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lunes, 1 de abril de 2019

Rogelio Ponseele: “Un cura es un tipo burgués que está en una vida acomodada…”




En 1970 Rogelio Ponseele supo que al dejar su patria, Bélgica, se ligaba a un país que se bañaría por años en tormentas de sangre. Y así fue: vio como el Ejército salvadoreño mataba a sus feligreses. Entonces eligió Morazán y ahí predicó el evangelio y convivió con la insurgencia armada. Ahora tiene 75 años, es el párroco de Perquín y todavía transpira rebeldía: cree que otro mundo es posible.

Cura e insurgente. Lo primero es una herencia religiosa de su hogar, lo segundo se lo dio el conflicto armado que vivió El Salvador. Por fusil lleva una Biblia y con ella se vino predicando al país en 1970. Los muertos que la guerra iba dejando le cambiaron radicalmente su pensamiento y decidió que debía acompañar a las organizaciones populares que no podían abrirse paso político por la vía democrática.

Rogelio Ponseele dejó la comodidad y la seguridad de su país, Bélgica. De ahí solo extraña la cerveza. El resto no lo emociona. Incluso la vida religiosa que comenzó en Europa sería un soberano aburrimiento si la practicara en su patria. Allá, como dice él mismo, todo está cuadriculado. Pero aquí en El Salvador le quedan retos. Tantas balas no cambiaron este país y él sigue empeñado en bajar el reino de Dios a la tierra que para él implica trascender de lo espiritual a lo social y hablar de lo que la misma Iglesia católica condena, calla o censura: el aborto, la homosexualidad, la eutanasia, el celibato, el elitismo del Opus Dei o la distancia que el mismo organismo que representa ha tomado de la población.

“[La Iglesia actual] como que se aparta un poco de eso y gira en torno a sus propios problemas. Yo lamento eso, pero tampoco tengo vocación para hacer otra Iglesia, porque hay que tener vocación para eso...”

Rogelio Poncel de 75 años de edad (nacionalidad Belga) llegó a El Salvador hace 42 años, actualmente es el párroco de Perquín, Morazán


¿Cómo decide salir de un país seguro de Europa y dar un salto hacia otro que estaba en guerra, turbulento y muy lejos de su zona geográfica?
Es fácil de entender: en aquellos tiempos (entre 1965 y 1970, pero en especial 1968) Europa tuvo una revolución cultural, una cuestión de nuevas ideas. Hubo bastantes manifestaciones, protestas... Bueno, en aquel tiempo había mucho interés en América Latina y existían así como círculos de estudio sobre la problemática social de América. Me integré a uno de estos círculos donde hablábamos de América Latina y sus problemas sociales, de los esfuerzos que sus pueblos estaban haciendo. Eso fue una cosa; la otra cosa es que el obispo [de Brujas, Bruselas] monseñor De Smedt (ya fallecido) vino del Concilio Vaticano II y vino con la idea de que él era el obispo de todo el mundo, un obispo de la Iglesia universal y no el obispo de una determinada pequeña diócesis. Él había hablado con obispos de todo el mundo y decía: "Bueno, yo doy luz verde a cualquiera de ustedes que quiera trabajar en la India, en África. En cualquier continente del mundo". Fue bien raro, porque un obispo siempre hala para su propia diócesis.

Otra cosa: yo soy de una familia obrera, entonces la práctica sobre la problemática laboral, los sindicatos, la lucha obrera, la lucha del pueblo. Eso era una práctica muy común en mi familia. Mi padre era... ¿Cómo le digo...? Coordinador de una cooperativa de pan en el pueblo, también durante todo el tiempo fue alcalde del pueblo. Fue un hombre muy humilde que había estudiado hasta tercer grado, tal vez. Crecí y me he ido formando la idea de que como sacerdote no solo hay que atender las cosas espirituales, sino que hay que atender las cosas sociales, la vida que enfrenta la gente. Y por eso es que tomé la decisión de venir a El Salvador.

¿Pero cómo lo decide?
Yo escuché por primera vez de El Salvador cuando había guerra con Honduras. Salió un articulito chiquitito en la prensa. Y hubo algunos amigos que se adelantaron, vinieron y me invitaron a unirme a ellos. Estaban haciendo un trabajo bastante bonito, bastante interesante. Todo eso me entusiasmó. Le pedí permiso al obispo para venir a El Salvador, pero me dijo que no porque yo estaba dando clases en una escuela y dijo que yo era indispensable ahí. Pero al año pude solicitarle de nuevo la salida a El Salvador y entonces me dijo que sí, pero nunca me sustituyó. Eso quiere decir que no era tan indispensable en la escuela como él decía... Creo que el obispo me quería poner a prueba, quería saber si mi idea era una llamarada de tuza o si estaba bien decidido por El Salvador. Entonces, entusiasmado por los compañeros que estaban acá, elegí unirme al trabajo de ellos: padre Esteban que actualmente está muy enfermo, el padre Pedro que está trabajando en Bajo Lempa, el padre Roberto que está trabajando en una parroquia de San Salvador. Y así.

¿Y cómo se instaló?
Al llegar acá fuimos a platicar con monseñor Chávez y González y él nos ubicó en Zacamil. Fue una colonia de multifamiliares. En aquel tiempo tenían un tamaño normal, no había tanta gente porque me acuerdo que fui al sector donde me iba a tocar... Los edificios "400". No había tanta gente en Zacamil y yo casi estaba llorando porque no iba a poder hacer nada, no había gente. Ahora hasta da miedo entrar a la Zacamil. Estuvimos desde 1970 hasta 1980 en Zacamil.

Yo juraba que usted llegó directo a Morazán en 1980.
No. Antes pasé 10 años en Zacamil haciendo trabajo pastoral en la línea de las Comunidades Eclesiales de Base. Fue muy interesante y muy en relación con la vida de la gente. Ya desde el inicio nosotros teníamos cristianos que estaban participando en las organizaciones populares y de esta manera nosotros también teníamos mucho contacto con estas organizaciones y colaborábamos, por ejemplo, prestando la casa para sus encuentros. Usted sabe que en 1970 comienzan a surgir tanto las organizaciones populares políticas como también las organizaciones clandestinas. Nosotros siempre estábamos cerca de todos, estábamos muy pendientes evaluando y colaborando en lo que podíamos como Iglesia...

¿En ese momento usted no pensó que podría ser manipulado por la guerrilla y que había armas de por medio...?
Sí, para nosotros esto era un problema porque nosotros siempre actuamos en la lucha pacífica y veíamos que la lucha iba a ser una lucha armada, se notaba, se observaba. Teníamos dentro de las comunidades mucha discusión sobre este punto y ellas sentían que nos estábamos alejando de la lucha del pueblo por ese problema de la violencia, pero la verdad es que nunca pudimos resolver a fondo este problema... Hasta después. Nietzsche dijo: "no son las palabras las que cambian, lo que a uno lo cambia son los hechos y los hechos hacen que uno piense de manera diferente..." Hubo una manifestación de campesinos de Morazán, una manifestación pacífica en torno a sus planteamientos, sus demandas comunes, pero esta manifestación fue reprimida.

¿Dónde fue esa manifestación?
En San Salvador y hubo como más de 30 muertos. Un joven de las comunidades cristianas de Zacamil había participado en la manifestación y me contó que pudo salir y no dejarse atrapar por las balas porque se arrastró debajo de los carros parqueados a un solo lado de la calle. Resulta que me invitaron a celebrar una misa en el atrio de la iglesia y habían podido recuperar los cadáveres de algunos de sus compañeros. Para mí esta misa fue muy emocionante,  fue impresionante. Después de la misa pensé que no podíamos abandonar al pueblo, aun cuando el pueblo optará por la lucha armada teníamos que seguir acompañándolo. Ahí tomé la decisión de salir a Morazán y de acompañar el proceso. Aquí en Morazán conocí a varios líderes de las Ligas Populares 28 de febrero y del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Lo que quiero contar es que son los hechos los que van cambiando las ideas en algunos de nosotros. La violencia se puede discutir mucho... Después decía yo que el pueblo estaba agredido y agredido a muerte, entonces la Iglesia católica dice que es una norma tradicional que uno tiene derecho a defenderse cuando está agredido, no desproporcionadamente, sino que de la misma manera puede responder a la agresión. Cuando a uno le apuntan, el cristiano tiene derecho a defenderse, a apuntar también... Pero si a uno le dan una bofetada en la calle no es para sacar la pistola. Con otros y platicando, discutiendo, debatiendo este tema pensábamos que el pueblo estaba agredido y que tenía derecho a defenderse y a salir de la situación de pobreza y de injusticia empujando una lucha a muerte... Yo me sentía a gusto acompañando, pero siempre haciendo trabajo pastoral, porque yo nunca he tenido un fusil y nunca he combatido. ¿Se dice así?

Sí
Nunca he sido combatiente. Mi trabajo fue un trabajo pastoral; pero sí vivía en los campamentos, dormía con los "compas", caminaba con los compas, haciendo guindas, muchas guindas; pero cuando había un espacio, yo visitaba a las comunidades y trataba de atender a la población que se había quedado, porque mucha gente se fue de Morazán por temor a las bombas.

¿Cómo decide entrar directamente con la guerrilla?
La verdad es que yo en Zacamil ya no podía continuar porque dinamitaron. Eso fue tal vez porque habíamos prestado una y otra vez la casa para reuniones. Nuestra casa tenía ya un poco, por así decirlo, mala fama. La dinamitaron, pero por suerte no estábamos (...) a la media noche pusieron la bomba que destruyó la casa. Creo que hubiéramos muerto si nos hubiéramos quedado porque una gran pared cayó sobre la cama donde yo dormía. Ya no podía quedarme en Zacamil. Además, la gente nos decía que se metieron porque nosotros les dijimos que tenían que ser consecuentes con la fe, la fe que nos invita a participar en la lucha del pueblo por la justicia.

Cuando cita a Nietzsche y dice que son los hechos los que modifican y cambian las ideas, entonces creo que a lo largo de su estadía en El Salvador hubo muchos acontecimientos que lo cambiaron, como el asesinato de monseñor Romero...
Todo lo que estaba pasando en el pueblo y la muerte de monseñor Romero, un obispo tan ejemplar. Ciertamente esto nos hizo pensar y nos hizo tomar decisiones un poquito más valientes, porque usted sabe que un cura es un tipo burgués que está en una vida acomodada: come los tres tiempos, duerme bien, no le falta nada; pero esa actitud tan valiente de monseñor Romero y el hecho de que lo mataron, pues ciertamente influyó en nosotros. Cuando él murió yo estaba todavía en Zacamil. Me di cuenta a las cuatro o cinco de la tarde, me llamaron por teléfono. Fui al hospital, pero no pude acercarme mucho. Había mucha gente, había un ambiente bien trágico, bien silencioso como que iba a pasar algo pronto, pero poco a poco la situación se fue calmando, aunque lucha armada estaba ya decidida.

Siguiendo en esa dinámica de los hechos fuertes que tuvo El Salvador y que hicieron que la historia se partiera en dos, también me gustaría saber cómo cambió su vida y la manera de ver las cosas con lo que ocurrió en El Mozote, porque usted ya estaba en ese momento en Morazán.
Sí, yo estaba aquí ya. Había salido en guinda porque se decía que iba a haber un operativo bastante serio. Esa vez pasamos por el Mozote y se hizo algún esfuerzo para convencer a la gente porque se temía, se percibía que algo grave iba a pasar, pero la gente no estaba dispuesta porque salir era perder su casita, sus pertenencias, sus animalitos. A la gente le cuesta tanto eso y le tiene mucho amor; además siempre piensan que no va a pasar nada, pero el ejército hizo la masacre. Fue horrible. Yo estaba en Torola y ahí escuchamos las noticias de que estaban masacrando a la gente. Había un ambiente muy triste, porque muchos compas tenían familiares en El Mozote. Después de unas semanas volvimos... Me acuerdo del panorama destruido y el pueblo era un pueblo bonito, era un caserío, pero con tamaño de pueblo y con perfil de pueblo... Muy bonito, pero todo estaba destruido, había olor a muerte y todavía había alguna gente que no estaba enterrada del todo. A mí me afectó mucho porque yo había llegado un año antes a El Mozote a predicar, a hablar de esperanza, a decir a la gente que la guerra iba a ser un momento difícil, pero que iba a terminar y que luego íbamos a vivir en un país diferente. Y precisamente donde yo había predicado y hablado de la esperanza sucedió esa masacre. Pensé que para qué íbamos a seguir con el trabajito pastoral, si eso no era tan eficiente. Uno busca un poco la eficacia y me proponía hacer un trabajo más político sin renunciar a nada, a cuestiones de fe y todo eso, pero sí hacer un trabajo más de tipo político, porque para militar no sirvo. Hay que tener una mentalidad diferente para poder funcionar como combatiente. Hay que saber moverse. Es otro tipo de trabajo, pero como político pensaba que podía dar un aporte más directo; pero fíjese que la gente y los mandos me dijeron que no, porque tenían muchos combatientes, pero no tenían sacerdotes.

Este pueblo era un pueblo religioso, un pueblo cristiano. Eso es lo que no entienden en Europa, que todo este pueblo guerrillero era fundamentalmente cristiano y que necesitaba del acompañamiento de un sacerdote. En ese sentido aquí los mandos fueron para mí muy inteligentes: nos ocuparon en el sector donde nosotros de verdad pudimos dar un verdadero apoyo, no quisieron hacer de nosotros políticos. Han respetado siempre el trabajo pastoral.

¿No cruzó por su mente tomar un arma?
No, ese valor no lo he tenido. Considero que tomar las armas es cuestión de valor, pero sobre todo es una cuestión de capacidad y no me sentía así como capacitado para trabajar en esta cuestión militar. Vi a extranjeros que se entusiasmaron en torno al arma y a la lucha disparando, pero no sobrevivieron, cayeron en la guerra porque no tenían ese carisma. Hay que saber cubrirse, hay que saber avanzar, retroceder. Es una táctica muy especial y también la valentía de disparar... Nosotros no tenemos esa valentía, nunca nos hemos dedicado a una cosa así... Recuerdo a un médico, Gaspar. Él quería ir a la línea de fuego y los compas le dijeron "no, usted lo que tiene que hacer es atender los heridos, nosotros lo necesitamos a usted como médico, como doctor. Usted no debe de ir a la línea de fuego", pero de tanto insistir le dieron un arma y se fue a la línea de fuego y a la hora estaba de regreso y yo le dije: "Bueno, ¿qué pasó? ¿No ha ido a la línea de fuego?". Y me dijo: "Mire, Rogelio: esto es un infierno. Yo no sabía lo que era eso". Yo admiro mucho a los compas que han sido humildes, pero que tenían esa valentía y esa decisión de luchar con las armas. Y no tenían el afán de matar, sino que el afán era hacer avanzar a su pueblo.

¿Aún sigue considerándose un religioso burgués?
De hecho así es. Si uno compara la vida de nosotros con la vida de la mayoría del pueblo es cierto que hay una diferencia y ahorita también hay una diferencia notoria. Los campesinos que siembran y que después se enfrentan con la sequía y que de repente no tienen qué comer, no tienen comida para darles a sus hijos... ¡Qué vida más dura, más tremenda! En ese sentido, yo sí creo que nuestra vida es una vida burguesa.

Cuando se encontró con estos escenarios sangrientos y terroríficos en la guerra, ¿en su mente no existía ese dilema de preguntarse: qué se hace Dios cuando están matando a su creación? ¿Realmente existe Dios? Y si existe, ¿para qué sirve?
Sí, eso fue una problemática muy seria. Ciertamente usted tiene razón: la fe se cuestiona a partir de esa situación tan dolorosa que atraviesan muchas personas. Pero tener fe es mantener esa fe incluso más allá de esa situación. Dios no quiere todo este sufrimiento. También es cierto que los seres humanos estamos causando tanto sufrimiento y tanto dolor y en esto lo que Dios hace es invitarnos a la solidaridad.  Me cuestiono, pero al final mantengo la fe que Dios tendrá la última palabra sobre todo el mundo... Cuando yo estaba con dudas y con interrogantes, la gente misma, la gente sencilla me decía: "No padre, Dios tiene la última palabra. [El expresidente de Estados Unidos Ronald] Reagan no tiene la última palabra y [el expresidente salvadoreño Napoleón] Duarte, tampoco. Es Dios quien tiene la última palabra y sigamos adelante. Vamos a salir triunfantes". Un campesino de Joateca me dijo: "Mire, padre, sin fe no se puede vivir". Sinceramente, no soy una persona problemática. Cómo le diría... No soy una persona...

¿Cerebral?
Soy una persona que analizo, me cuestiono, pero al día siguiente platicando con otros, pues ya estoy de nuevo, sigo adelante y encuentro alguna respuesta...

¿Extraña algo de la Iglesia católica de la guerra con la actual tras la firma de los Acuerdos de Paz?
Durante la guerra la Iglesia ha tenido una actitud bastante reservada, aunque hay que decir que también la Iglesia ha tratado de empujar al pueblo hacia una paz, y eso es tarea que tiene que cumplir la Iglesia... Pero hay un sector de la Iglesia que siempre estuvo prácticamente condenando la guerra, la lucha. Me acuerdo que una mañana un compa catequista estaba escuchando noticias y el obispo de San Vicente dijo que los guerrilleros eran terroristas, ateos y el compa lloró y dijo: "Pero cómo es posible que un obispo pueda decir estas cosas". No se puede generalizar, pero la Iglesia, obispos, sacerdotes estuvieron muy distantes del proceso... Ahora que estoy integrado a la Iglesia no dejo de ver cosas que no me agradan mucho. Siento que la Iglesia actualmente ha perdido de vista el reino de Dios o se considera el reino como en el más allá o considera el reino como únicamente la Iglesia que gira en torno a sí misma o trata siempre de quitar al reino de Dios que predicó Jesús. Al reino de Dios le quita la dimensión histórica, la lucha por la justicia, por la verdad, por la solidaridad, por un mundo mejor, por un mundo en que todos y todas podamos vivir con dignidad. [La Iglesia actual] como que se aparta un poco de eso y gira en torno a sus propios problemas. Yo lamento eso, pero tampoco tengo vocación para hacer otra Iglesia, porque hay que tener vocación para eso...

¿De qué habla en concreto?
Por ejemplo: voy a las reuniones del clero, no me decido todavía, pero estoy pensando en decirlo... Cada vez que tenemos reunión de clero en San Miguel hablan de dos cosas: que tienen problemas financieros, que no puedan pagar. Siempre hay una queja, una insistencia en que los curas desde las parroquias debemos de apoyar al arraigo, pisto. También están construyendo un seminario, no sé si ustedes se han dado cuenta, pero los obispos por mucho que dicen que están unidos, realmente están divididos y unos están más en la línea de Opus Dei y otros están en otras líneas. Se apartan a tal grado que están haciendo un seminario propio los obispos de Santiago de María, de Sonsonate, de San Miguel, de Zacatecoluca... Están construyendo un seminario para darles a los seminaristas ahora una formación diferente que no va en la línea de Opus Dei... Bueno, un seminario de tres millones de dólares. Tienen un montón de problemas financieros y ya está el primer piso, pero falta el segundo piso y tienen el montón de problemas de pisto. Entonces, yo siento que vamos a la reunión a hablar de pisto y nadie pregunta si estos programas que están transmitiendo a través de la radio son programas que ayudan a nuestra gente cristiana en todo aspecto. Y nadie pregunta si este seminario ahora está dando una formación diferente a los seminaristas. Eso es muy encerrarse en los problemitas de la Iglesia y no abrirse a todo un trabajo social que se está haciendo en las comunidades... Y esto se debe a la formación que han recibido... Yo aquí, por ejemplo, tengo relación con las cooperativas, tengo relación con todas las instancias que están de cara a estas comunidades. No es que me inviten, me exigen que esté presente para ayudar, para dar ideas. Dios quiere que la gente tenga vida, que podamos realizarnos plenamente al hablar de la vida cristiana.

¿Qué opina usted del Opus Dei?
Bueno, a fondo no conozco estos movimientos, pero es un movimiento élite y es un movimiento que frente a los problemas sociales tienen otra visión. Me imagino que todo su trabajo pastoral se va haciendo desde la élite social, lo cual no quiere decir que no hacen cosas buenas para los pobres, pero desde este lugar se dedican a los pobres, mientras que monseñor Romero estaba convencido de que teníamos que caminar con el pueblo y luchar con el pueblo y es el pueblo el que va a salvar al pueblo y no es la clase élite que va a salvar al pueblo... Entonces, vamos teniendo sacerdotes muy de iglesia, como dicen: que hacen buenas obras para los pobres pero siempre un poco desde la visión de la gente élite. Estos señores siempre toman distancia y giran bastante en torno a lo de la Iglesia: de que para la comunión hay tantos requisitos, de que para la consagración hay que arrodillarse. Todas esas cosas... Mire, una vez asistí a una misa para el fundador...

¿Escrivá de Balaguer?
Sí. Fue en San Salvador en la iglesia de San José de la Montaña y había mucha gente de saco y corbata rezando el rosario antes de la misa con una cuestión mental. Me impresionó ver tanta gente que se considera muy católica...

Y si usted tuviera algún rango de poder jerárquico, ¿qué haría con el Opus Dei?
A ver qué se puede hacer con ellos porque es un movimiento a nivel mundial, pero yo trataría de ponerlo un poco más en la línea de monseñor Romero. Creo que podríamos trabajar en las líneas de monseñor Romero si hubiera esa posibilidad...

¿Por qué cree usted que tras la muerte de monseñor Romero no ha habido otro arzobispo que se aproxime a la acción que tenía Romero?
Creo que hay una línea dentro de la Iglesia que se va un poco imponiendo, esa de la línea carismática. No todo es malo, pero le da más importancia a lo netamente espiritual y mantiene reserva en lo social y más todavía frente a lo político, pero política con la preocupación del bien común. Hay ciertas líneas que se van imponiendo. Por ejemplo: hay una marginación, podemos decir, de las Comunidades Eclesiales de Base que siempre se meten en el campo social, en el campo político. Eso es una forma de hacer Iglesia.

En nuestra conversación usted ha dejado ver que ha tenido un buen concepto de las organizaciones guerrilleras como el ERP. En ese sentido, ¿qué piensa ahora del FMLN?
Bueno, yo creo que... La salvación de algunos es mantener el vínculo con el pueblo, porque si uno se va distanciando del pueblo y va subiendo escalera en un momento se vuelve desvinculado del pueblo y de repente va hablando y haciendo cosas que nadie entiende. Todos los políticos, incluso del FMLN, están un poco al frente de ese peligro, no voy a decir que todos de igual manera, pero sí hay una tendencia a desvincularse un poco del pueblo y de convertirse en un funcionario común y corriente, pero en global el Frente creo que todavía tiene una reserva revolucionaria. Yo creo más en el Frente que en cualquier otro partido. Creo que todavía realmente quieren lo mejor para este pueblo y que están trabajando por eso en circunstancias a veces muy limitadas y muy difíciles. En otros partidos también hay democracia. Cambio Democrático, por ejemplo. Yo tengo mucha admiración por Dada Hirezi. Yo soy de ese tiempo de Dada Hirezi, Rubén Zamora. Tipos excelentes con ideas claras.

¿Cuál es su posición con respecto al aborto?
Yo digo que la Iglesia en cuanto al aborto, en cuanto a la eutanasia, en cuanto a los anticonceptivos y algún otro problema moral, pues la Iglesia debería ubicarse en la realidad. Todos tenemos que colocarnos un poco en la realidad que se vive y de alguna manera ser un poco más flexibles. La vida hay que defenderla, pero yo personalmente estoy convencido de que puede haber circunstancias que permitan el aborto o un tipo de aborto terapéutico o un tipo de eutanasia; porque al fin y al cabo, cuando el médico está dando antibióticos, pues eso es eutanasia porque es para calmar el dolor, y finalmente se muere de tanto tomar antibióticos. Es complejo y no quiero tener la última palabra sobre eso, pero la Iglesia debe colocarse en la realidad. ¿Cómo voy a decirle a un cipote "cuidado con el condón"? Para mí que lo ocupen, pues de lo contrario vamos a tener aquí problemas de VIH/sida. Los estudiantes de todos modos van a tener relaciones. Que ocupen el condón.

Conozco aquí mujeres que tienen ocho hijos y están embarazadas y el esposo de la madre es un borracho. Bueno, usted conoce esta situación mejor que yo. Entonces, esta mujer acude al aborto, ¿cómo la vamos a condenar? Tiene que ser un proceso, a mi juicio, de mucha delicadeza y con el afán de defender la vida. En este país hablan mal de otros países porque aprueban el aborto, pero fíjese que yo digo... Yo soy de Bélgica y ahí han aprobado el aborto, pero discuten con mucha seriedad sobre este tema. ¿Cuándo puede darse un aborto? Eso es una cosa delicada, no es así nomás... "Ahí [Bélgica] todo el mundo puede abortar" No. Una religiosa española me dijo: "Las muchachas de clase media para arriba se van a Inglaterra de vacaciones, vuelven y no ha pasado nada". Se van a abortar en las mejores condiciones, con los mejores aparatos y médicos y vea a esa pobre mujer que acude a eso porque no sabe qué hacer, está desesperada. Es muy diferente.

¿Cuál es su posición con respecto a la homosexualidad?
Lo menos que podemos decir y hacer es respetar, porque yo conozco a algunas personas que son homosexuales y realmente así nacieron...

¿Cuándo dice conocer se refiere dentro de la Iglesia católica, o sea: religiosos?
Religiosos, también. Debemos de ir transformando un poco o cambiando un poco el chip en esta cuestión y verlo como un problema muy humano. El cristianismo no nos invita a marginar, no podemos marginar a nadie ni por el sexo ni por la raza ni por nada. No podemos marginar a ninguna persona...

¿Entonces una monja tiene todo el derecho, por ejemplo, a ser lesbiana, un obispo a ser homosexual...?
Estaba leyendo una vez las normas y la norma es que un tipo que tiene inclinaciones homosexuales no puede ser sacerdote... Bueno, habrá que debatir esto porque hay una marginación de por medio... Nosotros tenemos inclinaciones sexuales hacia la mujer y un homosexual tiene otra inclinación sexual... El celibato es otro problema...

Iba a preguntarle sobre el celibato, pero vamos en orden...
Ese es otro problema... Yo creo que deberíamos de llegar a una decisión, a una opción personal no tan estrechamente vinculada con el sacerdocio. Hay una manera de empecinarse en eso, pero al final van a tener que ceder por la razón que sea, pero van a tener que ceder porque son miles y miles que quieren trabajar pastoralmente, que mantienen su fe y todos sus deseos de trabajar en lo pastoral.

Hagamos un balance: desde que usted abandona Bélgica y viene a El Salvador, ¿qué fue lo que perdió y qué fue lo que ganó?
Yo hubiera podido trabajar en Bélgica, tal vez hubiera podido hacer un buen trabajo en una parroquia clásica, más tradicional. Pero aquí uno encuentra un espacio más emocionante. Hay tantas cosas que hacer, hay tantas situaciones que enfrentar, hay movimiento, hay debate, hay lucha. A cada rato uno está cuestionando y uno tiene que tomar decisiones. Me parece que aquí la realidad que se presenta es más emocionante. En Bélgica todo está ya un poco cuadriculado, el cristiano hace esto, aquello y punto. Todo está hecho. En El Salvador hay mucho por hacer y esto me emociona y me anima a meterme a platicar con la gente, a seguir pensando qué se puede hacer.

Imagino que lo que extraña de Bélgica es la cerveza.
¿La cerveza?

Claro.
Ah, sí. En Bélgica en la misa se toma cerveza. Allá a nadie le ofrecen agua. Nosotros teníamos la costumbre de tomar una cervecita con la comida, pero la gente nos tenía por bolos en Morazán. Aquí no aguantan eso. Tomábamos con el almuerzo una cervecita. Eso es una costumbre y además es muy sabroso, pero la gente que pasaba por la casa se daba cuenta y decía: "Estos curas son...". Fumar es lo mismo. Es mal visto. Entonces, decidimos ya no tomar nada. Pero hace falta tomar una cerveza. Eso es muy de nosotros en Bélgica.

¿Cuál es su opinión sobre la posibilidad de que la Iglesia católica tenga que involucrarse, por ejemplo, en el tema de las pandillas?
Todas las iglesias deberíamos de buscar cómo podemos aportar para resolver ese problema y tendría que ser más a nivel de prevención, porque estoy convencidísimo de que la represión no va a resolver el problema. Si yo a usted le golpeo, usted va a reaccionar... A mí me indigna cada vez que veo en la televisión que tiran a los jóvenes en el suelo, los desnudan, los golpean, los amarran... Después les queda en el corazón el sentimiento de rencor. Yo estaba simpatizando bastante con la tregua, no como la solución de todo el problema, sino, la tregua como un aporte

¿Usted tiene una buena opinión sobre el papa Francisco?
Sí, yo tengo una buena idea sobre él y está haciendo esfuerzos. Me acuerdo de una frase de él: tenemos que preocuparnos primero por el hambre, preocuparnos que los niños tengan qué comer y tengan educación y después podemos discutir temas de teología... Algo así dijo. Bonito, bonito. Claro, hasta dónde él va a poder realizar sus sueños... Está queriendo empujar una reforma, lo que me parece sumamente necesario, pero es enfrentarse con gente. No gente sencilla. 

*Esta conversación vio la luz en el periódico digital El Faro en 2014.

** La fotografía que acompaña esta conversación pertenece al Museo de la Palabra y la Imagen (Mupi).

lunes, 3 de abril de 2017

Charles Clements: “Comprendí que la guerra es inmoral” (I)



Hizo suya la tradición militar de su familia. Voló sobre el cielo de Vietnam como piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Fue testigo de cómo la guerra desollaba a sus víctimas sin ningún tipo de piedad.

También vio cómo sus compañeros de guerra caían en combate o eran anunciados por la radio como una estadística mortal que cumplió “con el deber de servir a la patria”.

Decepcionado de la guerra y de la intervención político-militar de su país en la soberanía de otras naciones, Charles Clementes decidió estudiar medicina hasta culminar su carrera como médico. Se hizo pacifista y abrazó el dogma de la “no violencia” hasta llegar a convertirse en un “cuáquero” —especie de religioso que lleva como insignia la defensa de la justicia, la paz, la igualdad y el respeto a los derechos humanos— a través de su propio testimonio. Es decir: de lo visto y vivido en carne propia hizo una filosofía de vida.

El norteamericano se interesó por El Salvador y en el año 1982 fue designado —luego de un intenso proceso de evaluación por miembros del FMLN— al municipio de Guazapa. Ahí el ejército salvadoreño hacía llover bombas, balas y fósforo blanco sobre la población civil que era acusada de ser cómplice de la insurgencia.

 “Camilo” fue el seudónimo que utilizó Charles Clements durante su incorporación al frente de guerra como médico. Convivió un año con la población civil y los guerrilleros. Luego decidió irse a su país para dar testimonio de cómo los pobladores de El Salvador eran torturados, desaparecidos y asesinados bajo el apoyo económico, la asesoría militar y la complacencia del gobierno estadounidense.

Sus declaraciones ante el Congreso estadounidense, sus escritos testimoniales, sus giras por los estados de su país y su apoyo a la difusión de documentales sobre Guazapa y la realidad salvadoreña ayudaron a poner la mirada internacional sobre El Salvador, donde el margen político estaba enfáticamente delimitado. Atravesar esa frontera significaba llegar a la muerte. O a la desaparición absoluta.

¿Cómo recuerda usted los años en los que acompañó la lucha armada en El Salvador y su compromiso con la gente más necesitada de Guazapa?
Era una época muy difícil. [Recuerdo] que hubo unas reuniones con otros médicos y brigadistas, pacientes y compañeros del FMLN. Tengo muchos recuerdos [de personas] que no están con nosotros ahorita, que no pueden vivir este momento tan especial [se refiere al triunfo de la izquierda en el poder], pero recuerdo de ellos el valor, la fe, la determinación de los campesinos y campesinas. Ojalá ellos estén viviendo todavía.

¿Ha podido reunirse con las personas que menciona en su libro “Guazapa” en esta visita que ha hecho en el país?
Sí, con un médico que se llama Elario y con la brigadista Camila y también con la mujer que salvó mi vida cuando tenía paludismo: Mamá Lina. Tuve un encuentro muy emotivo con ella. El hijo de ella es el acalde de Suchitoto y se llama Walter [Antonio Juan Javier Martínez]. [Recuerda en voz alta] El “Rojo Dimas” [Dimas Rodríguez: comandante del FMLN quien murió en combate en 1989]. Su esposa murió en mi mesa de operaciones. Estuvo sangrando por muchas horas en estado de embarazo…

¿Cómo fue que Mamá Lina le salvó la vida?
Me dio paludismo. Tuve fiebres. Me bañaba constantemente con agua fría. Me dio muchos líquidos, aspirina. Eso me ayudó a tener un balance interno.

¿Hubo algún momento en la guerra en la que usted sintió que iba a perder la vida, ya sea en un bombardeo, combate o guinda?
En la primera guinda de Copapayo pensaba que íbamos a morir en esa noche porque había una línea de soldados alrededor de Suchitoto. Estábamos atrapados, pero por un milagro cruzamos la línea con muchos civiles, con madres y sus hijos… Una madre tapó la boca de su hija porque lloraba mucho… eso fue muy triste, muy triste…Ella salvó la vida de todos nosotros… [Silencio]

¿La madre sacrificó a su hijo para que no murieran todos?
Sí, sí… No fue su intención. Fue por accidente… Teníamos mucho miedo. Los soldados estaban muy cerquita de nosotros… Después el ejército mató a más 300 personas en Copapayo en otra guinda. Fue en noviembre de 1983. Murieron niños, mujeres, ancianos…

¿Ese episodio es el mismo que está en su libro?
Sí, está en el libro.

¿Cómo empezó su decisión de ayudar a El Salvador mientras seguía en su país?
Mi familia fue militar. Mi papá fue coronel en la Fuerza Área, mi hermano se incorporó a la armada estadounidense. Yo fui piloto en Vietnam. Después de unos meses ahí comprendí que la guerra es inmoral, ilegal. [La guerra de Vietnam] era un asunto de los vietnamitas. No era de Rusia y los Estados Unidos. Luego yo asistí a la Escuela de Medicina en California. Ahí encontré muchos recursos [información] sobre los Escuadrones de la Muerte. Encontré que mi país estaba enviando asesores ahí con helicópteros… Me pareció que otro Vietnam estaba empezando en El Salvador. Entonces yo quise hacer algo para prevenirlo…

¿Contactó al FMLN en Estados Unidos y luego vino a los frentes de guerra?
Me dirigieron a la ciudad de México… Estuve ahí por unas semanas para aprender español y arreglar asuntos con el FMLN. Yo tengo tres condiciones [para venir a El Salvador e incorporarse a la guerra]: No voy a usar un arma, trabajaré con los civiles y  con el derecho de asistir a cualquier persona. No importa si es soldado o es guerrillero el que necesite atención médica.

¿Por qué eligió Guazapa como lugar para brindar ayuda?
Fue decisión de ellos [FMLN]. Yo no conocía ningún lugar dentro de El Salvador.

¿Cuáles fueron las dificultades que usted tuvo para ejercer su profesión de médico en momentos tan difíciles?
Guazapa era una tierra de fuego libre. Cada día los aviones pasaban para Chalatenango o para Morazán y cuando los aviones pasaban por ese lugar, pues regresaban con bombas y municiones. Guazapa era el lugar para descargarlos. Casi todos los días había ataques de los aviones… Había pocas camillas para los niños. No teníamos medicinas y había pocos médicos. Un tiempo muy difícil…

En esa penumbra y en esa oscuridad durante la guerra, ¿qué recuerdo tiene que le parezca hermoso, generoso con usted?
Cuando yo entré a Guazapa —ahora me parece algo muy bonito— y después de meses de muchas enfermedades cuando quedé muy pechito [delgado] como dicen los campesinos, [en ese momento] todos teníamos mucha hambre y ellos me miraban [los campesinos] y me daban comida. Me daban huevos, tortillas para ayudarme y me decían: “Esta es su comida…” La generosidad de los campesinos —que no tienen mucho— es un acto y un recuerdo que yo nunca voy a olvidar.

Usted se va de El Salvador a finales de 1983 y pasa a otro escenario. ¿Cómo se percibía la guerra desde fuera?
Me fui de El Salvador para conseguir dinero y medicinas, pero después de unos meses en los Estados Unidos tomé una decisión muy difícil para mí y era quedarme ahí [Estados Unidos] para hablar de la ayuda tremenda de los Estados Unidos a los militares de El Salvador. Por eso di mi testimonio en el Congreso estadounidense y arreglé muchas delegaciones para los congresistas para que pudieran ver con sus propios ojos lo que estaba pasando aquí. Di mi testimonio y discurso en casi cincuenta estados sobre lo que pasaba aquí y trabajé mucho para que terminara la guerra en este país. Después de 10 años me sentí muy feliz cuando fui un huésped especial en Chapultepec (México) para ver los acuerdos de paz. Fue el día más feliz cuando los comandantes y generales firmaban el acuerdo.

¿Cómo percibe ahora a este FMLN en el poder con el que usted conoció en Guazapa?
No soy un experto, pero dentro del Frente en tiempos difíciles siempre fue un partido democrático. Ha creado espacio para las mujeres y los ancianos. Es un partido que tiene interés en la justicia e igualdad. Mis experiencias en la década de 1980 con el FMLN me dan la confianza en su capacidad de ser un buen gobierno de esperanza.

¿Qué opinión tiene usted cuando Mauricio Funes —que en todos sus discursos— ha mencionado a monseñor Romero como el guía que él pone frente a su gobierno para beneficiar a los más necesitados, a los más pobres?
Escuché un poco el discurso de la victoria de Mauricio Funes cuando dijo: “Mi gobierno tendrá una opción preferencial por los pobres como monseñor Romero la tuvo”. En ese momento decidí que debía estar en la toma de posesión porque monseñor es muy importante para mí también. Me tocó mucho cuando él [Mauricio Funes] estuvo el lunes por la mañana [1 de junio de 2009] en la tumba de monseñor en un día muy importante.

¿Cómo percibe El Salvador hoy con los difíciles años de 1980?
Todavía es un país de pobres. Hay mucha pobreza, pero es un país abierto. Ya no tiene mucho medio y tiene muchas posibilidades de cambiar su situación de pobreza. El Salvador es hoy un país con muchas esperanzas. En la década de 1980 era un país con mucho miedo, tristeza y dolor.

Háblenos sobre los documentales de Guazapa y sobre su persona
Cuando entré y estuve en Guazapa hubo unos periodistas que estaban haciendo películas sobre el FMLN. Hubo unas entrevistas conmigo. Esta película hoy es parte de muchos documentales. Uno se llama “Guazapa” y otra “En el nombre del pueblo”. Le comenté a un cuáquero de los Estados Unidos e hizo un documental que se llama “El testigo de la guerra”. En formato libro también se llama igual. En español se llama “Guazapa”. Estas personas hicieron la película sobre mi viaje como piloto a Vietnam y como médico en el frente de guerra de El Salvador. El documental ganó un premio de la Academy Awards  en 1985. No tenía ningún papel para hacer esta película [sin embargo] era el sujeto de la película.

Al salir de El Salvador usted va al Congreso y hace conferencias sobre la situación del país. ¿Qué repercusiones políticas tuvo usted?
Los congresistas hablaron con las víctimas, con las madres de los desaparecidos, Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador y con los militares. Ellos se fueron [de El Salvador] con una visión muy diferente sobre la guerra y hubo poco a poco el apoyo en el Congreso para la ayuda militar en El Salvador, pero costó mucho tiempo cambiar la actitud de los congresistas porque Reagan era muy popular.

Usted tuvo formación militar y por tal razón quiero preguntarle ¿qué piensa de la Escuela de la Américas?
Yo estuve ahí el año pasado. Fui a dar un discurso contra la Escuela de las Américas. Ahí estaba como huésped Jon Sobrino (teólogo español quien se salvó de ser asesinado por el ejército salvadoreño en 1989) para dar un discurso. Debemos cerrar la Escuela de la Américas. Hubo muchas masacres aquí [El Salvador] como en Copapayo. Estas masacres están relacionadas con oficiales y escuadrones de la muerte que tuvieron entrenamiento en la Escuela de las Américas.




¿Cuáles son los proyectos actualmente del Dr. Clements?
Mi país está involucrado en muchos lugares alrededor del mundo como en Afganistán, Iraq. Es por eso que yo estuve en El Salvador en la década de 1980 por los actos de mi gobierno. Yo tengo mucha responsabilidad en reparar el daño que hizo mi país en muchos lugares. Tengo mucho trabajo con los derechos humanos alrededor del mundo.

¿Ahora está en la elaboración de un nuevo documental?
Sí, Don North [corresponsal de guerra quien estuvo en El Salvador e hizo el documental “Guazapa” filmado en los primeros años de 1980] está haciendo una película nueva siempre sobre Guazapa que se llama: “Guazapa, enemigos del ayer” [la cual ha sido presentada en EUA por vez primera de forma parcial]. Don fue a Guazapa para hablar con las personas que sobrevivieron y ver qué está pasando ahora en sus vidas. Es un documental muy interesante porque es una trayectoria de 27 años. El documental es financiado por North y por el amor que le tiene al pueblo salvadoreño. Don North quiere distribuir ampliamente la película dentro de El Salvador y queremos conseguir dinero para eso.


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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]