Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de junio de 2017

Jorge Dalton: El FMLN ha traicionado el legado y la figura Roque Dalton



Hace cuatro décadas al poeta Roque Dalton le dieron plomo a traición. Las balas salieron de la cúpula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Lo acusaron de ser agente espía cubano. Luego cambiaron la versión y dijeron que era miembro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Esto último cuajó en la mente de sus compañeros de armas y significó el fin para el poeta creador de “Taberna y otros lugares”.

Los que decidieron matar al poeta Roque Dalton siguen con vida. Uno de ellos es Joaquín Villalobos —fue asesor del expresidente mexicano, Felipe Calderón— y el otro es Jorge Meléndez —funcionario desde que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) llegó al poder—. El primero fue el que puso las balas en el cuerpo del poeta, el segundo fue el carcelero y el verdugo que le daba golpes, según la familia Dalton.

Jorge Dalton es cineasta e hijo del poeta salvadoreño asesinado en 1975. En esta breve conversación el artista señala que el crimen de su padre sigue impune gracias al FMLN.

“El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa”.

Jorge Dalton es productor de cine y televisión. Actualmente es el  director de Cine y Audiovisuales de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (Secultura). Ha vivido y trabajado en México, Estados Unidos, Honduras y  El Salvador. Ha dirigido un total de diecisiete documentales, diversos programas de televisión con temáticas de cine, revistas culturales, conciertos de música  en vivo y numerosos videoclips tanto en Cuba, México y  El Salvador.

También ha sido jurado del  Festival Internacional de Cine de Guadalajara, (México), Festival Internacional de Cine en Centroamérica, Ícaro (Guatemala) y Festival Latino de Nueva York (Estados Unidos).


Se cumplen 42 años de la desaparición física de Roque Dalton. ¿Todavía hay algo que decir?

El crimen del poeta Roque Dalton sigue en la absoluta  impunidad. Sus asesinos siguen sin esclarecer nada ni revelar el sitio donde se encuentran sus restos. Para colmo, el Estado se ha hecho cómplice del pacto de silencio de los asesinos.  Sigue siendo un acto de  gran injusticia y uno de los crímenes emblemáticos que no se han resuelto como es el caso del asesinato de los curas jesuitas de la Universidad Centroamericana, el de monseñor Romero y otros crímenes atroces que son parte de todo un sistema de impunidad en el cual han tenido mucho que ver la derecha y la izquierda. El Estado salvadoreño al no hacer nada al respecto se hace cómplice.

Como familia hicimos una carta al expresidente Mauricio Funes al inicio de su mandato. Mi hermano habló también con Hato Hasbun —secretario de Gobernabilidad de Casa Presidencial— y con otros miembros de la cúpula del Gobierno. Nos reunimos con Medardo González —secretario general del partido FMLN— directamente. Él nos aseguró que el FMLN no tenía responsabilidad en el nombramiento de Jorge Meléndez en ese primer gobierno. O sea: entendimos que tanto el matrimonio Mauricio Funes y Vanda Pignato fueron los que nombraron a Meléndez como funcionario.

Con el gobierno actual  del presidente Salvador Sánchez Cerén,  el FMLN ratificó en el cargo a Jorge Meléndez. Él está señalado de haber participado en el crimen de mi padre. Al inicio de este segundo mandato llegamos a la conclusión de que Medardo González también nos engañó. Comprobamos  que  ese nombramiento había sido algo pactado entre todos ellos y no fue un asunto solo de Funes y Vanda Pignato.

El FMLN ha traicionado el legado y la figura de Roque Dalton. Ha pisoteando su obra literaria y hasta su pensamiento político y todo lo que mi padre significa para El Salvador y el resto de Latinoamérica. Entonces, no les bastó no solo con ensuciar la memoria del poeta revolucionario, sino que engañaron a mi familia, engañaron y pisotearon a mi madre y han engañado también al pueblo salvadoreño.

Villalobos y Meléndez no solo  son responsables del crimen de mi padre, sino de otros crimines que incluso están en el Informe de la Comisión de la Verdad. Fue el FMLN quien —a Jorge Meléndez— lo ha elegido y protegido de la manera más  impune, desfachatada y vergonzosa durante todos estos años. Cada día el FMLN deja evidenciado que no le interesa la figura del poeta meritísimo Roque Dalton. He llegado a pensar que en el fondo detestan a mi padre y todo lo que su figura significa. El partido no ha movido un dedo en colaborar con el esclarecimiento del crimen porque no les interesa.

El resultado y la respuesta a nuestra carta de parte del expresidente Funes fue más que miserable. Se puso a la par del victimario y echó a un lado a las víctimas. Ofendió públicamente a mi familia utilizando todo su poder para anularnos cuando le prohibimos pronunciar el nombre de mi padre en sus discursos.

El muy miserable [del expresidente Funes] quería centrar su show político con el título del poemario “El turno del ofendido”. Y una ofensa recibimos luego que mi hermano le solicitó a Hato Hasbun que no usara el nombre de mi padre. Y la reacción del expresidente Funes fue la misma reacción de quienes han protegido a los asesinos y los torturadores de Latinoamérica. La actitud de la primera dama de entonces, Vanda Pignato no pudo ser más miserable también, porque nunca se acercó a darnos ni  la mínima explicación. Me imagino que ella tenía que ser fiel a sus vínculos de amistad con Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos. Este último es el asesino directo del poeta Roque Dalton.

Hace poco —en un centro comercial de San Salvador— la exprimera dama, Vanda Pignato se encontró con mi madre. Pignato la abrazó y la elogió de  manera  hipócrita y descarada. Mi madre tiene ya 85 años y cada vez es más frágil y sin fuerzas para reclamar nada. Y al parecer ella se irá de este mundo sin ver la tumba del padre de sus hijos. Hasta dónde ha llegado la desfachatez, la mentira y la impunidad de semejantes sabandijas en mayúsculas.


Hay una nueva generación de poetas en El Salvador. ¿Crees que Roque Dalton sigue siendo una influencia literaria?

Hay una nueva generación de poetas y escritores salvadoreños y seguramente mi padre seguirá siendo una gran influencia, pero creo que los escritores deberán crear estilos propios acordes a los nuevos tiempos. Esta nueva generación literaria tendrá que ingeniárselas para trascender y no quedarse en los localismos, los intentos y los esfuerzos. Esto es algo muy impregnado en la cultura salvadoreña a lo largo de la historia. Y no solo pasa con la literatura sino también  con el cine, las artes plásticas y las demás expresiones del arte. Hay un gran temor a trascender y eso ha sido un signo muy marcado de una cultura subdesarrollada. Un escritor debe ser también un intelectual en todos los sentidos. Debe ser parte de la conciencia crítica y generadora de un pensamiento que ayude a transformar la sociedad y eso en El Salvador de hoy es muy escaso. No hay una producción y un ambiente literario como existe en Nicaragua o Guatemala. El panorama literario aquí es difícil porque El Salvador no está catalogado como un país de lectores. Es un país en el que la gente no lee. Han desaparecido las librerías y las bibliotecas están vacías.  La gente se reúne en un bar o un café para  hablar de política, para hablar de cualquier cosa menos de arte y cultura.  Consumen televisión de manera sedienta para ver desfilar en los programas de opinión y noticieros a los mismos políticos  de siempre. El salvadoreño común vive atrapado en el círculo sin salida de la política. El salvadoreño no lee  y para colmo tampoco va al cine, porque lamentablemente tampoco no hay  nada que  ver.

Por último,  la política literaria del Estado o la gestión del Estado —en ese orden—  es insuficiente. El término mediocre es ya un elogio. Es  de verdad paupérrima.

De todas maneras el panorama puede ser muy negativo pero eso no es motivo para la no existencia de una buena literatura. En Haití hay buenísimos poetas y hubo siempre buenos escritores e intelectuales.


Hay algo que vi en Cuba: Las nuevas generaciones de artistas no saben sobre Roque Dalton. ¿Vaticinás un olvido de la vida y obra de tu padre en la Isla?

No tengo la misma opinión que tienes sobre la obra de mi padre en Cuba. Yo creo que en Cuba sí se venera a mi padre, su  poesía y lo que significa su figura. Es un sitio donde mi padre aún no está olvidado ni muerto, por suerte. Pero por supuesto, el olvido de las nuevas generaciones es un peligro. Ya incluso los jóvenes cubanos de hoy ignoran muchas cosas importantes de la propia cultura cubana.

En este asunto del olvido  que seremos, cito al gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince: “Todos estamos condenados al olvido y todos seremos derrotados, pero hay derrotas peores que la muerte”. En Cuba están en peligro un sinnúmero de cosas que tienen que ver con el olvido y la memoria. Ya Cuba no es la misma Cuba de 1968. Ni siquiera la Cuba de 1990. Lo que fue para muchos la Revolución Cubana —y la continuidad de ese proceso en toda su dimensión— está por definirse. A pesar de que me considero hijo de ese proceso que se inició en 1959, mis motivos de apego son mucho más profundos, son muy de raíz y están estrechamente relacionados con la nación cubana y soy de un pensamiento martiano. Siempre he vivido agradecido de mis padres por haberme llevado a vivir a Cuba. Y pienso que uno es del lugar donde crece y se forma, donde casi todo es por primera vez.

Hoy Cuba atraviesa por un momento complejo y los jóvenes que no tienen el mismo compromiso que tuvieron sus padres y abuelos hoy miran el futuro —por lógica— muy diferente. Ahora está la nueva relación con Estados Unidos que aún no sé muy bien en que va a desembocar. Un amigo cubano —un poco en  broma— decía que uno de los grandes problemas de Cuba es estar lejos de Dios y demasiado cerca de los Estados Unidos.  Pero yo confío en la nación cubana y no dejo de pensar en la reconciliación entre los cubanos. Esto es inevitable y es la única solución para un futuro próspero y abierto al mundo. Es una nación que a pesar de los pesares tiene muchas virtudes.


Jorge Meléndez ha aseverado dos cosas: en 2010 dijo que no conoció el asesinato de Roque Dalton sino un proceso político —dentro del ERP— en el que resultó muerto tu padre y otros guerrilleros. En 2016 afirmó que “Ni siquiera sabía que existía Roque Dalton”. ¿Qué pensás de estos cambios de discurso?

Sobre lo que dijo Jorge Meléndez en 2010 —que no se trató de un asesinato, sino de un “proceso político”—, pues puede que tenga razón, porque los asesinatos que se cometían a mansalva en la Unión Soviética —en la época de  Stalin y los famosos “Juicios de Moscú”— y los crímenes que se cometieron en la Checoslovaquia estalinista en Hungría, Rumania y Polonia —en los que murieron miles y miles de personas bajo innumerables acusaciones y que fueron a parar a fosas comunes— los denominaban así: “procesos políticos”. Nunca reconocieron que eran crímenes de lesa humanidad.

Y sobre la frase “Ni siquiera sabía de la existencia de Roque Dalton”, pues a mí no me sorprende todo lo burdo y despiadado que pueda ser este personaje de Jorge Meléndez.  Cuando mi padre fue asesinado dijeron primero que lo ajusticiaron por ser “agente cubano”. Luego salieron con eso de que lo habían matado por “agente de la CIA”. Y  mí ya no me sorprendería que dentro de poco el FMLN diga algo parecido. Si han resultado ser  tal para cual, porque Jorge Meléndez goza de toda la estima del FMLN y no me extraña que algún día el FMLN  hasta les erija un monumento a los asesinos del poeta Roque Dalton.


La familia Dalton se ha esforzado por esclarecer el asesinato de Roque… ¿Me equivoco si digo que eso mismo —al parecer— no sucede con tu hermano que desapareció a principios de 1980?

Él murió en combate en el departamento de Chalatenango como muchos que murieron y sus cadáveres quedaron en el camino. No sabemos mayores detalles. Yo no estuve en la guerra. Yo no participé y ni siquiera vivía en El Salvador. Mi hermano mayor muere en el mismo combate que mi hermano Juan José es capturado por las tropas élites del ejército. No supimos más. Es la razón por la cual nunca hemos reclamado, porque no se trata igual que lo de mi padre. Mi hermano muere en un combate en la montaña contra el ejército. La pérdida de mi padre y de mi hermano significa una gran desgracia para mi familia. Para nosotros hablar de eso es sumamente doloroso.


Roque increpó a Miguel Ángel Asturias por haber ocupado un cargo público que reñía con la ética revolucionaria e intelectual y le aconsejó por dignidad que renunciara a su cargo a la embajada de Guatemala en París. Si el Gobierno del FMLN mantiene en sus filas a un supuesto asesino de Roque Dalton, ¿por qué no renunciás a la Secultura? Es decir: ¿por qué no renunciás a tu cargo como funcionario del gobierno del FMLN? Y también lo digo porque te has mostrado abiertamente crítico hacia el partido y su actuar.

Bueno, son casos muy diferentes y épocas muy diferentes en cuanto a lo que  mencionas relacionado con  Miguel Ángel Asturias y mi padre. Es importante aclarar que yo no fui elegido por el FMLN para ocupar el cargo que tengo como director de Cine y Audiovisuales de la Secultura. Cuando el FMLN llegó al poder yo ya estaba  ahí medio año antes de que el expresidente Funes llegara al Ejecutivo. Fui contratado para ocuparme de lo que en aquel entonces se llamaba Unidad de Video cuando aún existía el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura). Entonces, yo desde el primer día presenté un proyecto de convertir la Unidad de Video en la primera instancia cinematográfica y audiovisual en la historia del Estado salvadoreño. Con mucho sacrificio creé el Centro de Producción Audiovisual donde se han realizados documentales y programas de televisión de corte cultural que incluso ayudaron a fortalecer y aumentar la teleaudiencia de Canal 10. Estamos por lanzar dentro de poco el primer programa de televisión digital. Pude crear un equipo de trabajo con gente joven y profesional. Es una instancia que camina a la par de todo el nuevo panorama audiovisual salvadoreño. Yo no fui elegido por el FMLN bajo ningún concepto ni ningún otro partido. Tampoco tengo compromisos partidarios ni políticos de ninguna clase con nadie. Yo soy un cineasta. Un trabajador comprometido con el arte, la cultura y el país. Bajo esas condiciones fui contratado y esa es parte de mi misión aquí. Me propuse dejar  un legado que está muy vinculado a todo el esfuerzo por la existencia de un cine nacional,  donde el Estado tiene muchas obligaciones. Yo no llegué aquí con un cargo político ni por “ser chero” de nadie. A mí me ampara mi trayectoria, mi obra y todo el trabajo que he venido desarrollando por el cine salvadoreño y la cultura en este país. Yo no vine al Estado como han llegado otra gente afín o militante del FMLN que llegó a asaltar el Estado como si fuera un botín de conquista como lo hizo el partido ARENA en el pasado. Es aberrante e injustificable la filosofía del FMLN: si ARENA robó y despilfarró porqué nosotros no lo vamos a hacer.

Yo soy un cineasta revolucionario y enemigo de la burocracia, la mediocridad, la mentira y la corrupción  y yo vine a cumplir con mi deber y no andar en babosadas políticas. No me perdonan que yo diga las cosas y si tengo que salir a la calle con un megáfono a acompañar a los trabajadores, pues lo hago. Yo no estoy señalado ni soy sospechoso de cometer ningún crimen. Yo no tengo nada que ver con esa podredumbre de otros funcionarios altamente sospechosos de crímenes, corrupción e enriquecimiento ilícito. Esa es la gran diferencia [entre Jorge Dalton] con el cargo que ocupa Jorge Meléndez. Si alguien  sabe de esa gran diferencia es el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén. Él sabe perfectamente quién soy yo y conoce perfectamente a mi familia. Él sabe de sobra de dónde viene Jorge Meléndez y en lo que estuvo involucrado. Es el presidente de la República quien tendría la obligación, la honorabilidad, la honestidad y  la autoridad necesaria —en nombre de la justicia y la verdad— de destituir a Jorge Meléndez señalado por el crimen de un poeta.


El vicepresidente de El Salvador, Óscar Ortiz pidió que no se extraditaran a los militares señalados en haber participado en el asesinado de los jesuitas de la UCA. Y al Gobierno no le cayó en gracia que se declarara ilegal la Ley de Amnistía de 1993. ¿Por qué creés que ocurren estos cambios de postura?

Bueno, la protección de esos militares e impedir que fueran extraditados por España —señalados de graves violaciones a los derechos humanos— se inició con Mauricio Funes y el FMLN. Ellos se prestaron para eso. Este es otro acto vergonzoso, sucio —y sobre todo— un acto de traición a las víctimas de tales asesinatos. El vicepresidente Ortiz pone en claro su postura —que en definitiva es la postura del FMLN— de estar en contra  del esclarecimiento de la verdad. Ellos son pieza clave de ese sistema de impunidad que reina en el país. Los miembros del FMLN están evitando por todos los medios que los casos de crímenes cometidos por el FMLN no  salgan a flote. El FMLN  definitivamente se pone al lado de los victimarios y anula a las víctimas.

Con el caso del asesinato del poeta Roque Dalton, no pueden ser más claros. Como dije al inicio: no han movido un dedo en ayudar al esclarecimiento de la verdad  y eso de alguna manera los hace cómplices de quienes cometieron el crimen porque se han dedicado a proteger a esos victimarios. Yo creo que todo eso es parte de un proceso de  corrupción política dentro del FMLN. Ellos han pisoteado muchos principios, se olvidaron hasta de su propia gente. Se traicionaron a ellos mismos. Se olvidaron de  los que lo dieron todo, de los que sacrificaron lo más preciado que tenían que es la vida.

(Jorge Dalton cita los versos de un poema de su padre).

Se olvidaron, pues de:
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,.
mis compatriotas,
mis hermanos….


Eso es imperdonable como son imperdonables los que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Yo considero que el FMLN no es revolucionario. Lo dejó de ser hace mucho tiempo.

*Esta entrevista fue publicada en el periódico digital Cuarta de Guadalajara, México.

viernes, 2 de diciembre de 2016

*Oquedad


efímeros:
relámpagos que en medio de la noche
son más longevos que nuestra existencia
y los fulgores de hebras de tabaco,
iluminan más que nuestros sueños.

ingratos:
un perro putrefacto bajo el sol del mediodía
es un  surtidor benevolente de retribución a natura
y  es algo nuevo bajo el sol
más que el fruto de nuestras manos.

pequeños:
una ola del mar
es más esbelta que nuestras ideas
y en la orilla de la playa
la espuma dura más que nuestros nombres.

desolación:
el desierto en su vasta soledad
es más fértil que nuestro enjambre de esperma
y la infinita arena que el sol hace relampaguear
pervive más que toda nuestra descendencia.

somos efímeros,
somos decadentes,
somos pequeños,
somos desolación.
somos el poema que nadie escribe.

*Tomás Andréu.
Del poemario: El disfraz de los impulsos.

sábado, 8 de octubre de 2016

Lástima




Cosa de grande maravilla y lástima
que sea aquí tanta flaqueza e
impurezas del ánima que siendo la
mano de Dios de suyo tan blanda
y suave, la sienta el ánima aquí tan
grave y contraria...
                  
               (San Juan de la Cruz)

Me haces daño, Señor: Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. ¡Oh Dios!, si eres humano,

compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.

Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas

no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.

Blas de Otero

De: “Redoble de conciencia” (1950)

lunes, 20 de enero de 2014

Carlos Cañas: "No me tocó ser feliz, pero seguí caminando..."


El Premio Nacional de Cultura 2012, Carlos Cañas, conversó con El Diario de Hoy sobre su vida y obra. El maestro de la plástica salvadoreña no esconde su franqueza intelectual y artística.

No necesita presentación, sencillamente porque él es maestro de la pintura en El Salvador.

La pregunta de rigor. ¿Cómo se sienta ahora que recibirá uno de los premios más importantes de El Salvador? 

—Conmovido profundamente. Cuando me lo dijeron, no pude decir palabra alguna, pero sí, ya era tiempo. (Ríe) Me han dado otros premios, pero dinero, nunca.

Recuerdo unas declaraciones de su autoría que decían que no recibiría el Premio Nacional de Cultura en un gobierno que no fuera de izquierda.

—Eso fue algo que se me salió. (Ríe) Lo dije, pero me exalté. Ya ni nos acordemos de eso. Lo de este premio ha sido un accidente. Si me lo hubiese dado la derecha, igual lo hubiese aceptado.

Hace unos años, en este estudio, usted tenía mucho entusiasmo por la posibilidad de que llegase la izquierda al poder. Tres años después, ¿cómo ve a este gobierno?

—Ver claro, no veo. Veo medio nublado... (Risas) Él ha hecho sus cosas (se refiere al presidente Funes). Hay cosas como la economía que están graves. Creo que ha habido un cambio, un cambio de que una sociedad tenga un gobierno diferente.

¿Y le dirá algo al presidente Funes el día de la ceremonia?

—Yo solo tendré palabras de mucho agradecimiento. Hay mucha gente que me ha ayudado. Además, todo depende si estoy emocionado. Si estoy muy emocionado, no podré decir nada. Se me hará un nudo en la garganta, como sucedió cuando me avisaron del premio. Es que yo por nada me emociono, fíjese.

Y a sus 88 años y con una larga trayectoria artística, ¿cómo ve Carlos Cañas a Carlos Cañas?
—Como un educador. He trabajado mucho. He visto tantas dificultades para pintar en el país. Incluso, venía gente a mí y yo les decía que había un problema: si te querés dedicar a la pintura y tenés una gran suerte, no aguantarás hambre, pero si no tenés suerte, no vas a tener qué comer.

¿Y a usted cómo le fue?
—A mí me tocó mitad y mitad. Tuve momentos buenos y malos. Pude ir a España, invitado por su gobierno. Después de esto me tocó trabajar muy duro. Mi vida ha sido trabajar y pintar.

Hábleme de sus discípulos, porque los hay y están vivos.

—Está Roberto Huezo, quien se ha olvidado de mí. Está Roberto Galicia (director del Museo de Arte de El Salvador). Hay otros más, pero no recuerdo sus nombres, pero yo sacaría unos ochos muchachos... Hubo algunos que, por su concepto político, me sintieron ajeno a ellos (...) La vida me llevó a estar vinculado con el pueblo. Estoy amarrado a él.

¿Se metió en aprietos alguna vez por su postura política?

—(Ríe) Sí, siempre creaba problemas. Me decían que no hablara de eso, que no sé qué. Y eso era porque nunca estuve dentro del partido. Nunca quise estarlo. Jamás. Desde que empecé a pintar, toda mi pintura fue social, no pintar al campesino como alguien derrotado, sino, todo lo contrario. Yo he sido lo que se llama un francotirador. Siempre he estado solo y por mi propia cuenta.

Hablando de soledad. ¿Sigue vigente aquello de quemar su obra o no nos tomamos muy a pecho sus palabras?

—Lo que dije no es un hecho que se va a hacer. Solo es una posibilidad. Hay pintores en Europa que han quemado su obra. Pensaba dejar mi trabajo en un banco, pero luego pensé que no. Donarlos a un museo es igual a tenerlos guardados (...) A mí no me ha tocado ser feliz, pero he seguido caminando con los problemas.

¿Y a sus 88 años hay algo que le hubiese gustado hacer o corregir...?

—No. Yo soy todo lo contrario a Rafael Alberti (poeta español de la Generación del 28). Él comenzó pintando y de repente comenzó a escribir. Yo, en cambio, escribía poesía, pero me metí a estudiar pintura y me quedé con ella. Después de España, vine a El Salvador con la idea de que tenía que ser profesor, y no solo un profesor que agarra el pincel y pinta, sino un profesor que tenía que hablarles de la pintura, de su historia, de su base estética, de su condición (social-política-ideológica).

Oiga, ¿y cómo era usted con sus alumnos? Me han dicho que era duro, pero eso no significa que sea malo, porque se lo agradecen.

—¿Quién te dijo eso...? Bueno, a mí todos me querían y estaban contentos conmigo. Hubo alguien que escribió en un periódico que gracias a mí, encontró su camino. Yo abrí el camino a mucha gente.

¿En qué momento se dijo a usted mismo, "voy a ser pintor"?

—Yo vengo de una familia de pintores. Hacían pintura comercial: pintaban rótulos, pintaban santos, iglesias, cuadros religiosos. Pintaban de todo.

¿Quiénes fueron sus maestros y en qué momento tiene una ruptura estética con ellos?

—Mis maestros fueron Luis Alfredo Cáceres Madrid, José Mejía Vides y Carlos Alberto Imery, quien me daba muy buenas ideas. De ahí, nadie. Luego apareció la pintura socialista mexicana.

Verdad o mentira, no hay pintor en El Salvador que afirme que estudió con el español Valero Lecha...

­—Valero Lecha fue la parte contraria. Fundamos lo que se llamó "Pintores jóvenes" y luego "Pintores independientes" con Camilo Minero y otros que yo dirigía. Todos éramos contrarios a la pintura de Valero Lecha. El sistema de él no nos agradaba.

¿Y qué no les cayó en gracia del español?

—El sistema de él era académico: hacer las cosas tal y como son; en la naturaleza el elemento básico se pintaba de tal forma. La pintura la aplicaba así y asá. Y así todo lo demás. Nosotros éramos pintura libre. Él, no. Nosotros estudiamos con un espíritu social, de libertad. Por eso, con el tiempo, nuestro pensamiento se involucra en eso. Unos en forma más directa como Camilo Minero. Yo me quedé como el francotirador: libre. Yo he amado la libertad siempre. Buscamos que la pintura llegara al pueblo. Exponíamos en los parques. Íbamos a sitios libres donde se podía mostrar la pintura. Los alumnos primarios de Valero Lecha no vieron la libertad.

¿Y usted cree que las ideas políticas como las de su grupo ya no están en la actual plástica salvadoreña?
—No, ya no están. Todo hombre, no importa dónde esté, debe moverse políticamente. El trabajo es político.

Y de aquellos tiempos de rebeldía, ¿no tiene algún cuate, amigo o alero que extrañe en estos días?

—Mi amigos fueron los pintores, el grupo del que le hablé, como Camilo Minero, Luis Ángel Salinas. Siempre ese grupito fue mi amigo. Estuvimos juntos como ocho años. Salíamos a dibujar, pintar a los parques. Nos íbamos a oír música clásica. Salíamos a echarnos nuestros cigarros, cervecitas. Siempre los mismos.

¿Qué es lo saludable y dañino que le ha dado la pintura?


—Lo saludable que me da es que me agrada. Y hay gente a la que le agrada también. Yo soy el formador de la pintura en este país. Les guste o no les guste. Hasta el jurado lo dijo. El daño que me ha hecho mi pintura es enseñarla. Estoy ensimismado en enseñar bien las cosas... [Al maestro, Carlos Cañas, se le humedecen los ojos, guarda silencio por un momento y retoma su discurso]. La suerte no ha estado de mi lado y qué vamos a hacer. Ojalá en el futuro haya una cultura de la plástica en este país.

Yo soy Carlos Cañas


Un texto sobre Carlos Cañas en primera persona a partir de entrevistas, declaraciones y conversaciones que el maestro de la plástica salvadoreña ha otorgado al autor de este escrito.

Yo soy el formador de la pintura en este país, les guste o no les guste. Soy el Premio Nacional de Cultura 2012. Me siento muy feliz después de esperar esta cosa que no llegaba. Hay una deuda de este país con mi persona, pero a mis 88 años, yo me siento feliz con el premio. Mi familia y yo nos sentimos agradecidos.

Yo vengo de una familia de pintores. Hacían pintura comercial: pintaban rótulos, pintaban santos, iglesias, cuadros religiosos. Pintaban todo y de todo.

Nací en San Salvador el día 3 de septiembre de 1924. Mi primera obra la tengo fechada en 1937. El trabajo de la pintura es un trabajo del caminante: para caminar necesitamos dar pasos. Si no damos los pasos no se camina. La pintura es una práctica dura de 8, 12, 15 horas todos los días. Es que sin trabajo no hay nada.

Pintar para mí ha sido una alegría. En cuanto a la aceptación de mi obra en la sociedad, ha sido muy dolorosa, muy sufrida, pero el hecho de pintar no se lo quitan a uno. Para mí es doloroso el trabajo de pintor. La suerte no ha estado de mi lado y qué vamos a hacer. Ojalá en el futuro haya una cultura de la plástica en este país.

Lo saludable que me da la pintura es que me agrada. Y hay gente a la que le agrada también. Estoy ensimismado en enseñar bien las cosas. Yo me veo en este país como un educador. He trabajado mucho. He visto tantas dificultades para pintar en El Salvador. Tuve momentos buenos y malos. Pude ir a España, invitado por su gobierno. Después de esto me tocó trabajar muy duro.

Mi vida ha sido trabajar y pintar. Tengo cierta facilidad con el dibujo, de hacer cualquier línea que tiene un agrado, pero si la sigo manejando logro otras cosas: la dejo simple, suelta. Juego con varias líneas —con el error y otras cosas— sin llevar a mi mente que esto es un brazo, un rostro o un torso. Tengo capacidad para crear. En 10 minutos hago 10 tipos de dibujos con las mismas características que pueden ser 10 temas diferentes que después pueden adquirir un nombre. No me preocupa eso. La capacidad creadora, esa me la tengo ganada desde hace cantidad de años.

Mientras mi mente esté produciendo imágenes y mi mano esté respondiendo, el resto solo es pintar. No he perdido mi capacidad. Para ser pintor no basta con manejar los colores, crayones, el papel. Hay que manejar lo demás: el conocimiento de los otros ¿Y eso cómo lo adquieres? A través de la lectura de todo tipo: política, histórica, cultural. Tenemos que leer.

Antes de pintar escribía muchos poemas. Esa es mi tendencia: amar la literatura. Si un escritor a mí me gusta, es porque hay algo mío en él, sino, no encuentro nada y para mí no vale nada. Así pienso. Puede ser un error. Regresé de España y digo "ya no hago más poesía, me voy a dedicar a la prosa". Yo soy todo lo contrario a Rafael Alberti. Él comenzó pintando y de repente comenzó a escribir. Yo, en cambio, escribía poesía, pero me metí a estudiar pintura y me quedé con ella. Después de España vine a El Salvador con la idea de que tenía que ser profesor. Y no solo un profesor que agarra el pincel y pinta, sino un profesor que tenía que hablarles de la pintura, de su historia, de su base estética, de su condición sociopolítica e ideológica. Ah, también de la importancia y lo que significa el dibujo. Y es que dibujar no es hacer un objeto que está frente a ti y hacerlo bien hecho. Eso es copiar. Dibujar es crear. Si no entendemos esas cosas, no sabemos que una línea es un dibujo y que una mancha es color.

La vida me llevó a estar vinculado con el pueblo. Estoy amarrado a él. Me metí en aprietos por mis posturas políticas. Siempre creaba problemas. Me decían que no hablara de eso, que no sé qué. Y eso era porque nunca estuve dentro del partido. Nunca quise estarlo. Jamás. Desde que empecé a pintar, toda mi pintura fue social. No pintar al campesino como alguien derrotado, sino todo lo contrario. Yo he sido lo que se llama un francotirador. Siempre he estado solo y por mi propia cuenta.

Aún sigue en mi mente la idea de quemar toda mi obra. Lo que dije no es un hecho que se va a hacer. Solo es una posibilidad. Hay pintores en Europa que han quemado su obra. Pensaba dejar mi trabajo en un banco, pero luego pensé que no. Donar mis cuadros a un museo es igual a tenerlos guardados.

Mi discípulo, el director del Museo de Arte de El Salvador, Roberto Galicia, dice que la institución podría albergar gran parte de mi obra. Aún no lo sé. No lo sé.

La Sala Nacional de Exposiciones, Salarrué, inauguró la exposición retrospectiva de mis seis décadas de trabajo pictórico. Ustedes estuvieron ahí. Estuve con mi pueblo. Yo siempre he estado con este pueblo. Desde 1958 me dediqué en cuerpo y alma a la docencia en la Universidad de El Salvador. Después pasé al Centro Nacional de Artes. Otro trozo de mi vida quedó ahí.

Ojalá estuvieran mis amigos pintores, aquellos con los que salía a dibujar, a pintar en los parques. Nos íbamos a oír música clásica. Salíamos a echarnos nuestros cigarros, cervecitas. Siempre los mismos. Todo hombre, no importa dónde esté, debe moverse políticamente. El trabajo es político. Hacer pintura es una actividad política.

En la ceremonia de Casa Presidencial, yo solo tuve palabras de mucho agradecimiento. Hay mucha gente que me ha ayudado. Estuve muy emocionado, casi no podía decir nada. Se me hizo un nudo en la garganta como sucedió cuando me avisaron del premio. Es que yo por nada me emociono, fíjense. Me conmoví profundamente cuando me lo dijeron y no pude decir palabra alguna, pero sí, ya era tiempo que me lo dieran. Me han dado otros premios, pero dinero, nunca.


Yo soy Carlos Cañas. Soy un creyente terrible de la humanidad. Estoy con este pueblo sufrido y golpeado. Cuando yo me vaya de este mundo, no me iré solo, porque yo los llevaré siempre conmigo.

Carlos Cañas: "Soy el que puede sacar cosas de la nada..."


El maestro presentía su muerte. En esta entrevista ofrecida a El Diario de Hoy en diciembre de 2012, el maestro de la plástica salvadoreña lo confesó. Este texto también se publicó el 30 de diciembre —del mismo año— como parte de un especial dedicado a grandes personajes de ese período.

A los salvadoreños no les gusta la franqueza, las cosas con nombre y apellido. Por eso, no sería raro que las expresiones que el artista Carlos Cañas vierte en esta entrevista parezcan ególatras, soberbias. Inadmisibles. Sus opiniones sobre la vida, la política y el arte —a sus 88 años— siguen intactas. Parafraseando al trovador Silvio Rodríguez, diremos de él que morirá como vivió.

¿Y por qué piensa que esto de los premios, los homenajes, las entrevistas se deben a que ya se va a morir? ¿Quién le dijo eso?

Tengo esa idea. Es que estoy muy enfermo. La verdad es que me he puesto a pensar cómo será mi muerte, cómo pasará. Y así como ha sido [la cobertura de los medios sobre el premio] así será esto de mi muerte. Así que más o menos ya estoy enterado de lo que va a pasar. He visto la muerte de tantos pintores. ¿Y qué ha salido sobre ellos? ¡Nada en los periódicos!

Años atrás hablamos sobre la muerte y me decía que la afrontaría con poesía, filosofía y pintura. ¿Sigue echando mano de esta trinidad?

Sí, pero es que mire, yo siempre sentí amor por la poesía. Desde que estaba en cuarto, quinto grado. Una vez dije, "desde aquí, a lo lejos, veo un país azul, azul, azul..." Y un profesor me dijo: "Usted está loco. ¿Cuándo ha visto países azules?" Es una metáfora, le dije yo. Y él me dijo: "No, no, no. Déjese de babosadas".

¿Y eso le hizo cambiarse a la pintura...?

No. Un día pasé detrás de la Imprenta Nacional y ahí estaba una escuela de artes gráficas. Entré y un señor me dijo qué quería estudiar, si dibujo o pintura. Me hizo entrar y estudié dibujo. Pero yo seguí leyendo mucho. Buscaba a la gente que estuviera en la filosofía para irme mejorando. Yo me entregué a la existencia de un poeta: Rafael Alberti. Busqué un libro de él que se llama "Marinero en tierra". Lo encontré y lo leí y leí hasta repetirlo muchas veces. Me di cuenta de que él quería ser pintor. Yo siempre anduve tras la pista de Rafael Alberti por tener relación conmigo: yo de poeta a pintor y él de pintor a poeta. Si hay alguien a quien yo quise conocer en el mundo fue a Rafael Alberti. Ese ha sido mi sueño. De ahí no he querido conocer a nadie. Me dio una gran tristeza no poder conocerlo.

¿Y qué activa en usted el deseo de ser pintor?

Mire, tal vez sea una arrogancia mía, pero yo dije: "si me pongo a hacer poesía, voy a arruinar a todos los poetas salvadoreños", porque la poesía de ellos es muy arcaica y esto (los poemas de Carlos Cañas) es de muy avanzada. Entonces me dediqué a pintar y a hacer prosa sobre arte, pero no quise hacer más poesía por la razón que le dije. Creí que lo que yo hacía era superior a lo que se hacía en El Salvador, excepto a lo de Escobar Velado, que era un poeta extraordinario.

¿Y publicó algún poemario?

No. Un poeta nicaragüense publicó mi trabajo en un diario con el título: "Pintor desdoblado en poeta". Mi poesía era oscura, pero se debía a que yo era un lector terrible de la Biblia, porque me encantaba ese juego de palabras, esas cosas oscurísimas, pero hermosas. Lo dejé porque yo no podía dejar de pintar. Lo traía en los genes. Unos tíos míos fueron pintores, los hermanos de mi padre. La pintura fue todo un mundo y yo me encerré en él. Encontré en la pintura mi identidad.

El jurado que le dio el premio dijo que usted en pintura era lo más aproximado a un genio. ¿Quién forjó a Carlos Cañas como artista?

No sé. Yo solo sé una cosa: desde que me puse a trabajar en pintura en El Salvador, trabajé para ser siempre el primero. Ser el conductor. Soy el que puede sacar cosas de la nada. Ese siempre fue mi sueño. Y no solo en lo técnico, sino en todos los aspectos: sociales, filosóficos, económicos, históricos. Algo que no estudiás en una hora. En España vi la pintura contemporánea. Seguí pintando y no pensé si podía ser grande o pequeño. Solo pensé que iba a ser pintor. Mi padre me decía que tuve un hermano que murió joven. De ese sí se podía decir que era gran artista. No era comercial. Empecé a creer en los genes. Pensé que se podían doblar. Hay una clase de misterio. Hay una conducción de tu persona hacia algo. Tú no sabes a dónde puedes llegar, pero debes conducirte por ese camino.

¿Y la bohemia se cruzó por ese camino?

Eh… estudiaba para sacar mi título de bachiller en letras, pero también estudiaba pintura. Estaba comprometido con lo que hacía… Tenía un grupo de amigos que sábado a sábado nos reuníamos, nos echábamos las cervezas y amanecíamos hasta el domingo. Andábamos por toda la Avenida Independencia. Nuestra bohemia era muy precaria, pero bohemia al fin y al cabo. Pero no era gente con la misma fuerza que yo tenía para hacer las cosas. Luego me reuní con escritores de mayor edad que me conducían por las letras y la pintura.

¿Y en esta trayectoria de siete décadas encontró a un rival en las artes plásticas de El Salvador?

Nunca, nunca. Tuve amigos que pintaban. Me consideré capaz de conducirlos, pero no con prepotencia. Por ejemplo: fundé el Grupo de Pintores Jóvenes. Después le cambié el nombre a Pintores Independientes. Hablaba con ellos —no te voy a dar nombres— y les hablaba de ciertas cosas, les daba libros para que fueran conduciendo su pensamiento, porque ellos sabían pintar. Teníamos a guías como Diego Rivera, Siqueiros, Orozco. Nuestra realidad era Latinoamérica. Sobre ella pintábamos y escribíamos.

Si hubiese que entregarle el Premio Nacional de Cultura a otro pintor, ¿a quién se lo entregaría usted?

¿Ahora? En este momento no encuentro a ninguno. Si lo encontrara, te lo dijera. Siempre he querido ser honesto. Hacia arriba hubo varios pintores con mucho valor como Antonio García Ponce. Él hubiese sido uno.

¿Y quién es Carlos Cañas? Hablo del hombre terrenal de carne y hueso.

Es un solitario. La soledad es un mal natural en mí. Siempre he vivido solo. Me gusta estar solo. Soy el que vive en soledad eterna, pero buscando que esta soledad se desarrolle en creatividad... Es el oficio de pintar en el que deposito todas mis soledades. Yo nunca pinté para ganar premios, riquezas. La pintura ha sido mi modo de trabajo y tenía que producir. Pinté para vivir. Yo nunca tuve creencias derrotistas. Siempre me creí muy alto, elevado. Nunca pensé qué hace un pintor grande para los demás, sino qué puedo hacer para mí mismo, para sentirme gozoso de la pintura. No crea que ganar el Premio Nacional de Cultura me ha producido un gran estímulo. Lo considero algo natural, algo que tenía que darse. Como me lo dijo el jurado: "Este país tiene una gran deuda con usted".

¿Cómo le gustaría que lo recordara El Salvador cuando usted muera?

Cuando llegué a España oí una frase que me fue muy simpática: "Hasta que se llega a los 40 años se puede pensar en la muerte, pero antes, no". La muerte en ese entonces era un elemento poético. Aún lo sigue siendo para mí. La muerte es algo que me tiene que suceder. Estoy enfermo y mi muerte puede suceder de la noche a la mañana. Solo pienso qué va a suceder con mi obra. Para el Estado es imposible salvarla. Hace unos años un abogado me dijo que hablara con un banco. Otro me dijo que no lo hiciera porque se terminaría perdiendo.

Si dejamos a un lado su cuadro Sumpul, ¿qué otro salvaría usted del fuego?

Antes de que llegara José Napoleón Duarte a la presidencia (es decir, 1984) yo ya había pensado en el Sumpul. Ese cuadro dio una lección a su pueblo. Sin estar en el sitio, pero sí conociendo los hechos, hice ese cuadro que iba a ser más grande, pero estaba dispuesto para que las cosas así fueran.

Con la frialdad que da el tiempo, ¿al cuadro Sumpul le faltó o le quitaría algo?

No, está exacto. Ahí reflejo a una sociedad completa: padres, hijos, ancianos, jóvenes amantes que son estudiantes, campesinos. Ahí tengo a todo el pueblo. Ellos representan al río. Quedé asombrado que cuando el Sumpul llegó al Museo de Arte, la gente llegaba con velas, las ponían al pie del cuadro y lloraban. Sin pretenderlo, eso fue un acercamiento con el pueblo.

Hablé con un joven que me contó que el río Sumpul ya no es como el de antes. Ahora es un río sucio… Doné al Museo José Luis Cuevas (México) un cuadro que se llama Otra vez el río (que también tiene que ver con el tema de el Sumpul). Esa obra es mi concepto intelectual sobre el Sumpul. Tiene un jarro roto que es el pueblo destruido. La tela que se hunde es la muerte.

¿Cómo se define usted políticamente?

Como me decía una amiga: "Carlos, siempre camina a la izquierda". Creo que ningún otro artista pertenece a otro sistema político. ¿Por qué? Porque el artista es rebelión y busca las causas reales de las cosas y lucha por ellas.

Hace un momento usted mencionó a José Luis Cuevas. Tengo entendido que entre ustedes hubo una polémica por una premiación...

Me dieron a mí un segundo lugar. En ese momento Walter Beneke era el ministro de Educación. Ahí estaba Waldo Chávez Velado y le pedí que me dejara hablar primero. Dije que José Luis Cuevas no tenía porqué burlarse de un pueblo y que íbamos a aceptar cosas que fueran correctas (premiar sin favoritismo a los participantes) y se armó un lío tremendo. Eso pasó y nos hicimos muy buenos amigos.

Pero entiendo que, a partir de eso, las clases pudientes del país le dieron la espalda a usted y su obra.

El responsable de Bellas Artes (instancia del gobierno de aquel tiempo) hizo una fiesta y puso un video ante la alta sociedad para que se dieran cuenta de quién era yo. Me salí de la fiesta inmediatamente. Me pusieron como el enemigo de las cosas.

¿Se le cerraron las puertas?

Sí. Pasé como 15 o 20 años sin que se me comprase un cuadro. No me invitaban a ninguna parte ni a ninguna fiesta.

Durante la entrega del Premio Nacional de Cultura 2012, el presidente Funes en su discurso habló un 20% de usted y el otro 80% de su gobierno. A sus colegas pintores eso no les gustó. ¿Usted qué piensa de aquello?

Él no conoce de arte. Prácticamente es la verdad en general. A mí me conoce personalmente, sabe quién soy, pero él no conoce mi obra. Allá él. Eso es su problema. En todas partes, cuando entregan un premio, se preparan. Preguntan antes de entregar el premio, es decir, hay una cultura. Vaya a usted a Europa y verá que allá saben qué están haciendo en literatura, pintura, teatro, porque eso es parte de la vida.

Con a sus 88 años y con una vasta trayectoria, ¿se siente arrepentido de algo, existe algo que no pudo hacer…?

Todo lo que quise hacer, lo hice. Yo creo en lo que hago, creo en lo que estoy. Ya le he dicho que manejé la poesía, las letras, pero mi camino era la pintura. Seré pintor hasta que me muera. He visto en varias ocasiones la negación de la sociedad hacia mi persona. Me he sentido muy mal, pero luego he reaccionado y me he dicho que eso es parte de mi actividad como pintor. No soy Picasso, no soy Matisse. Soy un pinche pintor salvadoreño que se llama Carlos Cañas en un país como El Salvador.

EL COMENTARIO

Otra mano dibujó a Carlos Cañas. Una cósmica. De esas que trazan sed de infinito en la mirada y el corazón para buscar múltiples caminos de profesionalización y experimentación. Él los ha recorrido todos en las distintas disciplinas de las artes pláticas: dibujo, pintura, cerámica, escultura, grabado. En todas se ha movido con envidiable solvencia. Eso lo convirtió en un maestro y obligada referencia para sus coetáneos y otras generaciones. En su andar se ha hecho acompañar de poesía, la filosofía y la política.

"Hacer pintura es una actividad política", ha declarado siempre, Carlos Cañas.

Por eso es que, desde que tiró los dados, asumió el resultado de su apuesta: "ser siempre el primero. Ser el conductor" de la pintura en El Salvador, aunque eso le dejara solo "como un francotirador que se salva por su propia cuenta".

Considerado como el precursor del arte abstracto en este país centroamericano, Cañas desde sus inicios tuvo como centro de su trabajo al ser humano marginal, periférico, olvidado.

"La vida me llevó a estar vinculado con el pueblo. Estoy amarrado a él. Mi pintura social no pintó al campesino como alguien derrotado, sino, todo lo contrario".

Sus primeros trabajos muestran el cuerpo humano de sus paisanos: hombres y mujeres con rasgos indígenas con tonos que emanan del color de la tierra, de la agricultura. Su viaje a España y su sed de conocimiento lo conducen por trabajos que a ratos rozan el cubismo, el surrealismo, la figuración. Otros llegan con vehemencia al expresionismo figurativo. Pero ha sido en la abstracción donde su rúbrica brilla sin competencia.

"El arte abstracto lo hice yo, lo hice con escuela. Yo llegué al concepto de lo abstracto", declara sin aspaviento el maestro, Cañas. O para dejarlo más claro, sin que le tiemble el pulso, asevera:

"Soy el origen de la pintura contemporánea en El Salvador".

Entre las series destacadas, polémicas y nada políticamente correctas están: "Terror y ternura”. De esa producción destaca la obra "Niño chupando caña", todo un emblema que hace honor al título. O "Testimonios" que es toda una denuncia del mal que eclipsó a El Salvador. El paseo al purgatorio terrenal lo pone con la serie "De hospitales".
"Pinto sobre la realidad histórica y la realidad vivida", repite al ver su obra, el virtuoso artista.

Carlos Cañas nació en 1924. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (España). Es Premio Artes Gráficas. Fue reconocido por la Asamblea Legislativa. Es Orden de las Artes y las Letras (Francia, 1990), Orden Nacional José Matías Delgado (1992), Orden de Isabel la Católica (España, 2001). La Cruz de Santiago (Embajada de España en El Salvador 2009). Premio Nacional de Cultura (2012).

domingo, 22 de septiembre de 2013

Chus Visor: "A un poeta, si le dices que es mal poeta, te mata..."


Entrevista con el fundador de la editorial española, Visor. Jesús García Sánchez nos habla de lo único que sabe hacer: editar poesía.

Él es mejor conocido como Chus Visor y es considerado un dinamizador de la poesía española. Ha publicado la obra de emblemáticos poetas de la Generación del 27 como Pedro Salinas, Rafael Alberti o Federico García Lorca. También ha sido un gran interlocutor con la producción latinoamericana y ha editado a grandes como Neruda, Vallejo, Huidobro, Mario Benedetti, Juan Gelman y José Emilio Pacheco. Los músicos no se han quedado atrás: Bob Dylan, Sabina, Leonard Cohen, Violeta Parra.
La Universidad José Matías Delgado le otorgó —a mediados de octubre de 2012— un doctor honoris causa por considerarlo "el editor de poesía más importante del mundo en la actualidad" y por sus 40 años de trayectoria. Junto a ese acontecimiento se presentó la antología "La poesía del siglo XX en El Salvador" (en la colección La estafeta del viento). Sobre eso y otros temas del quehacer editorial habló Chus Visor con El Diario de Hoy.
¿Cómo se siente el fundador de la Editorial Visor por este honoris causa que acaba de entregarle la Universidad José Matías Delgado?
Es una sorpresa. Estoy muy contento, la verdad. No sé qué más decirte porque me cuesta mucho trabajo... no me lo esperaba. Cuando me lo dijeron en agosto me quedó una sorpresa tan grande que todavía no la he digerido. Nunca le he dado tanta importancia a lo que hago. No me parece que sea una cosa tan importante. Estoy totalmente sorprendido. Es que no me lo creo.
¿Como editor qué mirada tiene sobre la producción literaria de El Salvador?
A mí me interesa mucho la poesía hispanoamericana. La difusión de la poesía de El Salvador en España es mínima. Aunque siempre me ha interesado la poesía hispanoamericana, tengo poco conocimiento de ella hasta hace poco tiempo. La poesía de El Salvador no la conozco bien, pero vamos, que me interesa como me interesan todas.
Su editorial publicó una antología de poetas salvadoreños —unos fallecidos, otros vivos—. ¿Qué opinión le da eso sobre la poesía de El Salvador?
La idea que tiene uno en general, como no los has leído, es una idea no formada, pero cuando los lees te das cuenta que estás en un error, porque hay poetas muy importantes, pero son desconocidos por miles de motivos. Esta poesía —que pertenece a la colección La estafeta del viento— tiene como objetivo que los poetas salvadoreños sean conocidos, no solo en España, sino en toda Latinoamericana. Estoy convencido de que los poetas latinoamericanos tienen poco conocimiento de lo que se hace en los demás países. Estoy convencido de que en Perú saben muy poco de la poesía de El Salvador. Para eso son las antologías: para conocer a los poetas, para conocer no solo a uno, dos o tres poetas importantes, sino para conocer a todos los demás. Para crear un panorama amplio.
Las antologías tienen sus críticas, pero más allá de eso, ¿tienen alguna desventaja editorialmente hablando?
Se pueden vender, a lo mejor, 200 ejemplares en toda América, así de un solo golpe y luego [el resto de ejemplares] poco a poco. Las antologías tienen una desventaja grande sobre los demás libros y es que esta antología dentro de seis o diez años ya no sirve para nada, porque han salido poetas nuevos, algunos poetas incluidos dejan de escribir, desaparecen del mapa, los mismos que están incluidos publican otros libros. La desventaja de las antologías es que envejece enseguida. Si no se vende en seis años, esa antología ya no vale pa' nada. Se quedan antiguas. Eso es así con todas las antologías.
Lleva 40 años al frente de la editorial Visor. ¿Qué ha sido lo bueno, lo malo y lo peor del oficio de la edición?
Lo peor es... ¿Sabes qué es lo que pasa? Yo olvido las cosas, las cosas malas. Las olvido rápidamente. Considero que eso es una gran suerte. Las buenas son que, después de 40 años editando poesía, he conocido a muchísima gente y al final, no he hecho más que hacer eso: editar poesía. Para bien, para mal o para regular. Mi vida es editar poesía.
Usted declaraba que, como editor, no había que fiarse ni de segundas ni de terceras personas. ¿A qué se refería con eso?
A todo. Pero yo creo que con eso me refería más a un poeta. Yo no me fío de recomendaciones de nadie. Eso es algo que lo he hecho toda la vida, seguramente he hecho mal, pero no me fío de nadie (ríe). Del público sí que me fío. No me queda más remedio que fiarme. Él es el que manda.
Usted ha dicho: "A los poetas no les gusta que les digan que no lo son".
Sí, eso me ha pasado. Los poetas son el gremio que más orgullo tiene. Tú le puedes decir a un pintor que no es buen pintor, a un cineasta o a un novelista. A un poeta, si le dices que es mal poeta, el orgullo se lo tocas y te mata. Los poetas tienen mucho ego.
¿Le ha tocado alguna vez un puñetazo en estos 40 años?
No, a eso no hemos llegado. Nadie por ahora. Mucha gente me ha quitado el saludo, pero bueno, eso son gajes del oficio. Mucha gente que no he editado considera que hice mal y me ha dejado de hablar.
¿Le ha dicho usted a un cuate muy suyo, muy cercano: "Lo siento. A vos no te voy a publicar"?
Se lo he dicho a muchísimos. Que sean muy buenos amigos, eso no los hace buenos poetas.
¿Y cómo ha sobrellevado el trabajo editorial con el mercado?
No pasa nada. Todo sigue igual.
¿O sea que con crisis o sin ella Visor ha funcionado?
No, la crisis es importante, al menos en España. La crisis está fastidiando a las editoriales, pero no a las que editan poesía. Por lo menos a mí, no. ¿Sabes lo que pasa? Que la poesía siempre ha estado en crisis y tampoco ahora eso es tan importante.
Y en esta carrera editorial de 40 años, ¿qué se lee más: a los poetas vivos o a los muertos? ¿A qué se debe eso?
Los poetas cuando se mueren, en un par de años, pasan al olvido. A no ser que sean clásicos. Nunca me he explicado cómo el buen poeta cae en el olvido, por ejemplo: Mario Benedetti. Hay muchas cosas que no me explico del género del libro, de la poesía.
¿Así que su padre quería que fuera cura?
No era eso. Mi padre quería tener un hijo cura, pero yo tengo 7 hermanos y eso le tocó a otro, no a mí.
¿Se miraba como cura? La pinta la tiene.
(Ríe). Joder, no. Sí es así, solo me pongo la sotana.
Usted ha editado el trabajo de músicos como Bob Dylan y Joaquín Sabina. ¿Cómo funciona eso a diferencia de la poesía?
Siempre he creído que en la poesía popular hay grandísimos poetas. Edité a Dylan, Leonard Cohen, Sabina, Violeta Parra y la gente no se lo creía. Siempre he considerado que hay que distinguir entre poetas que cantan y cantantes que hacen poesía. Son cosas distintas. Hay cantantes que son grandísimos poetas como Joaquín Sabina o Violeta Parra.
¿Y no ha tenido en la mira a Nacho Vegas?
No lo conozco suficiente. No me atrevo a darte una respuesta.
¿Editorial Visor ha publicado un mal libro?
Sí. Muchísimos. Hay bastantes.
¿Y qué falló? ¿Las ventas?
No, nada de eso. Hay un momento en el que tú piensas que tienes un buen libro, pero al cabo de tres años te das cuenta que no. Creo que eso es normal que pase.
¿Y qué papel juega la voz del mercado para publicar o reeditar?
No me fío de nadie, ya te lo he dicho. A mí lo que me digan no me importa.
¿Entonces cuando usted dice que un libro no funcionó es porque ha sido un ejercicio personal?
Mira, hay autores conocidos que no venden. Los hay muy importantes y no venden nada. A mí no me importa. En otros casos hay poetas que son muy malos y venden mucho más. El mercado no lo conoce nadie. Nadie tiene la certeza de saber cuándo se venderá un libro y cuándo no.
¿Y Editorial Visor ha tenido un peso, un criterio ideológico?
Sí. Es que en España como sucedió en El Salvador, la ideología era muy importante. Con Franco no quedaba más remedio que tomar partido. Mira el catálogo de Visor. Sus primeros libros son vanguardistas con poetas muy reconocidos dentro de la izquierda.
¿Y qué fue de todo eso?
La ideología ya no importa tanto. España ha cambiado mucho, pero claro que tú no te quitas todo eso de la cabeza.
Hoy por hoy, ¿a qué poeta le gustaría editar y no lo ha hecho?
Hay muchísimos, pero por alguna razón no he editado a Antonio Machado. No lo he hecho nunca. Y es mi poeta preferido después de Juan Ramón Jiménez, pero no ha habido la ocasión. Tengo que editarlo. Me da vergüenza no haberlo hecho.
¿Y qué sucede con los poetas que han sido tildados de fascista como Ezra Pound o Céline?
A Pound lo edité, pero vamos, Pound es un caso distinto. Él era un poeta, no fascista. Se volvió loco y después un poco fascista, pero él sobre todo era un poeta.
¿Y qué papel juegan las editoriales con el tema de la memoria?
Eso es algo que la gente debe tener muy presente. Países como España que han pasado por lo que hemos pasado, pues la memoria no puede quedar en el olvido. Es que no se puede. La memoria la tienes que tener y la ideología la tienes que tener. No se puede decir "yo no soy de izquierda ni derecha". Por favor, todo el mundo tiene algo.
¿Y cómo ve en este momento a su país, España?
¿España? España es un desastre, sin ninguna perspectiva. En España nos están engañando miserablemente a todos. No creo que las cosas mejoren con Rajoy (presidente de España).
Y si de pronto aparece Paulo Coelho con un poemario bajo el brazo y le dice que se lo publique... ¿Se lo publica?
No, no, no. Como no me guste, por mucho que venda, no lo edito. Puede editar lo que quiera. Puede vender lo que quiera, pero yo no lo edito. Por ahí no paso. ¿Sabes por qué llevo 40 años editando? Porque siempre hemos tenido el cuidado de no poner autores de esos. Que sino es la mala fama la que uno se coge enseguida. Y la mala fama no te la quitas. La buena te la puedes quitar en un día. La mala fama no te la quitas nunca.
¿Y qué poeta de El Salvador le gusta en la actualidad?
Ríe. ¿Qué quieres? ¿Que me echen mañana?

El reverso de la diferencia

Mi foto
¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]