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viernes, 28 de abril de 2017

Sonia Melara: "Muchos artistas en El Salvador son bastante ignorantes"


Censurada, invisibilizada y vetada. Así en ese desdén alfabético.
Hay países ingratos con sus hijos, pero hay otros que en vez de amor dan algo mejor que eso: libertad. Y lo que El Salvador le negó a Sonia Melara, Nueva York se lo puso en bandeja de plata de la más pura y fina.
El destino la hizo nacer en San Salvador en 1960. Y no reniega de eso, porque la patria es como los padres: no se pueden elegir. Lo que ella sí eligió —con desbordada pasión— fue el dibujo, la pintura, el arte. También el cine, la arquitectura, el tabaco y la religión. Esta última muy a su manera. De hecho, es un tema que ha marcado todos los puntos cardinales de su existencia:
“Crecí en un colegio de monjas. Las vi con pasividad. Son muy lindas, pero me siento un poquito más propositiva. La Iglesia ha mantenido a las monjas sin un rol”.
Y como no se puede tener todo en la vida (tampoco en la otra), a la artista salvadoreña le hubiese gustado beberse una botella de vino con Jesucristo y la nunca bien nombrada, María Magdalena. Y cómo no: pedirle después a ambos que posaran para ella.
Con tres exposiciones durante la última década del siglo XX se despidió de su país. La invitación para que tenga una retrospectiva en El Salvador no pasa de las buenas intenciones. 15 años en Nueva York y “después de esos comentarios nada ha ocurrido”.
Su obra ha viajado por Centroamérica, Ecuador, Taiwán e Israel. En 2004 tuvo una exposición individual en Nueva York denominada Mythos, Pathos, Thanatos. Esa fue la forma en que el siglo XXI le dijo a Sonia Melara “Bienvenida a Estados Unidos”.
Es curioso que una persona que casi ha sido vetada en su país siga teniendo una relación muy fluida con él.
Es que puedo entender que la censura misma de mi obra es puro fanatismo derivado de la ignorancia. A parte de eso, yo no voy a fastidiarme la vida. No soy una persona de resentimientos. Aunque tengo que ser franca con vos: no me interesaría venir a El Salvador. Por supuesto que no, pero lo hago porque mi familia está aquí. Además, tengo muy buenos amigos y hay personas que valen la pena. No tengo actividades fuertes en El Salvador. Y si a veces he aceptado estar en exhibiciones es porque creo que mi obra debe ser vista, porque quiero entrar en un diálogo con el público.
¿Un diálogo que usted no ha podido tener, por ejemplo…?
De alguna manera sí lo he tenido, fijate. No puedo poner a toda la gente en el mismo costal y decirte que toda la gente censura mi obra (…) Tampoco todo esto debe entenderse como una completa censura. Desafortunadamente en este país son las personas con liderazgo en el campo de la cultura las que se cierran a mi trabajo creador. No es la sociedad ni el público en general. Son las personas que dirigen, por ejemplo, las galerías. Y puedo entender que las galerías están cuidando su manera conservadora de ver y de vender el arte. Si la gente tuviera más conocimiento de la religión creo que encontraría la riqueza de mi obra que es muy humanista. Mi arte no está en ningún momento ofendiendo a nadie. Pero cuando te encontrás con gente ignorante, pues esas personas no van a entender nada. Se van a cerrar y sentirán que las estoy ofendiendo.
Es interesante lo que ha mencionado. Ha dicho que la censura proviene de la ignorancia, pero yo he hablado de su obra con sus colegas y a ellos no les gusta. Y eso se entiende. Pero también me han dicho que la consideran vulgar. 
¿Ah, sí? ¿De veras?  [Sonia Melara suelta una larga bocanada de su enésimo cigarro]
Sí. Me parecen declaraciones fuertes tomando en cuenta que son artistas. 
Sí, pero también recordá que muchos artistas en El Salvador son bastante ignorantes. Cuando te hablo de ignorancia no solo te hablo del público en general, también te hablo de la clase artística. Por supuesto, tampoco te hablo de todos. Pero claro que sí denotan una gran ignorancia cuando hablan de que mi obra es vulgar. Porque una cosa es que te guste o no te guste. Eso es todo un derecho…
¿Cuál fue la gota que derramó el vaso y que la impulsó a salir de El Salvador?
Fue con la exhibición Anno Dómini (1999) que asumí la responsabilidad de lo que podría pasar con mi exposición. Mis amigos me decían que tenían miedo de que mis obras fueran dañadas. Algo que no ocurrió. Y es que a veces subestimamos a las personas. A pesar de que tenemos una cultura  religiosa muy fuerte, eso no significa que seamos conocedores de teología. Toda esa gente que va a la iglesia, que va a misa… ¿Qué saben de la Biblia? Pero antes de lo que te he dicho, ocurrió algo: envié una obra a Guatemala y me la devolvieron con el vidrio quebrado, roto. Me la devolvieron con una carta muy bien redactada en la que no asumían que no era una censura. Me daban otras explicaciones totalmente ridículas para no exhibir mi obra. Luego acá en El Salvador se presentó parcialmente en la Galería 1 2 3 y me dijeron que se presentó así por razones de espacio. Eso es un irrespeto completo. O exhibís completa una obra o no la exhibís. Finalmente, esa obra se fue a una exhibición en Israel a través de Sotheby's y quedó allá en ese país. La obra tuvo buen final. Si no me hubiesen censurado, yo no me hubiese ido para Nueva York. Y estoy muy feliz allá. Aunque yo siempre estoy considerando la posibilidad de tener una exposición en El Salvador.
Llama la atención la preocupación de sus amigos por su obra…
¿Sabés por qué? Primero, porque siempre he abordado el desnudo. Segundo, porque si hablás del desnudo femenino no hay problema, pero si hablás del desnudo masculino, sí. Y si fusionás esto en un contexto religioso, pues eso va a ser una bomba en un país religioso tan ignorante como el nuestro. Y eso no solo pasa en El Salvador, también pasa en el resto de Centroamérica. Tuve ofertas desde Costa Rica, pero nunca se concretó la intención. Fue así que dejé de aceptar invitaciones de países centroamericanos porque me iba a pasar lo mismo. A parte de que tenía que centrarme en un lugar donde yo pudiera hacer tranquila mi obra, porque yo no estoy tratando de incomodar a nadie. Esa es la historia de esa época. Pero la censura continúa…
Y si no hubiese sido artista, ¿qué habría sido…?
Ah, un montón de cosas.
A ver…
Me encanta el cine. Quizás hubiese estado involucrada en algo de eso. También soy arquitecto. Quizás me hubiese dedicado a la arquitectura. Otra cosa: me hubiese gustado ser sacerdote, pero soy mujer.
¿Y monja?
No, no, no. Sacerdote. Sacerdote, porque me hubiese gustado ser papa. Crecí en un colegio de monjas. Las vi con pasividad. Son muy lindas, pero… Yo siempre he sido muy tranquila, pero me siento un poquito más propositiva [que una monja]. La Iglesia ha mantenido a las monjas sin un rol. Me gustaría ser papa, pero soy mujer.
Juguemos a un escenario hipotético. ¿Qué haría si fuera papa? ¿Habría hecho reformas?
Ah, por supuesto que sí.

¿Permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo…?
Claro que sí.
La religión ha marcado su vida. ¿Con qué personaje bíblico se hubiese tomado una  botella de vino y le hubiese pedido que posase para usted?
Con Jesucristo y con María Magdalena, por supuesto. En el Antiguo Testamento también hay personajes fascinantes como Lot y sus hijas. Abraham, Sara. Los incluí en algunas obras durante la década de 1990. Algunas historias son extraordinarias y bizarras así como los personajes e historias de la Mitología Griega.
Es interesante cómo ha forjado su camino. Muy a solas. No es como el resto de artistas que tienden a ser  gregarios. Muy de clubes. 
Sí, por eso me fui a vivir a Nueva York. Siempre quise vivir ahí. Y es que no podés pasar todo el tiempo dándole explicaciones a la gente. Ahí está la obra y esa es la que habla. Aunque fíjate que soy una persona muy social. No necesariamente con pintores, sino con gente de otras disciplinas. Siento que así estoy aprendiendo permanentemente. Nueva York es muy demandante en todo sentido. Y mi disciplina es muy particular. Yo puedo pasarte días sin dormir a la hora de crear, aunque también me encanta dormir. Y eso es lo que me encanta de mi vida que no tiene horario.
No todos los artistas de Latinoamérica pueden tener su estilo de vida. Y alguien se puede preguntar por qué usted sí y otros artistas no. 
La única respuesta que tengo es que la obra es la que se abre camino. Ella me permite el estilo de vida que llevo y que tengo. Y como no puedo ser papa, tengo que ser artista. [Sonia Melara suelta una carcajada].
¿En qué momento decide que su narrativa será el cuerpo humano y que va a sazonarlo con el erotismo y la religión?
Fue un proceso. Un gran reto para mí fue el dibujo. Además, el cuerpo humano me permite expresarme en una sociedad con una gran carga religiosa muy fuerte. También pasé toda mi niñez y adolescencia en colegios católicos. Es el mundo que conocí, pero al que también querés entender. Entonces, lo que trato con mi obra es entender. Eso es lo que yo aún estoy haciendo: un proceso de conocimiento. Así logro conocer el mundo y conocerme a mí. La carga religiosa tan fuerte que sentía va perdiéndose en mi obra más reciente. Y quizás al estar en Nueva York me he sentido más abierta. He podido abordar otras cosas, otros temas.

Hay un énfasis en la sexualidad, me parece…
¿Eso creés? Bueno, no creo que sea algo que yo haga  tan consciente. En algunas obras, sí. En Parsifae y el Toro creo que fue muy evidente. Ha sido de las obras más complejas que he hecho. Me costó mucho… Es una manera de sexualizar. He querido quitar esa censura, la aversión al sexo, a la cuestión gay, por ejemplo. Esas cosas solo nos llevan a divisiones y restricciones entre nosotros. Y sin ninguna base.
¿Alguna vez se planteó la desnudez corporal de Dios?
Precisamente es lo que he estado haciendo con mis obras: sexualizar la religión. No sé si a Dios… Cristo como tal era un humano. Cualquier religión tiene más de humano que cualquier otra cosa. Y por eso creo que deberíamos intentar, primero, entendernos como seres humanos. Por eso creo que no tenemos que avergonzarnos ni censurar lo que somos. No debemos ponernos como mojigatos. Y eso sucede por la ignorancia. Deberíamos empaparnos más en los temas.
¿Y qué ha sobrellevado mejor: la censura de las galerías, la de los museos, la de los medios de comunicación o la censura de sus colegas? ¿O todo esto le ha sido indiferente?
Para mí no es indiferente, pero no es algo que me perturbe. Estas cosas las dejo pasar porque no te podés detener en eso, porque hay otras cosas que enfrentar. Uno no puede perder el tiempo. Lamento la censura, pero no permito que eso me perturbe o me cambie. Ni a mí ni a mi obra.
¿Se ha sentido rechazada por su honestidad?        
No. Y quizás eso se lo debo a la familia que tengo. Siempre me he sentido fuerte ante el mundo. Esa fortaleza viene de la familia y viene del amor. Donde he sentido —no discriminación, sino la diferencia por ser mujer— es en la religión, porque yo había pensado en ser sacerdote y no se puede. Ahí sí sentí esa limitación. Porque yo, sinceramente, me considero ser humano antes que hombre o mujer.
Antes mencionó la importancia del dibujo. Eso está claro en su obra. Pero ahora parece ya no importar al resto de creadores. Incluso hay una broma: los artistas que hacen abstracto lo hacen porque no saben dibujar…
Yo soy amante del dibujo. El dibujo es muy importante. Yo nunca he sido de obra abstracta. Eso no quiere decir que no la aprecie en otros. Hace poco los fondos de mis obras están cobrando mucho más protagonismo. No es esa mi intención, pero lo he estado viendo. Es probable que haga el experimento. Yo no me restrinjo. No me lo permito. Yo me dejo fluir.
Cuatro gobiernos de derecha y dos de izquierda en El Salvador. Y la cultura sigue siendo el patito feo…
Ah, sí. Completamente. ¿Qué te puedo decir? Realmente es terrible. [Ríe y decide encender otro cigarro].
El rol de la izquierda partidaria en su primer periodo en el ámbito de la cultura fue nefasto. Otra vez ganó las elecciones y parece que este tema sigue cuesta arriba como víctima hacia el Gólgota. ¿Tiene alguna opinión al respecto?
Nunca es tarde para rectificar, podría ser el momento oportuno ahora. Hay que darle importancia a la cultura y las artes con hechos y no con palabras, dejar de lado los compromisos político-partidarios y considerar personas adecuadas al frente de lo que será un ministerio de Cultura. Personas con suficiente preparación y sin ataduras personales y políticas. Personas independientes.
¿Y qué piensa de los artistas que venden sus obras en 50, 75, 80 dólares?
Creo que es un caso que responde a cada artista. Lo que pasa en El Salvador es que todo el mundo dice que es artista, que es genio. A veces creo que hay mucha pedantería, mucha pretensión. De eso sí que me doy cuenta.
¿Hay alguien en El Salvador que en la actualidad le guste como artista?
Me gustan muchos las esculturas de Titi Escalante. Digo esto porque he tenido la oportunidad de ver su obra. Del resto de artistas no he podido. Pero ella sabe que su obra me gusta mucho. También sé que hay artistas salvadoreños que están trabajando mucho y que están teniendo proyección fuera del país. Y eso me alegra. (…) Yo no soy democrática en el arte. El arte es arte o no lo es. Porque debe de haber calidad. Si no la hay, ¿entonces en qué estás?
¿Quiénes fueron sus maestros en El Salvador?
Ninguno.
¿Y cómo se formó?
¿Qué te puedo decir? Recibí clases de dibujo en el colegio. De ahí no tuve profesor. Estuve yendo algunas veces con un padre de la Iglesia El Carmen. Pero lo que más me gustaba con él eran las conversaciones. Te hablo de la época en la que tenía unos 14 años. El resto fue una formación mucho más personal. Porque la pintura para mí es un descubrimiento permanente. O sea: tengo toda la vida para este aprendizaje. Para lo demás no tengo tiempo.
Ah, vaya. Creo que es la primera persona que no me dice que fue alumna de Valero Lecha, Carlos Cañas, Julia Díaz…
Los conocí. No tuve una gran cercanía con ellos, salvo con Julia Díaz. Fue una pena porque a ella la conocía cuando ya estaba bastante grande. Tuvimos una gran amistad. Muy fuerte. Conocí a todos los pintores. El resto es historia.

Sé que en el país hay muchas obras suyas en manos de coleccionistas o colegas suyos, pero lo piensan dos veces a la hora de intentar mostrarla. A los medios de comunicación el tema está vetado…
En 1990 los medios de comunicación sí se atrevieron a mostrar mi obra. Se mostraron varios desnudos, a pesar de lo conservador que son los medios salvadoreños. Y lo hicieron bien. Pero al final de esa década solo presentaban ciertas partes de las obras. Y sí: hay obra mía en manos de coleccionistas, pero no las conoce el público. Y pasaría como en el programa Arte & Fe Network [programa televisivo de entrevistas con énfasis en las artes plásticas] en el que me entrevistaron, pero no salió al aire ni fue presentada porque hubo censura por mis obras. Y era trabajo de la década de 1990, es decir, esas no eran para escandalizar a nadie.
¿Y qué pasa por su mente cuando esto ocurre? ¿O se termina acostumbrando a la censura?
No. Es que esto ocurre cuando entro acá en El Salvador. Y tampoco he tenido exhibiciones por eso mismo. Y finalmente es algo que yo ya sé. Yo quisiera tener una exhibición completa en El Salvador sin censura, por supuesto (…) Por eso hubo un momento en el que me dije que no quería que el tiempo pasara, que no quería arrepentirme por algo que dejara de hacer. Así me fui a vivir a Nueva York el día 10 de enero de 2001.

Imaginemos un escenario hipotético: hace una gran exposición-retrospectiva. ¿Está preparada para la crítica…?
Desde antes estoy preparada. Y fijate que no creo que las críticas sean desfavorables…
Quizás la palabra “crítica” no sea la más acertada. La cambio por “rechazo”.
Ummm. No sé quién pueda rechazar una obra como la mía. [Sonia Melara suelta una carcajada] La verdad, no sé. Lo que podría encontrar es que a la gente no le guste, porque todos tenemos diferentes gustos.
Yo no sé cómo funciona el mercado del  arte, pero tengo la impresión de que usted es la artista salvadoreña a la que le pagan bien por su obra. Del lado de los hombres creo que está César Menéndez. 
Y no te equivocás. Y te puedo decir que quizás estoy por encima de César Menéndez. Y puede ser que César se enoje por lo que dije. Mis obras están muy bien [cotizadas] afortunadamente. Y eso no es Sonia Melara. Es la obra de Sonia Melara. Yo solo soy el instrumento para que las obras nazcan. Y yo, por mi parte, solo disfruto de la vida.
Y con todo esto que ha dicho, ¿aún anda en la búsqueda de la obra perfecta, de su propia obra maestra?
Antes andaba con eso. Ahora no. Quería que en una obra estuviera el todo, pero ahora estoy muy relajada. Estoy en otra etapa, porque todo en la vida es parte de un proceso. La obra no parece espontánea, pero eso es lo que he sido en mi trabajo: espontánea. En esta etapa de mi vida me siento menos agobiada. He entendido que cada obra tiene su momento y ese momento es congruente con lo que vivís en cada etapa de la vida. Y eso creo que es lo importante: que la obra sea congruente con la etapa de tu vida para que tenga algo que expresar. Cuando deje de sentir eso, sencillamente dejaré de hacerlo. Dejaré de crear.
Usted ha dejado ver que lo que quiere, lo hace. Pero no todo se puede tener en esta vida, tampoco creo que eso suceda en el más allá. ¿Hay algo de lo que se lamente en esta etapa de su existencia?
Lamento que la vida sea tan corta para tantas cosas que quisiese realizar. Pero esa ha sido mi preocupación permanente, no solo en esta etapa de mi vida. También lamento haber declinado las oportunidades profesionales que se me brindaron en Estados Unidos, Italia e Israel en la década de 1990 por regresar a El Salvador y permanecer ahí por todos esos años. Sin embargo, esas decisiones me permitieron compartir un valioso tiempo con mi familia. La vida no es perfecta, y no podemos tener todo al mismo tiempo.
Y cuando fallezca, ¿cómo quiere que la recuerden?
Guau… [La artista suelta otra larga bocanada] Quiero que me recuerden como una persona que vivió intensamente

lunes, 17 de febrero de 2014

Michel Onfray: "El bien no tiene necesidad de Dios"


En julio de 2004, una breve columna de opinión firmada por el filósofo francés Michel Onfray, y publicada en “Suplemento Cultural Ñ”, desató la furia de pensadores y lectores adscritos a los credos mayores. El título de la nota era “Contra los monoteísmos”.

Onfray fustigaba y argumentaba, con cierto rencor, contra las tres principales religiones mundiales. “El judaísmo, el cristianismo y el islamismo corrompen por igual la vida de millones de individuos en el planeta; fomentan guerras, conflictos, odios dirigidos contra uno mismo, los otros y el mundo; predican amor al prójimo y dan sablazos a diestra y siniestra”, escribió.

Las expresiones que surgieron en contra de esta nota volvieron a demostrar que el tema genera debates sin acuerdos a la vista y que no hay últimas palabras en torno a la discusión religiosa. Onfray publicó un libro que continúa y profundiza el debate demoliendo los monoteísmos y el pensamiento religioso en sí: Tratado de ateología (De la Flor).

Este pensador solitario ha ofrecido en libros anteriores visiones marginales y experimentales sobre la filosofía y sus alrededores. Son propias de quien ha elegido el camino que circunda y evita la academia. Fuera del circuito universitario tradicional co-fundó la Universidad Popular de Caen: “Una experiencia maravillosa: hay por lo menos doce seminarios, más de quinientas personas por semana. Es una verdadera felicidad poder filosofar libremente con personas libres”. Cruzó filosofía y gastronomía, rebeldía, anarquismo y le dedicó un libro muy entretenido a los filósofos “perros”: Diógenes y los seguidores de la escuela cínica.“Siempre vuelvo a Diógenes, es un filósofo revolucionario. ¡Siempre me pregunto qué sería y qué haría Diógenes si viviera hoy!”.

Onfray es un ateo activo y como tal celebra el modo de vida que se debe llevar: “El ateo, para sobrevivir a la angustia global y al miedo a la muerte, filosofa”, sostiene. También explica que no hay lugar para la mujer en las religiones: “Los monoteísmos no aman lo femenino de la mujer, sino a la madre y esposa, vale decir la renuncia social, cultural, de su libido, que asusta a los hombres y la mayor parte de las veces los convierte en malos amantes, incapaces de darles verdadero placer. Aterrados por el complejo de castración, los hombres que crearon el monoteísmo desprecian a la mujer y celebran las únicas dos maneras de salvarla: el matrimonio y la maternidad. Dos formas de alienarla”.

Con cuál de estas dos variantes se identifica: ¿Dios está muerto, como lo dictaminó Nietzsche, entre otros, o nunca existió? 

– En mi libro digo que existió como una ficción, como existe Madame Bovary, como el Zorro o Papá Noel, creado por la impotencia humana transfigurada en superpotencia y adorada como tal. Pero es ficción. Dios existe, pero como ficción. Esa es la posición de un ateo como yo. Ahora bien, una ficción no muere.

Usted es nietzscheano pero no acuerda con Nietzsche en este punto, entonces… 

–Dios no está muerto ni agonizante, al contrario de lo que pensaban Nietzsche y Heine, porque no es mortal. Las ficciones no mueren, las ilusiones tampoco; un cuento para niños no se puede refutar. Ni el hipogrifo ni el centauro están sometidos a la ley de los mamíferos. Un pavo real, un caballo, sí; un animal del bestiario mitológico, no. Ahora bien, Dios proviene del bestiario mitológico como miles de otras criaturas que aparecen en los diccionarios en innumerables entradas, entre “Démeter” y “Discordia”. Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir; sus negadores también… ¡Parece un inmortal!

Dostoievsky dijo que si Dios no existe, todo está permitido…

–Es al revés: si Dios existe, todo está permitido. Como dijo Simon de Monfort al exterminar a los cátaros: “Mátenlos a todos; Dios reconocerá a los suyos”. Hace dos mil años que se cree en Dios, y se luchó contra el mundo entero en su nombre. Todo fue posible: genocidios, etnocidios, homicidios. La mayoría de las veces son los creyentes los que los cometen, no los ateos, que yo sepa.

¿Cómo se interesó por el trabajo sobre el ateísmo? No parece un tema muy popular…

–Fue después de escribir Féeries anatomiques, un libro consagrado a la bioética en el que hablaba del hincapié que hace la religión cristiana en la construcción de esa Edad Media médica en la que nos encontramos: hacemos a un lado la revolución transgénica, sobre todo debido a lugares comunes cristianos que nublan el espíritu de la mayor parte de la gente. Yo instaba a una decristianización de los cerebros y las conciencias. El libro me valió amenazas de muerte por parte de algunos cristianos. Decidí, entonces, por espíritu de contradicción, escribir el Tratado de ateología para hundir el clavo. La palabra “ateo” adquiere el valor de insulto categórico. El ateo es el inmoral, amoral e inmundo, culpable de querer saber más o de estudiar los libros de todo aquel que ha adquirido el epíteto.

¿Qué recepción tuvo su libro en Francia? ¿Qué opinaron las personas religiosas? 

–Reaccionaron con gran violencia, con una inmensa mala fe, con tergiversación de la información y ataques personales. Hasta se escribieron tres libros específicamente en mi contra. Sin embargo, se vendieron más de 200.000 ejemplares del mío, lo cual es mucho más importante que el odio (que esperaban) de los creyentes.

Usted se declara ateo, ¿no se confunde su postura personal con su objeto de estudio?

–Mi ateísmo se enciende cuando la creencia privada se convierte en un asunto público y cuando, en nombre de una patología mental personal, se organiza el mundo también para el prójimo. Porque de la angustia personal al manejo del cuerpo y alma del otro, hay un mundo en el que bullen, emboscados, los aprovechadores de esa miseria espiritual y mental. El hecho de desviar la pulsión de muerte que los martiriza hacia la totalidad del mundo no salva al atormentado, no modifica su miseria, sino que contamina el universo.

¿Pero la religión no cumple una función social, digamos, en el mundo de hoy? 

–Sigo siendo muy marxista en ese aspecto. La religión sigue siendo el opio del pueblo, el refugio de los explotados, los humildes, los débiles, los que no tienen poder, los preocupados, los angustiados, los excluidos sociales. Y esos son el mundo entero.

¿No cree que hoy se percibe un retorno a la religiosidad y una declinación de las prácticas religiosas tradicionales? 

–Todo depende del lugar del mundo de que se trate. En Europa hay un retorno; en los países de Asia y Oriente hay una expansión; en EE.UU., un refuerzo. El fin de las ideologías, de los grandes discursos políticos y éticos, dejó a los hombres desamparados, y éstos se refugian en un cielo que permite todos los delirios para hacer la vida más vivible. No satisfecho con la prohibición de comer el fruto prohibido, Dios no cesó de manifestarse mediante interdicciones. Las religiones monoteístas no viven sino de prescripciones y de exhortaciones: hacer y no hacer, decir y no decir, pensar y no pensar… Prohibido y autorizado, lícito e ilícito, los textos religiosos abundan en codificaciones existenciales, alimentarias, de comportamiento, rituales, etcéctera.

¿Usted propone volver a un estado de “pureza”, con un hombre sin religión?

–Lo que propongo es terminar con la costumbre religiosa del pensamiento mágico para ingresar por fin a una era filosófica: trabajo en la democratización de la filosofía en la Universidad Popular que creé en Caen, Normandía, para invitar a la mayor cantidad posible de gente a derribar los mitos, las fábulas, los relatos infantiles, y a hacer funcionar la razón y la inteligencia.

Pero, ¿acaso la filosofía no proviene de los dioses? 

–El dios de los filósofos entra a menudo en conflicto con el de Abraham, de Jesús y Mahoma. En primer lugar porque el primero proviene de la inteligencia, la razón, la deducción, el razonamiento, y luego porque el segundo presupone más bien el dogma, la revelación y la obediencia, por la colisión entre los poderes espiritual y temporal. El Dios de Abraham designa más bien al de Constantino, después al de los papas o al de los príncipes guerreros muy poco cristianos. Poco que ver con las construcciones extravagantes erigidas en forma tosca con causas sin causa, los primeros motores inmóviles, ideas innatas y otras pruebas cosmológicas, ontológicas o físico-teológicas.

¿Los filósofos griegos eran ateos, Epicuro por ejemplo? 

–Desde sus inicios Epicuro se vio obligado a enfrentar acusaciones de ateísmo. Pero ni él ni los epicúreos negaban la existencia de los dioses. Compuestos de materia sutil, numerosos, instalados en los intermundos, impasibles, indiferentes al destino de los hombres y al devenir del mundo, verdaderas encarnaciones de la ataraxia, ideas de la razón filosófica, modelos capaces de engendrar sabiduría en la imitación, los dioses del filósofo y sus discípulos existían, aunque pareciera imposible, y además, en gran cantidad. Pero no como los de la ciudad griega, que exhortaban a plegarse a las exigencias comunitarias y sociales. Ese era su único error: su naturaleza antisocial.

Para los devotos, Dios es el centro del universo. ¿Cuál es el centro para los ateos?

–¿Por qué buscar un centro? ¿Qué es el centro del cuerpo? El universo no tiene centro. Es un universo infinito. Hay que terminar con esa historia del centro.

¿Cualquiera puede hacer su interpretación del evangelio? ¿Hitler también lo interpretó a su modo como señala en su libro? 

–Sí. Todo tiene su opuesto en los textos religiosos, que escribieron centenares de personas en el transcurso de centenares de siglos. Están llenos de contradicciones. En ellos encontramos lo mejor (elogio de la paz, del perdón, de la benevolencia) y lo peor (la guerra, la venganza, la violencia). Según lo que se tome, puede constituir un conocimiento pacífico o un arma de guerra: la Iglesia Católica Apostólica Romana optó por la segunda vía.

Usted menciona en su libro al ateísmo cristiano… ¿No es una contradicción en sí? 

–Es la posición de algunos filósofos que, en Francia, dicen que no creen en Dios (por lo cual son ateos), pero que suscriben todos los valores cristianos (en lo que son, por lo tanto, cristianos y ateos). ¡Extraña quimera! Pero existe, y caracteriza a un negador de Dios que afirma al mismo tiempo la excelencia de los valores cristianos y la índole insuperable de la moral evangélica. Su trabajo presupone la disociación de la moral y la trascendencia: el bien no tiene necesidad de Dios, de cielo o de un anclaje inteligible, pues se basta a sí mismo y depende de una necesidad inmanente: proponer una regla de juego y un código de conducta entre los hombres.

George Bush y Osama bin Laden son hombres religiosos, ¿qué opina del enfrentamiento que mantienen? 

–Los dos me producen el mismo efecto: no voy a elegir ni el judeocristianismo de Bush ni el islamismo de Bin Laden. Es otro de los motivos por los que propongo el ateísmo como invitación a no elegir entre dos visiones del mundo que repruebo.

¿Ser ateo es peligroso para la sociedad?

–¡No! Es mejor que ser creyente. Cuando se cree obedecer un mandato divino, se actúa sin tener en cuenta la razón.

¿Qué posición tomó en el debate sobre el uso del velo por parte de las mujeres musulmanas en Francia? 

–Estoy a favor de una escuela laica en la que se evite mostrar de forma ostensible y de manera militante a qué religión se pertenece. Por lo tanto, soy partidario de la prohibición de los símbolos religiosos (y no sólo del velo, sino también de la kippá y del crucifijo) en la escuela republicana francesa. En la calle cada uno puede hacer lo que quiera. Por otra parte, en los palacios de Justicia de Francia, están prohibidos los símbolos religiosos ostentosos y ostensibles. No se puede dictar una resolución legal bajo un crucifijo colgado de la pared, menos aún bajo un versículo de la Torá o un sura del Corán. Tanto el código civil como el penal pretenden afirmar el derecho y la ley con independencia de la religión y de la Iglesia. Ahora bien, no hay nada en la jurisdicción francesa que contradiga esencialmente las prescripciones de la Iglesia Católica. La ausencia de un crucifijo en la sala de audiencias no garantiza la autonomía de la Justicia con respecto a la religión dominante.

¿Debemos temer la posibilidad de una guerra entre los fundamentalismos religiosos?

–Lo que ha ocurrido en los suburbios franceses nos lleva a pensar en ese tema. Creo que sí. (*)

(*) Fuente: Entrevista realizada por Héctor Pavor a Michael Onfray editada originalmente en Suplemento Cultural Ñ del Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

Hector Pavón: Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó en los diarios La Nación, Diario Popular y en el diario Clarín desde 1995. Actualmente escribe artículos sobre política, sociedad y cultura en la Revista Cultural Ñ de dicho diario.

ACLARACIÓN: El título de esta entrevista ha sido propuesto por el autor de este blog, pues el original tenía el genérico "Contra los monoteísmos".


El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]