni soy sospechoso de cometer ningún crimen. Yo no tengo nada que ver con esa podredumbre de otros funcionarios altamente sospechosos de crímenes, corrupción e enriquecimiento ilícito. Esa es la gran diferencia [entre Jorge Dalton] con el cargo que ocupa Jorge Meléndez. Si alguien  sabe de esa gran diferencia es el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén. Él sabe perfectamente quién soy yo y conoce perfectamente a mi familia. Él sabe de sobra de dónde viene Jorge Meléndez y en lo que estuvo involucrado. Es el presidente de la República quien tendría la obligación, la honorabilidad, la honestidad y  la autoridad necesaria —en nombre de la justicia y la verdad— de destituir a Jorge Meléndez señalado por el crimen de un poeta.


El vicepresidente de El Salvador, Óscar Ortiz pidió que no se extraditaran a los militares señalados en haber participado en el asesinado de los jesuitas de la UCA. Y al Gobierno no le cayó en gracia que se declarara ilegal la Ley de Amnistía de 1993. ¿Por qué creés que ocurren estos cambios de postura?

Bueno, la protección de esos militares e impedir que fueran extraditados por España —señalados de graves violaciones a los derechos humanos— se inició con Mauricio Funes y el FMLN. Ellos se prestaron para eso. Este es otro acto vergonzoso, sucio —y sobre todo— un acto de traición a las víctimas de tales asesinatos. El vicepresidente Ortiz pone en claro su postura —que en definitiva es la postura del FMLN— de estar en contra  del esclarecimiento de la verdad. Ellos son pieza clave de ese sistema de impunidad que reina en el país. Los miembros del FMLN están evitando por todos los medios que los casos de crímenes cometidos por el FMLN no  salgan a flote. El FMLN  definitivamente se pone al lado de los victimarios y anula a las víctimas.

Con el caso del asesinato del poeta Roque Dalton, no pueden ser más claros. Como dije al inicio: no han movido un dedo en ayudar al esclarecimiento de la verdad  y eso de alguna manera los hace cómplices de quienes cometieron el crimen porque se han dedicado a proteger a esos victimarios. Yo creo que todo eso es parte de un proceso de  corrupción política dentro del FMLN. Ellos han pisoteado muchos principios, se olvidaron hasta de su propia gente. Se traicionaron a ellos mismos. Se olvidaron de  los que lo dieron todo, de los que sacrificaron lo más preciado que tenían que es la vida.

(Jorge Dalton cita los versos de un poema de su padre).

Se olvidaron, pues de:
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,.
mis compatriotas,
mis hermanos….


Eso es imperdonable como son imperdonables los que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Yo considero que el FMLN no es revolucionario. Lo dejó de ser hace mucho tiempo.

*Esta entrevista fue publicada en el periódico digital Cuarta de Guadalajara, México.

lunes, 17 de febrero de 2014

Michel Onfray: "El bien no tiene necesidad de Dios"


En julio de 2004, una breve columna de opinión firmada por el filósofo francés Michel Onfray, y publicada en “Suplemento Cultural Ñ”, desató la furia de pensadores y lectores adscritos a los credos mayores. El título de la nota era “Contra los monoteísmos”.

Onfray fustigaba y argumentaba, con cierto rencor, contra las tres principales religiones mundiales. “El judaísmo, el cristianismo y el islamismo corrompen por igual la vida de millones de individuos en el planeta; fomentan guerras, conflictos, odios dirigidos contra uno mismo, los otros y el mundo; predican amor al prójimo y dan sablazos a diestra y siniestra”, escribió.

Las expresiones que surgieron en contra de esta nota volvieron a demostrar que el tema genera debates sin acuerdos a la vista y que no hay últimas palabras en torno a la discusión religiosa. Onfray publicó un libro que continúa y profundiza el debate demoliendo los monoteísmos y el pensamiento religioso en sí: Tratado de ateología (De la Flor).

Este pensador solitario ha ofrecido en libros anteriores visiones marginales y experimentales sobre la filosofía y sus alrededores. Son propias de quien ha elegido el camino que circunda y evita la academia. Fuera del circuito universitario tradicional co-fundó la Universidad Popular de Caen: “Una experiencia maravillosa: hay por lo menos doce seminarios, más de quinientas personas por semana. Es una verdadera felicidad poder filosofar libremente con personas libres”. Cruzó filosofía y gastronomía, rebeldía, anarquismo y le dedicó un libro muy entretenido a los filósofos “perros”: Diógenes y los seguidores de la escuela cínica.“Siempre vuelvo a Diógenes, es un filósofo revolucionario. ¡Siempre me pregunto qué sería y qué haría Diógenes si viviera hoy!”.

Onfray es un ateo activo y como tal celebra el modo de vida que se debe llevar: “El ateo, para sobrevivir a la angustia global y al miedo a la muerte, filosofa”, sostiene. También explica que no hay lugar para la mujer en las religiones: “Los monoteísmos no aman lo femenino de la mujer, sino a la madre y esposa, vale decir la renuncia social, cultural, de su libido, que asusta a los hombres y la mayor parte de las veces los convierte en malos amantes, incapaces de darles verdadero placer. Aterrados por el complejo de castración, los hombres que crearon el monoteísmo desprecian a la mujer y celebran las únicas dos maneras de salvarla: el matrimonio y la maternidad. Dos formas de alienarla”.

Con cuál de estas dos variantes se identifica: ¿Dios está muerto, como lo dictaminó Nietzsche, entre otros, o nunca existió? 

– En mi libro digo que existió como una ficción, como existe Madame Bovary, como el Zorro o Papá Noel, creado por la impotencia humana transfigurada en superpotencia y adorada como tal. Pero es ficción. Dios existe, pero como ficción. Esa es la posición de un ateo como yo. Ahora bien, una ficción no muere.

Usted es nietzscheano pero no acuerda con Nietzsche en este punto, entonces… 

–Dios no está muerto ni agonizante, al contrario de lo que pensaban Nietzsche y Heine, porque no es mortal. Las ficciones no mueren, las ilusiones tampoco; un cuento para niños no se puede refutar. Ni el hipogrifo ni el centauro están sometidos a la ley de los mamíferos. Un pavo real, un caballo, sí; un animal del bestiario mitológico, no. Ahora bien, Dios proviene del bestiario mitológico como miles de otras criaturas que aparecen en los diccionarios en innumerables entradas, entre “Démeter” y “Discordia”. Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir; sus negadores también… ¡Parece un inmortal!

Dostoievsky dijo que si Dios no existe, todo está permitido…

–Es al revés: si Dios existe, todo está permitido. Como dijo Simon de Monfort al exterminar a los cátaros: “Mátenlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”. Hace dos mil años que se cree en Dios, y se luchó contra el mundo entero en su nombre. Todo fue posible: genocidios, etnocidios, homicidios. La mayoría de las veces son los creyentes los que los cometen, no los ateos, que yo sepa.

¿Cómo se interesó por el trabajo sobre el ateísmo? No parece un tema muy popular…

–Fue después de escribir Féeries anatomiques, un libro consagrado a la bioética en el que hablaba del hincapié que hace la religión cristiana en la construcción de esa Edad Media médica en la que nos encontramos: hacemos a un lado la revolución transgénica, sobre todo debido a lugares comunes cristianos que nublan el espíritu de la mayor parte de la gente. Yo instaba a una decristianización de los cerebros y las conciencias. El libro me valió amenazas de muerte por parte de algunos cristianos. Decidí, entonces, por espíritu de contradicción, escribir el Tratado de ateología para hundir el clavo. La palabra “ateo” adquiere el valor de insulto categórico. El ateo es el inmoral, amoral e inmundo, culpable de querer saber más o de estudiar los libros de todo aquel que ha adquirido el epíteto.

¿Qué recepción tuvo su libro en Francia? ¿Qué opinaron las personas religiosas? 

–Reaccionaron con gran violencia, con una inmensa mala fe, con tergiversación de la información y ataques personales. Hasta se escribieron tres libros específicamente en mi contra. Sin embargo, se vendieron más de 200.000 ejemplares del mío, lo cual es mucho más importante que el odio (que esperaban) de los creyentes.

Usted se declara ateo, ¿no se confunde su postura personal con su objeto de estudio?

–Mi ateísmo se enciende cuando la creencia privada se convierte en un asunto público y cuando, en nombre de una patología mental personal, se organiza el mundo también para el prójimo. Porque de la angustia personal al manejo del cuerpo y alma del otro, hay un mundo en el que bullen, emboscados, los aprovechadores de esa miseria espiritual y mental. El hecho de desviar la pulsión de muerte que los martiriza hacia la totalidad del mundo no salva al atormentado, no modifica su miseria, sino que contamina el universo.

¿Pero la religión no cumple una función social, digamos, en el mundo de hoy? 

–Sigo siendo muy marxista en ese aspecto. La religión sigue siendo el opio del pueblo, el refugio de los explotados, los humildes, los débiles, los que no tienen poder, los preocupados, los angustiados, los excluidos sociales. Y esos son el mundo entero.

¿No cree que hoy se percibe un retorno a la religiosidad y una declinación de las prácticas religiosas tradicionales? 

–Todo depende del lugar del mundo de que se trate. En Europa hay un retorno; en los países de Asia y Oriente hay una expansión; en EE.UU., un refuerzo. El fin de las ideologías, de los grandes discursos políticos y éticos, dejó a los hombres desamparados, y éstos se refugian en un cielo que permite todos los delirios para hacer la vida más vivible. No satisfecho con la prohibición de comer el fruto prohibido, Dios no cesó de manifestarse mediante interdicciones. Las religiones monoteístas no viven sino de prescripciones y de exhortaciones: hacer y no hacer, decir y no decir, pensar y no pensar… Prohibido y autorizado, lícito e ilícito, los textos religiosos abundan en codificaciones existenciales, alimentarias, de comportamiento, rituales, etcéctera.

¿Usted propone volver a un estado de “pureza”, con un hombre sin religión?

–Lo que propongo es terminar con la costumbre religiosa del pensamiento mágico para ingresar por fin a una era filosófica: trabajo en la democratización de la filosofía en la Universidad Popular que creé en Caen, Normandía, para invitar a la mayor cantidad posible de gente a derribar los mitos, las fábulas, los relatos infantiles, y a hacer funcionar la razón y la inteligencia.

Pero, ¿acaso la filosofía no proviene de los dioses? 

–El dios de los filósofos entra a menudo en conflicto con el de Abraham, de Jesús y Mahoma. En primer lugar porque el primero proviene de la inteligencia, la razón, la deducción, el razonamiento, y luego porque el segundo presupone más bien el dogma, la revelación y la obediencia, por la colisión entre los poderes espiritual y temporal. El Dios de Abraham designa más bien al de Constantino, después al de los papas o al de los príncipes guerreros muy poco cristianos. Poco que ver con las construcciones extravagantes erigidas en forma tosca con causas sin causa, los primeros motores inmóviles, ideas innatas y otras pruebas cosmológicas, ontológicas o físico-teológicas.

¿Los filósofos griegos eran ateos, Epicuro por ejemplo? 

–Desde sus inicios Epicuro se vio obligado a enfrentar acusaciones de ateísmo. Pero ni él ni los epicúreos negaban la existencia de los dioses. Compuestos de materia sutil, numerosos, instalados en los intermundos, impasibles, indiferentes al destino de los hombres y al devenir del mundo, verdaderas encarnaciones de la ataraxia, ideas de la razón filosófica, modelos capaces de engendrar sabiduría en la imitación, los dioses del filósofo y sus discípulos existían, aunque pareciera imposible, y además, en gran cantidad. Pero no como los de la ciudad griega, que exhortaban a plegarse a las exigencias comunitarias y sociales. Ese era su único error: su naturaleza antisocial.

Para los devotos, Dios es el centro del universo. ¿Cuál es el centro para los ateos?

–¿Por qué buscar un centro? ¿Qué es el centro del cuerpo? El universo no tiene centro. Es un universo infinito. Hay que terminar con esa historia del centro.

¿Cualquiera puede hacer su interpretación del evangelio? ¿Hitler también lo interpretó a su modo como señala en su libro? 

–Sí. Todo tiene su opuesto en los textos religiosos, que escribieron centenares de personas en el transcurso de centenares de siglos. Están llenos de contradicciones. En ellos encontramos lo mejor (elogio de la paz, del perdón, de la benevolencia) y lo peor (la guerra, la venganza, la violencia). Según lo que se tome, puede constituir un conocimiento pacífico o un arma de guerra: la Iglesia Católica Apostólica Romana optó por la segunda vía.

Usted menciona en su libro al ateísmo cristiano… ¿No es una contradicción en sí? 

–Es la posición de algunos filósofos que, en Francia, dicen que no creen en Dios (por lo cual son ateos), pero que suscriben todos los valores cristianos (en lo que son, por lo tanto, cristianos y ateos). ¡Extraña quimera! Pero existe, y caracteriza a un negador de Dios que afirma al mismo tiempo la excelencia de los valores cristianos y la índole insuperable de la moral evangélica. Su trabajo presupone la disociación de la moral y la trascendencia: el bien no tiene necesidad de Dios, de cielo o de un anclaje inteligible, pues se basta a sí mismo y depende de una necesidad inmanente: proponer una regla de juego y un código de conducta entre los hombres.

George Bush y Osama bin Laden son hombres religiosos, ¿qué opina del enfrentamiento que mantienen? 

–Los dos me producen el mismo efecto: no voy a elegir ni el judeocristianismo de Bush ni el islamismo de Bin Laden. Es otro de los motivos por los que propongo el ateísmo como invitación a no elegir entre dos visiones del mundo que repruebo.

¿Ser ateo es peligroso para la sociedad?

–¡No! Es mejor que ser creyente. Cuando se cree obedecer un mandato divino, se actúa sin tener en cuenta la razón.

¿Qué posición tomó en el debate sobre el uso del velo por parte de las mujeres musulmanas en Francia? 

–Estoy a favor de una escuela laica en la que se evite mostrar de forma ostensible y de manera militante a qué religión se pertenece. Por lo tanto, soy partidario de la prohibición de los símbolos religiosos (y no sólo del velo, sino también de la kippá y del crucifijo) en la escuela republicana francesa. En la calle cada uno puede hacer lo que quiera. Por otra parte, en los palacios de Justicia de Francia, están prohibidos los símbolos religiosos ostentosos y ostensibles. No se puede dictar una resolución legal bajo un crucifijo colgado de la pared, menos aún bajo un versículo de la Torá o un sura del Corán. Tanto el código civil como el penal pretenden afirmar el derecho y la ley con independencia de la religión y de la Iglesia. Ahora bien, no hay nada en la jurisdicción francesa que contradiga esencialmente las prescripciones de la Iglesia Católica. La ausencia de un crucifijo en la sala de audiencias no garantiza la autonomía de la Justicia con respecto a la religión dominante.

¿Debemos temer la posibilidad de una guerra entre los fundamentalismos religiosos?

–Lo que ha ocurrido en los suburbios franceses nos lleva a pensar en ese tema. Creo que sí. (*)

(*) Fuente: Entrevista realizada por Héctor Pavor a Michael Onfray editada originalmente en Suplemento Cultural Ñ del Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

Hector Pavón: Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en los diarios La Nación, Diario Popular y en el diario Clarín desde 1995. Actualmente escribe artículos sobre política, sociedad y cultura en la Revista Cultural Ñ de dicho diario.

ACLARACIÓN: El título de esta entrevista ha sido propuesto por el autor de este blog, pues el original tenía el genérico "Contra los monoteísmos".


lunes, 20 de enero de 2014

Sergio Ramírez "Mi ambición es ser un escritor memorable..."


Una entrevista a propósito del libro de cuentos "Flores oscuras" del escritor nicaragüense. Lo presentó en El Salvador y conversó con El Diario de Hoy al respecto.

Las 12 flores que recogió el escritor Sergio Ramírez crecieron en un jardín anónimo, lejos del gusto gubernamental y mediático. No sirven para ningún tipo de felicidad. Y sin embargo, la historia en cómo crecieron es tan asombrosa que uno quiere quedarse con ellas.

Su más reciente obra está enraizada en la realidad y cuenta las historias de seres marginales. ¿Cómo surge la idea de "Flores oscuras"?

La composición de este libro parte de la idea de que es más fácil capturar el presente contemporáneo en un libro de relatos que en una novela. El presente cambia muy rápidamente, sobre todo en Centroamérica, y se vuelve más volátil y huidizo en una novela. La ambición de capturar el presente, porque en literatura todo es ambición, se cumple de manera más certera a través de las pasiones y casos que vive la gente sencilla.

¿Y por qué se enfoca en la gente sencilla, como la llama usted?

Yo aprendí a escribir cuentos de la mano de Chéjov. Cuando tenía 17 años era un lector impenitente de Chéjov porque quería aprender cómo se escribían cuentos. Leía también a Maupassant, a Faulkner y a Hemingway, pero yo me identifiqué con las atmósferas que creaba Chéjov. Sus personajes eran los ujieres [criados], los funcionarios públicos de baja monta, la gente que tenía problemas para sobrevivir y que se sentía humillada por los poderosos. Ese es el mundo que a mí me encantó. Los cuentos son un universo de pequeños personajes.

Me llamaron la atención estas palabras suyas porque hay en ellas una apuesta moral, estética y ética: "Cuando escribo un cuento me coloco frente a un lector ideal: El que exige que no le dé literatura fácil o desechable". ¿Qué es literatura fácil para usted?

La que se escribe para el consumo comercial. La literatura es fruto de una construcción en la que entran distintos componentes: la imaginación, el trabajo con el lenguaje y la experimentación con las estructuras. No busco complacer al lector con algo muy superficial, consumible y olvidable. La literatura es más que eso. Entre la escogencia de ser un "best seller" que vende mil ejemplares en un mes o en un año y luego es olvidado, pues yo prefiero ser un "ever seller", es decir: alguien que se quedó en la memoria del lector y que lo va a leer la siguiente generación y que lo va a leer la generación de los nietos. Ese es el escritor que yo quiero ser. No quiero ser el escritor olvidable, el del "pulp fiction". Este término me llama la atención, porque "pulp fiction" es el libro que se recicla y una vez que se leyó se bota y entonces vuelve a ser pulpa. Esa no es mi aspiración. Yo no quiero ser millonario con la literatura. Yo lo que quiero ser es un escritor memorable. Esa es mi ambición.

También usted aseveró: "Mis personajes son 'losers' porque las esperanzas los dejaron atrás, porque la vida está compuesta de dictados del azar". ¿Por qué el fracaso sigue siendo uno de los grandes personajes que siguen seduciendo a la humanidad a través de la literatura?

La persona exitosa no entra en la literatura. Es como las parejas felices: se casan, tienen hijos, viven felices… Ahí no hay nada que narrar, porque eso se puede narrar en una línea: se casaron y fueron felices. Las dificultades comienzan cuando aparece un tercero en esa pareja. Ahí comienza la novela.

¿Y qué le da un giro a la existencia de sus personajes: el destino, la fuerza que no les alcanza para llegar a donde quieren o los diferentes tentáculos del poder?

Todo parte de lo imprevisible. Cada minuto de la vida se forma como esos viejos caleidoscopios que al darle vuelta al tubo se hace una figura, pero esa figura nunca se vuelve a repetir. Es una figura cada vez distinta. El azar va jugando con el poder. Eso es lo que tiene de fascinante para mí la vida para traducirla en términos literarios. En nuestros países lo imprevisible tiene una frecuencia muy alta. Nuestra vida está sujeta al poder, al azar. Eso es lo que abona al campo de la literatura.

¿Qué ha descubierto usted en estos seres marginales?

Que no han pasado a la primera plana —ni pasarán nunca, a menos que el destino los sorprendan en condiciones que no son buenas— porque fueron víctimas o victimarios y no volverán a aparecer nunca y es ahí cuando hay que escogerlos, en ese momento de deslumbre momentáneo que es como la historia que yo cuento sobre el héroe guerrillero de la toma del Palacio Nacional que lo matan en un pleito de cantina. Lo mata alguien que no sabe quién es y que ni le interesa porque no son de la misma generación [Sergio Ramírez se refiere al cuento "Las alas de la gloria"]. Este héroe muere anónimo. Esa nota la saqué de la nota roja del periódico. Había un trasfondo enorme. Había que escribir en términos literarios, es decir, contarla como una historia.

Sergio, ¿se sigue considerando una persona de izquierda?

Sí, claro. Yo defiendo a la izquierda como un espacio transparente, ético. Y eso es lo que la izquierda ha perdido mucho.

Y qué nos dice de Centroamérica, ¿se quedó sin izquierda?

Todo esto es muy relativo. Hay izquierdas en las que yo creo y en otras en las que no. Esto no tiene que ver con viejos presupuestos ideológicos. Tiene que ver con los espacios éticos. El poder no es para enriquecerse ni es para quedarse. Esos son dos grandes presupuestos éticos que la izquierda debe respetar. Nunca voy a olvidar lo que Lula dijo en Nicaragua: "El gran error de la izquierda era dividir la democracia en una burguesa y otra proletaria, porque democracia solo hay una". Eso me parece muy importante. Quien se mete a jugar en la democracia tiene que respetar las reglas del juego.

Daniel Ortega, ¿le hace daño a la izquierda?

Yo creo que sí, porque el discurso de Daniel Ortega sigue siendo muy retórico, muy anticuado. Cuando le conviene es antiimperialista, antiburgués. Pero él cada vez menos puede usar ese tipo de discurso, porque su gran alianza es con las cámaras empresariales de Nicaragua.

¿Cómo le gustaría ser recordado, como escritor o como político?

Esa es una pregunta interesante, porque, igual como le pasa al muchacho de mi cuento ("Las alas de la gloria"), las nuevas generaciones me ven a mí como a un escritor y no conocen mi pasado en la política. En la presentación de este libro en Managua, en la Alianza Francesa, había un público muy joven. Los muchachos que me entrevistaron también eran muy jóvenes. Me encontré con otra generación, con otro público. Mi gran aspiración es que a mí me sobreviva la literatura, no la política. Para mí sería un gran fracaso que escribieran tres líneas que digan, "político que también escribió". Tiene que ser al revés.

Claudia Hernández: "Yo me cocino a fuego lento"


Empezaremos la entrevista cuando usted se sienta cómoda, le digo a la escritora Claudia Hernández. Entonces vuelva en 20 años, me dice, mientras le echa una mirada aterradora a la grabadora.

Obviamente, no me tardé dos décadas en regresar. La derrota solo duró unos siete minutos, después le insistí en que quería hablar de su nuevo libro: Causas Naturales. Los 15 cuentos han sido publicados en Punto de Lectura. Acaba de salir del horno. La cocción fue a fuego lento. Quizás por eso su sabor es tan extraño como intrigante. La clave no está en los ingredientes, sino en cómo la autora manejó la llama, la temperatura y el tiempo.

Claudia Hernández es escritora, catedrática y ganadora del premio "Anna Seghers". También es una taxidermista de las circunstancias. Son ellas las que están en primer plano en sus cuentos y no los personajes: "De noche había en casa habitaciones que, de día, era imposible encontrar" (Habitaciones). O "Sucedió en el mercado. Mientras yo simulaba examinar los tomates antes de pagar por ellos" (Un pañuelito). Otra más que roza la poesía: "Debió haber venido con el viento" (En pleno comedor).

El cuento "En pleno comedor" bien podría ser un "bonus track" del disco "Dark side of the moon" de Pink Floyd, porque en él convergen el mal llamado posmodernismo, las manías, la codependencia, la plusvalía de viviendas que terminan siendo lujosas jaulas en forma de vitrina. O como dice la canción "Us and them" del álbum mencionado: "And after all we're only ordinary men..."

¿Por qué cuento y no novela?

—Me gusta leer novelas. No tengo problemas con eso: a veces es amor a primera línea. Pero escribirlas es algo muy distinto. Supone una manera de entender las cosas y un manejo del lenguaje y del tiempo que no se ajustan a los temas y las apuestas que hasta ahora me han ocupado. Cuando comencé a intentar y a escribir, no sentí por ella la fascinación que por el cuento. Jamás le he echado de menos ni sentido que me estoy perdiendo de algo. La novela diría lo mismo de mí.

¿Pero podría dar un salto hacia la novela?

—¿Para qué? Si lo que me pregunta es si me interesan otras formas de escritura o si escribiría algo que no sea cuento, la respuesta es sí. De hecho, dedico tiempo y esfuerzo en aprender las que me resultan atractivas (la novela no figura entre ellas). Pero el cuento me atrapa y me mantiene entretenida.

¿No se agotan los temas en el cuento?

—No ha sucedido hasta ahora, incluso cuando lleva siglos acompañando a la humanidad y ha sido empleado a lo ancho y largo del mundo. A veces parece que no da más porque toma siestas muy largas, se anuncia su fin, pero resurge tan elocuente como al inicio. Hermoso género, ¿no le parece? Infinito.

¿Con quién escribiría un cuento a dos plumas?

—No sé si podría alguna vez hacer algo como eso con el cuento. Ni siquiera creo que tenga sentido (para mí). Nunca me lo he planteado como un ejercicio de colaboración. Pero vea también que no soy una persona de grupos. Rara vez escojo estar en sitios llenos.

¿Por eso es esquiva con los medios?

—En parte. Me ponen nerviosa. No funciono dando respuestas íntimas a gente que no conozco y que suele tener mucha prisa. Yo me cocino a fuego lento. Ha pasado también que me han buscado cuando he estado enferma o que me han buscado para preguntarme acerca de temas en lo que no tengo autoridad para comentar.

¿Por qué no le gusta opinar públicamente sobre el trabajo de otros?

—Prefiero decírselos a ellos si la ocasión se presenta y, por supuesto, si me lo permiten. Los comentarios en público se los dejo a especialistas, que orientarán mejor a los lectores. Lo que yo diga sería solo cosa de gustos.

Hablando de eso, entonces, ¿por qué no le gusta Roberto Bolaño y quién le gusta de verdad, ya sea muerto o vivo?

—Que me guste o no Bolaño no anula las cualidades de su escritura. Lo que le dice es que lo que yo busco no está en su propuesta. Y no tendría por qué estarlo. Él no escribía para mí y no habría sufrido al saber que no estaba yo entre sus lectores. Ahora, los temas y los autores que me interesan son muchos. No tengo una lista definitiva. Han variado con las épocas, con la edad, con las experiencias de vida. No entiendo por qué alguien debería decidirse por uno solo estando la maravillosa posibilidad de tenerlos a todos.

¿Qué papel juega el lector para usted a la hora de hacer un libro?

—Vital. Es a él (en el presente o en el futuro) a quién se le cuenta lo que se ha aprendido, a él a quién se toma de la mano y se lleva por las rutas que has transitado. Por él se traduce a lenguaje lo que en uno bien puede quedar como una calidez o un sonido. Es el depositario de lo que uno considera lo más importante.

¿Se mete en los zapatos de ellos a la hora de hacer un cuento?

—Procuro meterme en los zapatos del narrador (que es quien hila la acción y funde esta con los ambientes) y extender, desde él, la mano a los lectores. Ellos deciden si emprenden el viaje al centro del cuento o no.

¿Qué o quién la metió en el oficio de escribir?

—Todo: La lectura. Los grandes autores y también los pequeños. Lo que te presentan es tan intenso que no puedes no desearlo ni puedes evitar intentar tenerlo o al menos tocarlo. Las condiciones (del país) en que crecí y en las que vivo se prestan perfectas para escribir, no porque te den facilidades, sino porque te dan motivos. Cuando menos lo sentí, estaba tomando un lápiz y apuntando oraciones.

¿Por eso hace literatura en un país en el que no se lee?

—No sé si no lee porque no le gusta, porque no puede o porque tiene otras prioridades. En cualquier caso, escribo cuentos porque nuestra realidad los produce y para que, cuando el país pueda, esté en condiciones y descubra que le gusta, haya algo para leer.

¿Por qué hay más poetas que cuentistas o novelistas en El Salvador?

—Me hago la misma pregunta. Tal vez quieran algo más que extender la mano y cortar los cuentos que acá florecen. Tal vez encuentran en el terreno de la poesía (al que yo no puedo entrar) todo lo que necesitan.

¿Debería el sistema educativo tener el cuento o la creación literaria como asignatura?

—Le vendría bien estar preparado para acompañar o dirigir las inquietudes (literarias, artísticas) de quiénes muestran interés o inclinación, ofrecerles alternativas para que no tengan que terminar inscribiéndose en una carrera que no quieren o que consideran la segunda mejor opción y que nada más los desgasta.

¿Qué necesita usted para escribir?

—¿Aparte de tiempo y observación de la naturaleza humana (que es lo que necesitamos todos)? Silencio (el ruido me mata), una buena silla (algunos cuentos requieren una larga espera o jornadas intensas) y experiencias intensas. No necesito un buen papel ni una cierta tinta, pero disfruto tenerlos.

¿Experiencias intensas? ¿Se refiere a sensaciones?

—En efecto. No parto de imágenes, sino de sensaciones. Mi preferida es la de descubrimiento. Una y otra vez, los cuentos dan testimonio de la manera en que descubrimos el mundo y de la transformación que ello obra en nosotros.

¿Por eso sus cuentos de este último libro inician por circunstancias y no con personajes en primer plano?

—Sí. Creo que los cuentos (al menos estos) dependen menos del personaje que de la situación. Ya se habrá dado cuenta de que muy pocos tienen nombre, casi ni uno tiene apellido o señas particulares. Lo importante acá es que hay alguien enfrentando una situación que lo sobrepasa y le causa tal curiosidad o seducción que lo mueve a ella. La acción es consecuencia de eso.

Sus personajes parecen ser de confort. ¿Pertenecen a la clase media alta?

—En general, son personajes para quienes el dinero no es demasiado importante, salvo en la medida en que los impulsa a tomar alguna decisión o a conocer algo. Tiene que ver más con su mentalidad y con las necesidades de la historia. Pero los hay (para ponerlo en sus términos) de toda clase.

Si usted fuera un personaje, ¿en qué situación estaría?

—Me gustaría ser un duende. Fui uno en el kínder (ayudante del zapatero). Me encantaría repetir la experiencia.

Sus cuentos son ordenados, ¿por qué no hay caos, estallido, big bang?

—Hay, pero tácito o no subrayado, porque lo que me interesa es justo lo que viene después: la necesidad de sobrevivir, de fundar o de reconstruir. Muy a tono para un país con una capital que se desmorona a cada rato, ¿no cree?

¿Por eso todos sus personajes son maniáticos? ¿Usted necesita que el resultado sea siempre el mismo?

—Quizá compartamos obsesión. Eso habría que preguntárselo a otro tipo de profesional.

¿Por qué el escenario de sus cuentos es la ciudad?

—Supongo que porque es el espacio que nosotros construimos y nosotros destruimos. Somos nosotros mismos. Sus grietas son las nuestras, su buen o mal gusto es el nuestro y sus esquinas conmovedoras son las que mejor nos ayudan a entendernos. Es el escenario que mejor nos describe.

¿La geografía influye en su trabajo? Es decir, ¿ha escrito cuentos fuera de San Salvador o del país?

—Lo he hecho, sí. También he escrito cuentos con otras ciudades como escenarios o temas. No creo que tenga que ver tanto con el lugar (aunque un sitio donde no haga tanto calor ayuda) como con el momento en el que se alcanza la comprensión que permite cerrar el capítulo y contar la historia.

¿De qué se priva como escritora? ¿De qué la ha privado la literatura?

—De nada que no haya estado dispuesta a dar. Es curioso que, visto desde afuera, parezca que la literatura le quita algo a uno. Desde el punto en el que estoy, yo lo he sentido todo como ganancia. No hay nada de lo que me arrepienta ni nada que lamente. Creo que, si ha hecho un intercambio injusto, es porque me ha dado más de lo que imaginaba o me esperaba.

¿Una historia feliz, entonces?

—No exactamente. Pero la felicidad está sobrevalorada. Quedémonos en que es una vida que me ha gustado hasta ahora. Con todo y los golpes o las dificultades.

¿Fue una dificultad encontrar una editorial?

—Fue más difícil decidirme a volver a publicar. No estaba segura de querer dejar la frecuencia en la que estaba o de tener energías para atender lo que el proceso requiere. Pero todo salió muy bien. El libro ha tenido la fortuna de encontrar espacio en una editorial y yo he tenido la fortuna de trabajar con una editora que entiende muy bien mi trabajo, que hace muy bien el suyo y con quien ha sido un placer intercambiar puntos de vista.

¿Cuánto le editan?

—Depende de quién está a la cabeza y del nivel de trabajo de la propuesta que presento. Para el caso de este libro, me señalaron detalles y me hicieron sugerencias para facilitar la lectura de ciertos momentos en las historias. Las discutimos y llegamos a un acuerdo. Fue un proceso muy agradable.

¿Tiene reglas acerca de su propia manera de escribir?

—Reglas no. Aplico ciertos principios de lo que voy estudiando y aprendiendo. Lo que hago es que me esfuerzo por presentar el trabajo en la mejor condición posible. Procuro no dejar que otra persona haga el trabajo que me corresponde para que ella pueda dedicarse al que le compete.

¿Qué o quiénes le ayudan?

—Algunos amigos. Los libros y autores que leo. El editor o editora con quien esté trabajando.

¿Qué hace cuando se traba en el proceso de creación?

—Depende del tipo de traba. Salgo a caminar, discuto con alguien por horas, limpio macetas. En general, cambio de actividad.

¿Qué opina acerca de textos muy bien escritos pero que están muertos? Lo que quiero decir es que hay gente que escribe bien, pero es horriblemente aburrida.

—Que a veces las circunstancias no permiten que sus autores se tomen más tiempo para trabajarlos, para conectar con algo que de verdad los mueva. Pero tampoco me preocupa demasiado ni me quita el sueño. Sus escritores no tardarán demasiado en darse cuenta de eso y tomarán las medidas necesarias.

¿Alguna vez no ha terminado alguna historia?

—Muchas. Me pasa si me doy cuenta de que estoy escribiendo en automático o que estoy escribiendo algo que no entiendo o ya no es tan importante como creía al inicio. A veces las termino, pero no las publico porque no me parecen que tengan calidad suficiente. A veces escribo textos que son solo para "consumo interno", para mí y un par de amigos.

¿Causas naturales es un final? ¿De dónde vienen esos cuentos?


—Vienen de la experiencia de crecer, de volverse adulto. Cierro con él un ciclo de cuentos que inicié con De fronteras. Seguí a una generación (la mía) durante un tramo que ha llegado a su final: nos hemos transformado en los que antes eran los otros, somos ahora quiénes les crean un mundo extraño a los niños que abren los ojos y lo descubren.

El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]