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lunes, 3 de abril de 2017

Almudena Bernabeu: "El expresidente Cristiani sabía que iban a matar a los jesuitas"



No había alcanzado los treinta años de edad cuando en 1998 puso tras las rejas a un militar hueso duro de roer: Augusto Pinochet. Su logro judicial hizo que los defensores de los derechos humanos en Latinoamérica le endosaran la mejor de sus simpatías. Algo que pervive hasta ahora.

Almudena Bernabeu es abogada. Es española. Desde el año 2002 empezó a laborar en el Center for Justice and Accountability (Centro de Justicia y Responsabilidad). Su vida transcurre entre Estados Unidos, España e Inglaterra. También tiene fuertes vínculos con Latinoamérica.  En 2016 dio con uno de los responsables de haber asesinado al cantautor chileno, Víctor Jara. Le quitó el agua a un pez gordo: el teniente Pedro Barrientos. El exmilitar está radicado en Miami, Florida. Podría ser extraditado a Chile, pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca pone el caso cuesta arriba. Pero no solo se enfrenta a eso.

El día 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados por el Ejército de El Salvador seis sacerdotes jesuitas y dos de sus colaboradoras en las instalaciones de la Universidad Centroamericana (UCA). En ese momento el país tenía como presidente a Alfredo Cristiani. Para Almudena Bernabeu el mandatario del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) sabía que el Alto Mando de las Fuerzas Armadas de El Salvador (FAES) atentaría contra la vida de los intelectuales religiosos. A ella no le cabe la menor duda de que el jefe de Estado no ignoraba los movimientos de la cúpula militar. Esto significa que el expresidente Cristiani no es inocente. La abogada lo explica mejor:

“El conocimiento es uno de los elementos esenciales para poder adjudicar responsabilidad penal a altos mandos y superiores. Y por supuesto a jefes de Estado”.

De la mirada de la abogada española no queda fuera el actual gobierno de El Salvador. Almudena Bernabeu no se ciega y sabe que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) también tiene manchada las manos de sangre:

“Han adquirido poder político, porque fueron parte de la negociación de la paz y porque tienen sangre en las manos. Y un miedo —en mi opinión— irracional a las consecuencias”.

¿Qué opinión tiene ahora que la Sala de la Constitucional ha declarado ilegal la Ley de Amnistía de 1993?

Era un paso crucial y necesario para romper el ciclo de impunidad en El Salvador que tanto ha afectado en la capacidad de ese país —de verdad— de reconstruirse y de funcionar tras la guerra.
¿Qué significa la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía en el caso Jesuita, es decir: extradición?

Digamos que la eliminación de la ley tiene varios efectos. En El Salvador —tristemente— solo se ha materializado uno: el dejar en efecto su aplicación respecto del coronel Guillermo Benavides a quien se le aplicó y conmutó la sentencia que se le aplicó en 1991. Esto es realmente triste, porque aunque técnicamente correcto, no ha ido más allá. Es decir: no ha analizado en hecho de que Guillermo Benavides —aunque responsable— fue la cabeza de turco y quien pagó por la responsabilidad del Alto Mando del Ejército en su totalidad. Fue el Alto Mando el que decidió y orquestó el asesinato de los jesuitas. No Guillermo Benavides. Su responsabilidad fue recibir la orden y asegurar la ejecución del crimen… Pero esa responsabilidad es la de todos [los miembros del Alto Mando]. No la de uno solo. La [ilegalidad de la] Ley de Amnistía debería surtir un efecto muy importante. Sin embargo, los jueces en El Salvador han decidido ignorar la solicitud de arresto internacional y posterior extradición de los imputados en el caso [judicial] de España, pues el alegato es que es cosa juzgada. Y esto es jurídicamente incorrecto y no es un documento legal aplicable [debido a] la Ley de Amnistía. Según esta lógica, al no haber Ley de Amnistía, ya no hay obstáculo para no extraditarles. O en su caso: para no juzgarles en El Salvador. Seguimos esperando [justicia].

Si no ocurre la extradición, ¿qué le queda por hacer a El Salvador en el caso Jesuita?

Juzgarles.

La exguerrilla del FMLN en su época de partido de oposición vociferaba que se derogara la Ley de Amnistía. Ahora en el poder ha pedido que no hay que abrir las heridas y se pliega a los discursos de la derecha. ¿Por qué cree que ocurren estos cambios de discurso?

Porque han adquirido poder político, porque fueron parte de la negociación de la paz y porque tienen sangre en las manos. Y un miedo —en mi opinión— irracional a las consecuencias. Creo que deslegitiman la revolución que intentaron ganar y se están poniendo —por poder— a la altura de las estructuras tradicionales de poder político y económico que ellos tanto pelearon.

Recuerdo que al inicio de la gestión presidencial de Sánchez Cerén hubo buenas intenciones para no entorpecer la extradición de los militares involucrados en el asesinato de los jesuitas, sin embargo, el vicepresidente Óscar Ortiz pidió que los militares involucrados no fueran extraditados. ¿Cómo evalúa esto?

Muy negativamente y con terribles consecuencias para El Salvador y su gente.

El diputado Rodolfo Parker ha hablado sobre hacer una nueva Ley de Amnistía. ¿Qué piensa de eso? ¿Es posible?

Creo que es legalmente posible, pero es un error y no creo que la comunidad internacional lo permita.

El Salvador tuvo una preguerra. ¿Qué sucede con los casos desde 1970 y que no figuran en la Comisión de la Verdad? Por ejemplo: Los asesinatos de Roque Dalton y el empresario Roberto Poma.

Sería muy importante investigarlos. Sé que las familias lo están intentando...

¿Cómo debe de actuar la Fiscalía con aquellos casos que ya están avanzados o concluidos en sus investigaciones?

Pues debería agilizar la investigación, reducir resultados, abrir nuevas investigaciones y ser no solo ministerio fiscal, sino ser garante de los derechos de las víctimas.

¿Por qué la población salvadoreña ve la resolución de la Sala de lo Constitucional como una afrenta que viene a subvertir el orden y a empeorar el panorama que vive el país?

 No estoy segura de que la gente de El Salvador lo vea así. El tema lo han manipulado las fuerzas políticas y los medios de comunicación, pero yo no creo que ese sea el sentir de la gente de a pie.

¿Qué tanto puede aportar la extradición del coronel Inocente Montano al caso jesuita?

Permitiría abrir el juicio en la Audiencia Nacional, presentar todas las pruebas y hacer algo de justicia.

¿Cuál es el aporte —si existe— de la novela Noviembre de Jorge Galán? ¿Realmente aporta algo?

Quizás el aporte es más simbólico que probatorio. Pero si es relevante. Tantos años después [esperando] tener las palabras de Alfredo Cristiani en audio describiendo él a los militares del Alto Mando como los responsables del crimen, pues creo que eso es un aporte importante.

¿Dónde queda la figura del expresidente Alfredo Cristiani? ¿Cómo ve usted que haya enviado a España a un excomandante guerrillero para abogar por él?

Creo que de alguna manera corrobora su responsabilidad. Si fuera inocente, ¿por qué molestarse tanto?

Desde su experiencia: ¿El expresidente Cristiani sabía sí o no del asesinato de los jesuitas? ¿Qué tipo de prueba o indicio tiene al respecto?

Sí. Estuvo en comunicación telefónica con el Alto Mando del Ejército todo el tiempo. Se discutió —como ha confirmado Benavides, Camilo Hernández (miembros de la DNI)—  que todas las decisiones eran comentadas con el presidente. Y aunque no se le pedía permiso —dado el poder que tenían los generales— sí supo en todo momento lo que iban a hacer. No tengo duda. Creo que la prueba indicara —y el sentido común también es importante— que para eso existen las teorías de responsabilidad penal indirectas. Él era el presidente. ¿Crees que alguien puede inferir de ello que [el expresidente Cristiani] desconocía por completo una operación militar de la envergadura que llevaron a cabo?

Saber no es igual a dar una orden ¿Cómo podría solventarse esto en el ámbito judicial en el caso del expresidente Cristiani?

El conocimiento es uno de los elementos esenciales para poder adjudicar responsabilidad penal a altos mandos y superiores. Y por supuesto a jefes de Estado.

Me da la impresión de que quienes han entorpecido más la investigación ha sido el gobierno del FMLN más que el partido ARENA. ¿Me equivoco?

Creo que los viejos areneros han sido mucho más duros y la han obstaculizado mucho más.

¿Qué análisis hace de la firma de la paz en Colombia entra las FARC y el gobierno?

Es un esfuerzo  importantísimo y un paso histórico de las FARC. Un proceso terriblemente complicado que lamentablemente se ha visto debilitado tras el plebiscito y la reforma del acuerdo. La paz, sin embargo es inevitable. Ahora hay que construirla y esa es la parte más dura. Yo tengo muchas esperanzas.

El analista Heinz Dieterich me decía en una entrevista que las amnistías son inevitables en contextos bélicos. ¿Los protagonistas de una guerra pueden pasar a un escenario político sin darles la espalda a las víctimas?

Solo estoy de acuerdo con esta afirmación si solo son andamios temporalmente inevitables. Es decir: la amnistía permite concluir el conflicto, cesar la violencia, pero si no hay responsabilidad, castigos y reconocimiento de las víctimas, pues no hay futuro para esa paz inicial.

¿Qué rumbo lleva en este momento el caso Víctor Jara?

En estos momentos se sigue adelante el proceso para la extradición de Barrientos, ojalá que sea extraditado a Chile, pero con la administración de Trump, lo dudo.

¿Qué tan importante son los gobiernos para resolver crímenes de guerra o de lesa humanidad?


Los gobiernos no son muy importantes ni son de gran ayuda, porque en muchas ocasiones son ellos los responsables de tales crímenes. Pero la separación de poderes en un contexto de democracia y las fuerzas jurisdiccionales y su capacidad de sostener esa independencia —de la que por cierto carecen muchos jueces en El Salvador— es vital.

domingo, 19 de enero de 2014

Joan Jara: "Lo que hicieron en mi vida no tiene reparación…"



Una entrevista de Tomás Andréu y la artista chilena, Elizabeth Neira

Joan Jara estaba despierta la madrugada del 16 de septiembre de 1973. Esperaba el regreso de su esposo, que nunca sucedió. Eran las dos de la mañana del día domingo cuando ocurrió dentro de ella un estallido que aterrorizó toda su existencia. "Estaba acostada, pero no dormida. Me llegó la convicción de que Víctor [Jara] estaba muerto. Me senté en la oscuridad. Había un vacío terrible". La sensación de la bailarina británica era acertada: Víctor Jara, el cantautor y director de teatro chileno, había muerto en manos del régimen militar (de 1973 a 1990) de Augusto Pinochet.

La viuda del artista nació en Inglaterra en 1927. En Europa creció como Joan Alison Turner. En Latinoamérica es Joan Jara. Ella creó la Fundación Víctor Jara. Es bailarina y gestora cultural. Desde el asesinato de su esposo tiene como única misión "perpetuar la memoria de Víctor y lo que significa su obra y sus valores". Por eso regresó a Chile "en plena dictadura militar en 1984", porque "tenía que sacar a Víctor de la clandestinidad".

En el siglo XXI, la vida y obra del cantautor chileno siguen conmoviendo al mundo. Sus discos emblemáticos como "Pongo en tus manos abiertas...", "Canto libre", "El derecho de vivir en paz", "La población" y "Canto por travesura" todavía son escuchados por el mundo. Artistas de todas las disciplinas le han rendido culto. Solo desde el ámbito musical, las ofrendas van desde dedicar conciertos (como lo hizo en 2012 Roger Waters, de Pink Floyd, en Chile) hasta crear canciones en memoria del artista (como lo hizo U2 en "One tree hill", del álbum "The Joshua tree") o ser mencionado y reivindicado en composiciones (como "Washington bullets", de The Clash, donde aparece la petición "Please, remember Víctor Jara").

Víctor Jara nació en 1932. El pasado 28 de septiembre de 2013 habría cumplido 81 años.

Han pasado 40 años desde la muerte de Víctor Jara. Él se ha convertido en una figura mundial. Su música y persona son homenajeados por artistas de todo el mundo: Bruce Springting, Roger Waters (Pink Floyd), Silvio Rodríguez, U2, Pedro Aznar, Rage Against the Machine, The Clash, Los Fabulosos Cadillacs. ¿Qué siente usted con toda esta devoción?

—Cuando yo salí de Chile en el año 1973, me cambié el nombre, usé mi nombre de matrimonio en vez de mi nombre británico, porque salí con una misión: perpetuar la memoria de Víctor y lo que significa su obra y sus valores. Entonces, en todo este proceso de 40 años se cortó mi vida [pero] comenzó otra vida al servicio de la memoria —no solo de Víctor, sino de todo lo que representa él [en la historia de Chile]—. Esto es un proceso que ha ido creciendo. A mi edad —y después de 40 años de los hechos— podría decir que mi tarea esencial está cumplida, porque si bien se recuerda la muerte de Víctor Jara, también se recuerda su obra, los valores inherentes a su creación, el contenido de su universo. Desde hace mucho tiempo los artistas —en español o en otros idiomas— recrean sus canciones. Ha sido todo un proceso en el que Víctor se ha elevado como un símbolo de las violaciones a los derechos humanos en el mundo.

También se ha erigido como símbolo de dignidad...

—Sí, eso fue justamente lo que pretendí cuando regresé a Chile en plena dictadura militar en el año 1984. [Tenía que] sacar a Víctor de la "clandestinidad" en que se encontraba. En Chile era un símbolo de la resistencia a la dictadura, pero mi propósito aquí fue que las generaciones jóvenes conocieran su obra en toda su dimensión: como artista, hombre, director de teatro, folclorista.

Cuando usted saca de Chile clandestinamente la obra de Víctor, ¿hubo algo que se extravió, algo que no haya podido recuperar?

—Creo que no. Sé de una sola canción que se extravió, pero se trataba de una regrabación de "El arado". Debo decir que fue gracias a la solidaridad internacional que rápidamente se sacó de Chile todo el material. Especialmente la embajada sueca que sacó [la obra de Víctor Jara] y me la entregó a mí en Inglaterra.

A 40 años del golpe militar, desde su opinión, ¿por qué cree que los militares se ensañaron con Víctor y le dieron una muerte tan horrenda?

—Víctor era representante del pueblo chileno. Un representante para ellos muy notorio y desafiante. Ahí hubo un tema de clase, además de político. Un deseo de humillar a Víctor, de amedrentarlo, porque era un representante destacado del pueblo que además no era arribista, sino orgulloso de su pertenencia al pueblo. Además, era una figura que les provocaba mucha contradicción porque era respetado y alabado en todos los círculos culturales del "establishment". El mismo diario El Mercurio lo elogiaba como director teatral, como artista.

¿Era desafiante porque no aspiraba a ser como los de la clase que lo alababan, sino que defendía su identidad...?

—Claro, lo peor para ellos es que Víctor no era arribista, no les halagaba, no se subyugaba. Él decía, "Yo soy del pueblo y lo que me importa es el pueblo chileno. O mi clase. Yo vengo de esta clase, de los más pobres y canto por ellos y para ellos". Él no trató de cambiar de clase social. Tampoco vivía mal. Él decía que no necesitaba estar sucio y rotoso para hablar del pueblo, que los que necesitaban ir a vivir a una población para hablar del pueblo eran los hijos de la burguesía.

Usted ha sido testigo del desarrollo de la izquierda en Chile y de los movimientos sociales en estos 40 años. ¿Cuál es su opinión?

—La verdad es que para mí ha sido decepcionante. Súper decepcionante. Con demasiado miedo. Pero yo celebro el movimiento de los estudiantes, la gente joven. Ellos ya no se dejan engañar, no tienen miedo.

¿Qué le diría usted a los políticos...?

—Nada… (Silencio) Yo he sido fiel a lo que pienso. Tal vez yo sea individualista en ese sentido, pero he tratado de entregar el pensamiento, los valores, la obra de Víctor y agradezco la cooperación de todas las personas que han apoyado a la fundación (Fundación Víctor Jara) que es totalmente independiente. Por eso somos tan pobres. No contamos con ninguna subvención de nadie. De ningún partido político ni de ningún gobierno.

La fundación ha tenido bastantes problemas para funcionar en este último tiempo. ¿Cree usted que hay acoso político?

—Indudablemente ha habido acoso político. Pero también es cierto que muchos de los problemas que hoy tenemos se deben a nuestra propia inexperiencia en materias en las que no nos manejábamos. Temas legales, judiciales, etc. Esto de querer ser independiente ante todo, también ha tenido un costo para nosotros, porque nuestro mundo es el quehacer artístico y es a veces muy ajeno a la burocracia.

Para muchos artistas del mundo es inconcebible que la Fundación Víctor Jara no reciba un apoyo permanente como política de Estado. ¿Qué piensa usted?

—Sí, es cierto que eso allá fuera cuesta creer. Nosotros hemos funcionado a veces con proyectos Fondart, que son proyectos financiados por el gobierno pero que se concursa y no es permanente y no dejan nada a la fundación. Nosotros hicimos una gran inversión que fue también una gran equivocación: edificar el galpón (Galpón Víctor Jara) en un terreno arrendado. De ahí nacen gran parte de nuestros problemas actuales. Obviamente, la fundación y la figura de Víctor aún tienen enemigos en Chile. También nos ofrecieron y luego nos quitaron la posibilidad de ocupar el Estadio Chile (actual Estadio Víctor Jara) para el funcionamiento de la Fundación. Actualmente el Estadio Chile no se puede ocupar como lugar de cultura.

Como artista, ¿qué le pasa cuando se encuentra con estos obstáculos en Chile para poder seguir difundiendo el trabajo de Víctor, haciendo cultura?

—Me produce tristeza, frustración y rabia, también. No hay visión de lo que significa el arte en el desarrollo del ser humano. Claro, el deporte es cultura pero no tiene el mismo valor que la danza, que la música, que la poesía en el desarrollo del ser humano. Sobre todo en cuanto a la participación de las personas en procesos creativos.

Usted ha dicho que no cree en la justicia chilena y consecuentemente han buscado ayuda fuera del país, específicamente, ahora entra en el caso la reconocida abogada española Almudena Bernabéu. ¿Qué espera usted del caso?

—Ella es nuestra abogada, pero el contacto fue de parte de ellos: una organización muy prestigiosa en derechos humanos. El Center for Justice & Accountability. Ellos han sido muy exitosos en casos de derechos humanos como el de los sacerdotes jesuitas asesinados en El Salvador (1989). Ellos han logrado que los criminales de los derechos humanos sean llevados a la justicia. Especialmente, criminales de América Latina que buscan refugio en Estados Unidos y consiguen, incluso, la nacionalidad norteamericana.

¿Como el caso de Pedro Barrientos identificado como el autor material del asesinato de su marido?

—Sí, como el caso de Pedro Pablo Barrientos...

¿Qué espera usted o que le gustaría que consiguieran estos abogados en su caso?

—Mira, como la iniciativa no fue nuestra, pero dado a que ellos se especializan en procesos civiles donde aparentemente la idea es también una compensación económica, lo que este centro ha logrado muy bien es mucha resonancia a nivel de la opinión pública, porque es un gran apoyo al proceso de extradición que es extremadamente lento porque debe aprobarse por el gobierno de Estados Unidos. La idea es que esta persona que ha sido identificada y que está siendo procesada como el autor del asesinato de Víctor sea traído a Chile y pueda enfrentar un juicio acá.

Joan Jara: ¿cuál es su deseo con respecto a la justicia?

—Para mí es muy tarde la justicia. Es imposible hablar de reparación, porque lo que hicieron en mi vida no tiene reparación. No la tendrá nunca. En ese sentido, yo antepongo la importancia de la verdad antes que la justicia, porque para la historia futura es tremendamente importante que el proceso judicial se cumpla cabalmente, porque es ese proceso el que pasará a la historia y a las futuras generaciones para que nunca más ocurra algo como lo que ocurrió en Chile. No saber la verdad, toda esa gente que lleva buscando los restos de sus seres queridos, eso es lo peor que le puede pasar a un ser humano. Eso va pasando de generación en generación. Es una especie de veneno que circula y que daña a la sociedad en su conjunto. Primero hay que limpiar, luego hablar de reconciliación. La juventud necesita la justicia.

A 40 años del golpe de Estado, Víctor Jara es un ícono mundial de dignidad. Pinochet murió repudiado por el mundo entero, de una manera abyecta, escondiéndose, mintiendo. ¿Se podría decir que Víctor ganó esta guerra?

—(Duda) La guerra moral... como ganó el amor. Lo que Víctor representa es algo tremendamente positivo para la humanidad, pero lamentablemente el mundo sigue siendo regido por los mismos poderes que lo mataron. La victoria nuestra es moral, una cosa etérea, pero en el mundo siguen los Pinochet. Es algo que no puedo expresar. Los valores de Víctor son una aspiración, una esperanza, pero los valores de Pinochet son una realidad.

Cuando ustedes estaban juntos los años 60 – 70, ¿pensaron que la obra de Víctor Jara alcanzaría dimensiones mundiales?

—No. Víctor era en ese sentido bien humilde. Lo que le importaba era su quehacer artístico, su mensaje, su contacto con el pueblo. Él trataba de interpretar a su pueblo. Esa era su mayor preocupación. Sus canciones no fueron hechas en "estudio" aislado, sino que iban saliendo de su propia vida. Eso le da una autenticidad muy grande. Los personajes de sus canciones son reales. Él nunca estuvo preocupado por la fama ni por la plata ni por hacer una "carrera" porque su carrera era ser director teatral donde fue muy exitoso. El canto para él era algo esencial en lo que expresaba sus propios valores, con las personas, con su compromiso político. Él ni se imaginaba lo que significaba. Siempre recuerdo que él se emocionó muchísimo una vez que escuchó una grabación de un artista en Alemania que cantaba un tema suyo. Estaba muy, muy sorprendido. Eso fue en el año 73 cuando la solidaridad en el mundo estaba con Chile.

En esa época los ojos del mundo estaban puestos en Chile ¿No era raro para un país tan aislado?

—Durante la Unidad Popular, sí. Había un gran interés por este experimento que era la posibilidad de llegar al socialismo a través de la vía democrática. Había mucha gente que se entusiasmaba en el mundo entero que quería aportar, ayudar. Aquí estaba lleno de extranjeros que venían a vivir este proceso. Y así como estaban los amigos en el mundo, también estaban los enemigos de este experimento, muy preocupados, atentos y complotando, boicoteando con el apoyo de la CIA, el financiamiento a los enemigos de Allende. Era como una gran olla burbujeando

En ese marco de muchos cambios, de energías enfrentadas, ¿cómo fue unir sus vidas?

—Nosotros estuvimos juntos desde 1960. En ese momento la vida era relativamente apacible. Se podía tener una vida en conjunto, una vida familiar. Después, ya en el año 1970, empezó el gran movimiento social. Ahora, siempre hubo mucho movimiento político dentro de los círculos culturales. Los artistas Pablo Neruda, Violeta Parra eran dos figuras muy importantes que tenían un compromiso político de gran inspiración para muchos otros artistas. Como inglesa, yo me sorprendí con este compromiso. Todos los 1 de mayo, en todas las fechas importantes para el movimiento social, los artistas estaban en las marchas, en los escenarios con sus guitarras cantando gratuitamente junto a los obreros. Era como una tradición ya instalada. Pero esto se fue poniendo cada vez más tenso hasta que ya en la Unidad Popular uno se postergaba la vida personal por la vida política. Vivíamos pendientes, con tareas. Nos veíamos cada vez menos. Recuerdo que desde la última elección —marzo hasta septiembre— todo el trabajo de las elecciones, el viaje a Perú, después canturreos por todo el país... Se postergaba todo lo personal.

¿Qué hay de cierto sobre eso que usted tenía celos de la guitarra de Víctor Jara?

—(Risas). Eso lo escribí yo misma en el libro ["Víctor Jara: Un canto truncado"]. Pero decía textual que yo podría haber estado celosa de la guitarra de Víctor porque él andaba con la guitarra por todos lados. Era como su otra parte, otra parte de él acostumbrada a su cuerpo. Pero era una parte que él compartía conmigo. Si estaba componiendo, él empezaba a conversarme, a mostrarme qué me parecía lo que estaba haciendo. Él me incorporaba en su mundo de creación. Yo tenía una carrera artística también. De repente él llegaba con una base instrumental y me decía, "¿Qué te parece para una coreografía?", dialogábamos mucho.

Las letras de las canciones de Víctor son muy poéticas. ¿Qué es lo que nacía primero: la letra o la melodía?

—Eso variaba, pero en general, cuando salía más rápido la canción es cuando tenía la letra. Ya teniendo la letra, la música salía orgánicamente al servicio de la letra. Pero si tenía una música sin letra, esta solía quedar como instrumental. Tenía varias piezas de ese tipo.

Víctor realiza una extraña mezcla entre innovación y tradición. ¿Diría usted que eso lo ubica como un artista de vanguardia?


—A mí no me corresponde decirlo, pero mucha gente así lo dice: que él abrió caminos, que fue un adelantado para su época. Hubo una gran discusión durante los años de 1960 de cómo se trataba el folclor: como algo vivo o como una tradición que se debe conservar sin tocarla. ¿Se puede transformar? ¿Se puede usar como una base? En ese dilema Víctor fue muy aventurero siguiendo solo lo que él quería comunicar. En él nace primero la idea y después la manera de comunicarla. Eso le pasaba por ejemplo en esta aventura que hizo con Los Blops (conjunto de rock chileno de comienzo de los años de 1960) trabajando con roqueros (...) tanto en teatro como en música, él hacía experimentos muy conmovedores, trabajaba por igual con la voz, el movimiento, la mente y el corazón. Era muy humano, muy integral.


El reverso de la diferencia

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¡Que se jodan los sabios y los pensadores! / ¡Que se jodan todas las épocas y edades! / ¡Que se jodan los hombres de todos los tiempos / y el embuste de la Civilización y de la Cultura! [J. A. N.]