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domingo, 20 de agosto de 2017

Pablo Tamargo (El Tamar): “España me da bastante vergüenza ajena”




Nada de drogas duras. Sí unas cervezas o unas copas de vino al caer la noche. Eso sí: sin excesos. Un poco de deporte. También cine. Innumerables horas en el conservatorio. Pero lo más importante: humor. De ese satírico que incordia y que tiene la capacidad de hacer de lo cotidiano un episodio de risas.

Pablo Tamargo (alias El Tamar. Oviedo, España. 1977) no sabe qué fue primero en su vida: si la música o la risa. Lo qué sí sabe precisar es que desde que tiene uso de razón empezó a cuestionar todo a su alrededor.

“Me encanta debatir y plantearme las cosas una y mil veces”, reconoce el músico y cinéfilo español.

El Tamar ha tenido otras bandas: Black Horde, Pantano y Los Izquierdos. En YouTube se le ve muy sagaz en la guitarra y se le escucha cantar en inglés. Los músicos que lo acompañan también son de buena escuela a la hora de ejecutar los instrumentos.

Pero ha sido su reciente trabajo —“Red Social Medieval”— el que le ha dado vida a esta conversación que intenta rastrear el mundo de Pablo Tarmargo. Esta producción es todo humor con fina ironía. El nombre de las canciones vaticina un ajuste de cuentas con la comodidad del statu quo. Ahí están los temas para confirmarlo: “No me ponen en Radio 3”, “Franco ha vuelto”, “No cuesta nada saludar (hijo de puta)”. O “Jóvenes atormentados”.

“La música con tintes cómicos está injustamente injuriada”, señala con convicción El Tamar.

Ah, sí. Por supuesto. Con este melómano no todo es bienvenido. Eso del reguetón y del hip-hop ni a patadas. Algo que no le pasa con la música cubana o brasileña. O el tango. Tampoco con la ranchera y un par de tequilas.

“Lo mexicano siempre me fascinó”

Establecido en Gijón, el músico asturiano lamenta que a Latinoamérica llegue "mucho Enrique Iglesias y poco Javier Krahe". Y con más desdén que amor patriótico, El Tamar dice que en España “no hay una libertad de expresión plena”. También opina que lo más importante es la educación con conciencia, porque solo así podremos redimirnos de los mesianismos y de los paraísos artificiales como la religión.



¿Qué fue primero en vos: la música o el humor?

Difícil de saber. Ya desde muy pequeño estaba todo el día viendo películas de los hermanos Marx, el programa de Benny Hill y escuchando música clásica, grupos de la década de 1980 de pop rock y también jazz. [Quizás] la música [fue primero] porque se escuchaba mucha en mi casa. En el coche siempre íbamos con música. Sólo puedo decir que música y risas han formado parte de mi vida desde muy pequeño.

¿De dónde sacaste la idea de bautizarte como El Tamar?

Es como me llaman desde muy pequeño. No fue un nombre artístico creado. Se lee “Támar”. Es por mi apellido Tamargo.

En tu bitácora personal de consumo de música, ¿a quiénes escuchás? ¿Quiénes te han marcado?

Estoy estudiando música en el conservatorio y no soy un gran consumidor de la misma como ocio. En el coche sí que me gusta y la verdad es que escucho de todo. Jethro Tull, Javier Krahe, The Darkness, Soundgarden, Prince, Ópera, etc. Lo que todavía no escucho es reguetón o hip-hop. Aunque tampoco tengo nada en contra de esos estilos. Si he de decir un grupo que me ha marcado en lo musical seguramente sería Jethro Tull. Los llevo escuchando toda la vida.

¿Qué has querido contar con tu nueva producción “Red Social Medieval”?

He querido aproximar mi música al terreno del humor. Creo que la música con tintes cómicos está injustamente denostada. Injuriada.

¿Me equivoco si digo que la producción “Red Social Medieval” dejó fuera el binomio amor-desamor?

Una de mis principales aspiraciones en la música es desvincularla del desamor. En la vida de las personas no creo que ese sentimiento ocupe más de un 1% de su tiempo. Sin embargo en el campo musical abarca seguramente más de un 90% en las letras de las canciones.

Hablemos un poco de las disqueras. ¿Te ha sido difícil encontrar un sello discográfico para difundir tu trabajo?

No ha sido difícil porque el responsable del sello es de Gijón, que es donde yo vivo. Ya nos conocíamos y le pareció un trabajo viable por su carácter un tanto peculiar, que no nuevo.

¿En qué momento decidiste incordiar? ¿Hubo un parteaguas en tu vida que dijo: “esto hay que hacerlo de otra manera”?

Llevo incordiando desde que tengo uso de razón. Digamos que tengo un espíritu inquieto y crítico por naturaleza. Me encanta debatir y plantearme las cosas una y mil veces.

¿A qué le cantás?

Le canto a miles de situaciones cotidianas que pueden ser revestidas con música. Lo trivial está tan denostado que su uso para hacer canciones creo que tiene un punto de originalidad.

¿Cómo fue trabajar con Rodrigo Cuevas y Nacho Vegas?

Una verdadera maravilla y tremendamente fácil. Rodrigo es mi primo-carnal. Nos conocemos desde que nació. Me parece lo mejor que le ha pasado a nuestra región en Asturias en mucho tiempo. Lo llamé y se prestó encantado. Nacho es un buen amigo y vive en mi misma ciudad. Se apuntó sin dudarlo y poniendo todo tipo de facilidades. La verdad es que los dos son grandes personas, y que se sepan reír de ellos mismos dice mucho de su inteligencia y humildad.





El humor es un ingrediente importante en la vida para sobrellevar las vicisitudes del día a día. ¿Pero hasta dónde creés que los usuarios de tu producción pueden tomar en serio lo que decís?

Hasta donde ellos crean pertinente. Mi única aspiración es haber entretenido un poco y sacar una sonrisa. Sólo espero que sepan ver que hay un trabajo importante en la creación de todas estas cancioncillas y videoclips. Y espero que la gente no crea que el humor —al ser una constante en mi música— sea de menor calidad.

No hay nada nuevo bajo el sol a pesar de que estamos en el siglo XXI. ¿Qué hay de las drogas? ¿Has pasado por los caminos que recorrieron Nacho Vegas, Antonio Vega, Javier Krahe, Joaquín Sabina?

Para nada. La verdad es que sólo consumo vino y cerveza. Nunca me dio por tomar otras drogas. Fumaba porros una temporada, pero a los veinticuatro años los abandoné. Hago mucho deporte. Me hace sentir muy bien. Eso sí: beber alcohol me produce bastante placer y es una actividad que llevo a cabo prácticamente todos los días, pero con mesura.

Tus letras incordian mucho, pero en este proceso de creación… ¿Te censurás?

En nada. No recuerdo haber retirado alguna frase o palabra [de mis letras] por pensar que pudiera molestar.

Tu trabajo musical lleva fusionado la música popular con el jazz y el blues. Esto no es a boca de jarro. De seguro tenés a grandes músicos detrás de vos.

Tengo la suerte de contar con una banda de músicos formados en el jazz desde hace muchos años que acceden a tocar conmigo por muy poco dinero. La verdad que es una suerte tremenda.

Sé que te gusta mucho el cine. ¿Has tenido que ver en la creación de tus videos? ¿Vos los dirigís o aceptás consejos?

El cine me gusta aún más que la música. Es una de mis grandes pasiones desde siempre. Los videoclips los suelo hacer con Titi Muñoz, que es un maestro. Las ideas son mías pero él siempre se encarga de la dirección y del montaje. Y hay ideas suyas en el rodaje de los mismos. En realidad es una pieza fundamental en el concepto de El Tamar.

Estuviste en una banda llamada Black Horde —sonido punk, hard rock— que cantaba en inglés. ¿Acierto si digo que hay una clara intención de sonar muy “americano”?

Totalmente. Sigo tocando con ellos y hemos tocado en algún festival importante en España. La idea era sonar como una banda de hard rock pero con un toque un tanto más moderno. En España creo que por norma general en el rock siempre han influido mucho Los Beatles y los Rolling Stones. Yo siempre fui de Creedence Clearwater Revival. Me gusta más lo americano que lo británico.





¿Cómo fue este proceso y cambio de venir cantando en inglés y hacerlo en español y con un sonido muy lejos del rock?

Hubo un grupo por medio que puede considerarse una transición. Se llamaba Pantano, y la idea fue hacer una banda que sonara como la banda sonora de una película de Tarantino. Había canciones en “spanglish” y todo. Tenía un aire fronterizo cercano a Tito y Tarñantula por momentos.

Hay algo curioso. Te has confesado diciendo que sos tímido. Pero tus letras denotan a alguien cáustico, irónico e irreverente. ¿Me explicás esta paradoja?

Bueno, pues es que yo soy un tanto contradictorio en general. La gente me ve como una persona muy segura de sí misma, pero la verdad es que —por ponerte un ejemplo— nunca toco únicamente con mi guitarra porque me parece que es un coñazo escucharme tocar mis canciones. Es una especie de falta de confianza en mí mismo. Está ahí presente, pero también es cierto que no dejo que me gane. En realidad creo que hay mucha gente igual que yo, pero no lo dicen públicamente.

¿Y en los conciertos que das tocás canciones de tus viejas bandas o te dedicás a promocionar exclusivamente “Red Social Medieval”?

En los de cada grupo toco los temas del repertorio pertinente. No mezclo las cosas. Sí que es verdad que pensé en meter temas de Pantano en el repertorio de El Tamar.

Contame: ¿cómo surgió la idea de hacer esa pieza que se llama “No me ponen en Radio 3”? ¿Fue un ajuste de cuentas con la emisora?

Antes me han hecho una entrevista desde El Salvador que desde una radio de mi país [España] con un alcance a nivel nacional [como Radio 3]. Incluso teniendo una canción con Nacho Vegas y habiendo tocado en el festival de rock más importante de España —el Azkena Rock Festival— [me han ignorado]. No digo que mi música sea sobresaliente, pero quería criticar que en el siglo XXI es todavía necesario ir a Madrid para que te hagan caso.

¿Cómo nació “No cuesta nada saludar (hijo de puta)”?

Un día entrando en el portal de mi casa saludé a una vecina y esta no me correspondió. A esto me refería antes con las situaciones cotidianas que pueden dar lugar a canciones.






Tenés una canción que se llama “Franco ha vuelto”. ¿Cómo fue la recepción de esta pieza en una España con tantos remilgos?

La verdad es que pensaba que iba a tener mayor repercusión mediática. La Fundación Nacional Francisco Franco había denunciado a Eugenio Merino —es quién hizo la cabeza que sale en el videoclip—. España es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos después de Camboya. La verdad es que España me da bastante vergüenza ajena.

Y en este contexto: ¿has tenido la intención de irte de España y ejercer tu profesión en otro país?

La verdad es que no. Llevo una vida muy cómoda en España trabajando lo justo para poder vivir bien. Soy un tipo que se lo pasa bien en casi todos los sitios. Si tienen playa, mejor. En Asturias se vive bastante bien, la verdad.

¿Cuál es tu opinión con las intenciones sociopolíticas que tuvo —y tiene— Podemos?

He votado a Podemos en las dos últimas elecciones. A grandes rasgos me considero identificado con muchas de las propuestas de este partido.

¿Sentís que tu humor y tus letras gozan de libertad de expresión en tu país? ¿Qué ha sido lo más difícil que has afrontado hasta este momento?

En mi país ha habido varios acontecimientos recientes que ponen de manifiesto que no hay una libertad de expresión plena. Yo soy de los que creo que se tiene que permitir todo, es decir: hasta la venta de Mein Kampf [Mi lucha, libro escrito por Hitler]. Lo que hay que hacer es educar a la gente en una conciencia crítica y después ya será el individuo formado el que orine sobre esa patraña de libro y sobre las armas de control social como la religión.





Y de la música latinoamericana, ¿qué me decís? ¿Hay algo de aquí que te guste?

Claro. Me gusta la música cubana sobre todo. Y en parte la brasileña. Es curioso que en España se esté dando un proceso de colonización cultural que parece una especie de pago en karma por lo que España hizo en otras épocas en Latinoamérica. El reguetón está convirtiéndose en lo que más escuchan los niños. La verdad es que no me gusta el género, pero me hace gracia este fenómeno.

¿Te parece así? ¿Creés que decir Latinoamérica es sinónimo de reguetón? Muchísimos usuarios del español en el mundo detestan el reguetón.

La verdad es que hablo un poco sin tener demasiado conocimiento de causa. El problema es que la mayoría de música latinoamericana que llega a mis oídos es a través de los canales más comerciales de la radio. Lo cual es bastante lamentable. Latinoamérica tiene muchos millones de habitantes. Y me estoy perdiendo muchísimas cosas interesantísimas. Pero a ustedes les ha de ocurrir algo parecido, porque de nosotros —por desgracia— les llega mucho Enrique Iglesias y poco Javier Krahe.


Desde tu gusto personal, ¿cómo valoras la existencia de géneros —declarados por la UNESCO como patrimonio de la humanidad— como el vallenato, el tango y la ranchera? O el danzón y la cumbia.

Los tangos me encantan. De hecho en el primer disco hice un amago de tango mezclado con swing que probablemente provocaría las risas de muchos argentinos. Se llama “Tormentango”. Quise hacer un pequeño homenaje a Astor Piazzola. Las rancheras también me molan. En el primer disco hay una llamada “Canto lastimoso”. Lo mexicano siempre me fascinó. En general todas las culturas precolombinas me parecen fascinantes. La cumbia no me da tanto más. Aunque suelo poner una de Los Lobos que se llama “Chuco's Cumbia”. El vallenato sólo lo conozco por Carlos Vives. Lo cual demuestra mi ignorancia al respecto. Mis disculpas.

Hablando de música latinoamericana. ¿Cómo ves el trabajo musical de tu paisano Enrique Bunbury en la que ha fusionado muchos géneros de esta región?

No me da más por lo que hace. Tiene una voz demasiado característica por su naturaleza y por el énfasis que pone en que sea tan personal. No cabe duda de que es de valientes hacer discos tan distintos como los que él ha hecho. Una vez coincidí con él y me pareció un buen tipo. Pero volviendo a lo musical, Bunbury me recuerda un poco a Raphael. [Sus voces] me parecen bastante horteras. Es como si no supieran hacer otra cosa que cantar de esa manera, como cuando Shakira suelta treinta veces en una canción esos gorgoritos. Estoy un poco cansado de que exploten ciertas características personales para decir luego que tienen algo [original, único].

¿Cómo te sentís para elevar anclas y darte una vuelta por América?

Creo que América es la clave. Por una sencilla cuestión de números. Hay muchos millones de hispanohablantes allí. A mí me encantaría ir. Sobre todo por conocer gente y conocer de primera mano la comida de allí. La cocina mexicana es una de mis favoritas y seguro que en El Salvador se come de muerte.




lunes, 3 de abril de 2017

Almudena Bernabeu: "El expresidente Cristiani sabía que iban a matar a los jesuitas"



No había alcanzado los treinta años de edad cuando en 1998 puso tras las rejas a un militar hueso duro de roer: Augusto Pinochet. Su logro judicial hizo que los defensores de los derechos humanos en Latinoamérica le endosaran la mejor de sus simpatías. Algo que pervive hasta ahora.

Almudena Bernabeu es abogada. Es española. Desde el año 2002 empezó a laborar en el Center for Justice and Accountability (Centro de Justicia y Responsabilidad). Su vida transcurre entre Estados Unidos, España e Inglaterra. También tiene fuertes vínculos con Latinoamérica.  En 2016 dio con uno de los responsables de haber asesinado al cantautor chileno, Víctor Jara. Le quitó el agua a un pez gordo: el teniente Pedro Barrientos. El exmilitar está radicado en Miami, Florida. Podría ser extraditado a Chile, pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca pone el caso cuesta arriba. Pero no solo se enfrenta a eso.

El día 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados por el Ejército de El Salvador seis sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras en las instalaciones de la Universidad Centroamericana (UCA). En ese momento el país tenía como presidente a Alfredo Cristiani. Para Almudena Bernabeu el mandatario del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) sabía que el Alto Mando de las Fuerzas Armadas de El Salvador (FAES) atentaría contra la vida de los intelectuales religiosos. A ella no le cabe la menor duda de que el jefe de Estado no ignoraba los movimientos de la cúpula militar. Esto significa que el expresidente Cristiani no es inocente. La abogada lo explica mejor:

“El conocimiento es uno de los elementos esenciales para poder adjudicar responsabilidad penal a altos mandos y superiores. Y por supuesto a jefes de Estado”.

De la mirada de la abogada española no queda fuera el actual gobierno de El Salvador. Almudena Bernabeu no se ciega y sabe que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) también tiene manchada las manos de sangre:

“Han adquirido poder político, porque fueron parte de la negociación de la paz y porque tienen sangre en las manos. Y un miedo —en mi opinión— irracional a las consecuencias”.

¿Qué opinión tiene ahora que la Sala de la Constitucional ha declarado ilegal la Ley de Amnistía de 1993?

Era un paso crucial y necesario para romper el ciclo de impunidad en El Salvador que tanto ha afectado en la capacidad de ese país —de verdad— de reconstruirse y de funcionar tras la guerra.
¿Qué significa la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía en el caso Jesuita, es decir: extradición?

Digamos que la eliminación de la ley tiene varios efectos. En El Salvador —tristemente— solo se ha materializado uno: el dejar en efecto su aplicación respecto del coronel Guillermo Benavides a quien se le aplicó y conmutó la sentencia que se le aplicó en 1991. Esto es realmente triste, porque aunque técnicamente correcto, no ha ido más allá. Es decir: no ha analizado en hecho de que Guillermo Benavides —aunque responsable— fue la cabeza de turco y quien pagó por la responsabilidad del Alto Mando del Ejército en su totalidad. Fue el Alto Mando el que decidió y orquestó el asesinato de los jesuitas. No Guillermo Benavides. Su responsabilidad fue recibir la orden y asegurar la ejecución del crimen… Pero esa responsabilidad es la de todos [los miembros del Alto Mando]. No la de uno solo. La [ilegalidad de la] Ley de Amnistía debería surtir un efecto muy importante. Sin embargo, los jueces en El Salvador han decidido ignorar la solicitud de arresto internacional y posterior extradición de los imputados en el caso [judicial] de España, pues el alegato es que es cosa juzgada. Y esto es jurídicamente incorrecto y no es un documento legal aplicable [debido a] la Ley de Amnistía. Según esta lógica, al no haber Ley de Amnistía, ya no hay obstáculo para no extraditarles. O en su caso: para no juzgarles en El Salvador. Seguimos esperando [justicia].

Si no ocurre la extradición, ¿qué le queda por hacer a El Salvador en el caso Jesuita?

Juzgarles.

La exguerrilla del FMLN en su época de partido de oposición vociferaba que se derogara la Ley de Amnistía. Ahora en el poder ha pedido que no hay que abrir las heridas y se pliega a los discursos de la derecha. ¿Por qué cree que ocurren estos cambios de discurso?

Porque han adquirido poder político, porque fueron parte de la negociación de la paz y porque tienen sangre en las manos. Y un miedo —en mi opinión— irracional a las consecuencias. Creo que deslegitiman la revolución que intentaron ganar y se están poniendo —por poder— a la altura de las estructuras tradicionales de poder político y económico que ellos tanto pelearon.

Recuerdo que al inicio de la gestión presidencial de Sánchez Cerén hubo buenas intenciones para no entorpecer la extradición de los militares involucrados en el asesinato de los jesuitas, sin embargo, el vicepresidente Óscar Ortiz pidió que los militares involucrados no fueran extraditados. ¿Cómo evalúa esto?

Muy negativamente y con terribles consecuencias para El Salvador y su gente.

El diputado Rodolfo Parker ha hablado sobre hacer una nueva Ley de Amnistía. ¿Qué piensa de eso? ¿Es posible?

Creo que es legalmente posible, pero es un error y no creo que la comunidad internacional lo permita.

El Salvador tuvo una preguerra. ¿Qué sucede con los casos desde 1970 y que no figuran en la Comisión de la Verdad? Por ejemplo: Los asesinatos de Roque Dalton y el empresario Roberto Poma.

Sería muy importante investigarlos. Sé que las familias lo están intentando...

¿Cómo debe de actuar la Fiscalía con aquellos casos que ya están avanzados o concluidos en sus investigaciones?

Pues debería agilizar la investigación, reducir resultados, abrir nuevas investigaciones y ser no solo ministerio fiscal, sino ser garante de los derechos de las víctimas.

¿Por qué la población salvadoreña ve la resolución de la Sala de lo Constitucional como una afrenta que viene a subvertir el orden y a empeorar el panorama que vive el país?

 No estoy segura de que la gente de El Salvador lo vea así. El tema lo han manipulado las fuerzas políticas y los medios de comunicación, pero yo no creo que ese sea el sentir de la gente de a pie.

¿Qué tanto puede aportar la extradición del coronel Inocente Montano al caso jesuita?

Permitiría abrir el juicio en la Audiencia Nacional, presentar todas las pruebas y hacer algo de justicia.

¿Cuál es el aporte —si existe— de la novela Noviembre de Jorge Galán? ¿Realmente aporta algo?

Quizás el aporte es más simbólico que probatorio. Pero si es relevante. Tantos años después [esperando] tener las palabras de Alfredo Cristiani en audio describiendo él a los militares del Alto Mando como los responsables del crimen, pues creo que eso es un aporte importante.

¿Dónde queda la figura del expresidente Alfredo Cristiani? ¿Cómo ve usted que haya enviado a España a un excomandante guerrillero para abogar por él?

Creo que de alguna manera corrobora su responsabilidad. Si fuera inocente, ¿por qué molestarse tanto?

Desde su experiencia: ¿El expresidente Cristiani sabía sí o no del asesinato de los jesuitas? ¿Qué tipo de prueba o indicio tiene al respecto?

Sí. Estuvo en comunicación telefónica con el Alto Mando del Ejército todo el tiempo. Se discutió —como ha confirmado Benavides, Camilo Hernández (miembros de la DNI)—  que todas las decisiones eran comentadas con el presidente. Y aunque no se le pedía permiso —dado el poder que tenían los generales— sí supo en todo momento lo que iban a hacer. No tengo duda. Creo que la prueba indicara —y el sentido común también es importante— que para eso existen las teorías de responsabilidad penal indirectas. Él era el presidente. ¿Crees que alguien puede inferir de ello que [el expresidente Cristiani] desconocía por completo una operación militar de la envergadura que llevaron a cabo?

Saber no es igual a dar una orden ¿Cómo podría solventarse esto en el ámbito judicial en el caso del expresidente Cristiani?

El conocimiento es uno de los elementos esenciales para poder adjudicar responsabilidad penal a altos mandos y superiores. Y por supuesto a jefes de Estado.

Me da la impresión de que quienes han entorpecido más la investigación ha sido el gobierno del FMLN más que el partido ARENA. ¿Me equivoco?

Creo que los viejos areneros han sido mucho más duros y la han obstaculizado mucho más.

¿Qué análisis hace de la firma de la paz en Colombia entra las FARC y el gobierno?

Es un esfuerzo  importantísimo y un paso histórico de las FARC. Un proceso terriblemente complicado que lamentablemente se ha visto debilitado tras el plebiscito y la reforma del acuerdo. La paz, sin embargo es inevitable. Ahora hay que construirla y esa es la parte más dura. Yo tengo muchas esperanzas.

El analista Heinz Dieterich me decía en una entrevista que las amnistías son inevitables en contextos bélicos. ¿Los protagonistas de una guerra pueden pasar a un escenario político sin darles la espalda a las víctimas?

Solo estoy de acuerdo con esta afirmación si solo son andamios temporalmente inevitables. Es decir: la amnistía permite concluir el conflicto, cesar la violencia, pero si no hay responsabilidad, castigos y reconocimiento de las víctimas, pues no hay futuro para esa paz inicial.

¿Qué rumbo lleva en este momento el caso Víctor Jara?

En estos momentos se sigue adelante el proceso para la extradición de Barrientos, ojalá que sea extraditado a Chile, pero con la administración de Trump, lo dudo.

¿Qué tan importante son los gobiernos para resolver crímenes de guerra o de lesa humanidad?


Los gobiernos no son muy importantes ni son de gran ayuda, porque en muchas ocasiones son ellos los responsables de tales crímenes. Pero la separación de poderes en un contexto de democracia y las fuerzas jurisdiccionales y su capacidad de sostener esa independencia —de la que por cierto carecen muchos jueces en El Salvador— es vital.

sábado, 8 de octubre de 2016

Lástima




Cosa de grande maravilla y lástima
que sea aquí tanta flaqueza e
impurezas del ánima que siendo la
mano de Dios de suyo tan blanda
y suave, la sienta el ánima aquí tan
grave y contraria...
                  
               (San Juan de la Cruz)

Me haces daño, Señor: Quita tu mano
de encima. Déjame con mi vacío,
déjame. Para abismo, con el mío
tengo bastante. ¡Oh Dios!, si eres humano,

compadécete ya, quita esa mano
de encima. No me sirve. Me da frío
y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío
como tú. Y a soberbio, yo te gano.

Déjame. ¡Si pudiese yo matarte,
como haces tú, como haces tú! Nos coges
con las dos manos, nos ahogas. Matas

no se sabe por qué. Quiero cortarte
las manos. Esas manos que son trojes
del hambre, y de los hombres que arrebatas.

Blas de Otero

De: “Redoble de conciencia” (1950)

lunes, 20 de enero de 2014

Carlos Cañas: "No me tocó ser feliz, pero seguí caminando..."


El Premio Nacional de Cultura 2012, Carlos Cañas, conversó con El Diario de Hoy sobre su vida y obra. El maestro de la plástica salvadoreña no esconde su franqueza intelectual y artística.

No necesita presentación, sencillamente porque él es maestro de la pintura en El Salvador.

La pregunta de rigor. ¿Cómo se sienta ahora que recibirá uno de los premios más importantes de El Salvador? 

—Conmovido profundamente. Cuando me lo dijeron, no pude decir palabra alguna, pero sí, ya era tiempo. (Ríe) Me han dado otros premios, pero dinero, nunca.

Recuerdo unas declaraciones de su autoría que decían que no recibiría el Premio Nacional de Cultura en un gobierno que no fuera de izquierda.

—Eso fue algo que se me salió. (Ríe) Lo dije, pero me exalté. Ya ni nos acordemos de eso. Lo de este premio ha sido un accidente. Si me lo hubiese dado la derecha, igual lo hubiese aceptado.

Hace unos años, en este estudio, usted tenía mucho entusiasmo por la posibilidad de que llegase la izquierda al poder. Tres años después, ¿cómo ve a este gobierno?

—Ver claro, no veo. Veo medio nublado... (Risas) Él ha hecho sus cosas (se refiere al presidente Funes). Hay cosas como la economía que están graves. Creo que ha habido un cambio, un cambio de que una sociedad tenga un gobierno diferente.

¿Y le dirá algo al presidente Funes el día de la ceremonia?

—Yo solo tendré palabras de mucho agradecimiento. Hay mucha gente que me ha ayudado. Además, todo depende si estoy emocionado. Si estoy muy emocionado, no podré decir nada. Se me hará un nudo en la garganta, como sucedió cuando me avisaron del premio. Es que yo por nada me emociono, fíjese.

Y a sus 88 años y con una larga trayectoria artística, ¿cómo ve Carlos Cañas a Carlos Cañas?
—Como un educador. He trabajado mucho. He visto tantas dificultades para pintar en el país. Incluso, venía gente a mí y yo les decía que había un problema: si te querés dedicar a la pintura y tenés una gran suerte, no aguantarás hambre, pero si no tenés suerte, no vas a tener qué comer.

¿Y a usted cómo le fue?
—A mí me tocó mitad y mitad. Tuve momentos buenos y malos. Pude ir a España, invitado por su gobierno. Después de esto me tocó trabajar muy duro. Mi vida ha sido trabajar y pintar.

Hábleme de sus discípulos, porque los hay y están vivos.

—Está Roberto Huezo, quien se ha olvidado de mí. Está Roberto Galicia (director del Museo de Arte de El Salvador). Hay otros más, pero no recuerdo sus nombres, pero yo sacaría unos ochos muchachos... Hubo algunos que, por su concepto político, me sintieron ajeno a ellos (...) La vida me llevó a estar vinculado con el pueblo. Estoy amarrado a él.

¿Se metió en aprietos alguna vez por su postura política?

—(Ríe) Sí, siempre creaba problemas. Me decían que no hablara de eso, que no sé qué. Y eso era porque nunca estuve dentro del partido. Nunca quise estarlo. Jamás. Desde que empecé a pintar, toda mi pintura fue social, no pintar al campesino como alguien derrotado, sino, todo lo contrario. Yo he sido lo que se llama un francotirador. Siempre he estado solo y por mi propia cuenta.

Hablando de soledad. ¿Sigue vigente aquello de quemar su obra o no nos tomamos muy a pecho sus palabras?

—Lo que dije no es un hecho que se va a hacer. Solo es una posibilidad. Hay pintores en Europa que han quemado su obra. Pensaba dejar mi trabajo en un banco, pero luego pensé que no. Donarlos a un museo es igual a tenerlos guardados (...) A mí no me ha tocado ser feliz, pero he seguido caminando con los problemas.

¿Y a sus 88 años hay algo que le hubiese gustado hacer o corregir...?

—No. Yo soy todo lo contrario a Rafael Alberti (poeta español de la Generación del 28). Él comenzó pintando y de repente comenzó a escribir. Yo, en cambio, escribía poesía, pero me metí a estudiar pintura y me quedé con ella. Después de España, vine a El Salvador con la idea de que tenía que ser profesor, y no solo un profesor que agarra el pincel y pinta, sino un profesor que tenía que hablarles de la pintura, de su historia, de su base estética, de su condición (social-política-ideológica).

Oiga, ¿y cómo era usted con sus alumnos? Me han dicho que era duro, pero eso no significa que sea malo, porque se lo agradecen.

—¿Quién te dijo eso...? Bueno, a mí todos me querían y estaban contentos conmigo. Hubo alguien que escribió en un periódico que gracias a mí, encontró su camino. Yo abrí el camino a mucha gente.

¿En qué momento se dijo a usted mismo, "voy a ser pintor"?

—Yo vengo de una familia de pintores. Hacían pintura comercial: pintaban rótulos, pintaban santos, iglesias, cuadros religiosos. Pintaban de todo.

¿Quiénes fueron sus maestros y en qué momento tiene una ruptura estética con ellos?

—Mis maestros fueron Luis Alfredo Cáceres Madrid, José Mejía Vides y Carlos Alberto Imery, quien me daba muy buenas ideas. De ahí, nadie. Luego apareció la pintura socialista mexicana.

Verdad o mentira, no hay pintor en El Salvador que afirme que estudió con el español Valero Lecha...

­—Valero Lecha fue la parte contraria. Fundamos lo que se llamó "Pintores jóvenes" y luego "Pintores independientes" con Camilo Minero y otros que yo dirigía. Todos éramos contrarios a la pintura de Valero Lecha. El sistema de él no nos agradaba.

¿Y qué no les cayó en gracia del español?

—El sistema de él era académico: hacer las cosas tal y como son; en la naturaleza el elemento básico se pintaba de tal forma. La pintura la aplicaba así y asá. Y así todo lo demás. Nosotros éramos pintura libre. Él, no. Nosotros estudiamos con un espíritu social, de libertad. Por eso, con el tiempo, nuestro pensamiento se involucra en eso. Unos en forma más directa como Camilo Minero. Yo me quedé como el francotirador: libre. Yo he amado la libertad siempre. Buscamos que la pintura llegara al pueblo. Exponíamos en los parques. Íbamos a sitios libres donde se podía mostrar la pintura. Los alumnos primarios de Valero Lecha no vieron la libertad.

¿Y usted cree que las ideas políticas como las de su grupo ya no están en la actual plástica salvadoreña?
—No, ya no están. Todo hombre, no importa dónde esté, debe moverse políticamente. El trabajo es político.

Y de aquellos tiempos de rebeldía, ¿no tiene algún cuate, amigo o alero que extrañe en estos días?

—Mi amigos fueron los pintores, el grupo del que le hablé, como Camilo Minero, Luis Ángel Salinas. Siempre ese grupito fue mi amigo. Estuvimos juntos como ocho años. Salíamos a dibujar, pintar a los parques. Nos íbamos a oír música clásica. Salíamos a echarnos nuestros cigarros, cervecitas. Siempre los mismos.

¿Qué es lo saludable y dañino que le ha dado la pintura?


—Lo saludable que me da es que me agrada. Y hay gente a la que le agrada también. Yo soy el formador de la pintura en este país. Les guste o no les guste. Hasta el jurado lo dijo. El daño que me ha hecho mi pintura es enseñarla. Estoy ensimismado en enseñar bien las cosas... [Al maestro, Carlos Cañas, se le humedecen los ojos, guarda silencio por un momento y retoma su discurso]. La suerte no ha estado de mi lado y qué vamos a hacer. Ojalá en el futuro haya una cultura de la plástica en este país.

Alberto Gómez Font: "Las palabras sucias se refieren a lo bueno..."



Es defensor del buen uso del español, pero sin conservadurismos. El filólogo nacido en Barcelona también es un bartender profesional. Pronto publicará un libro titulado "Los errores correctos".

Se considera a sí mismo indígena. Reivindica esa palabra y muchas otras más. Afirma que la Real Academia de la Lengua se ha alejado de la ortodoxia que la ha caracterizado. El filólogo español, Alberto Gómez Font, estuvo en El Salvador gracias a una invitación del ministerio de Obras Públicas y la intercesión del académico y escritor, Pablo Benítez.

Gómez Font tuvo una larga trayectoria en la Agencia EFE. Fue coordinador de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y en la actualidad es director del Instituto Cervantes en la ciudad de Rabat, Marruecos.

¿Qué diagnóstico tiene sobre la redacción de documentos administrativos en El Salvador?

Los organizadores del curso me facilitaron cuatro documentos del ministerio de Obras Públicas (MOP). Se puede constatar que estos documentos sufren de los mismos males de cualquier otro país hispanohablante. Hay un lenguaje escrito de funcionario público a funcionario público, nunca pensando en el ciudadano. Jamás. Un ciudadano de a pie agarra un texto de esos y tiene que ir a buscar un traductor para que lo traduzca del español al español. Hay escritos que arrancan con "De conformidad con lo prevenido". En español se usa la preposición "según". Hay comas (,) puestas en el sitio más insospechado, mayúsculas por todos lados. El lenguaje administrativo peca de exceso de especialización, como escrito a propósito para que no lo entienda nadie.

¿Y eso a qué se debe?

El lenguaje jurídico y administrativo se ha quedado anclado en el tiempo. Ambos se escriben con fórmulas muy rimbombantes que deben venir del siglo XVIII. Ese lenguaje debe acercarse al ciudadano, que al fin y al cabo, es el que paga los impuestos.

Es curioso que lo hayan invitado a usted a hacer esto cuando El Salvador tiene una Academia Salvadoreña de la Lengua Española. Entonces, uno se pregunta para qué sirve este observatorio...

El problema de la Academia Salvadoreña, como en otros países chiquitos, es la falta de medios. El ministerio que se ocupa de dotar de fondos a la Academia de la Lengua —que en el caso de El Salvador no sé cuál es, supongo que debe de ser el ministerio de Cultura— no dota a la Academia de lo suficiente y esta no puede contratar a investigadores que lleven adelante sus estudios que colaboren con la administración. Es solo una falta de medios. Nada más. También el hecho de que los miembros de la Academia (escritores, lingüistas) mayores, retirados de sus trabajos, no se han ocupado demasiado —o no se han dado cuenta— que merece la pena estudiar este asunto e intentar solucionar este problema. Pero no le vamos a echar la culpa a la Academia Salvadoreña, tampoco las academias de otros países se han ocupado de eso. La Real Academia Española ha empezado, hace poco tiempo, a promover estudios sobre el lenguaje administrativo y a llegar a acuerdos con los ministerios para intentar modernizar el lenguaje, pero de momento no se han dado grandes logros.

Acaba de mencionar la palabra lingüista. Hace poco vi algo que me dio mucha risa. Un tipo le decía a otro que vio a un lingüista montado en un unicornio y obtuvo como respuesta que "los lingüistas no existen..."

[Sonríe] Bueno, no sé... El lingüista estudia el funcionamiento de una lengua. El filólogo es más amplio. Hay ramas de la lingüística como la sociolingüística… Los lingüistas sí existen. Yo no sé si soy lingüista o no. Nadie me ha llamado de eso nunca. Bueno, de vez en cuando me lo llaman. Bueno, sí existen los lingüistas. Tengo amigos que lo son.

¿Qué tanto ha evolucionado la Real Academia de la Lengua? ¿Qué tan arcaica o permisiva es?

Las Academias han sido muy criticadas porque se han quedado un poquito ancladas en el pasado. Han sido poco modernas. Han estado poco atentas a la transformación del lenguaje como si fueran clubes sociales de viejos señorones que se juntan allá a hablar de todo, menos de lo que tienen que hablar, que es la lengua. Afortunadamente, ahora hay una entidad que es la Asociación de las Academias de la Lengua Española. Tiene un secretario general en Madrid y trabajan todas juntas y hay algo más de presupuesto para ayudar a las más pequeñas como la salvadoreña. Se dan becas para que los lexicógrafos vayan a estudiar a la Academia Española. Tengo amigos salvadoreños que han estado en esos seminarios como mi amigo Francisco Domínguez. Hay una dinámica, un movimiento que ya no son —en principio o no deberían ser— esos viejos clubes de sabios.

A propósito de lo de arcaico, le he escuchado decir cosas como "lengua culta", "léxico culto", "expresión culta". ¿Usted cree que la palabra "culto, culta" realmente tiene vigencia, razón de ser?

Tiene vigencia por oposición al lenguaje popular. Aunque, si uno opone lo culto a lo popular, está llamando incultos a los populares y eso es un poco peligroso. Nadie tiene derecho de llamar inculto a nadie por su forma de hablar. Pero sí, se llama lengua culta a la utilizada en los medios de comunicación, en la literatura, en las universidades. Y lengua popular o vulgar —que es otra forma de llamarla, aunque de vulgar no tiene nada— es la que se usa en contextos muy locales, muy coloquiales. Y lo de arcaico… Los lingüistas de España o la gente que le da por hablar de la lengua, cuando estudian el español de América suelen decir que en Latinoamérica se usan muchos arcaísmos. Y yo me pongo a pensar: ¿cómo van a ser arcaísmos si se siguen utilizando? Al que usa una palabra no se le puede decir que está usando un arcaísmo. Está usando una palabra actual puesto que la está utilizando en el siglo XXI (…) Uno tiende a pensar que lo de antes era mejor, lo cual es una mentira. Lo mejor lo tenemos ahora. Pero bueno, eso es parte de las mentes conservadoras que piensan que lo de antes era mejor.

¿Y usted siempre se consideró tan liberal con el lenguaje como lo es ahora o tuvo su rato ortodoxo?

Sí, tuve mi momento purista y ortodoxo. Cuando salí de la universidad y comencé a trabajar en la revisión de textos en un medio de comunicación como la Agencia Efe, uno tiende a ser muy conservador, muy regañador y muy purista. Me parecía importante andar diciendo, "eso lo escribiste mal", sin pararse a pensar que a lo mejor no está tan mal. A medida que pasan los años, uno va aprendiendo a tener cintura, a ser flexible y a ver la lengua como un ente vivo y cambiante y se atreve menos a decir que una cosa es incorrecta, que no es culta…

¿Y qué hizo el quiebre en su ortodoxia?

Usualmente son los amigos sabios quienes lo llevan a uno por el buen camino. Sobre todo fue y sigue siendo uno de mis maestros: Leonardo Gómez Torrego. Curiosamente, él no está en la Academia. No sé porqué. Él es un gran visionario con lo que va a pasar con el español. Recuerdo una conferencia suya hace muchos años en la que explicaba errores, pero que ya no lo eran y al mismo tiempo, explicaba cosas que se consideraban erróneas en la lengua, pero ya avisaba que con el tiempo dejarían de considerarse como tal. He visto cómo ha sucedido. Eso me abrió los ojos a que el error es error en un tiempo determinado. Precisamente estoy escribiendo un libro que se llama "Los errores correctos". Es una colección de cosas que tuve que corregir mientras revisaba noticias en la Agencia Efe y que ya no podría corregir porque ya están bien.

¿Qué hace que una palabra se mantenga vigente? La palabra guerra nunca pierde vigencia, si pasó con vinilo, pero regresó.

Usted mismo lo acaba de explicar: cuando una palabra ya no designa una realidad, deja de existir. Puede ocurrir que la palabra desaparezca porque los hablantes la cambiamos por otra, porque tengamos la percepción que se ha desgastado como pasó con minusválido y que tenía matices peyorativos. Esa se cambió por discapacitado, esta ya empezó a desgastarse y ha empezado a usarse "persona con discapacidad". La corriente de lo políticamente correcto cambia las palabras. No hay nadie que se ocupe de preservar una palabra. No hay organismos salvadores de palabras. Tampoco hay organismos asesinos de palabras. Somos los hablantes los que decidimos si nos gusta una palabra o no y si la usamos o no.

También hay una fe ciega en las nuevas tecnologías como si el futuro perpetuara el tiempo que vivimos. Ya cayeron en el olvido las palabras como Atari, la red social Hi5, la palabra "Messenger".

Es verdad, ya no me acordaba del "Messenger". Las nuevas tecnologías producen la llegada rápida de un caudal de palabras que entran y desplazan a otras palabras que ya no sirven. Esa es la historia de una lengua. Nuevas tecnologías han habido siempre, no electrónicas, pero han habido en la historia de la humanidad.

¿Qué postura tiene con la sociolingüística? Hace unos años un campesino describía lo que hacía de una manera muy peculiar... Dijo que estaba "humando" . O sea, él estaba fumando…

Ese campesino lo dijo bien, porque estaba humando. Hizo uso de la lengua lógica. Ahora hay un neologismo muy peculiar relacionado con eso que es el humo que uno echa de los cigarrillos electrónicos. Uno no fuma, porque no es humo, es vapor. Se está usando el término "vapear". Pero en el español no parece bien formado "vapear". Humar es hacer humo y ahumar es dar humo a algo y fumar es echar humo. El campesino lo dijo perfecto. Además, lo más importante de un hecho lingüístico como ese, es que yo lo entienda y que el tipo que me lo diga, pues me esté comunicando algo, y que no se produzca una ruptura en la comunicación.

¿Cómo es el proceso de validación de un término? ¿Se apoyan en la sociolingüística?

Ahora es fácil validar un término por la cantidad de apariciones que existen en un documento. Hasta hace pocos años, el modelo en el que se basaban las Academias para decidir si entraba una palabra o no en el diccionario, era el español usado por los grandes escritores. El problema es que los que decidían quiénes eran los grandes escritores eran los académicos, no éramos los hablantes. [La justificación era] "Ah, es que lo ha escrito Quevedo". Y si lo escribe un señor que no es Quevedo, ¿está mal...? ¿Cómo está la vaina? ¿Qué clase de criterio es ese? Pero ahora en día eso se terminó. Las Academias se basan en ustedes: los periodistas. Los difusores del uso del español y los que deciden si se establece una palabra o no, son los medios de comunicación. Y van a seguir siéndolo de ahora en adelante. No creo que nadie les quite eso.

Hablamos de la ortodoxia en el lenguaje. ¿Cuál es su posición con respecto a los eufemismos? En el periodismo vemos casos como "persona con discapacidad" "personas con capacidades especiales", "persona de color". O términos directos como "negro", "blanco", "judío", "indio", "nativo".

Desde mi punto de vista, todas las vueltas en el lenguaje, sobran. Si una persona es ciega, es ciega. Si es sorda, pues es sorda y no discapacitado auditivo. Recuerdo a un periodista colombiano que se llama Daniel Samper. Él decía que ya estaba harto de ser "discapacitado capilar". O sea, calvo. Son cosas del [llamado] lenguaje políticamente correcto... A mí, en lo personal, no me gusta. No sirve para nada. Es cierto que en el lenguaje político se usa mucho el eufemismo para el ocultamiento de la realidad y en el lenguaje económico como en la crisis actual de España. Esta manipulación del lenguaje lo vemos más en la propaganda y en la publicidad. Curiosamente, eufemismo significa decir algo de forma bonita. Si hay una palabra que se considera fea como "culo", pues el eufemismo es decir "pompis", "trasero", "cola" (...) Yo uso la palabra indio. Me gusta la palabra indio, porque reivindico la palabra indígena en su sentido original. Yo soy un indígena de Barcelona. Indígena es el originario de un sitio. Ahora se está usando indígena en vez de indio. Ahora estoy viviendo en Marruecos y hay una palabra para referirse a los pobladores del norte de África: moros. Pero moros es una palabra que les molesta a ellos. Si yo estoy hablando con un marroquí y le molesta que lo llame moro, ¿para qué lo voy a molestar? Aunque yo, cuando digo moro, no le pongo tono despectivo, pero ellos quizás no lo saben. Ese es el problema con indio. Yo reivindico la palabra para los indios de América y de la India, porque ahora hay mucha gente que, para diferenciar, llama a los de la India "hindúes", pero el hinduismo es una religión y hay indios que no son hindúes. Las personas tienen derecho a decidir cómo quieren que las llamen y eso hay que respetarlo. Ir contracorriente no es un ejercicio productivo.

La RAE se guía por lo políticamente correcto. ¿Es la RAE conservadora?

Antes he dicho que se critica a las Academias por conservadoras e inmovilistas. Afortunadamente hoy, no es así. Y la Asociación de Academias, tampoco es así. De eso se cuida bien el secretario general, Humberto López Morales. Las Academias se están poniendo al día con lo que pasa con el español actual. Son un poco reticentes con el lenguaje que se ha dado en llamar inclusivo o al lenguaje no sexista. Son resabios de épocas más conservadoras, pero poquito a poco se van suavizando.

¿Y cómo ve esto de los movimientos feministas de usar los, las, niños y niñas para escribir y para hablar?

Ummm, no sé... Me parece exagerado. Recuerdo que un día estaba dando clases en España y habíamos hablado de este asunto. Al terminar la clase, dije: "Os invito a todos a tomaros una copita de champán en el bar de enfrente". Y dijeron, "Ah, qué bien..." Y yo les dije, "Eh, no. He dicho a todos. Vosotras, no. No estáis incluidas". Se dieron cuenta de que, aunque había dicho todos, ellas se sentían incluidas. Se dieron cuenta de que no era necesario que yo dijera "todos y todas". En la práctica es cuando uno se da cuenta de este tema. Le pones una trampita al hablante y siempre cae.

¿Existen las palabras feas?

Decidimos nosotros qué es feo o qué no lo es...

¿Y usted qué opina?

Eh... Para mí no existen las palabras feas. A mí me gustan todas las palabras. Unas más que otras, pero me gustan.

Y según la opinión popular, ¿existen las palabras soeces, sucias, vulgares, malsonantes...?

Es una cuestión cultural con mucha influencia de la religión. Desafortunadamente, la religión nos prohíbe todo lo bueno y normalmente las "palabras sucias" se refieren a lo bueno, a todo lo sexual, a todo lo que tiene que ver con el placer. Es cuestión cultural y de educación.

¿Y sobre el espanglish?


Es una lengua coloquial entre familiares, amigos que se van a tomar unas copitas... No es una lengua de cultura, es una lengua de contacto. Para mí es un fenómeno muy bonito e interesante el de la lengua de contacto. Hay amigos que me crucificarían por decir que el espanglish es una lengua, pero sí que lo es porque si hay personas que se comunican con ella. ¿No es un idioma? Es discutible. ¿Tiene una gramática fijada? No hay un solo espanglish.


domingo, 22 de septiembre de 2013

Chus Visor: "A un poeta, si le dices que es mal poeta, te mata..."


Entrevista con el fundador de la editorial española, Visor. Jesús García Sánchez nos habla de lo único que sabe hacer: editar poesía.

Él es mejor conocido como Chus Visor y es considerado un dinamizador de la poesía española. Ha publicado la obra de emblemáticos poetas de la Generación del 27 como Pedro Salinas, Rafael Alberti o Federico García Lorca. También ha sido un gran interlocutor con la producción latinoamericana y ha editado a grandes como Neruda, Vallejo, Huidobro, Mario Benedetti, Juan Gelman y José Emilio Pacheco. Los músicos no se han quedado atrás: Bob Dylan, Sabina, Leonard Cohen, Violeta Parra.
La Universidad José Matías Delgado le otorgó —a mediados de octubre de 2012— un doctor honoris causa por considerarlo "el editor de poesía más importante del mundo en la actualidad" y por sus 40 años de trayectoria. Junto a ese acontecimiento se presentó la antología "La poesía del siglo XX en El Salvador" (en la colección La estafeta del viento). Sobre eso y otros temas del quehacer editorial habló Chus Visor con El Diario de Hoy.
¿Cómo se siente el fundador de la Editorial Visor por este honoris causa que acaba de entregarle la Universidad José Matías Delgado?
Es una sorpresa. Estoy muy contento, la verdad. No sé qué más decirte porque me cuesta mucho trabajo... no me lo esperaba. Cuando me lo dijeron en agosto me quedó una sorpresa tan grande que todavía no la he digerido. Nunca le he dado tanta importancia a lo que hago. No me parece que sea una cosa tan importante. Estoy totalmente sorprendido. Es que no me lo creo.
¿Como editor qué mirada tiene sobre la producción literaria de El Salvador?
A mí me interesa mucho la poesía hispanoamericana. La difusión de la poesía de El Salvador en España es mínima. Aunque siempre me ha interesado la poesía hispanoamericana, tengo poco conocimiento de ella hasta hace poco tiempo. La poesía de El Salvador no la conozco bien, pero vamos, que me interesa como me interesan todas.
Su editorial publicó una antología de poetas salvadoreños —unos fallecidos, otros vivos—. ¿Qué opinión le da eso sobre la poesía de El Salvador?
La idea que tiene uno en general, como no los has leído, es una idea no formada, pero cuando los lees te das cuenta que estás en un error, porque hay poetas muy importantes, pero son desconocidos por miles de motivos. Esta poesía —que pertenece a la colección La estafeta del viento— tiene como objetivo que los poetas salvadoreños sean conocidos, no solo en España, sino en toda Latinoamericana. Estoy convencido de que los poetas latinoamericanos tienen poco conocimiento de lo que se hace en los demás países. Estoy convencido de que en Perú saben muy poco de la poesía de El Salvador. Para eso son las antologías: para conocer a los poetas, para conocer no solo a uno, dos o tres poetas importantes, sino para conocer a todos los demás. Para crear un panorama amplio.
Las antologías tienen sus críticas, pero más allá de eso, ¿tienen alguna desventaja editorialmente hablando?
Se pueden vender, a lo mejor, 200 ejemplares en toda América, así de un solo golpe y luego [el resto de ejemplares] poco a poco. Las antologías tienen una desventaja grande sobre los demás libros y es que esta antología dentro de seis o diez años ya no sirve para nada, porque han salido poetas nuevos, algunos poetas incluidos dejan de escribir, desaparecen del mapa, los mismos que están incluidos publican otros libros. La desventaja de las antologías es que envejece enseguida. Si no se vende en seis años, esa antología ya no vale pa' nada. Se quedan antiguas. Eso es así con todas las antologías.
Lleva 40 años al frente de la editorial Visor. ¿Qué ha sido lo bueno, lo malo y lo peor del oficio de la edición?
Lo peor es... ¿Sabes qué es lo que pasa? Yo olvido las cosas, las cosas malas. Las olvido rápidamente. Considero que eso es una gran suerte. Las buenas son que, después de 40 años editando poesía, he conocido a muchísima gente y al final, no he hecho más que hacer eso: editar poesía. Para bien, para mal o para regular. Mi vida es editar poesía.
Usted declaraba que, como editor, no había que fiarse ni de segundas ni de terceras personas. ¿A qué se refería con eso?
A todo. Pero yo creo que con eso me refería más a un poeta. Yo no me fío de recomendaciones de nadie. Eso es algo que lo he hecho toda la vida, seguramente he hecho mal, pero no me fío de nadie (ríe). Del público sí que me fío. No me queda más remedio que fiarme. Él es el que manda.
Usted ha dicho: "A los poetas no les gusta que les digan que no lo son".
Sí, eso me ha pasado. Los poetas son el gremio que más orgullo tiene. Tú le puedes decir a un pintor que no es buen pintor, a un cineasta o a un novelista. A un poeta, si le dices que es mal poeta, el orgullo se lo tocas y te mata. Los poetas tienen mucho ego.
¿Le ha tocado alguna vez un puñetazo en estos 40 años?
No, a eso no hemos llegado. Nadie por ahora. Mucha gente me ha quitado el saludo, pero bueno, eso son gajes del oficio. Mucha gente que no he editado considera que hice mal y me ha dejado de hablar.
¿Le ha dicho usted a un cuate muy suyo, muy cercano: "Lo siento. A vos no te voy a publicar"?
Se lo he dicho a muchísimos. Que sean muy buenos amigos, eso no los hace buenos poetas.
¿Y cómo ha sobrellevado el trabajo editorial con el mercado?
No pasa nada. Todo sigue igual.
¿O sea que con crisis o sin ella Visor ha funcionado?
No, la crisis es importante, al menos en España. La crisis está fastidiando a las editoriales, pero no a las que editan poesía. Por lo menos a mí, no. ¿Sabes lo que pasa? Que la poesía siempre ha estado en crisis y tampoco ahora eso es tan importante.
Y en esta carrera editorial de 40 años, ¿qué se lee más: a los poetas vivos o a los muertos? ¿A qué se debe eso?
Los poetas cuando se mueren, en un par de años, pasan al olvido. A no ser que sean clásicos. Nunca me he explicado cómo el buen poeta cae en el olvido, por ejemplo: Mario Benedetti. Hay muchas cosas que no me explico del género del libro, de la poesía.
¿Así que su padre quería que fuera cura?
No era eso. Mi padre quería tener un hijo cura, pero yo tengo 7 hermanos y eso le tocó a otro, no a mí.
¿Se miraba como cura? La pinta la tiene.
(Ríe). Joder, no. Sí es así, solo me pongo la sotana.
Usted ha editado el trabajo de músicos como Bob Dylan y Joaquín Sabina. ¿Cómo funciona eso a diferencia de la poesía?
Siempre he creído que en la poesía popular hay grandísimos poetas. Edité a Dylan, Leonard Cohen, Sabina, Violeta Parra y la gente no se lo creía. Siempre he considerado que hay que distinguir entre poetas que cantan y cantantes que hacen poesía. Son cosas distintas. Hay cantantes que son grandísimos poetas como Joaquín Sabina o Violeta Parra.
¿Y no ha tenido en la mira a Nacho Vegas?
No lo conozco suficiente. No me atrevo a darte una respuesta.
¿Editorial Visor ha publicado un mal libro?
Sí. Muchísimos. Hay bastantes.
¿Y qué falló? ¿Las ventas?
No, nada de eso. Hay un momento en el que tú piensas que tienes un buen libro, pero al cabo de tres años te das cuenta que no. Creo que eso es normal que pase.
¿Y qué papel juega la voz del mercado para publicar o reeditar?
No me fío de nadie, ya te lo he dicho. A mí lo que me digan no me importa.
¿Entonces cuando usted dice que un libro no funcionó es porque ha sido un ejercicio personal?
Mira, hay autores conocidos que no venden. Los hay muy importantes y no venden nada. A mí no me importa. En otros casos hay poetas que son muy malos y venden mucho más. El mercado no lo conoce nadie. Nadie tiene la certeza de saber cuándo se venderá un libro y cuándo no.
¿Y Editorial Visor ha tenido un peso, un criterio ideológico?
Sí. Es que en España como sucedió en El Salvador, la ideología era muy importante. Con Franco no quedaba más remedio que tomar partido. Mira el catálogo de Visor. Sus primeros libros son vanguardistas con poetas muy reconocidos dentro de la izquierda.
¿Y qué fue de todo eso?
La ideología ya no importa tanto. España ha cambiado mucho, pero claro que tú no te quitas todo eso de la cabeza.
Hoy por hoy, ¿a qué poeta le gustaría editar y no lo ha hecho?
Hay muchísimos, pero por alguna razón no he editado a Antonio Machado. No lo he hecho nunca. Y es mi poeta preferido después de Juan Ramón Jiménez, pero no ha habido la ocasión. Tengo que editarlo. Me da vergüenza no haberlo hecho.
¿Y qué sucede con los poetas que han sido tildados de fascista como Ezra Pound o Céline?
A Pound lo edité, pero vamos, Pound es un caso distinto. Él era un poeta, no fascista. Se volvió loco y después un poco fascista, pero él sobre todo era un poeta.
¿Y qué papel juegan las editoriales con el tema de la memoria?
Eso es algo que la gente debe tener muy presente. Países como España que han pasado por lo que hemos pasado, pues la memoria no puede quedar en el olvido. Es que no se puede. La memoria la tienes que tener y la ideología la tienes que tener. No se puede decir "yo no soy de izquierda ni derecha". Por favor, todo el mundo tiene algo.
¿Y cómo ve en este momento a su país, España?
¿España? España es un desastre, sin ninguna perspectiva. En España nos están engañando miserablemente a todos. No creo que las cosas mejoren con Rajoy (presidente de España).
Y si de pronto aparece Paulo Coelho con un poemario bajo el brazo y le dice que se lo publique... ¿Se lo publica?
No, no, no. Como no me guste, por mucho que venda, no lo edito. Puede editar lo que quiera. Puede vender lo que quiera, pero yo no lo edito. Por ahí no paso. ¿Sabes por qué llevo 40 años editando? Porque siempre hemos tenido el cuidado de no poner autores de esos. Que sino es la mala fama la que uno se coge enseguida. Y la mala fama no te la quitas. La buena te la puedes quitar en un día. La mala fama no te la quitas nunca.
¿Y qué poeta de El Salvador le gusta en la actualidad?
Ríe. ¿Qué quieres? ¿Que me echen mañana?

El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]