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lunes, 27 de marzo de 2017

Heinz Dieterich: “El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza”




Fue amigo y asesor de Hugo Chávez. También su crítico en público y en privado. Ahora no esconde sus señalamientos a la nociva forma en que ha gobernado Venezuela, Nicolás Maduro. Además es responsable de que en el mundo haya tenido resonancia el nunca bien nombrado "socialismo del siglo XXI". De hecho, afirma sobre este modelo que su "realización empírica no se ha logrado todavía" y que Chávez solo tuvo "ideas humanistas y nebulosas" al respecto. Y lo que hubo en Venezuela fue "un desarrollo democrático o socialdemocrático". Nada de socialismo.

A pesar de que se muestra crítico con la izquierda, el alemán Dieterich no ve con malos ojos la posible ley de amnistía que pueda surgir entre las FARC y el gobierno de Colombia. Tampoco le hace mala cara al canal interoceánico que quiere echar andar Daniel Ortega en Nicaragua. Y del FMLN dice que se ha mantenido en “los límites de la dominación oligárquica-imperial”. Es decir: nada de cambios.

El intelectual tiene claro algo: El Triángulo Norte es una República bananera. Y por eso Estados Unidos está contento con los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador. También pide que no nos engañemos: Llegue quien llegue a la Casa Blanca no borrará la intención de que Latinoamérica siga siendo el patio trasero del país del norte. Y añade que ningún gobernante estadounidense podrá librarse “del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero”.

Radicado en México, este investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) echa un vistazo a lo que ocurre en Latinoamérica con énfasis en Venezuela, “epicentro” de varios gobiernos de izquierda en la región.

Le escuché decir por televisión a un excomandante guerrillero de El Salvador que el socialismo del siglo XXI no existe, que nunca ha existido. A usted se le endosa —a través de Chávez— el surgimiento de esta visión sociopolítica. ¿Qué dice al respecto? ¿Existió? ¿Existe?

El socialismo del siglo XXI es el paradigma científico de una sociedad poscapitalista elaborado durante treinta años por destacados científicos de vanguardia en ciencias sociales, ciencias naturales y tecnológicas de Alemania y Gran Bretaña. Es el único paradigma existente científicamente irrefutable para sustituir a la sociedad  capitalista actual a través de la economía de equivalencia, basada en el valor del trabajo y en la democracia participativa.

Es decir: el socialismo del siglo XXI existe como teoría científica tal como existe la Teoría General de la Relatividad de Einstein. Su realización empírica no se ha logrado todavía; al igual que ciertas hipótesis de Einstein que apenas se comprobaron empíricamente un siglo después de su formulación. En cuanto al excomandante guerrillero hay tres posibilidades que explican su posición. Uno: es un ignorante en el sentido de la palabra (no está informado). Dos: se ha entregado al capitalismo y a los gringos y tres: una combinación de los dos (…) [Por mi parte] abrí el concepto y el debate después del colapso del socialismo del siglo XX en Alemania, Venezuela, etc. Introduje la fundamental calificación evolutiva del socialismo del siglo XX y del socialismo del siglo XXI sin la cual no se puede entender la situación en Cuba y los países desarrollistas latinoamericanos como Bolivia, Ecuador, etc. O las formas de transición en China y Vietnam. De este trabajo ha nacido el World Advanced Research Project y Group  (WARP). Es el único think tank [tanque de pensamiento] de izquierda transcapitalista global con científicos multidisciplinarios de vanguardia en Rusia, Alemania, Gran Bretaña, China, Vietnam, India, etc. Este grupo ha desarrollado la única plataforma de transición científica existente hacia la sociedad poscapitalista.

Si el Socialismo del Siglo XXI no se ha implementado, ¿por qué durante las elecciones presidenciales en Latinoamérica se ataca a esto que no ha cobrado vida aún?

Porque las campañas electorales de los Estados y partidos burgueses en Sudamérica como en Norteamérica son esencialmente ejercicios de mentiras y verdades a medias. Una de esas mentiras es que el socialismo del siglo XXI ha fracasado. Es una idiotez decirlo, porque un sistema social que no ha existido no puede haber fracasado. Pero con el bajo nivel informativo y educativo de nuestra gente esas mentiras dan puntos.

¿Cómo se implementaría en países como Latinoamérica en los que nuestros gobernantes no piensan o no arriesgan?

La gente responsable y ética debe explicar a la juventud, a los trabajadores, a los campesinos, etc. que existe esta alternativa. Este conocimiento junto con la creciente miseria en que la Patria Grande —Latinoamérica— se hunde, pues generaría la dinámica de transformación. El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza. Las ilusiones del socialpopulismo, la influencia reaccionaria del clero, la mediocridad, el oportunismo utilitarista y la castración política de nuestras universidades, intelectuales, sindicatos y partidos políticos —así como el control de las cabezas por los medios de la oligarquía— han generado una destrucción generalizada de cualquier “software” sensato de emancipación que haya existido. La burguesía ha logrado una confusión general en las cabezas de sus víctimas.

Tres en uno: ¿Cómo llegó a Chávez, cómo terminó convirtiéndose en su asesor y qué hizo romper la relación entre ambos?

Conocí a Chávez después de su triunfo electoral a través de un amigo ministro de Energía que antes había sido uno de los jefes de la guerrilla urbana en Caracas. Chávez salía de los cuarteles y aunque era muy inteligente y dialéctico, no tenía una estrategia de transformación del desastre nacional. Él solo tenía ideas humanistas y nebulosas. Dado que nunca le pedí dinero ni gratificaciones, pues le podía dar  —como amigo— mis opiniones con toda franqueza. Él apreciaba esto, porque lo que menos se le da a un presidente es la verdad. Todo su entorno buscaba prebendas ya que son oportunistas. Por eso apreciaba mi amistad y consejos. La relación se enfrió cuando yo decía públicamente que su gobernanza era buena, pero que era un desarrollo democrático o socialdemocrático y no el socialismo del siglo XXI. Obvio: no le convenía que contradijeran la razón de Estado, pero siguió siendo respetuoso. La derecha anticomunista de su corte también intrigó en este sentido y Cuba tampoco le dio ánimos para construir la nueva sociedad socialista paralelamente al desarrollo. Agrega a esto la amenaza del imperialismo y tienes un formidable vector de poder contra la implementación del socialismo del siglo XXI.


Recuerdo un perfil del periodista Jon Lee Anderson en el que hablaba de la soledad de Chávez, es decir: no entendían sus ideas sociopolíticas. ¿Qué opina?

La soledad de Hugo Chávez era la soledad del poder, es decir: la necesidad de sobrevivir en un mar de intrigantes, oportunistas y enemigos. Es la soledad de los dramas griegos o de Shakespeare. O sea: una propiedad inseparable de un alto poder concentrado. En lo personal era una peculiar mezcla de desconfianza “natural” y confianza ciega en los que él consideraba sus amigos.

¿Qué ha pasado en Venezuela recientemente? ¿Es el fortalecimiento de la derecha o asistimos a la decadencia de un heredero que no pudo sostener lo que Chávez había construido?

Las dos cosas. La ineptitud extrema del gobierno de Maduro-Cabello generó el deseo de un cambio en grandes partes de la población. Este deseo se reflejó en los resultados de las elecciones del 6-D. La derrota del gobierno está “made in Venezuela” por un gobierno que tiene cero idea de economía moderna.

A pesar de que la izquierda ha ganado en varios países de Latinoamérica, el sabor de boca que ha dejado es que los mismos de siempre —los saqueadores de sus países— volvieron con otra cara y otra piel.

“La izquierda” heredó los aparatos del Estado de los gobiernos oligárquicos, es decir: con todos sus vicios de corrupción, ineficiencia, etc. En algunos países los nuevos gobernantes tomaron medidas contra esos flagelos como en Bolivia y Ecuador y por eso están relativamente estables hoy en día. En Venezuela se prolongó de hecho al corrupto régimen de la cuarta República —La quinta fue la de Chávez. La sexta es la que nacerá— y se le potenció con los altos precios del petróleo. El resultado está a la vista.

A pesar de que se habla de un estado crítico del capitalismo, la derecha retoma los espacios de poder como ha sucedido en Argentina, Venezuela. En Guatemala eligen a un comediante ultraconservador. Evo Morales ha hecho represiones indígenas… ¿Qué está saliendo mal? ¿Son los partidos y sus políticas? ¿Es la sociedad y su pasividad? ¿Es la ausencia de nuevos proyectos políticos?

Democracia significa —en el “newspeak” estadunidense— libertad de negocios para el gran capital. En un sentido auténtico, obviamente. Significa poder decidir entre alternativas de gobernanza. Lo segundo no es el caso en América Latina. Las estructuras del poder de facto  —Iglesia, gran capital, medios, embajada gringa— son mucho más poderosas que los nuevos gobiernos  e imponen su lógica a mediano plazo.

Tras perder el gobierno de Maduro en el Congreso, ¿esto significa que el mandatario tiene los días contados en su gestión? Es decir, constitucionalmente se puede hacer un llamado a la ciudadanía para que decida si Maduro continúa o no al frente de Venezuela. ¿Usted qué vaticina?

Constitucionalmente se puede solicitar un referéndum revocatorio. Es difícil y tardado, pero probablemente tendría éxito. Depende de la recomposición interna del gobierno y si logra realizar medidas de salvación nacional. Es obvio que los militares ya se volvieron el factor dominante gubernamental y han dejado a Maduro como fachada. Pero que tengan el “know how” para salvar la economía, lo dudo. Ya es muy tarde (…) Maduro es el vocero del grupo dominante dentro del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y gobierno —que son los 22 militares que son ministros y gobernadores—. Maduro no gobierna. No determina las decisiones. Sólo las da a conocer.

La izquierda adora a Mujica, pero nadie sigue su ejemplo. Pareciera que en el resto de gobernantes se impone la frase de Facundo Cabral: “Mi tío era comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad”

Mujica tiene la ventaja de hablar francamente, y por supuesto: un respetable pasado como revolucionario. Pero durante su presidencia nunca pasó las líneas rojas de los gringos. Tampoco nunca hizo nada en términos de un socialismo del siglo XXI. O sea que fue un presidente socialdemócrata honesto dentro de la coyuntura de poder hemisférica. Ni más ni menos.

¿Qué papel juegan los llamados grupos minoritarios —comunidad indígena, gay, ninis— en la realidad de sus países?

Varía de país en país. Los indígenas son un poder real en Bolivia, Perú, Ecuador, México y Guatemala. Los ninis no son más que una fuerza potencial. Los gays son importantes para el avance de los derechos civiles, pero no tienen todavía mucha fuerza.

Desde su perspectiva, ¿qué pasará con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en el resto de países de Latinoamérica?

Con el colapso de Venezuela colapsan las estructuras hemisféricas creadas. Este epicentro de poder desaparecerá. En Venezuela, por ejemplo, hasta los economistas de centro piden que en la saneación de la economía nacional se supriman los términos beneficiosos del petróleo para Cuba y Nicaragua. Esto te da una idea de lo que va a pasar.

Las FARC entran en una fase en la que podrían hacer las paces con el gobierno y entra a ser partido político. Más allá de lo complejo de este tema, ¿qué piensa sobre las Leyes de Amnistía que se crean entre insurgencia y Estado después de los conflictos?

Hay que entender que leyes de amnistía son instrumentos políticos para la transición de una situación política a otra. No son instrumentos de justicia. Reflejan un impasse de poder entre dos adversarios en un status quo que se ha vuelto inviable. Esto no es satisfactorio, pero es la realidad. Si posteriormente se puede introducir aspectos de justicia como en el caso de Argentina posdictadura, pues entonces dependerá del desarrollo de la correlación de fuerzas de esos adversarios.

¿Qué panorama tiene sobre la forma de gobernar en Centroamérica?
No entiendo las razones  por la cuales la izquierda  guarda silencio ante otros gobiernos homólogos y deja de lado sus valores críticos y humanistas. Por ejemplo: es claro que la construcción del canal interoceánico que ha anunciado Ortega tiene intereses personales y ha creado conflictos en las comunidades sin dejar de lado los futuros daños ambientales.  Es decir: no hay voces al estilo José Saramago. ¿Concuerda conmigo?

No concuerdo contigo. Mi amiga Mónica Baltodano está en contra del canal y mi amigo Manuel Coronel está a favor. Ambos jugaron papeles importantes en la guerra de liberación del FSLN. A mi parecer el canal es la única posibilidad para Nicaragua de dar un salto cualitativo en la calidad de vida y el futuro del país. Obviamente Washington lo sabotea activa y subversivamente, porque quiere destruir el único gobierno progresista de Centroamérica. Todos los demás gobiernos son gobiernos títeres de la Casa Blanca carcomidos por el crimen organizado, la miseria popular y las tiranías oligárquicas. Es como en el ajedrez. Hay que ver el campo de batalla  completo antes de mover una ficha.

Si el gobierno de Nicaragua le parece progresista, ¿cómo califica al de El Salvador que ya gobernó cinco años y ha sido reelegido para otros cinco?

No dije que el gobierno nicaragüense es progresista [sí lo dijo]. Dije que el canal es la única posibilidad de un salto cualitativo para el país. Y la reelección del FMLN sólo expresa que se ha mantenido dentro de los límites de la dominación oligárquica-imperial. La criminal de guerra Jeanne Kirkpatrick —embajadora estadounidense ante la ONU— dijo que se tenía que regresar Nicaragua y El Salvador a su “estado natural” de “República bananera”. En El Salvador, Honduras y Guatemala se ha logrado.

¿Qué le pasó a Bernie Sanders, porqué sí Donald Trump? ¿Se necesitaba más Obamas en el mundo?

Sanders pidió más dinero para los militares que ya gastan más que las siete naciones siguientes —es decir: China, Rusia, etc.— y solicitó más cooperación con la OTAN. La OTAN es sin duda la organización criminal más peligrosa que ha conocido la humanidad. Nadie en el imperio puede escapar del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero. Es decir: su política frente a América Latina será siempre la de mantener a las banana republics en su patio trasero.

En cuanto a Obama, el DAESH —terroristas— es un proyecto de dominación regional de medio oriente y Asia central de Washington con vertientes desestabilizadoras contra Rusia y China y ejecutado por los eternos vasallos de Washington: Arabia Saudita, Turquía y las demás dictaduras feudal-mercantiles del Golfo. Esta fue la paloma de la paz de Obama que nos ha llevado al borde de una guerra nuclear en Siria.

¿Cómo evalúa la actual situación de Cuba? Esta pregunta se la hago desde el actual restablecimiento de las relaciones de la Isla con Estados Unidos y la visita del papa. Por otro lado, se la hago desde la historia (tiempo) en el que Fidel Castro ha salido mejor que sus discípulos en latinoamericanos.

Fidel comparte con Vietnam el gran honor revolucionario de haber derrotado al imperialismo de Occidente. Washington y sus títeres como Aznar, Uribe nunca lograron destruir a Cuba. Pero lograron impedir que Fidel desarrollara el socialismo del siglo XX hacia el socialismo del siglo XXI, que es la única forma en que el socialismo puede existir en este siglo. El resultado es que el país se ha quedado sin una narrativa de esperanza y está perdiendo la juventud y parte de la inteligencia que es fundamental para el futuro. La actual transición al estilo de Deng Hsiao Ping empieza muy tarde. Cuba se verá en peligro por el colapso de Venezuela y posiblemente terminará en el capitalismo del siglo XXI tras la muerte de Raúl Castro. Cuba ha escrito una gloriosa página en la historia de la rebelión de los pueblos contra la sociedad de clase. Pero la correlación de fuerzas internacionales y algunos errores estratégicos internos no permitieron llegar más lejos.

*Fotografía del periódico La Razón

lunes, 20 de enero de 2014

Alberto Salcedo Ramos: "Los periodistas son perezosos para leer"


Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que fundó su paisano, el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez. Tiene en su haber prestigiosos reconocimientos como el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Ortega y Gasset de periodismo por su crónica "La travesía de Wikdi", el Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Ha publicado los siguientes libros: "El Oro y la Oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé", "La eterna parranda. Crónicas 1997-2011". Pronto será reeditado el título "De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas".

En la charla que brindó a los periodistas, noté que la literatura tiene un gran peso en su bagaje: desde Balzac pasando por Hemingway hasta llegar a Octavio Paz y García Márquez.

Soy un gran lector. No leo de manera tan ordenada, pero soy buen lector. Siempre estoy leyendo algo. Viajo tanto que en un avión siempre me despacho un libro. ¿Sabes? La lectura me ayudó a conjurar el miedo a los aviones. Cuando aprendí a leer en los aviones, aprendí a viajar mejor. Al principio yo me paralizaba tanto. Los aviones empezaban a temblar en las turbulencias y me ponía tan nervioso. Un día descubrí que en el avión no hay nada que hacer, solo esperar que el piloto lo haga bien y llegar a mi destino. O morirme. En un avión, uno va encerrado, pero los libros son ventanas. Muy pronto aprendí que leer es una manera de pasarla bien. Emely Dickinson [poeta] decía que no hay alfombra que lo lleve más lejos a uno que un buen libro. Yo aprendí a leer antes que a ser periodista.

Sobre eso quiero que hablemos. ¿Qué autores lo formaron desde la literatura y desde el periodismo?

Los que he amado son Juan Rulfo, Dostoievski, Albert Camus, William Saroyan, Marguerite Yourcenar, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez. De los autores que han hecho no ficción me gustan Gay Talese, Truman Capote, Jimmy Breslin, John Hersey, Joseph Mitchell. De América Latina me gusta Juan Villoro, Leila Guerriero, Martín Caparrós, Julio Villanueva Chang. Creo que hay dos clases de maestros: los maestros que a uno le ponen al frente en el sistema educativo y los maestros que uno elige. Sigues la pista de los referentes que son importantes para tu oficio, que nunca estarán frente a ti dictándote una clase, pero que tú decides convertirlos en tus maestros. Yo tengo una lista grande de maestros a los que amo. Jamás me han dictado clases y ni siquiera saben que son mis maestros. De todos ellos mi preferido es Gay Talese.

Su inventario me parece interesante porque desde la literatura y el periodismo estos autores no se estudian. En periodismo ni hablar. No sé si esto sucede en Suramérica, pero los grandes ingredientes de la palabra escrita como la literatura y el periodismo no están.

¿Sabes qué pasa? Los periodistas son perezosos para leer. He oído a periodistas diciendo cosas tan absurdas como "no leo, porque no tengo tiempo". Un periodista que diga eso es equivalente a decir que un médico cirujano no tiene tiempo para hacer cirugías. No se trata de un asunto opcional. Es algo que está en la esencia del trabajo que hacemos. Hay que leer para alimentar la curiosidad por el mundo. Los libros alimentan la curiosidad del periodista.

Hagamos a un lado los manuales de periodismo y dígame desde su propia experiencia la definición de crónica.

Para mí la crónica es un género periodístico narrativo e interpretativo que tiene como función primordial el ponerle rostro a la noticia.

Hace unos días usted escribió esto en una red social: "Anotar menos y ver más". Entonces, me surgió la curiosidad por preguntarle qué grado de importancia tiene para usted la grabadora.

La grabadora es una prolongación de la memoria. Yo considero que tengo buena memoria. Me siento afortunado por eso, pero esta memoria jamás podrá competir contra la fidelidad que me garantiza la grabadora. Cuando grabo, recuerdo más. Me ayudo a recordar. La grabadora, además, le pone banda sonora a la realidad. Cuando hago una entrevista estoy pendiente de las palabras de la persona que habla conmigo y por estar tan pendiente de ella, descuido un poco los elementos del entorno, pero al llegar a casa a transcribir, pues me encuentro con la sorpresa de que no solo está la voz de la persona que entrevisté, sino que tiene otros elementos como el ladrido de un perro, el maullido de un gato, el frenazo seco de un carro en la calle. La grabadora no interrumpe el flujo de la comunicación y te permite estar pendiente del personaje: sus gestos, sus movimientos. La grabadora te guarda celosamente la voz, mientras que tú puedes entregarte a la tarea de mirar el entorno. Echarle la culpa a la grabadora por el mal periodismo es como echarle la culpa a la cama por las infidelidades.

¿Cómo es su método de trabajo? Uno sabe en qué momento inició el reporteo, pero en su caso, ¿cuándo se da cuenta que terminó lo que andaba buscando para su crónica?

Yo siento que todo está listo cuando todas las piezas están completas, cuando siento que en la mochila de viaje ya tengo toda la información que necesito para empezar a escribir la historia. Hay un momento —si sos riguroso— en el que te das cuenta que los testimonios se empiezan a repetir. Uno escucha cosas que escuchó antes. En ese momento es hora de sentarse a organizar el material y pensar cómo vas a escribir la historia.

Hablando de mochilas, usted en la mañana dijo algo así como "los periodistas aburguesados". Obviamente, estos no serían buenos para la crónica...

Los periodistas aburguesados son los que son perezosos para llenarse de barro. Yo citaba una frase de Hemingway en ese contexto: "La distancia entre el toro y el torero es inversamente proporcional al dinero que el torero tiene en el banco". Hay un momento en que el torero tiene una cuenta de ahorro tan abultada que ya no quiere acercarse al toro. Quiere disfrutar sus bienes. A los periodistas les pasa eso también. Cuando asumen cargos directivos en el que tienen un salario muy alto, ya no quieren volver a ser reporteros, ya no quieren salir a la calle a exponerse un poco para hacer un periodismo más cercano a la gente.

Recuerdo que usted escribió en una red social que en un inicio no le paraban bola con sus crónicas...

No me paraban bola porque yo era un periodista sin periódico. En realidad, siempre he sido un periodista sin periódico. Solo tuve un periodo al principio cuando empecé mi carrera profesional en el que trabajé en un diario, después de eso he sido un periodista sin periódico. Y creo que se puede hacer periodismo sin la necesidad de tener un periódico. Si uno necesitara comprar un periódico para hacer periodismo, el periodismo no existiría. Quienes compran los periódicos no son los periodistas, por lo general son los magnates.

¿Y cómo fue la experiencia de estar dentro de un periódico?

En el periódico aprendí a tomarle el pulso a la realidad. Un periódico es una gran experiencia. Es un laboratorio excepcional que te permite conocer la condición humana. Si sabes mirar, gracias a tu trabajo en un periódico, puedes mirar cosas profundas en el comportamiento de la gente. Además, puedes comprender algunas dinámicas sociales de tu entorno, de tu época.

¿Sobre qué o quién nunca escribiría?

No descarto escribir una crónica por prejuicios personales. Antes de decir no, por lo general, lo primero que hago es ir a ver qué encuentro, ver qué me puede motivar para que me active el instinto narrativo. Nunca he actuado como si fuera un divo. Jamás he actuado así. Y ojalá en la vida nunca se me ocurra actuar de esa forma. Yo soy un profesional. Hay temas que no me gustan, pero los hago.

Una curiosidad: ¿qué tanto lo editan a usted, es decir, los textos que conocemos de Alberto Salcedo Ramos pasan por un editor...?

Todos los textos pasan por un editor. Si el editor ve una palabra que no le gusta, me lo dice. Pero yo me reservo la posibilidad de tener la última palabra. Creo que me lo he ganado.

¿Y qué papel ha jugado la autocensura?

Yo no me autocensuro. Lo que hago es someterme a una vigilancia para no escribir con adjetivos facilistas con metáforas desgastadas. Siempre me vigilo para no repetirme, para no apelar a fórmulas que ya tengo patentadas. Escribo sin fórmulas. Escribo sobre la base de lo que me pide cada texto

¿Algún reclamo por alguna crónica, algo así como 'no me gustó cómo me sacaste'?

Tengo memoria de un caso. Una vez escribí sobre un futbolista del Junior, que es mi equipo favorito. El futbolista jugaba muy mal y además tenía como mala suerte. Una vez fui a verlo y ese futbolista cometió mil errores. Todo le salía patético y fue abucheado por el público. En un momento, alguien del otro equipo le pegó un patadón a este futbolista. El público dejó de abuchearlo. "Al menos nos conmovimos", dije mientras estaba viendo la escena. Entraron los médicos a atender al jugador. Todos pensaban que estaba muy mal. Todo quedó en suspenso y entendí que eso era una forma de piedad hacia el futbolista. "Por lo menos tenemos algo de compasión, no somos tan malos", me dije. Pero en ese momento el futbolista se levantó y dio saltos para continuar en el partido y alguien que estaba cerca de mí, dijo: "No joda, ese desgraciado no se lesionó". Sobre eso escribí una crónica y el protagonista se me molestó. Me dijo que él no era tan malo como yo lo pinté. Fue como un asunto de vanidad.

¿Hay una frontera entre el periodismo y literatura?

Periodismo es una cosa, literatura es otra; pero hay una variable del periodismo que es el periodismo narrativo del cual es parte la crónica. En ese periodismo narrativo hay un híbrido entre literatura y periodismo.

¿Hay una diferencia entre el periodismo suramericano y centroamericano?

No es lo mismo. Hay diferencias notables. Aquí en El Salvador siempre ha habido periodistas interesantes que tienen una voz propia. Rescato lo que hacen ustedes [El Diario de Hoy], El Faro. Casi en todos los países de nosotros [Suramérica] hay grandes cultores del periodismo narrativo.

¿Y para usted hay diferencias entre el periodismo que se realiza en España con el de Latinoamérica?

Sí, creo que el de España es más apegado a la farándula y a la política. El de América Latina es muy desenfadado en su manera de ver la realidad.

¿Cómo surge en usted el deseo por los personajes periféricos, marginales?

Siempre he creído que la prensa de América Latina es muy apegada a los círculos de poder. En los años 80 había un chiste terrible sobre las diferencias de la National Geographic y la revista Playboy: que los senos de una negra salen en National Geographic y los de una blanca en Playboy. Creo que el periodismo ha sido un rehén del poder. Como dice Norman Sims [autor de "Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal"], hay demasiado apego al poder.

¿Hay alguna crónica escrita por usted que se haya convertido en un parteaguas en su vida, que marque un antes y un después?


Creo que la crónica de Kid Pambelé [El Oro y la Oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé] y la de El testamento del viejo Mile [compositor de La gota fría popularizada por Carlos VIves]. Esta crónica me gusta porque la investigué por mi propia cuenta, es decir, sin que nadie me la pidiera. Eso habla sobre mi compromiso que nunca es con los medios. Mi compromiso es con el género que me ha dado de comer. Yo le debo mucho al periodismo. Al periodismo le debo más que a los periódicos. No exageraría si te dijera que mi verdadera patria es el periodismo. Siento que ahí está mi patria. El periodismo me ha dado más que todos los gobiernos de mi país.

*Esta entrevista apareció originalmente en El Diario de Hoy de El Salvador. 

El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]