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sábado, 8 de abril de 2017

Levi Ponce: El rotulista salvadoreño de Pacoima



A Levi Ponce le gustan las paredes. Las escala sin vértigo ni miedo. Hace grandes obras de arte en esos lienzos interminables de oportunidad creadora. En esos muros hay espacio para Jimi Hendrix, Danny Trejo, Michael Jackson. U hombres de la ciencia como Albert Einstein. También para réplicas de otras obras como la Mona Lisa, pero con sobrero de charro y fusil al hombro.

Nació en Los Ángeles, Estados Unidos. Específicamente en Pacoima. Por el torrente sanguíneo de este artista corre la herencia de El Salvador. El papá de Levi Ponce salió de Ciudad Delgado para dejar atrás la pobreza, pero no a su país. Juan Héctor Ponce se fue con 17 colones y pasó una larga temporada en México, luego saltó al Norte. Ahí se ganó la vida pintando negocios. Esa manera de sobrevivir le sirvió a Levi Ponce de ejemplo para convertirse en muralista.

“Mi español no es bueno”, advierte el artista salvadoreño. Quizás por eso se hace llamar “rotulista” en vez de muralista. Y sin remilgos acepta que es “joven y mi carrera apenas empieza”. Pero fue el padre quien le inculcó el amor por la pintura, las brochas y las escaleras.  

“Le ayudaba a mi papá desde que aprendí a usar el baño yo solo. Empecé a pintar por mi cuenta en la secundaria y como rotulista al empezar la universidad. Hacía por dinero muralitos, letreros en ventanas, restaurantes...”.




Ahora el artista es un renombrado creador. La comunidad de Pacoima lo adora, no solo porque ha embellecido las paredes de la zona, sino porque su entusiasmo ha contagiado a niños y jóvenes. Es todo un trabajo comunitario que ha llamado la atención de los medios de comunicación como Los Angeles Times, The Daily News, Fox 11’s Good Day LA, CNN Latino, BBC Mundo, Univisión, Telemundo, Azteca TV, Vans Art, KPFK 90.7FM, La Opinión, KCET, The Huffington Post y otros espacios dedicados a difundir el arte.

Levi Ponce domina el terreno digital. Ha estudiado animación y realiza trabajos privados, pero su felicidad es intervenir las paredes. Crear con su comunidad.

Un día decidió que el actor Danny Trejo (“Desesperado” con Antonio Banderas y Salma Hayek) figurara en una de sus creaciones. Esto llegó a oídos del actor de origen mexicano y fue al lugar para comprobarlo.

“Cuando empecé a pintar el mural a él le avisaron ese mismo día y llegó esa misma tarde. Sorprendido y muy alegre me dijo que el mural era mucho mejor que una estrellita chica en el piso de Hollywood”.

La obra de Levi Ponce está fuertemente influenciada por la cultura mexicana. Eso se debe a que Pacoima alberga a cientos de mexicanos. Sin embargo —cuando de raíces se trata— el artista vuelve la mirada hacia su padre.

“Mi papá —Juan Héctor Ponce— es la influencia más grande. Con él aprendí a pintar. Estoy muy orgulloso de ser salvadoreño y de ayudar a nuestra gente a brillar en el mundo del arte aquí en Estados Unidos”.

Sobre la población de Pacoima, el artista afirma que “me encanta que se involucre en mi obra. Es un gran placer conocer a tanta gente en mi comunidad. Son tantos amigos [los que tengo por ello]”.



Las manos que quieren pintar con Levi Ponce aparecen día con día. El artista baraja una solución para la firma colectiva:

“Posiblemente les dé crédito en mi sitio electrónico. No es lo mismo, pero sería la solución más práctica. También puede ser que ya no los firme ni yo ni ellos. De todos modos el mural no tiene dueño y la gente ya conoce mi trabajo. Dice que es muy distinto [al resto]”.

La intervención de un muro le toma a Levi Ponce entre un día o una semana. Todo depende de la pared y del diseño. Los primeros trabajos del artista fueron en blanco y negro. Utilizaba un galón de pintura por color. Ahora pinta a colores. Resulta más caro, pero tiene organizaciones que le donan la pintura, los alimentos y a veces hasta el dinero.

“Para la comunidad de Pacoima lo hago de todo corazón”, aclara Levi Ponce sin titubear.

Y como él mismo afirma: “las brochas me han llevado desde Los Ángeles hasta Nueva York y otros lugares entre medio”.



El rotulista ya conoció El Salvador. Estuvo en 2012. Por supuesto que lo primero que hizo fue ver las paredes de su país.

“San Salvador tiene paredes grandes que me han gustado mucho. Cada vez pienso pintar murales más y más grandes hasta que el Señor me diga que ya no. Tengo el sueño de pintar el más largo del mundo. Sería de unos 3.000 pies. No me da miedo ni problema el arte ni la escala. Lo que cuesta es encontrar paredes así de largas. Pintar la pared más alta también sería algo espectacular. Me río de las alturas”.

lunes, 3 de abril de 2017

Charles Clements: “Comprendí que la guerra es inmoral” (I)



Hizo suya la tradición militar de su familia. Voló sobre el cielo de Vietnam como piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Fue testigo de cómo la guerra desollaba a sus víctimas sin ningún tipo de piedad.

También vio cómo sus compañeros de guerra caían en combate o eran anunciados por la radio como una estadística mortal que cumplió “con el deber de servir a la patria”.

Decepcionado de la guerra y de la intervención político-militar de su país en la soberanía de otras naciones, Charles Clementes decidió estudiar medicina hasta culminar su carrera como médico. Se hizo pacifista y abrazó el dogma de la “no violencia” hasta llegar a convertirse en un “cuáquero” —especie de religioso que lleva como insignia la defensa de la justicia, la paz, la igualdad y el respeto a los derechos humanos— a través de su propio testimonio. Es decir: de lo visto y vivido en carne propia hizo una filosofía de vida.

El norteamericano se interesó por El Salvador y en el año 1982 fue designado —luego de un intenso proceso de evaluación por miembros del FMLN— al municipio de Guazapa. Ahí el ejército salvadoreño hacía llover bombas, balas y fósforo blanco sobre la población civil que era acusada de ser cómplice de la insurgencia.

 “Camilo” fue el seudónimo que utilizó Charles Clements durante su incorporación al frente de guerra como médico. Convivió un año con la población civil y los guerrilleros. Luego decidió irse a su país para dar testimonio de cómo los pobladores de El Salvador eran torturados, desaparecidos y asesinados bajo el apoyo económico, la asesoría militar y la complacencia del gobierno estadounidense.

Sus declaraciones ante el Congreso estadounidense, sus escritos testimoniales, sus giras por los estados de su país y su apoyo a la difusión de documentales sobre Guazapa y la realidad salvadoreña ayudaron a poner la mirada internacional sobre El Salvador, donde el margen político estaba enfáticamente delimitado. Atravesar esa frontera significaba llegar a la muerte. O a la desaparición absoluta.

¿Cómo recuerda usted los años en los que acompañó la lucha armada en El Salvador y su compromiso con la gente más necesitada de Guazapa?
Era una época muy difícil. [Recuerdo] que hubo unas reuniones con otros médicos y brigadistas, pacientes y compañeros del FMLN. Tengo muchos recuerdos [de personas] que no están con nosotros ahorita, que no pueden vivir este momento tan especial [se refiere al triunfo de la izquierda en el poder], pero recuerdo de ellos el valor, la fe, la determinación de los campesinos y campesinas. Ojalá ellos estén viviendo todavía.

¿Ha podido reunirse con las personas que menciona en su libro “Guazapa” en esta visita que ha hecho en el país?
Sí, con un médico que se llama Elario y con la brigadista Camila y también con la mujer que salvó mi vida cuando tenía paludismo: Mamá Lina. Tuve un encuentro muy emotivo con ella. El hijo de ella es el acalde de Suchitoto y se llama Walter [Antonio Juan Javier Martínez]. [Recuerda en voz alta] El “Rojo Dimas” [Dimas Rodríguez: comandante del FMLN quien murió en combate en 1989]. Su esposa murió en mi mesa de operaciones. Estuvo sangrando por muchas horas en estado de embarazo…

¿Cómo fue que Mamá Lina le salvó la vida?
Me dio paludismo. Tuve fiebres. Me bañaba constantemente con agua fría. Me dio muchos líquidos, aspirina. Eso me ayudó a tener un balance interno.

¿Hubo algún momento en la guerra en la que usted sintió que iba a perder la vida, ya sea en un bombardeo, combate o guinda?
En la primera guinda de Copapayo pensaba que íbamos a morir en esa noche porque había una línea de soldados alrededor de Suchitoto. Estábamos atrapados, pero por un milagro cruzamos la línea con muchos civiles, con madres y sus hijos… Una madre tapó la boca de su hija porque lloraba mucho… eso fue muy triste, muy triste…Ella salvó la vida de todos nosotros… [Silencio]

¿La madre sacrificó a su hijo para que no murieran todos?
Sí, sí… No fue su intención. Fue por accidente… Teníamos mucho miedo. Los soldados estaban muy cerquita de nosotros… Después el ejército mató a más 300 personas en Copapayo en otra guinda. Fue en noviembre de 1983. Murieron niños, mujeres, ancianos…

¿Ese episodio es el mismo que está en su libro?
Sí, está en el libro.

¿Cómo empezó su decisión de ayudar a El Salvador mientras seguía en su país?
Mi familia fue militar. Mi papá fue coronel en la Fuerza Área, mi hermano se incorporó a la armada estadounidense. Yo fui piloto en Vietnam. Después de unos meses ahí comprendí que la guerra es inmoral, ilegal. [La guerra de Vietnam] era un asunto de los vietnamitas. No era de Rusia y los Estados Unidos. Luego yo asistí a la Escuela de Medicina en California. Ahí encontré muchos recursos [información] sobre los Escuadrones de la Muerte. Encontré que mi país estaba enviando asesores ahí con helicópteros… Me pareció que otro Vietnam estaba empezando en El Salvador. Entonces yo quise hacer algo para prevenirlo…

¿Contactó al FMLN en Estados Unidos y luego vino a los frentes de guerra?
Me dirigieron a la ciudad de México… Estuve ahí por unas semanas para aprender español y arreglar asuntos con el FMLN. Yo tengo tres condiciones [para venir a El Salvador e incorporarse a la guerra]: No voy a usar un arma, trabajaré con los civiles y  con el derecho de asistir a cualquier persona. No importa si es soldado o es guerrillero el que necesite atención médica.

¿Por qué eligió Guazapa como lugar para brindar ayuda?
Fue decisión de ellos [FMLN]. Yo no conocía ningún lugar dentro de El Salvador.

¿Cuáles fueron las dificultades que usted tuvo para ejercer su profesión de médico en momentos tan difíciles?
Guazapa era una tierra de fuego libre. Cada día los aviones pasaban para Chalatenango o para Morazán y cuando los aviones pasaban por ese lugar, pues regresaban con bombas y municiones. Guazapa era el lugar para descargarlos. Casi todos los días había ataques de los aviones… Había pocas camillas para los niños. No teníamos medicinas y había pocos médicos. Un tiempo muy difícil…

En esa penumbra y en esa oscuridad durante la guerra, ¿qué recuerdo tiene que le parezca hermoso, generoso con usted?
Cuando yo entré a Guazapa —ahora me parece algo muy bonito— y después de meses de muchas enfermedades cuando quedé muy pechito [delgado] como dicen los campesinos, [en ese momento] todos teníamos mucha hambre y ellos me miraban [los campesinos] y me daban comida. Me daban huevos, tortillas para ayudarme y me decían: “Esta es su comida…” La generosidad de los campesinos —que no tienen mucho— es un acto y un recuerdo que yo nunca voy a olvidar.

Usted se va de El Salvador a finales de 1983 y pasa a otro escenario. ¿Cómo se percibía la guerra desde fuera?
Me fui de El Salvador para conseguir dinero y medicinas, pero después de unos meses en los Estados Unidos tomé una decisión muy difícil para mí y era quedarme ahí [Estados Unidos] para hablar de la ayuda tremenda de los Estados Unidos a los militares de El Salvador. Por eso di mi testimonio en el Congreso estadounidense y arreglé muchas delegaciones para los congresistas para que pudieran ver con sus propios ojos lo que estaba pasando aquí. Di mi testimonio y discurso en casi cincuenta estados sobre lo que pasaba aquí y trabajé mucho para que terminara la guerra en este país. Después de 10 años me sentí muy feliz cuando fui un huésped especial en Chapultepec (México) para ver los acuerdos de paz. Fue el día más feliz cuando los comandantes y generales firmaban el acuerdo.

¿Cómo percibe ahora a este FMLN en el poder con el que usted conoció en Guazapa?
No soy un experto, pero dentro del Frente en tiempos difíciles siempre fue un partido democrático. Ha creado espacio para las mujeres y los ancianos. Es un partido que tiene interés en la justicia e igualdad. Mis experiencias en la década de 1980 con el FMLN me dan la confianza en su capacidad de ser un buen gobierno de esperanza.

¿Qué opinión tiene usted cuando Mauricio Funes —que en todos sus discursos— ha mencionado a monseñor Romero como el guía que él pone frente a su gobierno para beneficiar a los más necesitados, a los más pobres?
Escuché un poco el discurso de la victoria de Mauricio Funes cuando dijo: “Mi gobierno tendrá una opción preferencial por los pobres como monseñor Romero la tuvo”. En ese momento decidí que debía estar en la toma de posesión porque monseñor es muy importante para mí también. Me tocó mucho cuando él [Mauricio Funes] estuvo el lunes por la mañana [1 de junio de 2009] en la tumba de monseñor en un día muy importante.

¿Cómo percibe El Salvador hoy con los difíciles años de 1980?
Todavía es un país de pobres. Hay mucha pobreza, pero es un país abierto. Ya no tiene mucho medio y tiene muchas posibilidades de cambiar su situación de pobreza. El Salvador es hoy un país con muchas esperanzas. En la década de 1980 era un país con mucho miedo, tristeza y dolor.

Háblenos sobre los documentales de Guazapa y sobre su persona
Cuando entré y estuve en Guazapa hubo unos periodistas que estaban haciendo películas sobre el FMLN. Hubo unas entrevistas conmigo. Esta película hoy es parte de muchos documentales. Uno se llama “Guazapa” y otra “En el nombre del pueblo”. Le comenté a un cuáquero de los Estados Unidos e hizo un documental que se llama “El testigo de la guerra”. En formato libro también se llama igual. En español se llama “Guazapa”. Estas personas hicieron la película sobre mi viaje como piloto a Vietnam y como médico en el frente de guerra de El Salvador. El documental ganó un premio de la Academy Awards  en 1985. No tenía ningún papel para hacer esta película [sin embargo] era el sujeto de la película.

Al salir de El Salvador usted va al Congreso y hace conferencias sobre la situación del país. ¿Qué repercusiones políticas tuvo usted?
Los congresistas hablaron con las víctimas, con las madres de los desaparecidos, Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador y con los militares. Ellos se fueron [de El Salvador] con una visión muy diferente sobre la guerra y hubo poco a poco el apoyo en el Congreso para la ayuda militar en El Salvador, pero costó mucho tiempo cambiar la actitud de los congresistas porque Reagan era muy popular.

Usted tuvo formación militar y por tal razón quiero preguntarle ¿qué piensa de la Escuela de la Américas?
Yo estuve ahí el año pasado. Fui a dar un discurso contra la Escuela de las Américas. Ahí estaba como huésped Jon Sobrino (teólogo español quien se salvó de ser asesinado por el ejército salvadoreño en 1989) para dar un discurso. Debemos cerrar la Escuela de la Américas. Hubo muchas masacres aquí [El Salvador] como en Copapayo. Estas masacres están relacionadas con oficiales y escuadrones de la muerte que tuvieron entrenamiento en la Escuela de las Américas.




¿Cuáles son los proyectos actualmente del Dr. Clements?
Mi país está involucrado en muchos lugares alrededor del mundo como en Afganistán, Iraq. Es por eso que yo estuve en El Salvador en la década de 1980 por los actos de mi gobierno. Yo tengo mucha responsabilidad en reparar el daño que hizo mi país en muchos lugares. Tengo mucho trabajo con los derechos humanos alrededor del mundo.

¿Ahora está en la elaboración de un nuevo documental?
Sí, Don North [corresponsal de guerra quien estuvo en El Salvador e hizo el documental “Guazapa” filmado en los primeros años de 1980] está haciendo una película nueva siempre sobre Guazapa que se llama: “Guazapa, enemigos del ayer” [la cual ha sido presentada en EUA por vez primera de forma parcial]. Don fue a Guazapa para hablar con las personas que sobrevivieron y ver qué está pasando ahora en sus vidas. Es un documental muy interesante porque es una trayectoria de 27 años. El documental es financiado por North y por el amor que le tiene al pueblo salvadoreño. Don North quiere distribuir ampliamente la película dentro de El Salvador y queremos conseguir dinero para eso.


TAMBIÉN: 

Charles Clements: “El gobierno de los Estados Unidos promovió una dictadura violenta en El Salvador” (II)



Se bajó del avión que piloteaba y se dijo a sí mismo: “La guerra es una mierda. Es inmoral”. Vietnam estaba bajo la lluvia del Agente Naranja. La gente y la vegetación ardían bajo aquel compuesto químico.
Chalie Clements le dio un giro a su vida y se hizo médico. Se graduó en 1980. Eligió un país para brindar su ayuda: El Salvador. Se fue a Guazapa. La zona estaba controlada por la guerrilla. Anotaba todo lo que el ejército salvadoreño —entrenado y financiado por el gobierno de Estados Unidos— hacía a la población. Eran los primeros años de 1980.
El médico norteamericano estuvo un año con la insurgencia atendiendo a los civiles. Luego se marchó hacia su país para hacer una larga cruzada a favor de El Salvador. Allá denunció cómo su gobierno permitía la impunidad en la que se movían los Escuadrones de la Muerte en el país. Eso le valió amenazas de muerte que nunca se tomó en serio.
En Estados Unidos creó el Fondo de Asistencia Médica para El Salvador. Iba al Congreso a dar su testimonio de cómo los millones de dólares de Estados Unidos permitían al ejército de El Salvador perseguir, torturar, desaparecer y matar a civiles, religiosos y defensores de derechos humanos.
En 2015 dio su última clase de derechos humanos en la escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. Sigue involucrado en diversos asuntos relacionados con esta materia, pero muchos responden ahora a un nivel local en su pequeña ciudad en Colorado. Actualmente trabaja en el cuidado y salud de 60 adultos con capacidades especiales.
En algún momento le gustaría escribir el epílogo de su documental “Testigos de la Guerra” [ganador de un premio Óscar] y poder rastrear las vidas de la gente de su libro: “Guazapa. Testimonio de guerra de un médico norteamericano”.
En esta entrevista el Dr. Clements habla de la guerra, de cómo fue testigo de la firma de la paz, de la llegada al poder del FMLN, de Cuba y Donald Trump, del proceso de paz en Colombia. Eso sí: no se moja. Aún tiene una mirada romántica sobre el FMLN, pero afirma algo del expresidente Mauricio Funes: “él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN”.

¿Aún recuerda cuando sobrevolaba los cielos de Vietnam?
Sí.
¿Los vuelos que tripuló dejaron víctimas mortales? ¿Se arrepiente de eso?
Había un tipo de misión mucho más relevante como trasladar personas que estaban seriamente heridas, incluyendo civiles. Los tipos de vuelo que yo hacía no eran urgentes, es decir: los pacientes que trasladaba no necesitaban atención médica inmediata.
¿Qué le hizo dejar de ser piloto para ser médico?
Me rehusé a volar en más misiones el día antes de la invasión a Camboya, porque comencé a creer que la guerra era inmoral y a pesar de que no tenía un rol como combatiente —entiéndase que no viajaba con armas— yo llegué a pensar que mi trabajo contribuía a mantener la guerra.
Decidí años después convertirme en médico, porque me educaron con un sentido de servicio y como el servicio militar no era opción, me di cuenta de que existían muchas oportunidades de servir como médico.
¿Y por qué eligió a El Salvador para brindarle ayuda?
Porqué sentí que mi gobierno, el gobierno de los Estados Unidos estaba promoviendo una dictadura violenta ahí y que en algún momento se llegaría a una situación al estilo de Vietnam. Cuando tenía 24 años pensaba: “Si no los detenemos en Vietnam, los tenemos que detener en el Puente Golden Gate”. Y cuando tenía 36 años mi pensamiento era: “Si no los detenemos en El Salvador, los tendremos que detener en Río Grande”. Aprendí por las malas que la guerra de Vietnam no fue un asunto de seguridad nacional de los Estados Unidos y que era inmoral. No quería que eso mismo sucediera de nuevo.
Leí en su libro que no le fue bien con los guerrilleros. Algunos lo discriminaban. ¿Fue difícil para usted hacerse amigo de los insurgentes?
Era un gringo. No hablaba bien el español. Yo venía del país que proveía los aviones y las bombas que eran lanzadas prácticamente a diario en el país. Estaba escribiendo en mi diario todo el tiempo y eso estoy seguro que les generaba sospechas: “¿Acerca de quién escribe? ¿Qué está escribiendo?” Cualquier persona en una situación de stress es susceptible a los rumores. Entendí todo lo anterior y pensé que si tenía paciencia, todo funcionaría…Y así fue. Cuando la gente observa que compartes las mismas dificultades que ellos, entonces esto contribuye a crear lazos de confianza.
¿Qué recuerdo siempre tiene presente de la guerra de El Salvador?
Sin lugar a dudas mis memorias más queridas son la gentileza y la generosidad de la gente en Guazapa. Estábamos hambrientos todo el tiempo, pero siempre se las arreglaban para darme un huevo extra o un mango, porque tenía que caminar muchos kilómetros entre pueblitos. La gente era increíblemente valiente al enfrentar las amenazas recurrentes sobre una posible incursión militar en el lugar y los ataques aéreos.
Hay un documental que se llama “In the name of the people”. Usted aparece en él. También aparece un niño mensajero llamado Nico. Sus padres fueron asesinados por los escuadrones de la muerte. ¿Sabe qué pasó con Nico y dónde está?
He tratado de averiguar qué le pasó a Nico, pero nunca he tenido éxito. La gente en Guazapa cambió sus “alías” años después, entonces es muy posible que él lo haya hecho también.


¿Qué concepto tuvo de usted el gobierno de Estados Unidos durante la guerra mientras usted los denunciaba como asesores del ejército que asesinaba civiles y religiosos?
Pienso que no era muy popular en mi propio gobierno y recibí además muchas amenazas de muerte. No creo que hayan sido serias. Yo llevé cierto número de delegaciones del Congreso a la región para que nuestros tomadores de decisiones pudieran ver con sus propios ojos como se gastaba el dinero de nuestros impuestos. El gobierno bajo el presidente Reagan le mentía constantemente a la población sobre la conducta de los militares en El Salvador. Tantas veces como fue posible yo traté de aclarar esas distorsiones.
¿Qué significó para usted la invitación que le hicieron para que fuera testigo de la firma de la paz entre los guerrilleros y el gobierno de turno?
Fue un momento muy especial en mi vida, porque yo había jugado un pequeño rol en llevar a cabo las negociaciones. Pienso que Estados Unidos prolongó la guerra de forma innecesaria. Pedía que el FMLN dejara las armas aún antes de comenzar las negociaciones. Estados Unidos parecía ignorar el hecho de que los escuadrones de la muerte habían operado con impunidad y esperar que la guerrilla quedara desarmada era un suicidio. Cuando vi los lapiceros de los comandantes y de los generales firmar esos papeles, no pude controlar mis emociones, porque entendí que finalmente la guerra había terminado y que eso significaría un nuevo comienzo para El Salvador.
¿Qué sintió cuando vio llegar al FMLN al poder? Sé que el expresidente Funes lo invitó a la toma de posesión.
Yo viaja en tren desde Washington D.C. hasta Boston bastante tarde, cuando me informaron vía correo electrónico que el FMLN había ganado la elección presidencial. Fue un momento de sincera alegría y llegar a la toma de posesión fue muy especial, no solamente porque pude ver muchos colegas que no veía desde los tiempos de guerra, sino también porque la gente en El Salvador finalmente eligió un partido para gobernar que realmente representaba los intereses de los pobres.
¿Y qué ha escuchado sobre el desempeño del gobierno del FMLN? ¿Tiene aún un buen concepto de él?
Pienso que los resultados del gobierno del FMLN han sido mixtos, pero la realidad es que han tenido que enfrentar obstáculos tremendos de la corrupción de ARENA, niveles elevados de deuda y los problemas con las maras. Pienso que la elección de Salvador Sánchez Cerén fue la reafirmación para la agenda del partido FMLN y soy optimista que ellos puedan responder a todos los desafíos de la impunidad y de la Comisión de la Verdad. Las familias de las personas muertas o desaparecidas no merecen nada menos e incluso, aunque haya pasado todo este tiempo, merecen un castigo para los perpetradores. Por lo menos se debería de aclarar el récord histórico.
¿Y qué podría decir del expresidente Funes (autoexiliado y protegido por el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega) señalado por actos de corrupción, quien se negó a la derogación de la Ley de Amnistía y que resguardó a los militares que asesinaron a los padres jesuitas de la UCA?
Pienso que el fin de la administración del presidente Funes fue mejor que lo que dejaron los gobiernos de ARENA, pero él desilusionó todas las esperanzas que tenía el FMLN.
¿Cuál es su reacción ante la muerte de Fidel Castro? ¿Afectará esto al resto de la izquierda latinoamericana?
Pienso que Fidel Castro ha dejado una herencia muy importante en Latinoamérica. Por ejemplo con los miles de médicos que se encuentran prácticamente en cada país del hemisferio, que fueron entrenados en Cuba. Se me ocurre que 25 años atrás él entendió que no podía exportar la revolución y en lugar de la revolución comenzó a exportar médicos por toda Latinoamérica como un gesto de buena voluntad de Cuba. Justo en estas semanas una brigada de médicos norteamericanos entrenados en Cuba fungió como voluntarios en el Standing Rock para dar atención médica a los manifestantes en el lugar. El colegio médico que capacita doctores a lo largo de Latinoamérica y la instauración de los servicios médicos gratuitos en Cuba es una de sus herencias que más perdurará.
¿Y qué pasará ahora entre Cuba y Estados Unidos ante el triunfo de Donald Trump?
Pienso que Donald Trump es suficientemente pragmático para reconocer que un incremento en el comercio con la Isla hará más por construir puentes que el aislamiento y el embargo. Seguramente su período presidencial será impredecible, así como fue su campaña política, pero en el fondo es un hombre de negocios. Estoy seguro que Trump intentará beneficiarse de cualquier apertura de negocios en Cuba.
¿Cuál es su apreciación entre los acuerdos de paz que están por surgir entre las FARC y el gobierno? ¿Ve positivo que los crímenes de guerra no queden en la impunidad?
Pienso que la gente en Colombia habló cuando rechazó el primer acuerdo de paz que proveía muy poca responsabilidad y muchos beneficios a las FARC. Si se le atribuye responsabilidad a las FARC, por lo menos a través de una Comisión de la Verdad, entonces los paramilitares de la derecha deberían de ser tratados bajo el mismo estándar. Terminar una guerra de más de medio siglo en Colombia es una buena idea y los acuerdos que se negociaron en Cuba dejan la puerta abierta para las reparaciones más grandes en la historia del mundo. Esperemos que el gobierno de Colombia encuentre la voluntad y los fondos para implementarlas. Tiene que existir una deducción de responsabilidades para los crímenes más crueles contra la humanidad. No pueden existir limitaciones en estos casos ni en Colombia ni en El Salvador. No puede haber una amnistía para estos actos.
En El Salvador se declaró ilegal la Ley de Amnistía de 1993 y el país tiene una nueva guerra entre las pandillas y el gobierno. ¿En un contexto como este puede haber justicia para las víctimas del conflicto armado?
Si, aún puede haber deducción de responsabilidades para los perpetradores. Cuando la justicia no es posible, la verdad es una importante alternativa para las víctimas y sus familias. Los responsables puede que sean demasiado viejos o que ya hayan muerto, pero lo que han hecho sigue ahí y es una parte importante de los récords históricos.



lunes, 27 de marzo de 2017

Heinz Dieterich: “El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza”




Fue amigo y asesor de Hugo Chávez. También su crítico en público y en privado. Ahora no esconde sus señalamientos a la nociva forma en que ha gobernado Venezuela, Nicolás Maduro. Además es responsable de que en el mundo haya tenido resonancia el nunca bien nombrado "socialismo del siglo XXI". De hecho, afirma sobre este modelo que su "realización empírica no se ha logrado todavía" y que Chávez solo tuvo "ideas humanistas y nebulosas" al respecto. Y lo que hubo en Venezuela fue "un desarrollo democrático o socialdemocrático". Nada de socialismo.

A pesar de que se muestra crítico con la izquierda, el alemán Dieterich no ve con malos ojos la posible ley de amnistía que pueda surgir entre las FARC y el gobierno de Colombia. Tampoco le hace mala cara al canal interoceánico que quiere echar andar Daniel Ortega en Nicaragua. Y del FMLN dice que se ha mantenido en “los límites de la dominación oligárquica-imperial”. Es decir: nada de cambios.

El intelectual tiene claro algo: El Triángulo Norte es una República bananera. Y por eso Estados Unidos está contento con los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador. También pide que no nos engañemos: Llegue quien llegue a la Casa Blanca no borrará la intención de que Latinoamérica siga siendo el patio trasero del país del norte. Y añade que ningún gobernante estadounidense podrá librarse “del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero”.

Radicado en México, este investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) echa un vistazo a lo que ocurre en Latinoamérica con énfasis en Venezuela, “epicentro” de varios gobiernos de izquierda en la región.

Le escuché decir por televisión a un excomandante guerrillero de El Salvador que el socialismo del siglo XXI no existe, que nunca ha existido. A usted se le endosa —a través de Chávez— el surgimiento de esta visión sociopolítica. ¿Qué dice al respecto? ¿Existió? ¿Existe?

El socialismo del siglo XXI es el paradigma científico de una sociedad poscapitalista elaborado durante treinta años por destacados científicos de vanguardia en ciencias sociales, ciencias naturales y tecnológicas de Alemania y Gran Bretaña. Es el único paradigma existente científicamente irrefutable para sustituir a la sociedad  capitalista actual a través de la economía de equivalencia, basada en el valor del trabajo y en la democracia participativa.

Es decir: el socialismo del siglo XXI existe como teoría científica tal como existe la Teoría General de la Relatividad de Einstein. Su realización empírica no se ha logrado todavía; al igual que ciertas hipótesis de Einstein que apenas se comprobaron empíricamente un siglo después de su formulación. En cuanto al excomandante guerrillero hay tres posibilidades que explican su posición. Uno: es un ignorante en el sentido de la palabra (no está informado). Dos: se ha entregado al capitalismo y a los gringos y tres: una combinación de los dos (…) [Por mi parte] abrí el concepto y el debate después del colapso del socialismo del siglo XX en Alemania, Venezuela, etc. Introduje la fundamental calificación evolutiva del socialismo del siglo XX y del socialismo del siglo XXI sin la cual no se puede entender la situación en Cuba y los países desarrollistas latinoamericanos como Bolivia, Ecuador, etc. O las formas de transición en China y Vietnam. De este trabajo ha nacido el World Advanced Research Project y Group  (WARP). Es el único think tank [tanque de pensamiento] de izquierda transcapitalista global con científicos multidisciplinarios de vanguardia en Rusia, Alemania, Gran Bretaña, China, Vietnam, India, etc. Este grupo ha desarrollado la única plataforma de transición científica existente hacia la sociedad poscapitalista.

Si el Socialismo del Siglo XXI no se ha implementado, ¿por qué durante las elecciones presidenciales en Latinoamérica se ataca a esto que no ha cobrado vida aún?

Porque las campañas electorales de los Estados y partidos burgueses en Sudamérica como en Norteamérica son esencialmente ejercicios de mentiras y verdades a medias. Una de esas mentiras es que el socialismo del siglo XXI ha fracasado. Es una idiotez decirlo, porque un sistema social que no ha existido no puede haber fracasado. Pero con el bajo nivel informativo y educativo de nuestra gente esas mentiras dan puntos.

¿Cómo se implementaría en países como Latinoamérica en los que nuestros gobernantes no piensan o no arriesgan?

La gente responsable y ética debe explicar a la juventud, a los trabajadores, a los campesinos, etc. que existe esta alternativa. Este conocimiento junto con la creciente miseria en que la Patria Grande —Latinoamérica— se hunde, pues generaría la dinámica de transformación. El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza. Las ilusiones del socialpopulismo, la influencia reaccionaria del clero, la mediocridad, el oportunismo utilitarista y la castración política de nuestras universidades, intelectuales, sindicatos y partidos políticos —así como el control de las cabezas por los medios de la oligarquía— han generado una destrucción generalizada de cualquier “software” sensato de emancipación que haya existido. La burguesía ha logrado una confusión general en las cabezas de sus víctimas.

Tres en uno: ¿Cómo llegó a Chávez, cómo terminó convirtiéndose en su asesor y qué hizo romper la relación entre ambos?

Conocí a Chávez después de su triunfo electoral a través de un amigo ministro de Energía que antes había sido uno de los jefes de la guerrilla urbana en Caracas. Chávez salía de los cuarteles y aunque era muy inteligente y dialéctico, no tenía una estrategia de transformación del desastre nacional. Él solo tenía ideas humanistas y nebulosas. Dado que nunca le pedí dinero ni gratificaciones, pues le podía dar  —como amigo— mis opiniones con toda franqueza. Él apreciaba esto, porque lo que menos se le da a un presidente es la verdad. Todo su entorno buscaba prebendas ya que son oportunistas. Por eso apreciaba mi amistad y consejos. La relación se enfrió cuando yo decía públicamente que su gobernanza era buena, pero que era un desarrollo democrático o socialdemocrático y no el socialismo del siglo XXI. Obvio: no le convenía que contradijeran la razón de Estado, pero siguió siendo respetuoso. La derecha anticomunista de su corte también intrigó en este sentido y Cuba tampoco le dio ánimos para construir la nueva sociedad socialista paralelamente al desarrollo. Agrega a esto la amenaza del imperialismo y tienes un formidable vector de poder contra la implementación del socialismo del siglo XXI.


Recuerdo un perfil del periodista Jon Lee Anderson en el que hablaba de la soledad de Chávez, es decir: no entendían sus ideas sociopolíticas. ¿Qué opina?

La soledad de Hugo Chávez era la soledad del poder, es decir: la necesidad de sobrevivir en un mar de intrigantes, oportunistas y enemigos. Es la soledad de los dramas griegos o de Shakespeare. O sea: una propiedad inseparable de un alto poder concentrado. En lo personal era una peculiar mezcla de desconfianza “natural” y confianza ciega en los que él consideraba sus amigos.

¿Qué ha pasado en Venezuela recientemente? ¿Es el fortalecimiento de la derecha o asistimos a la decadencia de un heredero que no pudo sostener lo que Chávez había construido?

Las dos cosas. La ineptitud extrema del gobierno de Maduro-Cabello generó el deseo de un cambio en grandes partes de la población. Este deseo se reflejó en los resultados de las elecciones del 6-D. La derrota del gobierno está “made in Venezuela” por un gobierno que tiene cero idea de economía moderna.

A pesar de que la izquierda ha ganado en varios países de Latinoamérica, el sabor de boca que ha dejado es que los mismos de siempre —los saqueadores de sus países— volvieron con otra cara y otra piel.

“La izquierda” heredó los aparatos del Estado de los gobiernos oligárquicos, es decir: con todos sus vicios de corrupción, ineficiencia, etc. En algunos países los nuevos gobernantes tomaron medidas contra esos flagelos como en Bolivia y Ecuador y por eso están relativamente estables hoy en día. En Venezuela se prolongó de hecho al corrupto régimen de la cuarta República —La quinta fue la de Chávez. La sexta es la que nacerá— y se le potenció con los altos precios del petróleo. El resultado está a la vista.

A pesar de que se habla de un estado crítico del capitalismo, la derecha retoma los espacios de poder como ha sucedido en Argentina, Venezuela. En Guatemala eligen a un comediante ultraconservador. Evo Morales ha hecho represiones indígenas… ¿Qué está saliendo mal? ¿Son los partidos y sus políticas? ¿Es la sociedad y su pasividad? ¿Es la ausencia de nuevos proyectos políticos?

Democracia significa —en el “newspeak” estadunidense— libertad de negocios para el gran capital. En un sentido auténtico, obviamente. Significa poder decidir entre alternativas de gobernanza. Lo segundo no es el caso en América Latina. Las estructuras del poder de facto  —Iglesia, gran capital, medios, embajada gringa— son mucho más poderosas que los nuevos gobiernos  e imponen su lógica a mediano plazo.

Tras perder el gobierno de Maduro en el Congreso, ¿esto significa que el mandatario tiene los días contados en su gestión? Es decir, constitucionalmente se puede hacer un llamado a la ciudadanía para que decida si Maduro continúa o no al frente de Venezuela. ¿Usted qué vaticina?

Constitucionalmente se puede solicitar un referéndum revocatorio. Es difícil y tardado, pero probablemente tendría éxito. Depende de la recomposición interna del gobierno y si logra realizar medidas de salvación nacional. Es obvio que los militares ya se volvieron el factor dominante gubernamental y han dejado a Maduro como fachada. Pero que tengan el “know how” para salvar la economía, lo dudo. Ya es muy tarde (…) Maduro es el vocero del grupo dominante dentro del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y gobierno —que son los 22 militares que son ministros y gobernadores—. Maduro no gobierna. No determina las decisiones. Sólo las da a conocer.

La izquierda adora a Mujica, pero nadie sigue su ejemplo. Pareciera que en el resto de gobernantes se impone la frase de Facundo Cabral: “Mi tío era comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad”

Mujica tiene la ventaja de hablar francamente, y por supuesto: un respetable pasado como revolucionario. Pero durante su presidencia nunca pasó las líneas rojas de los gringos. Tampoco nunca hizo nada en términos de un socialismo del siglo XXI. O sea que fue un presidente socialdemócrata honesto dentro de la coyuntura de poder hemisférica. Ni más ni menos.

¿Qué papel juegan los llamados grupos minoritarios —comunidad indígena, gay, ninis— en la realidad de sus países?

Varía de país en país. Los indígenas son un poder real en Bolivia, Perú, Ecuador, México y Guatemala. Los ninis no son más que una fuerza potencial. Los gays son importantes para el avance de los derechos civiles, pero no tienen todavía mucha fuerza.

Desde su perspectiva, ¿qué pasará con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en el resto de países de Latinoamérica?

Con el colapso de Venezuela colapsan las estructuras hemisféricas creadas. Este epicentro de poder desaparecerá. En Venezuela, por ejemplo, hasta los economistas de centro piden que en la saneación de la economía nacional se supriman los términos beneficiosos del petróleo para Cuba y Nicaragua. Esto te da una idea de lo que va a pasar.

Las FARC entran en una fase en la que podrían hacer las paces con el gobierno y entra a ser partido político. Más allá de lo complejo de este tema, ¿qué piensa sobre las Leyes de Amnistía que se crean entre insurgencia y Estado después de los conflictos?

Hay que entender que leyes de amnistía son instrumentos políticos para la transición de una situación política a otra. No son instrumentos de justicia. Reflejan un impasse de poder entre dos adversarios en un status quo que se ha vuelto inviable. Esto no es satisfactorio, pero es la realidad. Si posteriormente se puede introducir aspectos de justicia como en el caso de Argentina posdictadura, pues entonces dependerá del desarrollo de la correlación de fuerzas de esos adversarios.

¿Qué panorama tiene sobre la forma de gobernar en Centroamérica?
No entiendo las razones  por la cuales la izquierda  guarda silencio ante otros gobiernos homólogos y deja de lado sus valores críticos y humanistas. Por ejemplo: es claro que la construcción del canal interoceánico que ha anunciado Ortega tiene intereses personales y ha creado conflictos en las comunidades sin dejar de lado los futuros daños ambientales.  Es decir: no hay voces al estilo José Saramago. ¿Concuerda conmigo?

No concuerdo contigo. Mi amiga Mónica Baltodano está en contra del canal y mi amigo Manuel Coronel está a favor. Ambos jugaron papeles importantes en la guerra de liberación del FSLN. A mi parecer el canal es la única posibilidad para Nicaragua de dar un salto cualitativo en la calidad de vida y el futuro del país. Obviamente Washington lo sabotea activa y subversivamente, porque quiere destruir el único gobierno progresista de Centroamérica. Todos los demás gobiernos son gobiernos títeres de la Casa Blanca carcomidos por el crimen organizado, la miseria popular y las tiranías oligárquicas. Es como en el ajedrez. Hay que ver el campo de batalla  completo antes de mover una ficha.

Si el gobierno de Nicaragua le parece progresista, ¿cómo califica al de El Salvador que ya gobernó cinco años y ha sido reelegido para otros cinco?

No dije que el gobierno nicaragüense es progresista [sí lo dijo]. Dije que el canal es la única posibilidad de un salto cualitativo para el país. Y la reelección del FMLN sólo expresa que se ha mantenido dentro de los límites de la dominación oligárquica-imperial. La criminal de guerra Jeanne Kirkpatrick —embajadora estadounidense ante la ONU— dijo que se tenía que regresar Nicaragua y El Salvador a su “estado natural” de “República bananera”. En El Salvador, Honduras y Guatemala se ha logrado.

¿Qué le pasó a Bernie Sanders, porqué sí Donald Trump? ¿Se necesitaba más Obamas en el mundo?

Sanders pidió más dinero para los militares que ya gastan más que las siete naciones siguientes —es decir: China, Rusia, etc.— y solicitó más cooperación con la OTAN. La OTAN es sin duda la organización criminal más peligrosa que ha conocido la humanidad. Nadie en el imperio puede escapar del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero. Es decir: su política frente a América Latina será siempre la de mantener a las banana republics en su patio trasero.

En cuanto a Obama, el DAESH —terroristas— es un proyecto de dominación regional de medio oriente y Asia central de Washington con vertientes desestabilizadoras contra Rusia y China y ejecutado por los eternos vasallos de Washington: Arabia Saudita, Turquía y las demás dictaduras feudal-mercantiles del Golfo. Esta fue la paloma de la paz de Obama que nos ha llevado al borde de una guerra nuclear en Siria.

¿Cómo evalúa la actual situación de Cuba? Esta pregunta se la hago desde el actual restablecimiento de las relaciones de la Isla con Estados Unidos y la visita del papa. Por otro lado, se la hago desde la historia (tiempo) en el que Fidel Castro ha salido mejor que sus discípulos en latinoamericanos.

Fidel comparte con Vietnam el gran honor revolucionario de haber derrotado al imperialismo de Occidente. Washington y sus títeres como Aznar, Uribe nunca lograron destruir a Cuba. Pero lograron impedir que Fidel desarrollara el socialismo del siglo XX hacia el socialismo del siglo XXI, que es la única forma en que el socialismo puede existir en este siglo. El resultado es que el país se ha quedado sin una narrativa de esperanza y está perdiendo la juventud y parte de la inteligencia que es fundamental para el futuro. La actual transición al estilo de Deng Hsiao Ping empieza muy tarde. Cuba se verá en peligro por el colapso de Venezuela y posiblemente terminará en el capitalismo del siglo XXI tras la muerte de Raúl Castro. Cuba ha escrito una gloriosa página en la historia de la rebelión de los pueblos contra la sociedad de clase. Pero la correlación de fuerzas internacionales y algunos errores estratégicos internos no permitieron llegar más lejos.

*Fotografía del periódico La Razón

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]