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martes, 24 de julio de 2018

Roberto Valencia: Si chasqueáramos los dedos para eliminar a los pandilleros, mañana El Salvador seguiría siendo violento






En los últimos años de la década de 1990 irrumpió en la conciencia de El Salvador un adolescente de nombre Gustavo Adolfo Parada Morales. Gracias a la resonancia que los medios de comunicación hicieron sobre él, se convertiría en el primer pandillero mediático del país y la sociedad entera lo conocería como El Directo.

Fue el líder de una célula de la Mara Salvatrucha: la Pana Di Locos. Su actividad delictiva la desarrolló en su lugar de nacimiento (1982), el departamento de San Miguel (zona oriental del país centroamericano).

El Directo vivió a hierro y a hierro murió. Entre lo uno y lo otro hubo poder, drogas, amores, asesinatos, traición, cárcel-fuga-cárcel, sobrevivencia, lucha contra las vicisitudes de su entorno y la repercusión de sus actos que lo llevaron al ocaso de sus días.

Ahora es figura clave del libro 'Carta desde Zacatraz' (editorial Libros del K. O.) del periodista vasco-salvadoreño Roberto Valencia, del equipo Sala Negra del periódico digital El Faro.

"El Directo fue la excusa para hablar del fenómeno de las pandillas y de las cosas que se hicieron tanto desde las políticas públicas como desde la sociedad para frenar [el flagelo] de las maras", le comenta el periodista a BBC Mundo en San Salvador.

'Carta desde Zacatraz' es una investigación periodística de ocho años de faena. En el libro concurren más de 50 fuentes que no solo hablan del Directo, sino del aparecimiento y evolución de las pandillas y de las fallidas medidas de represión de los gobiernos de derecha e izquierda que solo hicieron más complejo el tema.

Y a pesar de tantos años de convivencia con esta expresión de violencia, los salvadoreños y sus gobiernos "desconocen" el fenómeno de las pandillas.

"En esta sociedad [salvadoreña] hay gente que opina que es lo mismo, que todos son lo mismo y que todos se mueran, pero si querés solucionar un problema —y esto es una premisa básica— es necesario conocer el problema y no decir que todo es la misma mierda", señala el periodista Roberto Valencia.


¿Qué era de vos la primera vez que escuchaste hablar del Directo?
Trabajaba en El Diario de Hoy y estaba al frente de un suplemento que se llamaba El Diario de Oriente que se escribía solo para los cuatro departamentos de la zona Oriental de El Salvador. El personaje [el Directo] es de San Miguel y ahí había tenido su actividad y creímos interesante entrevistarlo. Eso fue en 2001.  Su ‘bum’ mediático fue en 1999. ..

Entiendo que el Directo te interesó por la amplificación que los medios hicieron de su figura, pero en tu libro dejás ver que tu primer encuentro con él cara a cara te decepcionó…
Sí, claro. [Pasa que] cuando leés sobre el personaje y lo que fue el Directo y el peso que tuvo… Hoy si alguien consulta en Google aparece en los listados internacionales del asesino en serie más peligroso del mundo. Y eso sigue siendo el Directo. Cuando yo fui a verlo —recién llegado a El Salvador— me llevé esa pequeña decepción porque no era tan imponente físicamente como en mi mente se había proyectado. Y el personaje que yo tuve que entrevistar era un tipo tímido al que costaba sacarle las respuestas. Era un joven al que le costaba verte a los ojos. Me esperaba a un personaje tipo Hannibal Lecter o algo así. Eso fue en 2001. Lo volví a entrevistar en 2012 en el Penal de Máxima Seguridad —conocido como Zacatraz— y ahí era otra persona. Al menos frente a mí. Era alguien mucho más seguro de sí mismo, empoderado. Más inteligente.

¿Qué hizo evolucionar al Directo: las pandillas, los medios de comunicación o su sed de poder?
El Directo fue un personaje muy inteligente. No hablo de una inteligencia labrada en las aulas o haciendo másteres. Hablo de que él supo reaccionar a los estímulos que la vida le deparaba. Cuando él se fuga y es recapturado, la Mara Salvatrucha ya lo tenía amenazado de muerte y él actúa y se adapta para hacer frente a esa situación. Él en un principio intentó anular esa luz verde [condena a muerte], intentó reconciliarse con la pandilla. Cuando él se da cuenta de que eso no será posible, él se adapta [a sus circunstancias]. Eso será muy habitual en su vida. Y eso le llevará a diferentes lugares de la vida. Es un sobreviviente dentro de una sociedad violenta.

Algo que noté en el libro es que él está carente de afecto, solitario y que su acercamiento a la Mara Salvatrucha lo hace sin timidez, decidido…
El detonante —según mi reporteo— es que su madre lo echa de casa. Así de claro. Él era un niño. Y ese mismo día se brinca [rito de ingreso que es una paliza de trece segundos en la que no puede defenderse] en la pandilla. Claro: no es del todo justo señalar que hay situaciones de causa y efecto tan [radicales] para decir que si pasó esto la consecuencia es esto otro. Pero yo sí llegué al convencimiento de que la madre tiene un rol importante en cómo terminó siendo el Directo. Y dentro del comportamiento de la madre está una mujer violenta, golpeadora… [Ella] no estaría en mi estándar de madre ideal. Y eso no es una especulación mía. Todas las personas con las que hablé y que tuvieron un trato intenso con la madre del Directo tienen las mismas conclusiones.

¿En qué momento Gustavo pasa a ser el Directo?
Va y viene. Pero a ver: si nos vamos a lo estricto, él no se brincó como el Directo. La taca [alias] que le pusieron fue el Flaco. Esa taca se rebautiza en 1998. En el libro manejo que después de su paso por los centros de internamiento de menores quiso hacer su vida fuera de la pandilla. Y lo intentó. En el libro yo eso lo manejo volviéndolo a llamar Gustavo. O sea: no hay un único momento en el que empezó a ser el Directo para el resto de su vida. Y eso yo lo manejo —digamos— como estrategia narrativa. Cuando es niño, pues es el niño Gustavo Adolfo. Luego lo llamo el Directo en ese periodo de su intensa vida criminal cuando él tenía 16, 17, 18 años. Para mí —como autor— el Directo pasa a ser de nuevo Gustavo en el periodo que regresa a El Salvador desde Costa Rica y  tiene un periodo —al menos yo me convencí— de que sí quería una vida al margen de la actividad criminal.

En ese mismo sentido, tu investigación deja ver que el Directo tuvo una lucha entre dejar de hacer daño al otro o mantenerse fiel a la pandilla al punto de que quiso reivindicarse con ella…
Sí. Ese periodo ocupa varias páginas en el libro, pero en cuestión de tiempo para una vida de más de treinta años no es tan largo. Sí que hay unos meses que él intenta reconciliarse con su pandilla [Mara Salvatrucha], pero no le cuesta tanto entender que eso es imposible.

En el apogeo mediático del Directo su vanidad estaba a flor de piel. ¿Los medios de comunicación jugaron un papel decisivo en la mente del Directo y fueron un incentivo en los jóvenes para que ingresaran a las pandillas?
Antes de escribir el libro, yo ya era crítico del rol que desempeñaron —y siguen desempeñando— los medios de comunicación en El Salvador. Las pandillas son un problema inminentemente social. Los medios de comunicación —para bien o para mal— han tenido un rol en el desarrollo del fenómeno. A mediados de 1990 los suplementos juveniles de La Prensa Gráfica y de El Diario de Hoy publicaban cómo vestirse y cómo hablar para parecer pandillero, para verte “cool”. El Directo es un producto de los medios de comunicación y de las fuerzas que hay detrás de ellos. Llegué a la conclusión inequívoca de que el Directo era un asesino como un montón de jóvenes [pandilleros] que tuvieron comportamientos muy similares a las de él, pero al que se eligió para que fuera un referente —para bien o para mal— en este país fue el Directo. Y no fue una decisión gratuita. En esa época estaba el debate la Ley del Menor Infractor [actual Ley Penal Juvenil] y él aparece en el momento idóneo y él es la persona en la que se montan ciertos debates entre grupos que estaban a favor y en contra de esa ley.

¿Alguna anécdota en especial —a partir de tu investigación— que recordés con atención de Gustavo o del Directo?
En el libro yo le doy una dimensión humana al personaje como lo tienen todas las personas. Quien lea el libro le quedará claro que Gustavo era un asesino. [La anécdota] sería su deseo de regresarse con la psicóloga a Costa Rica —fue un episodio importante de su vida que lo define— una vez que recupera la libertad. Está —aparentemente— enamorado y tiene que regresar él solo a Costa Rica por esa persona. Y repito: todas las personas —incluso el asesino más asesino— tiene una dimensión humano y yo recojo eso en el libro.

Y en esta dimensión humana, el Directo tuvo amores, sexo, drogas, armas, poder. ¿Pero cómo fue como padre y compañero de vida?
Su rol de padre lo ejerció desde la prisión. Las referencias más expresas de lo que me preguntas son las de la esposa. Ella lo definió como un buen padre. Padre amoroso y que cuidaba a sus hijos y que estaba dispuesto a hacer sacrificios como empeñar un dinero que había venido recogiendo para procurarse una mejor atención en el sistema judicial, [pero ese dinero] lo empleó ante una enfermedad que tuvo su hija. Y era un personaje machista hasta niveles enfermizos.

¿Has tenido contacto con la madre del Directo o con sus hijos luego de su asesinato?
No. Sé que luego de su muerte la familia tuvo que moverse. La traición dentro de la pandilla [se paga] con la muerte y es muy probable que alcance al resto de la familia.

¿Hubieses publicado el libro si estuviera vivo el Directo y su esposa? ¿O le habrías hecho algunos matices?
El libro se iba a publicar con o sin él. Cuando lo matan en 2013 ya estaba una parte escrita. No solo era una idea. Ya había algo escrito. Las muertes cerraron un proceso. Obviamente, si no hubiera pasado lo que pasó, pues el libro sería otro. Y no me refiero a que el capítulo de la muerte no estaría. Hubo ciertas pláticas con su esposa que fueron “off the record”, cosas que me confiaba. Pero la muerte de su esposa y luego la muerte del Directo levantó ese “off the record”.

¿Te involucraste con el personaje o llegó a incomodarte?
No. Llevo veinte años en este oficio y me ha tocado entrevistar a todo tipo de personas. Y uno tiene cierta coraza, ciertos cayos. Pasé cuatro días con él en Zacatecoluca. Fueron doce horas de conversación. Pero esa entrevista con él fue un insumo para el libro. El libro no es el relato del Directo de su propia vida. O sea: él es una fuente entre cincuenta y sesenta fuentes vivas más todo el trabajo documental. ‘Carta desde Zacatraz’ no es la transcripción sobre lo que él contó de su existencia. Ni un asesino ni un santo cuenta los trapos sucios de su vida o las vergüenzas que todos vamos acumulando durante el tiempo.

¿Qué pasó por tu mente cuando asesinaron a Rosa María y luego al Directo?
No solo pasó por mi mente. Saqué un texto [al respecto]. Sí que me dolió esa muerte. No tanto la de él, sino la de ella. Yo me convencí de que esa mujer se merecía algo mejor en la vida. Era una luchadora nata. Alguien que nace en unas condiciones sociales en una comunidad empobrecida… creo que eso le marca. Y este es uno de esos casos en los que esa misma persona si hubiera nacido en otro estrato social sería alguien que estuviera no sé dónde, pero no muerta… O al menos creo que no habría muerto en estas circunstancias. Creo que… Su muerte sí me dolió. Me trastocó de alguna manera. 

Hay un giro importante en tu libro y es cuando las autoridades que ven el caso del Directo deciden sacarlo a Costa Rica para que se rehabilite. Ahí se encontró el amor, la libertad. Lo regresan a El Salvador y el vuelve a Costa Rica por ese amor, pero parece que su machismo —como vos dijiste anteriormente— echa por la borda esta oportunidad…
Eh… No sé si sería tan concluyente. Esa fue la época más esperanzadora de su vida y en la que él se choca con la realidad. En un principio él ya había cumplido —y podemos estar de acuerdo o no— el castigo que le impuso la sociedad y había salido en libertad no por una fuga, sino porque una jueza estimó que ameritaba regresar a la sociedad y choca con esa sociedad que rechaza a un personaje como él. Y está en juego cómo vive él su libertad en El Salvador y cómo vive él su libertad en Costa Rica. En esa sociedad no era un personaje tan conocido. Creo que eso fue un choque para él de lo que pudo haber sido en San José y lo que le tocó vivir en El Salvador, porque entra en una dinámica de persecución, [aparece] el Plan Mano Dura cuando él estaba en libertad y le tocó vivir ese embate del Gobierno contra las pandillas siendo él el Directo. O sea: era conocido por toda la sociedad.

Hay una ausencia notable en tu libro y es la voz de Giselle [la psicóloga costarricense que se involucra sentimentalmente con el Directo]. ¿Por qué no la buscaste?
¡Sí lo hice! Intenté a todas luces dar con ella y no di. Pregunté en el colegio de psicólogos de Costa Rica, pero el dato que tenía era el nombre. La persona que podría haberme ayudado era el terapeuta Víquez [que aparece en el libro]. Obviamente le pedí [la ayuda], pero juzgó que no era… O sea: no me dio el dato. Si por alguna extraña circunstancia lee mi libro, ella me buscará aunque sea para hablar informalmente. Tengo esa esperanza.

¿El Directo traicionó a la pandilla o la pandilla lo traicionó a él?
Eso se escapa del Directo incluso como persona. En San Miguel la pandilla hegemónica era la Mara Salvatrucha desde sus inicios. En 1998 estalla una guerra fratricida entre clicas [células] que se prolonga hasta el año 2004. La Mara Salvatrucha tiene una especie de guerra civil. Es decir: emeeses matando a emeeses en guerra, no en pugnas internas. En esta dinámica está el Directo, pero es una guerra que le sobrepasa a él. Y la mayor prueba es que él sale de la pandilla cuando estalla su caso (1999), pero la guerra durará hasta 2004.

¿Realmente la Mara Salvatrucha le dio una oportunidad para regresar a sus filas o era una trampa para asesinarlo?
Eso no lo sé yo ni lo sabe nadie. Yo sí creo que el ofrecimiento de reingresar fue honesto. Yo lo que constato como periodista es que hubo es ofrecimiento, porque me lo dice el que hizo el ofrecimiento y el que lo recibe.

Al terminar el libro surge la pregunta, ¿quién es el autor del asesinato del Directo: fue la pandilla o la sociedad que lo termina empujando a un callejón sin salida?
Sería un debate. Sobre eso se podría escribir otro libro. [Pero] vaya: al Directo lo mata su pandilla: La Mirada Locos. Ellos llegan a la conclusión de que él ha matado a su líder en la libre [en libertad, no encarcelado] (Lil Dreamer) y lo matan. Eso es así. Fue un hecho. No podemos entrar en el debate filosófico de hasta dónde podemos buscar responsabilidades, porque podríamos escarbar hasta llegar a ese momento en el que su madre lo echa de la casa siendo un niño.

¿Cómo llegaste a la editorial Libros del K. O.?
Tengo muchos amigos que publican ahí: Alberto Arce, Ander Izaguirre. Me hablaron muy bien de la editorial. En 2013 tengo la oportunidad de sentarme con el que a la postre fue el editor del libro (Emilio Sánchez Mediavilla). Hubo un proceso de edición muy largo [que respetó el español salvadoreño y la jerga de las pandillas].

Voy a incordiar desde las víctimas, la ética y los lectores. ¿Pensaste en las víctimas del Directo?
Cada quien es libre de hacer las interpretaciones… El proceso de reporteo [que hice] es similar al de escribir una crónica o una nota del día. A todas las personas que consulté les dije —con grabadora en mano— que esto [el reporteo] iba para un libro. Es legítimo que alguien lea el libro y se pueda sentir molesto. Lo que puedo garantizar es que lo hice con los parámetros de ética y profesionalidad que nos exigimos en Sala Negra [del periódico El Faro] que son muy altos.

Dijiste que tu trabajo ya tenía forma antes de la muerte del Directo. ¿Él vio algún borrador de tu investigación? ¿O la pandilla? ¿O su familia?
No, no, no. No en absoluto. Yo como autor quiero que lo que publico sea lo más ajustado posible con la realidad, con lo que estoy narrando. Hice que ciertos fragmentos [del libro] los leyeran ciertas personas, gente de mi confianza, gente que conoce el fenómeno de las pandillas.

¿Le pasa factura a tu credibilidad periodística las acusaciones de que sos un apologista de las pandillas? 
O sea… No, no me pasa ningún tipo de factura. Hay gente que lo está diciendo y eso se ve en las redes sociales, [pero] es gente que desconoce totalmente el fenómeno de las pandillas. O es gente —y es a la que más respeto— que ha vivido en primera persona el daño de las pandillas: una extorsión, un asesinato, [una amenaza]. Y luego hay gente que quiere hacer ruido alrededor del fenómeno.

¿Cómo cuidas tus fuentes? ¿Les han causado daño, intimidación o asesinato a tus fuentes o las fuentes de Sala Negra?
En lo particular tengo la suerte de decir que un país tan violento como El Salvador no he tenido ningún problema de ese tipo [con las fuentes]. Nosotros armamos unas estructuras de defensa para que no reconozcan  [nuestras fuentes]. No hemos tenido ningún problema.

Mientras reporteabas y escribías tu investigación, ¿cuáles fueron las preguntas éticas que te surgieron y cómo las resolvías?
[Silencio…]

Es decir, preguntas como: ‘le doy voz a este cabrón sí o no, le permito que diga esto…’
No, no, no. Yo tenía claro que él [el Directo] iba a ser el protagonista de mi libro. Habrá algunas personas, pero por otras razones que… Cualquiera que lea el libro le quedará claro que [el Directo] es un asesino. Y es el retrato de esa persona… No sé qué más decirte.

Hay una duda que queda al terminar de leer tu libro. Y es: ¿hiciste algo a las espaldas del Directo…? Lo planteo por…
¿Por haber ido a la casa de…? Cualquiera que lea el libro… [ríe]. [El Directo] era una persona muy violenta, muy celosa, muy machista. Ir a su casa y estar hablando con su esposa y con sus hijos fue a espaldas [del Directo]. Él no sabía. Él no había autorizado esa visita. Él no supo. Murió sin saber eso. Y esa es una de las cuestiones que si estuviera vivo [eso] no estaría en el libro. Hubiera respetado eso que me pidió Rosa [María] por su protección. Cuando está muerta, pues esa petición deja de tener sentido.

Otra más: ¿llamaste a las cárceles? Es decir: vos desde la calle hacia dentro del sistema penitenciario.
Sí, claro. Y no solo hablé con él. Hablé con alguien de La Mirada. Ahora ha de estar más complicado por las medidas extraordinarias. En los años de reporteo más intenso para este libro, cualquier líder tenía su teléfono en la cárcel. Cuando empezamos nosotros en Sala Negra teníamos una agenda con seis, siete personas que estaban en las cárceles. Eran pandilleros y no pandilleros.

Me acaba de nacer una curiosidad muy personal. ¿Lo de las llamadas a las cárceles no es saltarse un poco la barda de la ética?
No, para mí no. Es una fuente que brinda información. Es una fuente que tienes una manera de dar con ella y es un número de teléfono. No le veo el más mínimo problema ético.

Algo que deja entrever tu libro es que llamada que hacías o entraba a tu celular la grababas. ¿La gente al otro lado del teléfono se enteraba de que las estabas grabando [para la investigación]?
Eh… Sí, no. De hecho... Yo sí tengo… Sí tengo grabada algunas pláticas que yo intuía que podían tener un filón informativo. Eso… A ver: yo tengo un grabador de llamadas en este teléfono. Yo creo que mucha gente lo tiene. Es una ‘app’ que se descarga. Lo que no voy a hacer es usar una llamada en contra de la voluntad de una persona que no ha autorizado usar esa llamada.

Algún lector podría preguntar: ¿te has hecho amigos de pandilleros o pandilleras?
No. Y no por nada en especial. Yo soy alguien —quizás por mi condición de vasco— que uso con mucho cuidado esa palabra: ‘amigo’. Uno tiene cheros [personas cercanas], pero en la vida soy de los que creo que es mejor tener muy pocos amigos. A la gente que yo llamo ‘amigo’ los meto en los dedos de una mano.

Entre los agradecimientos que das en tu libro está el nombre de Leila Guerriero. ¿Le mostraste la investigación, le contaste tu idea? 
Ella cambió —para bien— mi concepción del periodismo. Sin ella este libro no existiría. Y esa es la razón por la que la incluyo en los agradecimientos. Le planteé que me escribiera el prólogo, pero muy coherente, muy Leila, muy fiel a sí misma, pues me dijo que esa petición se la hacen docenas de veces cada año y que dar un sí ahora le supondría tener a docenas de personas con mala cara por haberles dicho que no y a mí sí. Yo lo respeté y por eso el libro no tiene prólogo. No busqué un sustituto.

¿Sirvieron de algo los planes gubernamentales como Plan Mano Dura, la Súper Mano Dura y las Medidas Extraordinarias contra las pandillas?
Sí, claro que sirvieron. En la evolución del fenómeno de las pandillas para mí hay dos puntos de inflexión clarísimos. Uno es el inicio de las políticas “manoduristas” (2003) y el otro es la Tregua (2012-2014). ¿Sirvieron? Sí, sirvieron. Pero bajo mi lectura sirvieron para complicar el problema, para extenderlo. Es como tener una mancha en la camisa blanca y frotándola la querés limpiar y al final terminas con una mancha cuatro veces más grande. Eso es lo que entiendo que pasó.

¿Acabará Donald Trump con la Mara Salvatrucha como dice él?
No, no, no. Ni creo que lo desee. Donald Trump está usando a la Mara Salvatrucha. Esto sería para entrar a otro debate. Es un error decir que la Mara Salvatrucha de Estados Unidos es la misma de El Salvador. Lo único que tienen en común es el nombre. Son fenómenos que si bien tienen la misma raíz, en el caso de El Salvador ha evolucionado durante veinticinco, treinta años en función de las características de la sociedad salvadoreña. Después de esta evolución, el producto final se parece bien poco a lo que salió en sus días de Los Ángeles. La Mara Salvatrucha es una entre cientos de pandillas latinas, asiáticas, negras, arias. Cuando Donald Trump se refiere a la Mara Salvatrucha no está hablando de la Mara Salvatrucha de San Miguel. Aunque él o sus asesores crean que sí.

A las personas que trabajan temas de violencia y pandillas siempre les pregunto: ¿la sociedad salvadoreña perdió la batalla contra las pandillas?
La sociedad salvadoreña está condenada a vivir con las pandillas por varias generaciones. Y a convivir no solo con las pandillas, sino con la violencia en general, lamentablemente. Y lo digo lamentablemente porque yo soy padre de dos hijas salvadoreñas que son pequeñas, pero que ya van a entrar a la adolescencia y van a tener que criarse y vivir en esta sociedad violenta. La violencia de la sociedad salvadoreña no tiene que ver únicamente con el problema de las pandillas. Las pandillas son la expresión de una sociedad ultraviolenta. Violencia que se expresa de diferentes maneras. Y una de ellas es el fenómeno de las pandillas. Si chasqueáramos los dedos para eliminar a los pandilleros, mañana El Salvador seguiría siendo una sociedad violenta.

En tus textos y en tus redes sociales he visto tus opiniones sobre periodistas de El Salvador y de otros países que han abordado el tema de las pandillas, pero me da la impresión que a vos te da escozor la forma en que lo hacen…
No es escozor. La academia, el periodismo, las autoridades mismas hablan muchas veces del fenómeno de las pandillas desde el desconocimiento más absoluto. [Por ejemplo]: vas a encontrar artículos de reporteros que llevan años “cubriendo” el fenómeno de las pandillas que te dicen que la Mirada Locos es una clica de la Mara Salvatrucha. Encontrás autoridades diciendo eso. Encontrás portadas recientes de periódicos que dicen que la Mara Salvatrucha se ha partido en dos —como le ocurrió al Barrio 18— y que ahora hay una Mara Salvatrucha 503. Alguien creyó el cuento de fuentes interesadas como las del Gobierno. Cuando yo veo eso, salto. Pero no es escozor. Es apego a los hechos, a la realidad. La partición del Barrio 18 es un proceso. No ocurre en un día. Fue de varios años y ocurre en la segunda mitad de la década pasada. Los periodistas del área judicial [en los momentos que se dio la Tregua] no sabían que el Barrio 18 estaba partido en dos. A mí eso me parece gravísimo. En esta sociedad [salvadoreña] hay gente que opina que es lo mismo, que todos son lo mismo, y que todos se mueran, pero si querés solucionar un problema —y esto es una premisa básica— es necesario conocer el problema y no decir que todo es la misma mierda. Alguna vez me he sentido en la libertad de corregir cuestiones burdas que se publican. Y no estoy hablando del ámbito de las opiniones, estoy hablando del ámbito de los hechos.

El Faro y tus compañeros de Sala Negra publicaron que el Gobierno [del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)] conspiró en la posible partición de la Mara Salvatrucha [para crear la facción disidente Mara Salvatrucha 503].
El Faro destapó que el Gobierno [liderado por Salvador Sánchez Cerén] había querido esa partición aprovechando unas disidencias. Fomentó esas disidencias. En 2017 sacó a un grupo —en plena medidas extraordinarias— de líderes de Zacatraz y los llevó al penal de Ciudad Barrios con la idea de que ese grupo diera una especie de “golpe de Estado” en la [cúpula] de la pandilla. Algo que no pasó. La Mara Salvatrucha tiene una implantación territorial que es indiscutiblemente la mayor [y para las intenciones proselitistas del FMLN, pues la pandilla resultaba un obstáculo] Hay comunicados de ellos [los pandilleros] diciendo que van a pasar factura y se la van a cobrar en las elecciones [de diputados y alcaldes del pasado 4 de marzo de 2017, porque “el gobierno del FMLN iba a reducir la represión contra nuestra gente y abrir canales para buscar el diálogo”]. El liderazgo de la pandilla es hostil hacia el Gobierno. Que la partición de la Mara Salvatrucha sea algo bueno para la sociedad, pues yo no lo veo tan claro. Es enrevesar el problema. El Gobierno tenía claros intereses en que el liderazgo histórico de la Mara Salvatrucha —el Diablo de la Hollywood Locos, por ejemplo— dejara de serlo. Dentro de esto cuadran estos movimientos [en los penales].

¿Las pandillas tienen el control de El Salvador?
Tienen el control de las calles, de las comunidades de clase media baja y baja. Para mí tiene el control de más de la mitad del territorio nacional. Es un control agresivo y en otros es más tenue ese control, pero existe. Condicionan el diario vivir de cientos de miles, sino millones de salvadoreños. Y eso cada día. Si alguien vive en la comunidad Las Palmas no puede moverse y no te hablo de un pandillero, te hablo de si alguien vive, sufre a la pandilla que tienen en Las Palmas, esa persona no se puede mover libremente por la ciudad. No puede ir a otro instituto a estudiar o ir a visitar a un familiar que está en otro lugar. Creo que el problema de las pandillas ha crecido tanto porque afecta —y los muertos y las consecuencias— las ponen sobre todo la gente excluida, la gente que nomás para el día de las votaciones se les tiene en cuenta.

¿Qué debe tener un proyecto de rehabilitación para que funcione?
¡Uf! No creo que nadie tenga esa respuesta. He seguido los pasos de una [entidad] que se llama Fundación Forever y me parece que está haciendo las cosas razonablemente bien, pero después de quince años su impacto es muy limitado. Hay valores culturales que hay que revertir, trabajar. Hay un clasismo en la sociedad salvadoreña muy arraigado y que para mí es uno de los causantes de los muchos problemas de convivencia que tenemos en El Salvador. Desmontar esas cosas… Ojalá se pudiera con un plan de gobierno, con un programa. Hay que hacerlo, pero hay que hacer muchísimo más. Yo me temo a que estamos condenados —una o dos generaciones más— a ser una sociedad ultraviolenta. Si hoy empezáramos a hacer bien las cosas, siempre tendríamos que convivir con la violencia por un periodo largo.

¿Y qué valoración hacés de la Tregua del expresidente Mauricio Funes?
La Tregua fue un proceso oscuro y su principal responsable político sigue hasta el día de hoy sin reconocer a su hijo político. Fue un proceso que se hizo bajo la mesa. Turbio. También creo que para solucionar el problema de convivencia que tenemos y en el que las pandillas es la expresión más visible, pues no hay forma que no pase por el diálogo. Apostar por la vía represiva —haciéndose incluso bien— no podemos tener en las cárceles a 400 mil personas. No tenemos cárceles para meter a tanta gente por la vía de la represión. Es un hecho que no resiste el análisis matemático más simple. Tenemos que pensar en otras maneras. Lo han hecho otras sociedades con conflictos muy violentos, muy sangrientos que han buscado otras vías de solución.


* La primera versión de esta conversación apareció en BBC News Mundo con el título: "La sociedad de El Salvador está condenada a vivir con las pandillas por varias generaciones" 

** La fotografía que ilustra este texto es cortesía del fotoperiodista salvadoreño, Francisco Campos / La Prensa Gráfica. 



lunes, 27 de marzo de 2017

Heinz Dieterich: “El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza”




Fue amigo y asesor de Hugo Chávez. También su crítico en público y en privado. Ahora no esconde sus señalamientos a la nociva forma en que ha gobernado Venezuela, Nicolás Maduro. Además es responsable de que en el mundo haya tenido resonancia el nunca bien nombrado "socialismo del siglo XXI". De hecho, afirma sobre este modelo que su "realización empírica no se ha logrado todavía" y que Chávez solo tuvo "ideas humanistas y nebulosas" al respecto. Y lo que hubo en Venezuela fue "un desarrollo democrático o socialdemocrático". Nada de socialismo.

A pesar de que se muestra crítico con la izquierda, el alemán Dieterich no ve con malos ojos la posible ley de amnistía que pueda surgir entre las FARC y el gobierno de Colombia. Tampoco le hace mala cara al canal interoceánico que quiere echar andar Daniel Ortega en Nicaragua. Y del FMLN dice que se ha mantenido en “los límites de la dominación oligárquica-imperial”. Es decir: nada de cambios.

El intelectual tiene claro algo: El Triángulo Norte es una República bananera. Y por eso Estados Unidos está contento con los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador. También pide que no nos engañemos: Llegue quien llegue a la Casa Blanca no borrará la intención de que Latinoamérica siga siendo el patio trasero del país del norte. Y añade que ningún gobernante estadounidense podrá librarse “del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero”.

Radicado en México, este investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) echa un vistazo a lo que ocurre en Latinoamérica con énfasis en Venezuela, “epicentro” de varios gobiernos de izquierda en la región.

Le escuché decir por televisión a un excomandante guerrillero de El Salvador que el socialismo del siglo XXI no existe, que nunca ha existido. A usted se le endosa —a través de Chávez— el surgimiento de esta visión sociopolítica. ¿Qué dice al respecto? ¿Existió? ¿Existe?

El socialismo del siglo XXI es el paradigma científico de una sociedad poscapitalista elaborado durante treinta años por destacados científicos de vanguardia en ciencias sociales, ciencias naturales y tecnológicas de Alemania y Gran Bretaña. Es el único paradigma existente científicamente irrefutable para sustituir a la sociedad  capitalista actual a través de la economía de equivalencia, basada en el valor del trabajo y en la democracia participativa.

Es decir: el socialismo del siglo XXI existe como teoría científica tal como existe la Teoría General de la Relatividad de Einstein. Su realización empírica no se ha logrado todavía; al igual que ciertas hipótesis de Einstein que apenas se comprobaron empíricamente un siglo después de su formulación. En cuanto al excomandante guerrillero hay tres posibilidades que explican su posición. Uno: es un ignorante en el sentido de la palabra (no está informado). Dos: se ha entregado al capitalismo y a los gringos y tres: una combinación de los dos (…) [Por mi parte] abrí el concepto y el debate después del colapso del socialismo del siglo XX en Alemania, Venezuela, etc. Introduje la fundamental calificación evolutiva del socialismo del siglo XX y del socialismo del siglo XXI sin la cual no se puede entender la situación en Cuba y los países desarrollistas latinoamericanos como Bolivia, Ecuador, etc. O las formas de transición en China y Vietnam. De este trabajo ha nacido el World Advanced Research Project y Group  (WARP). Es el único think tank [tanque de pensamiento] de izquierda transcapitalista global con científicos multidisciplinarios de vanguardia en Rusia, Alemania, Gran Bretaña, China, Vietnam, India, etc. Este grupo ha desarrollado la única plataforma de transición científica existente hacia la sociedad poscapitalista.

Si el Socialismo del Siglo XXI no se ha implementado, ¿por qué durante las elecciones presidenciales en Latinoamérica se ataca a esto que no ha cobrado vida aún?

Porque las campañas electorales de los Estados y partidos burgueses en Sudamérica como en Norteamérica son esencialmente ejercicios de mentiras y verdades a medias. Una de esas mentiras es que el socialismo del siglo XXI ha fracasado. Es una idiotez decirlo, porque un sistema social que no ha existido no puede haber fracasado. Pero con el bajo nivel informativo y educativo de nuestra gente esas mentiras dan puntos.

¿Cómo se implementaría en países como Latinoamérica en los que nuestros gobernantes no piensan o no arriesgan?

La gente responsable y ética debe explicar a la juventud, a los trabajadores, a los campesinos, etc. que existe esta alternativa. Este conocimiento junto con la creciente miseria en que la Patria Grande —Latinoamérica— se hunde, pues generaría la dinámica de transformación. El problema es que América Latina es un gigante sin cabeza. Las ilusiones del socialpopulismo, la influencia reaccionaria del clero, la mediocridad, el oportunismo utilitarista y la castración política de nuestras universidades, intelectuales, sindicatos y partidos políticos —así como el control de las cabezas por los medios de la oligarquía— han generado una destrucción generalizada de cualquier “software” sensato de emancipación que haya existido. La burguesía ha logrado una confusión general en las cabezas de sus víctimas.

Tres en uno: ¿Cómo llegó a Chávez, cómo terminó convirtiéndose en su asesor y qué hizo romper la relación entre ambos?

Conocí a Chávez después de su triunfo electoral a través de un amigo ministro de Energía que antes había sido uno de los jefes de la guerrilla urbana en Caracas. Chávez salía de los cuarteles y aunque era muy inteligente y dialéctico, no tenía una estrategia de transformación del desastre nacional. Él solo tenía ideas humanistas y nebulosas. Dado que nunca le pedí dinero ni gratificaciones, pues le podía dar  —como amigo— mis opiniones con toda franqueza. Él apreciaba esto, porque lo que menos se le da a un presidente es la verdad. Todo su entorno buscaba prebendas ya que son oportunistas. Por eso apreciaba mi amistad y consejos. La relación se enfrió cuando yo decía públicamente que su gobernanza era buena, pero que era un desarrollo democrático o socialdemocrático y no el socialismo del siglo XXI. Obvio: no le convenía que contradijeran la razón de Estado, pero siguió siendo respetuoso. La derecha anticomunista de su corte también intrigó en este sentido y Cuba tampoco le dio ánimos para construir la nueva sociedad socialista paralelamente al desarrollo. Agrega a esto la amenaza del imperialismo y tienes un formidable vector de poder contra la implementación del socialismo del siglo XXI.


Recuerdo un perfil del periodista Jon Lee Anderson en el que hablaba de la soledad de Chávez, es decir: no entendían sus ideas sociopolíticas. ¿Qué opina?

La soledad de Hugo Chávez era la soledad del poder, es decir: la necesidad de sobrevivir en un mar de intrigantes, oportunistas y enemigos. Es la soledad de los dramas griegos o de Shakespeare. O sea: una propiedad inseparable de un alto poder concentrado. En lo personal era una peculiar mezcla de desconfianza “natural” y confianza ciega en los que él consideraba sus amigos.

¿Qué ha pasado en Venezuela recientemente? ¿Es el fortalecimiento de la derecha o asistimos a la decadencia de un heredero que no pudo sostener lo que Chávez había construido?

Las dos cosas. La ineptitud extrema del gobierno de Maduro-Cabello generó el deseo de un cambio en grandes partes de la población. Este deseo se reflejó en los resultados de las elecciones del 6-D. La derrota del gobierno está “made in Venezuela” por un gobierno que tiene cero idea de economía moderna.

A pesar de que la izquierda ha ganado en varios países de Latinoamérica, el sabor de boca que ha dejado es que los mismos de siempre —los saqueadores de sus países— volvieron con otra cara y otra piel.

“La izquierda” heredó los aparatos del Estado de los gobiernos oligárquicos, es decir: con todos sus vicios de corrupción, ineficiencia, etc. En algunos países los nuevos gobernantes tomaron medidas contra esos flagelos como en Bolivia y Ecuador y por eso están relativamente estables hoy en día. En Venezuela se prolongó de hecho al corrupto régimen de la cuarta República —La quinta fue la de Chávez. La sexta es la que nacerá— y se le potenció con los altos precios del petróleo. El resultado está a la vista.

A pesar de que se habla de un estado crítico del capitalismo, la derecha retoma los espacios de poder como ha sucedido en Argentina, Venezuela. En Guatemala eligen a un comediante ultraconservador. Evo Morales ha hecho represiones indígenas… ¿Qué está saliendo mal? ¿Son los partidos y sus políticas? ¿Es la sociedad y su pasividad? ¿Es la ausencia de nuevos proyectos políticos?

Democracia significa —en el “newspeak” estadunidense— libertad de negocios para el gran capital. En un sentido auténtico, obviamente. Significa poder decidir entre alternativas de gobernanza. Lo segundo no es el caso en América Latina. Las estructuras del poder de facto  —Iglesia, gran capital, medios, embajada gringa— son mucho más poderosas que los nuevos gobiernos  e imponen su lógica a mediano plazo.

Tras perder el gobierno de Maduro en el Congreso, ¿esto significa que el mandatario tiene los días contados en su gestión? Es decir, constitucionalmente se puede hacer un llamado a la ciudadanía para que decida si Maduro continúa o no al frente de Venezuela. ¿Usted qué vaticina?

Constitucionalmente se puede solicitar un referéndum revocatorio. Es difícil y tardado, pero probablemente tendría éxito. Depende de la recomposición interna del gobierno y si logra realizar medidas de salvación nacional. Es obvio que los militares ya se volvieron el factor dominante gubernamental y han dejado a Maduro como fachada. Pero que tengan el “know how” para salvar la economía, lo dudo. Ya es muy tarde (…) Maduro es el vocero del grupo dominante dentro del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y gobierno —que son los 22 militares que son ministros y gobernadores—. Maduro no gobierna. No determina las decisiones. Sólo las da a conocer.

La izquierda adora a Mujica, pero nadie sigue su ejemplo. Pareciera que en el resto de gobernantes se impone la frase de Facundo Cabral: “Mi tío era comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad”

Mujica tiene la ventaja de hablar francamente, y por supuesto: un respetable pasado como revolucionario. Pero durante su presidencia nunca pasó las líneas rojas de los gringos. Tampoco nunca hizo nada en términos de un socialismo del siglo XXI. O sea que fue un presidente socialdemócrata honesto dentro de la coyuntura de poder hemisférica. Ni más ni menos.

¿Qué papel juegan los llamados grupos minoritarios —comunidad indígena, gay, ninis— en la realidad de sus países?

Varía de país en país. Los indígenas son un poder real en Bolivia, Perú, Ecuador, México y Guatemala. Los ninis no son más que una fuerza potencial. Los gays son importantes para el avance de los derechos civiles, pero no tienen todavía mucha fuerza.

Desde su perspectiva, ¿qué pasará con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América en el resto de países de Latinoamérica?

Con el colapso de Venezuela colapsan las estructuras hemisféricas creadas. Este epicentro de poder desaparecerá. En Venezuela, por ejemplo, hasta los economistas de centro piden que en la saneación de la economía nacional se supriman los términos beneficiosos del petróleo para Cuba y Nicaragua. Esto te da una idea de lo que va a pasar.

Las FARC entran en una fase en la que podrían hacer las paces con el gobierno y entra a ser partido político. Más allá de lo complejo de este tema, ¿qué piensa sobre las Leyes de Amnistía que se crean entre insurgencia y Estado después de los conflictos?

Hay que entender que leyes de amnistía son instrumentos políticos para la transición de una situación política a otra. No son instrumentos de justicia. Reflejan un impasse de poder entre dos adversarios en un status quo que se ha vuelto inviable. Esto no es satisfactorio, pero es la realidad. Si posteriormente se puede introducir aspectos de justicia como en el caso de Argentina posdictadura, pues entonces dependerá del desarrollo de la correlación de fuerzas de esos adversarios.

¿Qué panorama tiene sobre la forma de gobernar en Centroamérica?
No entiendo las razones  por la cuales la izquierda  guarda silencio ante otros gobiernos homólogos y deja de lado sus valores críticos y humanistas. Por ejemplo: es claro que la construcción del canal interoceánico que ha anunciado Ortega tiene intereses personales y ha creado conflictos en las comunidades sin dejar de lado los futuros daños ambientales.  Es decir: no hay voces al estilo José Saramago. ¿Concuerda conmigo?

No concuerdo contigo. Mi amiga Mónica Baltodano está en contra del canal y mi amigo Manuel Coronel está a favor. Ambos jugaron papeles importantes en la guerra de liberación del FSLN. A mi parecer el canal es la única posibilidad para Nicaragua de dar un salto cualitativo en la calidad de vida y el futuro del país. Obviamente Washington lo sabotea activa y subversivamente, porque quiere destruir el único gobierno progresista de Centroamérica. Todos los demás gobiernos son gobiernos títeres de la Casa Blanca carcomidos por el crimen organizado, la miseria popular y las tiranías oligárquicas. Es como en el ajedrez. Hay que ver el campo de batalla  completo antes de mover una ficha.

Si el gobierno de Nicaragua le parece progresista, ¿cómo califica al de El Salvador que ya gobernó cinco años y ha sido reelegido para otros cinco?

No dije que el gobierno nicaragüense es progresista [sí lo dijo]. Dije que el canal es la única posibilidad de un salto cualitativo para el país. Y la reelección del FMLN sólo expresa que se ha mantenido dentro de los límites de la dominación oligárquica-imperial. La criminal de guerra Jeanne Kirkpatrick —embajadora estadounidense ante la ONU— dijo que se tenía que regresar Nicaragua y El Salvador a su “estado natural” de “República bananera”. En El Salvador, Honduras y Guatemala se ha logrado.

¿Qué le pasó a Bernie Sanders, porqué sí Donald Trump? ¿Se necesitaba más Obamas en el mundo?

Sanders pidió más dinero para los militares que ya gastan más que las siete naciones siguientes —es decir: China, Rusia, etc.— y solicitó más cooperación con la OTAN. La OTAN es sin duda la organización criminal más peligrosa que ha conocido la humanidad. Nadie en el imperio puede escapar del poder gravitacional del complejo militar-industrial y del complejo anglo-sionista financiero. Es decir: su política frente a América Latina será siempre la de mantener a las banana republics en su patio trasero.

En cuanto a Obama, el DAESH —terroristas— es un proyecto de dominación regional de medio oriente y Asia central de Washington con vertientes desestabilizadoras contra Rusia y China y ejecutado por los eternos vasallos de Washington: Arabia Saudita, Turquía y las demás dictaduras feudal-mercantiles del Golfo. Esta fue la paloma de la paz de Obama que nos ha llevado al borde de una guerra nuclear en Siria.

¿Cómo evalúa la actual situación de Cuba? Esta pregunta se la hago desde el actual restablecimiento de las relaciones de la Isla con Estados Unidos y la visita del papa. Por otro lado, se la hago desde la historia (tiempo) en el que Fidel Castro ha salido mejor que sus discípulos en latinoamericanos.

Fidel comparte con Vietnam el gran honor revolucionario de haber derrotado al imperialismo de Occidente. Washington y sus títeres como Aznar, Uribe nunca lograron destruir a Cuba. Pero lograron impedir que Fidel desarrollara el socialismo del siglo XX hacia el socialismo del siglo XXI, que es la única forma en que el socialismo puede existir en este siglo. El resultado es que el país se ha quedado sin una narrativa de esperanza y está perdiendo la juventud y parte de la inteligencia que es fundamental para el futuro. La actual transición al estilo de Deng Hsiao Ping empieza muy tarde. Cuba se verá en peligro por el colapso de Venezuela y posiblemente terminará en el capitalismo del siglo XXI tras la muerte de Raúl Castro. Cuba ha escrito una gloriosa página en la historia de la rebelión de los pueblos contra la sociedad de clase. Pero la correlación de fuerzas internacionales y algunos errores estratégicos internos no permitieron llegar más lejos.

*Fotografía del periódico La Razón

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]